Construir con madera: hogares hechos de bosque

El edificio Mjøstårnet, situado en Brumunddal (Noruega), se inauguró en 2019, con 18 pisos y un total de 85,4 metros de altura, íntegramente de madera. Foto: Voll Architects.

Cada vez son más los proyectos arquitectónicos en los que la madera técnica para la construcción industrial es la materia prima fundamental. En España, uno de los edificios en marcha que marcará el rumbo es el que levanta en Barcelona el estudio Urbanitree, una construcción de 40 viviendas sociales. Repasamos algunos de los edificios más emblemáticos levantados con madera certificada en el mundo. Y hablamos con Daniel Ibáñez, director del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña y uno de los impulsores del uso de los árboles en edificación. Hogares hechos de bosque y que ayudan a mitigar el cambio climático. ¿A que suena a futuro?

En un maravilloso paraje canadiense se encuentra el Hotel y el Geos Spa Sacacomie. Es un lugar idílico por el entorno natural en Quebec, a orillas del Lago Sacacomie, en Saint-Alexis-des-Monts. Aseguran muchos de sus visitantes que tan hermoso como se ve por fuera es por dentro. Está hecho de madera. El establecimiento, que mide 60 metros de ancho por 35 de profundidad y alberga 97 habitaciones, se construyó íntegramente con troncos de pino de hasta 70 centímetros de diámetro en la década de 1990.

El matrimonio Plante, propietario y fundador, desde el primer momento quiso que aquel lugar se integrara en su entorno y formara parte de la campaña Je touche du bois (Toca madera) lanzada por aquel entonces en Quebec. Se buscaba inspirar a los empresarios para que construyan con un recurso que es renovable, que bien gestionado contribuye a mitigar el cambio climático y que genera desarrollo en la zona: los árboles. A la vez, se potenciaba la armonía con la naturaleza.

Para la pareja que creó Geos Spa Sacacomie, que es uno de los 14 negocios integrados hoy en la Coalición Bosques de Quebec, era fundamental utilizar madera procedente de un bosque gestionado de forma responsable. Arquitectos, ingenieros, contratistas y proveedores se enfrentaban al desafío de desarrollar nuevas técnica, nuevos productos y nuevas habilidades. Les costó encontrar un proveedor de madera FSC, un sello que garantiza esa gestión forestal sostenible y que entonces estaba empezando a conocerse. Finalmente, se logró que el 85% de la madera llevara esa marca, que garantiza que el material ha sido conseguido tanto cumpliendo unos criterios ambientales como sociales.

Hotel Sacacomie en Quebec, a orillas del Lago Sacacomie, en Saint-Alexis-des-Monts.

Mucho han cambiado las cosas en las últimas décadas. Cada vez son más los proyectos arquitectónicos, algunos de grandes dimensiones, en los que la madera técnica para la construcción industrial es la materia prima fundamental. En España, uno de los edificios en marcha que marcará el rumbo es el que se levanta en Barcelona por el estudio Urbanitree (formado por dos socios y co-directores, Daniel Ibáñez y Vicente Guallart), una construcción para 40 viviendas sociales que constará de bajo y ocho plantas y que se está construyendo con toda su estructura de muros y forjados con la madera denominada CLT (cross laminated timber), producida por la empresa gallega Finsa. Arriba tendrá un invernadero solar que generará energía con placas fotovoltaicas y, además, proporcionará alimentos.

Uno de sus arquitectos es Daniel Ibáñez, a la vez director del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña y uno de los impulsores del uso de los árboles, en lugar del hormigón, en el sector de la construcción. “La madera es un material biológico, renovable y que nos permite captar carbono de la atmósfera; además, es diez veces más ligero que el acero o el hormigón y sus fábricas son más seguras, con menos ruido y menos polvo. Si gestionamos bien los bosques, los árboles crecen sanos, captando ese CO2 que causa el cambio climático, y cuando los utilizamos, en el espacio que dejan se ponen a crecer otros”, recuerda.

Ibáñez comenzó a interesarse por la madera para sus obras tras un proyecto en 2007 con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), al que siguió unos años después una beca en la Universidad de Harvard centrada en la misma materia. Actualmente, además de dirigir el mencionado instituto catalán, asesora a instituciones como el Banco Mundial, el Banco Interamericano y numerosos gobiernos “para que tengan capacidades técnicas a la hora de tomar las decisiones”. Además, trabaja en proyectos –como el del edificio mencionado– que pretenden abrir una vía a imitar en este país y aún saca tiempo para formar a nuevas generaciones de arquitectos para que entiendan las ventajas de utilizar esa auténtica mina natural que son los árboles.

