Coque Malla: “Las cosas no planeadas son las mejores”

Coque Malla: “Las cosas no planeadas son las mejores”

El músico Coque Malla. Fotos: Thomas Canet.

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Coque Malla disfruta en la actualidad de una credibilidad y de un estatus como artista que le han proporcionado sus canciones, una obra que ha ido produciendo desde que era adolescente y a la que mira, desde su nuevo lanzamiento, ‘El astronauta gigante’, sin ánimos de nostalgia, aunque sí con cierto orgullo. No es para menos. Hablamos con él.

Esta credibilidad que le han dado sus canciones la ha hecho efectiva su público y le ha permitido a Coque Malla renacer como artista en solitario tras su fructífero periodo con Los Ronaldos, una etapa que abarcó una generosa década. Basta con ver algunas grabaciones de aquella banda en los numerosos videoclips que ofrece la gran red para pisparse de que aquel fue un periodo de desenfreno y rock and roll para aquellos cuatro lanzados jóvenes madrileños que creían y asimilaban a su manera tanto a sus satánicas majestades como al mismísimo príncipe de Mineápolis. Pero aquella parte de la vida musical de Coque Malla terminó y dejó cinco discos como legado, algunos de cuyos singles aún reconoce satisfactoriamente nuestra memoria con solo escuchar dos o tres acordes.

En 1999, un año después de anunciar la separación de Los Ronaldos, Coque Malla lanzaba su primera referencia discográfica firmada con su nombre propio: Soy un astronauta más. Era un pequeño paso para este hombre, pero un gran salto para su vida artística, no exenta de riesgo. Coque venía de besar las mieles de la fama al frente de una banda de rock que se despedía de su público con un disco grabado en directo, Quiero que estemos cerca (1998), y se lanzaba a una carrera en solitario como autor de canciones. Sueños tardó en salir un tiempo largo, ya no estaba la multinacional Sony respaldando la producción, ahora era la editorial de Borja Casani, El Europeo, la que editaba este libro disco que seguía mostrando nuevas canciones de un nuevo y por momentos introspectivo y dubitativo Coque Malla.

Sería a la tercera entrega, La hora de los gigantes (2009), cuando llegase el disco definitivo de Coque Malla, alcanzando en este trabajo el objetivo que estaba persiguiendo, es decir, encontrando su propio idioma para desenvolverse con unas composiciones nutridas de medios tiempos preciosistas o de bossas pop. El año anterior, Los Ronaldos habían vuelto a encontrarse, publicaron un Ep y giraron durante solo unos meses, que dieron de sí para sacar un directo, testimonio de esa momentánea reunión, Bola extra (2008). Quizá fue esa gira la que precipitó esa inspiración reflejada en La hora de los gigantes, quién sabe. Como carambola, una popular multinacional sueca dedicada a vender muebles desmontados, elige la canción No puedo vivir sin ti, para una campaña publicitaria. Esa canción que ya había salido en ese Ep que Los Ronaldos habían publicado previamente a su reunión.

En 2010 Coque Malla lanza un disco donde muestra otra manera de hacer las cosas, las canciones de Termonuclear presentan una nueva edad en la obra del madrileño que sentarán base para sus siguientes discos. Para 2013 presenta el proyecto Mujeres, un repaso a su repertorio, en esta ocasión arropado por diez artistas femeninas. El último hombre en la tierra es la continuación perfecta de La hora de los gigantes; tanto es así que tras este nuevo disco saca un directo, recuerdo de esta etapa. ¿Revolución? lo saca cumpliendo los 50 y quitándose prejuicios de encima con total naturalidad, algo que a estas alturas es marca de la casa.

