Y si convertimos las reservas marinas en espacios para la paz…

Y si convertimos las reservas marinas en espacios para la paz…

Port de L’illa Grossa en las Islas Columbretes. Foto: Manel / CC.

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¿Cuál sería el hilo del que tirarías para regenerar la trama de la vida? ¿Los derechos humanos?, ¿los de montañas y ríos?, ¿la resolución de conflictos de manera no violenta?… ¿Y si en vez de elegir qué hacer (todos los hilos mueven el telar) nos planteáramos qué proceso deberíamos llevar a cabo para alcanzar ese buen fin común? Quizás ya tengamos la solución en las manos. Este mes se reunieron en Mallorca, Barcelona y Rosas 100 personas especializadas en proteger la biodiversidad marina, concretamente del Mediterráneo. Procedían de 18 países de nuestra cuenca. Conscientes de que su labor puede mitigar el cambio climático, empezaron a compartir los resultados de sus experiencias. No eran exclusivamente mentes científicas, estaban especializadas en la gestión de estas áreas. Me colé en su reunión.

Presencié cómo intercambiaron afirmaciones, datos, dudas y vulnerabilidades. Sus cuestiones eran técnicas, pero tenían un punto de partida elemental: el profundo reconocimiento de la fragilidad y la belleza de la vida. Estas personas llevan años obrando a la altura del cuidado que exigen las preguntas que genera el compromiso, las han llevado más allá, y ahora, con los resultados de sus investigaciones y prácticas en la mano, se han dispuesto a compartir los resultados, porque no existe un Mediterráneo B.

Las áreas marinas protegidas del Mediterráneo están demostrando que, cuando se mejora la gestión, se potencian los resultados ecológicos y esto las convierte en lugares idóneos para la investigación científica. A pesar de ello solo el 0,04 % de sus costas disfruta de una protección que limite de manera estricta las visitas, la extracción y la pesca. ¿Por qué? ¡Un área marina produce servicios ecosistémicos con un valor diez veces mayor a lo que cuesta su protección! Si el cuidado es rentable, entonces, si gastáramos el doble, ¿a cuánto ascendería el beneficio? La respuesta depende de la inteligencia con que se haga la inversión.

Partían de la vulnerabilidad compartida. El Mediterráneo que se está calentando tres veces más rápido que la media de los océanos. Según la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea, en el año 2030 deberíamos haber protegido de manera estricta un 10% de la cuenca mediterránea. Quedan apenas ocho años. ¿Cómo alcanzar ese 9,96% restante? No hace falta formar parte de una élite especializada para saber que trabajar en red es clave, pero ¿cómo lograr que esa red a la que pertenecemos sea inclusiva, resiliente y coherente?

Durante cinco días, estas 100 personas curtidas en la protección de las áreas marinas del Mediterráneo abrieron siete líneas de trabajo (co-gestión, grados de protección estricta, especies móviles, pesca artesanal, financiación suficiente y sostenible, mitigación del cambio climático y turismo basado en la naturaleza), debatieron sobre 44 propuestas de acción específicas y con ellas empezaron a co-crear un libro blanco.

Me pareció que sus discernimientos podrían iluminar el cuidado de la trama de la vida. Contaban con el suficiente apoyo como para acercarse a esta posibilidad (llevaban tiempo enlazando sus métodos de trabajo gracias a los fondos del proyecto europeo MPA Networks y abordando las propuestas de mitigación del cambio climático recogidas en el proyecto común MPA Engage) y además utilizaban términos que aparecen también en otros ámbitos.

El que más me atrajo fue el de Gobernanza Inclusiva, una forma de alcanzar la toma de decisiones en la que no sólo participarían órganos judiciales, policías, guardias costeras, empresas, la comunidad científica, gobernantes…, sino también quienes disfrutamos de la vida submarina por placer, ya sea buceando, pescando, etc… En plenas vacaciones de verano merece la pena observar el impacto de nuestro asueto. Por ejemplo: en el Mediterráneo la actividad de los cruceros alcanzó casi 31 millones de pasajeros en 2019, y alberga alrededor del 70% de los megayates a nivel mundial.

Es innegable que el mar mueve dinero, pero ¿qué tipo de beneficios estamos generando? A la destrucción de hábitats naturales, el consumo de agua y de energía, la contaminación y la producción de desechos, se suman las amenazas asociadas al cambio climático, como la falta de agua, la erosión costera o el aumento del nivel del mar, por nombrar solo algunas. Es preocupante que la Organización Mundial del Turismo pronostique un crecimiento de 500 millones de viajeros para 2030. Aun así, hay un espacio de maniobra: existe un tipo de turista que está dispuesto a pagar una tarifa diaria de entre 4,11 y 7,78 euros de media para financiar proyectos de conservación marina, y se están lanzando iniciativas públicas que facilitan criterios e indicadores para gestionar la calidad y la sostenibilidad de los productos y los servicios del ecoturismo.

La Gobernanza Inclusiva era una de las 44 propuestas que más destacaron las personas participantes; otra fue la precisión en la orientación del conocimiento. Concretamente proponían identificar la restauración de ecosistemas ricos en carbono, así como áreas importantes de desove y cría de peces, amén de planificar la protección de las áreas que se prevé que sigan siendo climáticamente adecuadas en el futuro para las especies clave. La tercera estaba relacionada con las fronteras jurídicas.

Ante los constantes naufragios de personas en barcazas en las aguas del Mediterráneo, estremece hablar de los muros invisibles creados por los humanos. A las especies que habitan el mar también les afecta. Se nos olvida que los humanos estamos enlazados con nuestros mares a través de la red de la vida y, por tanto, que con cada una de estas agresiones estamos boicoteando nuestra propia existencia como especie. Las leyes que regulan el impacto de la captura incidental, la contaminación, las colisiones de barcos con cetáceos, la matanza deliberada o accidental de especies protegidas… cambian a lo largo de nuestras costas. No extraña que el Mediterráneo sea el lugar más inseguro del mundo para las tortugas marinas. En este evento nadie tenía la menor duda que el cuidado de estos minúsculos pedazos del Mediterráneo permitiría una recuperación más rápida de nuestro planeta ante el cambio climático, lo que potenciaría también nuestra propia resiliencia.

En uno de los recesos, alguien me susurró al oído: “¿Y si convertimos las áreas marinas protegidas en un espacio para la paz?”. Y así fue como empecé a abrazar este junio que hoy acaba.


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Comentarios

  • Silvia

    Por Silvia, el 01 julio 2022

    No hay que convertir las reservas en espacios de paz, ya lo son, y es bueno que lo sepamos: paz entre la mar y los pescadores artesanales y los buceadores, visitantes… Garantía de futuro, en beneficio de todos.

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