Compromisos con el clima: de ‘Lo impensable’ a ‘Lo imprescindible’ 

Jornadas ‘Lo impensable’ en La Casa Encendida de Madrid. Foto: La Casa Encendida | @estudio_perplejo

Mientras los líderes del mundo se reúnen en Belem, en la Amazonía brasileña, en una nueva edición de las cumbres climáticas -la COP30-, en La Casa Encendida, Madrid, el pasado fin de semana, se lanzaban decenas de propuestas que eran impensables y cada vez más personas consideran imprescindibles. Van desde reconocer los derechos jurídicos del río Manzanares a recoger fruta abandonada en los campos o levantar el asfalto de las calles. Son iniciativas en marcha que han ido presentadas en una nueva edición de ‘Lo Impensable: compromiso con el clima’, un evento que cada año va tomando fuerza como referente para la esperanza y la acción ciudadana.

Hasta hace pocos años, “lo Impensable” era que un espacio natural como es el Mar Menor lograra ser reconocido como sujeto de derechos jurídicos para su defensa y conservación, pero se logró (en 2022) y después siguió sus pasos el río Tens, en Galicia. En la jornada de La Casa Encendida, comisariada por Antonella Broglia (también fue la presentadora) y Manuel Pascual, se dio un nuevo paso en ese camino al darse a conocer la propuesta Declaración de los Derechos del río Manzanares y su cuenca, primer consenso público para que ese río que cruza la gran capital no pueda ser impactado por falta de protección en todo su recorrido. Cabe recordar que entre las amenazas al Manzanares figuran la contaminación y las infraestructuras obsoletas, pero también que fue escenario de una mascletá, se quiso convertir en un canal de remo y se pretende transformar en un espectáculo de luces de colores para turistas. 

Decenas de representantes de colectivos vecinales y ambientales, científicos, artistas y personas individuales han iniciado ya los pasos de lo que será un largo proceso para lograr que sus 90 kilómetros de cauce gocen del derecho a mantener su integridad ecológica y su biodiversidad en toda su extensión. Eso permitiría al río personarse en cuantas denuncias se planteen contra sus derechos, como ya ocurre con el Mar Menor en 16 procesos judiciales. De momento, la declaración del Manzanares consta de un preámbulo y ocho artículos, propuestos por Redes por el Clima y después debatidos y aprobados por un amplio consenso, con el apoyo de Teresa Vicente, promotora del éxito del Mar Menor, y de investigadores como Fernando Valladares. Carmen Haro, de Redes por el Clima, leyó el texto ante cientos de personas en La Casa Encendida, que aclamaron la iniciativa con entusiasmo. Ahora comienza el camino para conseguir miles de firmas y apoyos. “Las amenazas del río son muchas y no queremos que tenga que morir, como ocurrió con el Mar Menor, para reconocer sus derechos”, argumentó Haro ante cientos de asistentes a los que se animaba a participar en la propuesta.

Y es que impulsar la movilización ciudadana y la acción, colectiva o individual, es lo que, a decir de científicos, es fundamental si se quiere poner freno a la emergencia ambiental y no caer en una ecoansiedad paralizante. Así lo entendió Mireia Barba en 2014, cansada de ver cómo cientos de kilos de frutas y hortalizas se quedaban fuera del mercado “por no cumplir estándares estéticos” o porque eran excedentes productivos. Junto con otras personas, Barba puso en marcha la Fundación Espigoladors, en el Bajo Llobregat (Barcelona), para acabar con ese desperdicio alimentario recogiendo aquello que iba directo a la basura y que podía tener recorrido, como se ha demostrado con la empresa social de la marca Es.imperfec. Pese al nombre, sus mermeladas son perfectas, como se pudo comprobar con las muestras que regalaron en Madrid. “Hemos demostrado que espigar los campos, como se hacía antaño, es un acto revolucionario que reduce emisiones de CO2, evita pérdidas a los agricultores, fomenta el consumo local y nos une en un movimiento ciudadano que ya tiene más de 4.000 voluntarios por todo el país”, argumentó la espigadora. 