Hace bien poco se ha publicado El astronauta gigante, un estuche que contiene cinco cedés y un libreto con textos y parabienes de un montón de compañeros de gremio; viene a ser una caja retrospectiva que ofrece además algunas rarezas. Nos adelanta el propio Coque: «Hay que ser justos y decir que el filtro y guía principal de esto ha sido David Bonilla, una parte muy importante de lo bonito de este objeto recae sobre David. Me conoce desde hace años, es un apasionado de la música, pero además un tipo muy organizado. Le gusta la música, pero él no toca, él hace los discos desde otro punto de vista, desde lo conceptual. Él hizo una primera selección que solo tuve que supervisar y ajustar levemente, pero él se hizo ese trabajo. Ni de coña me hubiese acordado de qué canciones sí o cuáles no venía a cuenta meter; ha hecho un trabajo muy acertado y se lo agradeceré toda la vida».

Mientras este abultado box hace su rodaje, y sin olvidarse de su faceta como actor, el elegante madrileño anuncia un nuevo espectáculo denominado Mi nombre es Coque Malla. Una confesión musical, que solo podrá ser visto en diez ciudades en marzo y abril del próximo año, una mezcla de actuación, monólogo y sinceridad bajo los focos de algunos acogedores teatros.

Parece que vuelve a caminar esta profesión de ser artista.

Esa es mi sensación, no paro de ver en redes anuncios de conciertos de compañeros que ya están en marcha. Estoy a favor de echar adelante y, si hay que volver a parar, pues ya nos dirán, pero ya está bien, ¿no? ¡Para delante!

¿Recuerdas cuándo, dónde y por qué te salió tu primera canción?

Lo recuerdo, alguna de esas primeras se grabó. La memoria quizá me falla en los pormenores, pero creo que la primera fue Es verano. Luego la grabamos en el disco Saca la lengua; no recuerdo por qué motivo no fue incluida en el primer disco. La escribí y se la enseñé a Ricardo, empezamos solo los dos esta aventura. Nos juntamos y la grabamos. A Ricardo en principio no le interesaba tocar, pero sí producir. Con una grabadora Tascam y una caja de ritmos donde programamos el bajo y la batería, conmigo a la voz y a la guitarra y Ricardo a todos los mandos, grabamos lo primero de Los Ronaldos y, como me has preguntado, la primera canción que compuse en mi vida. Fue en uno de esos veranos adolescentes en Madrid, tediosos y terriblemente aburridos donde el único aliciente era quedar en la Glorieta de Bilbao e ir a Malasaña con Alberto Sanjuan. Esa canción retrata ese aburrimiento en Madrid.

Antes de esta canción, ¿no tenías la típica de cuando estás aprendiendo?

Hombre, esa canción es bastante básica, las cosas como son. Son dos acordes. No es una composición compleja. Esta y las siguientes son muy básicas, lo que pasa es que ya se observa un discurso, un estilo que diferenciaba del resto, nada que ver con técnica o virtuosismo, porque de eso no había. Tampoco lo ocultábamos. Hay un disco acústico de Paul McCartney donde incluye lo que dice que fue la primera canción que escribió y es ya una canción de puta madre, claro, ¡es Paul McCartney!

¿Cuál de tus canciones nunca pensaste que iba a ser hit y el público la convirtió en uno?

Me cuesta pensarlo. Creo que todas las canciones que han sido hits de todo mi repertorio están bastante obvias. No sé, pienso en Por las noches o Adiós papa o No puedo vivir sin ti o La señal… Mira, si he de señalar una, será Me dejó marchar. Ese dueto que hice con Iván Ferreiro que a nadie jamás se le había pasado por la cabeza sacar como single fue una revelación. Iván eligió esa canción, él ya tenía una versión de esa canción. Fue quien la señaló y algo ocurrió ese día sobre el escenario cuando hicimos ese tema. Se grabó y fue el detonante para que la gente le prestase atención. Me ha sorprendido el éxito de esa canción que de entrada es triste, con una parte instrumental larga; en fin, si he señalar una, que sea esta.

He leído que eres una persona que se cuestiona constantemente, que duda, ¿cuándo das por terminada una canción?