Interior del edificio Mjøstårnet en Noruega. Foto: Voll Arquitectos.

Pero los retos a los que se tiene que enfrentar esta nueva forma de poner cimientos, vigas, paredes y techos no son pocos. Para empezar, comenta, “el desconocimiento que hay de que se pueden hacer edificios de hasta 100 metros de altura solo con madera”. Y luego están las barreras culturales, como creer que este material se lo comen las termitas, no es duradero o se quema más fácilmente. “No es cierto. En la construcción se utiliza madera superlaminada tratada contra las plagas y que, en caso de fuego, sólo resulta dañada la capa superficial. Es más fácil que colapse el acero cuando llega a un punto de temperatura y pierde sus propiedades estructurales”, asegura el arquitecto, “pero esos mitos dificultan la instrucción de su uso”.

Tampoco la normativa lo pone fácil. En su opinión “hay barreras regulatorias, que no incentivan el uso de estos materiales”, pese a lo cual considera que “el cambio a la madera en el sector de la construcción es imparable”. De hecho, ya hay dos plantas de producción de la madera LCT en marcha (en Galicia y en País Vasco) y otras dos están en proyecto en Aragón y Cataluña. “Cuesta que las grandes empresas más tradicionales apuesten, pero comienza a verse que los agentes inmobiliarios lo consideran”, explica.

Rascacielos Ascent en Milwaukee, Estados Unidos. El más alto construido en madera.

Ejemplos no faltan. Uno de los más conocidos es el edificio inaugurado en Brumunddal (Noruega) en 2019, con 18 pisos y un total de 85,4 metros de altura, íntegramente de madera. O el rascacielos Ascent, que lo superó el año pasado con sus 25 pisos y 86,6 metros. O el menos alto pero sí complejo edifico CMPC, en Los Ángeles de Chile, con 10.700 metros cuadrados. O la torre Hypérion, que con 17 plantas y 50 metros de altura se levanta en el centro de Burdeos como parte de un complejo de 182 viviendas, comercios y oficinas. En esta última, se han utilizado 1.400 metros cúbicos de madera maciza procedente de la región francesa de Nouvelle-Aquitaine.

La torre Hyperion será la más alta de Francia construida en madera.

“Se piensa que usar madera provoca deforestación y es justo lo contrario. Si se utiliza, se gestionan mejor los bosques y eso evita incendios, pero también se genera una actividad productiva en el mundo rural que no conlleva eliminar árboles, como ocurre para tener pastos para ganado”, argumenta el arquitecto. La cuestión, apunta también, es que tenemos en España madera certificada, como el mencionado sello FSC, con el que trabaja, que hoy se está utilizando en mayor medida para productos de bajo valor añadido, como son los embalajes o el papel. “Para construir edificios y casas se aprovecharían mejor sus propiedades y tendría más rendimiento económico”.

Entre los países europeos más proclives a usar ese recurso natural, que en realidad se ha venido utilizando desde el Neolítico, y hacerlo en grandes edificaciones, destacan los nórdicos, donde la masa forestal es abundante, pero también es el caso de Austria, donde se creó la primera planta productora de CLT del continente, Alemania o Francia. “Si queremos revertir los impactos del cambio climático, hay que cambiar el modelo de construir de las últimas décadas y usar un elemento que es un auténtico almacén de carbono. El uso masivo de madera a nivel global ayudará a revertir ese cambio del clima y con una vivienda que es incluso mejor”, sentencia Ibáñez.

Sin ser especialista en arquitectura y urbanismo, hoy, un día de verano de 2023, a cualquier persona le basta pasear por una ciudad, como Madrid o Barcelona, entre bloques de hormigón para sentir que acumulan un calor que los convierte en auténticas estufas, potenciando el efecto islas de calor. Es, además, un hormigón que sale de minas que devoran montes y no es renovable (es ínfima la cantidad que se reutiliza). Ahora imaginemos una gran urbe de madera. ¿El futuro?

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Comentarios

  • Los pinos también son de aquí

    Por Los pinos también son de aquí, el 29 noviembre 2023

    […] más sostenible y con más fijación de CO2”, afirma el vicepresidente de la Fundación Arume. El uso de madera certificada influye positivamente en esta […]

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