No menos revolucionario resulta el “depave” o desalfastado, una iniciativa que surgió en Oregón (EE UU) en 2008, pero que se ha hecho fuerte en países europeos, como Países Bajos, donde ha llegado a haber una competición entre dos ciudades (Amsterdam y Rottterdam) a ver en cuál de ellas, gracias a la participación ciudadana, retiraba más baldosas y asfalto de sus calles para llenarlas de tierra y verde. Es un exitoso movimiento que va a más con apoyo municipal. En el caso de Madrid, nada similar se vislumbra en el horizonte. El proyecto que el municipio presentó en Lo impensable es Interbloques, que promueve poner setos y plantas en pequeñas zonas verdes entre edificios que hoy son utilizadas por coches o están deterioradas, setos entre cemento y baldosas, según las imágenes compartidas con la audiencia. A nivel ciudadano, se hizo presente el movimiento No a la Tala con el ecologista Luciano Labajos, inmerso en la recatalogación de los árboles singulares de la comunidad.

Como frente a lo singular y natural, el cambio climático generado por el CO2 que emiten las actividades humanas no cesa, hay que adaptarse para resistir las consecuencias. Y eso plantea otro impensable que puede ser un imprescindible en pocos años: la creación de espacios que se conviertan en “centros de resiliencia comunitaria” para casos de catástrofes ambientales. Se trata de lugares desde los que organizar acciones de solidaridad ciudadana cuando hay una inundación, un incendio o una dana. Esta iniciativa, recordaba el activista ambiental José Luis Casadevante (Kois), la inició la norteamericana Kristin Bajo en Estados Unidos, donde ya hay estos Resilience hubs en Texas, California o Colorado. Las políticas anticlimáticas de Donald Trump no han logrado frenarlos, porque los desastres causados por fenómenos climáticos extremos cada vez son más graves.

Jornadas Lo impensable en La Casa Encendida. Foto: La Casa Encendida | @estudio_perplejo

Jornadas ‘Lo impensable’ en La Casa Encendida. Foto: La Casa Encendida | @estudio_perplejo

En España, la fundación valenciana Horta Sud ya ha comprado lo que fue una discoteca en el área metropolitana para convertirla en el futuro en un centro de este tipo. Julio Huertas, su director, recordó en Madrid el esfuerzo que supuso recuperar el tejido social asociativo en la zona afectada tras la dana de octubre de 2024. “La resiliencia ante fenómenos climáticos no se improvisa; tener éxito no depende de cada individuo, es algo colectivo, así que es importante estar preparados”, señalaba al presentar ese futuro lugar autónomo, y bien acondicionado, en el que se trabajará  para consolidar esa red social de apoyo mutuo.

Una prueba de que esa acción colectiva da resultado, es la que el movimiento Altri Non proyectó en su imaginario Viaje 2060: La Ulloa que ya viene, un audiovisual en el que se hace un recorrido por Palas de Rei (Lugo). Allí se ha descartado iniciar el denostado proyecto de la celulosa Altri, tras una gran movilización ciudadana. “En 2060 los eucaliptos son un tercio de los bosques porque los que había se han quemado en incendios y ahora se repuebla con otras especies, el agua río corre fresco y no recalentado por esta industria, tenemos plantas que nos proporcionan medicamentos y habrían desaparecido. Gracias por hacerlo posible en 2025”, decía la educadora gallega Ana Escariz, que lo presentó.

De lo colectivo a lo individual, en este escaparate de impensables hubo espacio para muchas propuestas personales que demuestran que es posible cambiar el rumbo. La vida de Rosa Castizo, ejemplo paradigmático del consumo consciente. Rosa hace 14 años que decidió tener una vida “zero waste”, o lo que es lo mismo, con el mínimo residuo posible, sin plásticos, con productos de cercanía. “Lo impensable para mis abuelos era que llegáramos a usar objetos como un tetabrik, que tiene siete capas de cuatro materiales diferentes, para estar tres días en mi frigorífico. Ahora mi residuo es lo que mi abuelo echaría a las gallinas, y yo convierto en compost”.

Por cierto, no faltó un “sketch» teatral del científico Fernando Valladares, que con su bata llena de zumo de remolacha, título de una obra en la que participa, recordó al público lo que es la “hipocresía organizada” de las élites económicas y políticas, a la vez que comentaba un impensable publicado en la revista Science: “En este siglo XXI, no se escucha a la ciencia en el 88% de las decisiones políticas difíciles”.

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