Buena pregunta, nunca me lo he planteado. Creo que ese trabajo no termina del todo hasta que no llegas al estudio y escuchas la mezcla. Siempre, además, dejo abierto algo en la canción que se debe cerrar en el estudio, porque en el estudio pasan cosas que no se pueden desechar.

Una parte de esta caja que presentas es un libreto donde los colegas de gremio te lanzan parabienes; me ha resultado curiosa la advertencia de Pablo Novoa: cuidado con meterse si estás tú delante con Indiana Jones o Michael Jackson.

Es una cosa que tiene más que ver con la infancia y la adolescencia, ¡este Pablo! Lo que pasa es que los ídolos a esa edad son intocables. Están grabados a fuego en tu imaginario. He sido mitómano, creo que quienes nos dedicamos a esto lo somos. Siempre hay alguien que nos marca el camino y creo que nos subimos a un escenario para imitar: quien solo imita se queda en eso, quien imita y aporta se hace artista o desarrolla una personalidad. Keith Richards era imitador de Chuck Berry, es así. En mi infancia tuve héroes y uno de ellos fue Michael Jackson, yo militaba en la Jacksonmanía. Más adulto lo descubrí mucho mejor, profundizando en sus discos. Indiana fue el héroe de muchísimos niños de mi generación. A la edad perfecta nos pilló a muchos el estallido de creatividad del tándem George Lucas – Steven Spielberg. ¡Joder!, haber visto E.T. o La Guerra de las Galaxias e Indiana Jones a esa edad fue una pasada.

He visto que anuncias un show llamado ‘Una confesión musical’ para el año que viene, ¿nos cuentas un poco de qué va?

Estoy en ello. Nunca me había visto ante semejante reto, es un desafío emocional más que físico. Es una confesión biográfica a través de mis canciones. En mis shows habituales cuento antes de empezar la canción, brevemente; esta vez me explayaré más, desde otro punto de vista y añadiendo la canción en una versión desnuda. Contaré con una escenografía teatral y una iluminación en la misma onda. Estaré solo en el escenario, contando mi vida. Si El astronauta gigante resulta una biografía musical, pensamos que esto acompañaba perfectamente esa idea. Contaré mi vida a quien le interese sobre un escenario con la banda sonora de mis canciones… Espero que haya gente interesada en verlo.

Toma, claro. Siempre el fan desea ver a su artista fuera de su habitual respaldo musical, desnudo emocionalmente.

Eso espero, quien venga conocerá muchas cosas y muchas motivaciones que nunca se hubiesen imaginado. Van a desmontar topicazos respecto a mí y yo voy a desmontar otros tantos; el humor va a estar presente, la emoción y la tragedia también, pero mucha burla de mí mismo.

En una entrevista decías a propósito de tu primera juventud: “Está claro que las mejores noches son las que vienen después de decir ‘una más y me voy’, porque cuando sales y crees que vas a acabar en la mansión Playboy, mal”. ¿Es esta afirmación aplicable a día de hoy?

Creo que esta máxima vale para todo, además de para las noches de desenfreno. De pronto planeas enamorarte y empiezas a buscar y miras y no aparece nada y tiras la toalla y es entonces cuando de pronto surge esa persona. Quiero decir que las cosas no planeadas son las mejores, no solo las noches. Ahora algo ha pasado con estos dos años de aislamiento, me está costando mucho recuperar ese ritmo de alternar por la noche, tampoco sé si lo voy a recuperar. Tras los dos últimos conciertos, la banda entera se fue a tomar un par de tragos por ahí y yo marché directo a la habitación del hotel. Iban como locos a buscar garitos y yo no podía, me fui hecho polvo a mi hotel. Creo que el canto del cisne fue en la gira Revolución, fue justo antes de la pandemia y ahí arrasamos con todos los garitos que nos encontramos a lo largo de toda la gira. Fueron noches fantásticas que ahora observo en la lejanía. Fue una buena despedida hasta que le vuelva a coger el gusto de nuevo.

