La ‘contaminación invisible’ acecha: un cóctel de 119 sustancias tóxicas

La ‘contaminación invisible’ acecha: un cóctel de 119 sustancias tóxicas

El riesgo de este cóctel de ‘contaminación difusa’ supone un riesgo grave para la salud humana y de la naturaleza. Foto: Proyecto Libera.

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No molestan a la vista, como los envases de plástico, las latas, los vidrios, las toallitas o las colillas. Pero están ahí, al acecho, causando daños a la vida silvestre incluso en los espacios naturales que más protección requieren en nuestro país, las llamadas Áreas de importancia para la conservación de las aves y la biodiversidad, las IBA (por su acrónimo en inglés). Es ‘la contaminación difusa’. El Proyecto Libera ha presentado un informe que determina los compuestos contaminantes que no se ven, pero dañan gravemente aguas, suelos y sedimentos en espacios naturales protegidos en toda España.

La “contaminación difusa” está compuesta por una larga lista de compuestos orgánicos, químicos, que en su mayoría tienen su origen en nuestro sistema productivo y que impregnan los suelos, se fusionan con los sedimentos y fluyen por el agua de los ríos.

El estudio Ciencia Libera, realizado por el proyecto Libera de SEO/BirdLife y Ecoembes, en colaboración con el CSIC, ha puesto cifras, nombres y mapas a lo invisible para dar a conocer la magnitud del problema, y lo ha hecho, tras dos años de arduo trabajo, con el registro de más de 49.000 datos conseguidos de 2.595 muestras en siete hábitats diferentes. “Tenemos miles de datos de 140 espacios de alto valor ecológico en el que es el primer trabajo en todo el territorio nacional de estas dimensiones, con una base de datos única en Europa”, señalaba en su presentación Asunción Ruiz, directora de SEO/BirdLife.

Pero ¿qué es eso que no vemos? El cóctel de contaminantes analizado, casi todos persistentes y muchos en el grupo de los llamados emergentes, asciende a 119 sustancias tóxicas o peligrosas, si bien su presencia varía según se trate del agua, la tierra o el sedimento. Incluso se tomaron muestras de heces de zorro.

En el agua (ríos, charcas, embalses…) de esos lugares reconocidos por su biodiversidad, han encontrado hasta 59 contaminantes distintos, entre ellos, 21 fármacos diferentes, plaguicidas, compuestos perfluorados (como los que llevamos en la ropa o el calzado deportivo) y los retardantes de llama y los plastificantes que acompañan a tantos objetos que nos rodean. Es más, el porcentaje de aguas naturales afectadas por alguno de ellos, o varios, supera el 97% de las 411 muestras analizadas. Sólo en cuatro de los espacios IBA sus aguas cristalinas eran, además, limpias. “La mayoría de estos contaminantes no tienen límites a su uso en Europa; sólo con los plaguicidas hay más control”, explica la investigadora María Dulsat, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC). Y, sin embargo, en el 22% de los lugares había más de 5.000 ng/l. (nanogramos/litro) de contaminantes, lo que indica un fuerte impacto por contaminación.

Tampoco vemos lo difuso que se oculta en los suelos y sedimentos que pisamos, al menos otros 59 contaminantes orgánicos y 31 metales que provienen tanto de restos de la combustión de petróleo, aceite, plastificantes o plaguicidas. En algunos casos, como el DDT, sustancias que llevan prohibidas desde hace un cuarto de siglo, pero que aún siguen estando en el medioambiente, como menciona Octavio Infante, coordinador en SEO/BirLife de este trabajo. “En estas 140 áreas [entre las que hay parques nacionales, áreas ZEPA y parques naturales] hemos caracterizado también la basura visible y hemos recogido microplásticos, y la realidad es que no vemos diferencia entre lo que hay en una zona de especial conservación y otra que no lo es. Ahora añadimos esta basuraleza invisible, que es muy preocupante. Destaca que 15 de los 21 fármacos identificados están en límites que la OMS considera peligrosos para la fauna”.

El riesgo de este cóctel difuso no es inocuo, ni para la salud humana ni para la salud de la naturaleza, como se encarga de recordar Dulsat: “Es importante porque se trata de sustancias cancerígenas, disruptores endocrinos, neurotóxicos, mutagénicos y en algunos casos bioacumulables en los organismos, lo que supone impactos tanto en la avifauna como en la biodiversidad en general”.

Además de saber lo que hay, el informe Ciencia Libera recoge mapas en los que se identifican los territorios más afectados. Llama la atención un alto nivel de contaminantes en el agua en Extremadura o de los suelos montañosos del Pirineo oriental, si bien en análisis pormenorizados por zonas aún está pendiente. “Destaca que las 140 áreas están impactadas. Lo siguiente es avanzar en las soluciones, así que desde Libera hacemos un llamamiento a la acción para incorporar la economía circular, la innovación, el eco-diseño y el uso de materiales adecuado para que los consumidores tengamos la opción de hacer un consumo sostenible y responsable. También hay que recuperar esos espacios degradados y perseguir a quien contamina. En definitiva, se trata de reducir, reutilizar y en última instancia reciclar”, argumenta Oscar Martín, consejero delegado de Ecoembes.

La cuestión es que esta contaminación invisible de aguas y suelos no se trata tanto del resultado de un consumo individual poco responsable o un comportamiento incívico, como es dejar basuraleza (mucha de ella plástica) sembrada por doquier, sino que es el resultado de un sistema de producción dañino, especialmente en lo que se refiere a la agricultura y a determinadas industrias, acompañado de una depuración de aguas que no se considera suficiente. “Hacemos una llamada de atención sobre compuestos como los pesticidas al sector agrícola, porque deben reducirse el uso de tantas sustancias químicas en la producción de alimentos, y también debemos mejorar los sistemas de depuración de aguas”, mencionaba la directora de SEO/BirLife. Ruiz hizo mención del hallazgo, a finales de junio, de decenas de buitres muertos debido a un insecticida que está prohibido desde hade años, pero aún sigue siendo utilizado, y además, por lo visto, con escaso control. “Con la información de este estudio nos adelantamos a la nueva normativa sobre descontaminación de la UE, porque ya tenemos identificadas en un mapa las zonas con la situación más grave para plantear acciones”, añadía.

Con estos 50.000 datos ya son más de 400.000 todos los que componen la base de datos que el proyecto Libera ha recopilado desde que se puso en marcha en 2017, una iniciativa de ciencia ciudadana en cuya recogida han colaborado más de 70.000 voluntarios y 1.200 organizaciones de todo el país en diferentes campañas. Con anterioridad, con esta información ya se han realizado otros estudios sobre los tipos de basura abandonada en la naturaleza, el impacto de las colillas, los plásticos y los residuos que se encuentran en las cunetas. “Del conocimiento se obtienen soluciones”, destaca Oscar Martín. “Ahora vemos esa contaminación difusa que deja un rastro invisible que pervive en el tiempo. Y tenemos que activar a todos los agentes públicos y privados porque todos somos parte de la solución”.

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