‘Corazonada’, el aullido de una gran poeta, Berta García Faet

La escritora Berta García Faet.

Llevo semanas sumergida en la lectura de ‘Corazonada’, el último libro de Berta García Faet (Valencia, 1988), porque una sola lectura no alcanza para libar –fíjense bien el verbo que uso– el extraordinario tuétano que guarda esta colección de poemas. Un libro exento de fingimientos, capaz de hablar de la infancia como de un tumulto de malos actos, un libro que no idealiza, sino que exprime todas las edades con esa ansia con que un sediento exprime el corazón de una naranja que tiene ya más de fruto amargo que de dulce promesa.

La primera vez que leí a creí que había sido la elegida para presenciar un milagro. Me habló de ella un amigo malogrado por su ambición y su desmedida y repetitiva deslealtad que, sin embargo, a día de hoy no tiene mi indiferencia, sino mi agradecimiento por haber destapado con su aviso a una poeta de la categoría de García Faet. Ya saben, paradojas que alimentan la mala vida de una femme fatal como yo.

“Porque te pareces a mí

a los nueve años,

insultando a una niña

gorda idiota tonta mala

riéndome”

García Faet es libertaria y profundamente eficaz en sus asociaciones. No cree en la importancia de lo que nos precede porque no lo eleva a la categoría de eterno. No trata lo pasado como si estuviera presente, activo, como si emergiera del instante vivido. Es categórica en sus imágenes, pero liviana en su conducta, en sus necesidades: 

“La experiencia de la suavidad

no duró mucho. No vi a Dios”

García Faet ofrece en este libro palabras capaces de desbloquear la biografía de quien lee. Corazonada es un libro de ofrecimiento inagotable:

“Estoy a punto de derramar risa o violencia”

“Dime la palabra culta

para la sed excesiva de mi tobillo y la palabra

culta

para el pánico”

García Faet persevera en el inconsciente de su vivaz voz poética para darle sentido a todo lo que se aleja de lo poético, para detonar los convencionalismos líricos y acceder así a una revitalizante pureza, pero siempre desde la libertad absoluta para acceder al vocabulario más idóneo, ese que es capaz de sembrar la revolución semántica que supone su trabajo.

Las circunvalaciones emocionales por las que avanzan los versos y reflexiones de Berta García Faet conforman una distopía enérgica que hace emerger el futuro de la poesía trasmutando conceptos, agarrándose con fuerza y fiereza a la alegoría.

García Faet es una erudita que juega con la información que posee y crea juegos infinitos de panorámicas casillas, así como demuestra en su majestuoso y onírico poema Charla con Adam Zagajewski que charla con Friedrich Nietzsche en la terraza del sanatorio y que pone en jaque la imperiosa estética del siglo XX.

García Faet es una sabia que introduce palabras capaces de deshacer el status quo de la lírica.  Todo es apertura en su obra. Faet se agarra a la poesía como si fuese el aullido de un animal que no busca la herida, pero cuya voz está hecha para marcar los cuerpos:

“Mis manos paños fúnebres”

“Te amo novia herida

el parabrisas nieva

eutanasias”

La poesía de Corazonada es prodigiosa porque permite el acceso a la luz y a la oscuridad. Nos retrata, pese a su personalísima constancia argumental, pese a su prestigioso afán de multiplicar el significado del yo.

García Faet juega como lo hace ese niño que ya sabe que habrá de ser mayor. Usa todos los mecanismos para que la frescura de sus elecciones se mantenga intacta, eso sí, sin olvidarse de que hay un peso incuestionable y poderoso en sus versos. El deseo marca toda la escritura de García Faet, pero un deseo que se aleja veloz de lo establecido, que abre en dos el cuerpo de la emoción para aislarlo de la nociva premeditación sentimental.

A ratos, su carisma argumental recuerda al de Gloria Fuertes, a su necesidad de hacer de la poesía un arma inquieta que no busca rehenes, sino personas cada vez más vivas.

Y a ratos la efectividad política de su memoria recuerda la integridad de Marta Sanz:

“Oye qué edad tienes? Pareces una mujer

soy una o dos mujeres

de pinchosas siluetas”

La poesía de García Faet posee un sofisticadísimo alcance, aunque parezca diseñada por una paradójica espontaneidad que empapa el escepticismo del lector de esa manera en que empapa el alma de las mariscadoras la precariedad a las que la somete el patrón y la dura e inclemente lengua de la Galerna.

Así que no dejen de leer este libro, porque la belleza de lo inesperado corona esta antológica Corazonada. Porque sostendrán un catálogo de honestidad, un libro limpio, trabajado, atractivísimo y unilateralmente colosal.

Imprescindible.

‘Corazonada’. Berta García Faet. La Bella Varsovia. 347 páginas.

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