La pandemia ha sido terrible, pero a veces me parece que con una nevada (Filomena) y la impertinente subida de la luz, olvidamos pronto todo aquello y a otra cosa, ¿estamos plastificados?, ¿ya no nos afectan las cosas?

Es posible que vengan cosas más tremendas, ojalá no, pero nuestros hijos seguro lo pasarán. Visto lo visto, todo puede pasar.

Precisamente estabas en México trabajando cuando empezó la ‘covid’.

Tuvimos que cancelar parte del trabajo que estaba haciendo allí, las noticias iban llegándome desde España y allí no pintaba nada bien. Era un documental de La Caña Brothers sobre diferentes estilos musicales centrados en diferentes países. A Joe Pérez le había parecido que yo era la persona adecuada para este episodio que iba a tratar sobre los corridos mexicanos. Nos lo pasamos genial. Pero justo estando allí estalló todo, iba viendo cómo los casos estallaban y, cuando ya mandaron a los pequeños a casa y cerraron las escuelas, viendo todo aquello por la televisión desde México, nos asustamos. Macarena, mi mujer, me dijo al otro lado del teléfono que iban a cerrar las fronteras, que o salíamos o nos quedábamos. Fue una locura. Nos imaginamos que iba a empezar el Walking Dead por las calles del DF. Nos vinimos teniendo que cancelar el encuentro con los Tigres del Norte. Cuando llegué, Madrid estaba confinada y daba cosa pasar en el taxi al regresar a casa, aunque con una alegría inmensa, claro, porque por fin me juntaba con los míos.

No puedo evitar preguntarte, lo he leído tantas y tantas veces… Estuviste en un ascensor con Keith Richards y Bob Dylan…, ¿eres muy mitómano?, ¿guardas fotos o discos dedicados?, ¿tienes algún objeto favorito en ese sentido?

Eso fue en el festival de las Leyendas de Guitarra de la Expo del 92. Los años anteriores se fueron haciendo eventos para calentar la Expo. Este festival duraba tres días y era en el Auditorio Rocío Jurado. Cada día era un estilo y el último era sorpresa, no se había anunciado, pero se intuía algo gordo; resulta que un colega muy fan de los Stones se enteró de que iba a venir Joe Cocker, Jack Bruce, una súper banda coronada por Bob Dylan y Keith Richards. El comisario de esta movida cultural de la Expo era Miguel Bosé, no sé si tocaba o presentaba, el caso es que compartíamos representante de nuestra carrera cinematográfica y le llamé: perdona, jamás te molestaría, Miguel, pero es que por Keith Richards haría lo que fuese. Por entonces no era nada fan de Bob Dylan, la verdad, eso vino después. Miguel Bosé fue increíblemente atento y generoso y me dijo: vente, te doy un pase y te vienes a mi camerino. Había una planta donde estaba la plebe, que eran: Jack Bruce, Joe Cocker, etcétera. Luego una planta VIP con solo tres camerinos, el de Dylan, el de Richards y el de Miguel Bosé. Estaba en su camerino, yo no paraba de subir y bajar, quería cruzarme con Keith y no paraba de buscarlo. Salió a tocar por otro lado, pero al final del concierto fui al backstage y precisamente en ese momento se cerraba la puerta del ascensor con Miguel, Keith y Bob, Miguel me vio y dijo que esperasen, me dijo que subiese con él a su camerino y allí se cerraron las puertas conmigo dentro y los guardaespaldas. Tenía a Richards al lado, cuando se abrieron las puertas le puse la mano en el hombre a Keith y le dije: great, tío, great. Me miraba a los ojos, fue amable, estrechó mi mano y siguió su camino a los camerinos. No guardo cosas, soy un desastre con los objetos, he tenido autógrafos y fotos a lo largo de mi vida, pero no he guardado nada.


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