Cuatro inquietantes novelas sobre realidades negras

Juan Ramon Santos, autor de ‘La muerte del Pinflói’, una de nuestras cuatro recomendaciones para lo que queda de agosto. Foto: Andy Sole.

‘Nos tragará el silencio’, ‘La muerte del Pinflói’, ‘A partir de mañana’, ‘Río cicatriz’. Traemos hoy a ‘Área de Descanso’ cuatro inquietantes lecturas para lo que nos queda de verano. Oscuras y enigmáticas. Sobre realidades negras, silencios que nos paralizan, sueños hechos pedazos.

Ha llovido mucho desde que Manuel Vázquez Montalbán inaugurara la novela criminal en España con la serie protagonizada por Pepe Carvalho.  Desde entonces, han sido muchos los autores y autoras que han desbrozado el camino a un género que hoy goza de una excelente salud. En La muerte del Pinflói (Baile del Sol), el escritor Juan Ramón Santos le da una vuelta de tuerca a lo negro y detectivesco en una historia protagonizada por El Endocrino.

A este personaje enigmático llegado a Labriegos, un lugar imaginario, lo conocimos en la novela anterior del autor placentino, El verano del endocrino. En esta nueva entrega, narrada por Constante, un maestro de escuela, El Endocrino tiene el encargo de resolver la muerte del Pinflói. La novela cuenta con algunos de los ingredientes básicos del género. Por ejemplo, ya en el comienzo nos encontramos con un muerto, hay una trama en busca del asesino o asesinos, y el autor convierte al Endocrino y a Constante en una suerte de Holmes y Watson, detectives privados que, cómo no, se enfrentan (o coquetean con el enfrentamiento) con los investigadores oficiales.

Sin embargo, en esta historia lo importante no es tanto quién está detrás de la muerte del Pinflói, sino quién es en realidad el Pinflói. Todo el mundo sabe en Labriegos y en la geografía imaginaria donde transcurre la novela que este personaje singular era drogadicto, que estaba en permanente rehabilitación, que a veces ha tenido que recurrir al hurto para proveerse de su dosis. Pero hay más, mucho más, otras caras que el lector irá conociendo a medida que avanza la investigación. En este sentido, la novela, narrada con gran precisión y una inocencia no exenta de humor, La muerte del Pinflói puede leerse también como una reflexión sobre lo que somos, o más bien sobre la verdad de lo que somos. ¿Con qué versión de nosotros mismos nos quedamos?

Una pregunta que también podría ser válida para Susana y Jaime, los personajes principales de A partir de mañana (Ferragosto), de Santi Fernández Patón. En este novela, el autor vuela de lo concreto a lo global para dibujar un retrato generacional. Fernández Patón construye con habilidad el vaso comunicante entre la crisis personal de la pareja protagonista con el mundo en el que viven. Somos, sí, pero somos dentro de una sociedad. Una sociedad que había generado unas expectativas que, lejos de cumplirse, se han convertido en un sueño hecho pedazos. Narrada en tercera persona, la prosa de Fernández Patón es ágil y tiene ritmo, nos llega directa al corazón. Y como en Los vencejos, de Aramburu, estas aves migratorias acaban teniendo un simbolismo premonitorio.

Ya sabemos que vivir es como navegar por un río, un río que a veces puede convertirse en una herida, como le ocurre a Marina, la protagonista de Río cicatriz (Pie de Página), de María José Beltrán, marcada por la muerte de Frank, su primer novio. Aunque es una novela en torno al dolor y la pérdida, la narradora y protagonista no cae en la autocomplacencia y encuentra en la escritura una manera de restañar la herida. Es también una obra en marcha en el sentido de que mientras avanza la narración principal, una suerte de diario en el que Marina le relata su día a día a Frank, se construye un relato paralelo, Monasterio, en un juego literario que abre otras posibilidades de lecturas.

Ganadora del último Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de narrativa, Nos tragará el silencio (Baile del Sol) cierra la trilogía que Miguel A. Zapata inició con Las manos y prosiguió con Arquitectura secreta de las ruinas. Una vez más, Zapata nos demuestra que es un autor inconformista, que huye de los tópicos narrativos y a quien le gusta explorar otras formas de contar la realidad. Y la realidad que hay detrás de Nos tragará el silencio es otro derrumbe, como en las dos novelas previas, pero en este caso el de la libertad individual frente al Estado. En una época en la que se ha malbaratado el término libertad, el autor granadino la reivindica en su sentido más hondo.

No se trata de la libertad de tomar cañas mientras se derrumba el sistema sanitario, como sentencia una política muy conocida, sino esa idea casi existencialista de que los humanos no somos, nos hacemos mientras somos libres. Ser libre, por tanto, implica ser responsable de nuestros actos. Algo que no permite La Hiedra, la expansión de un estado autoritario que en Nos tragará el silencio fagocita todas las escenas de la vida, también la del narrador. La novela, donde podrían caber El proceso y 1984, nos alerta desde la literatura de los derroteros que está tomando el mundo en el que vivimos.

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