Daaaaalí, un genio en el diván de Freud… y en el Thyssen

Salvador Dalí. ‘Tristán loco’, 1944. Lempertz, Bruselas.

La excepcional exposición ‘El universo freudiano de Dalí’ que, comisariada por Jaime Brihuega, nos ofrece el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, podrá ayudarnos –a mí el primero– a comprender, descifrar y acercarnos con mayor facilidad y deleite a la mente y obra de este genio universal. La muestra tiene como hilo conductor –y de ahí lo extraordinario de esta exposición– la influencia que el pensamiento freudiano y la trascendencia del subconsciente tuvieron en la obra del artista catalán-universal. Un encuentro tan real como surreal. Hasta el 24 de enero.

¡¡¡Daaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaalí!!! Vaya por delante: no lo soporto, me sobrepasa, no puedo con él.

Personalmente, la figura, el personaje, la manifestación pública del genio de Figueras siempre ha supuesto para mí un obstáculo para acercarme a su obra y he tenido que hacer una especie de acto de cancelación del creador en favor de su creación, en una especie de acto de desbrozamiento que me permita hallar el camino para llegar hasta sus creaciones. Me sucede todo lo contrario, por ejemplo, con la obra del artista belga Rene Magritte, en la que el misterio y tensión de sus pinturas se ven acrecentadas, al menos en mi caso, por el contraste de la sencilla imagen personal que podemos tener de su persona, que con su terno cruzado, su corbata oscura, su camisa blanca y su sombrero hongo podría encajar perfectamente en la representación tipo que podríamos tener de un viajante de comercio, un profesor de escuela o un sencillo funcionario.

El histrionismo de Dalí, el efectismo de sus puestas en escena, su afectación expresiva provoca en mí cierta displicencia a la hora de poder disfrutar, o al menos intentar un acercamiento directo y nítido a su mundo creativo, ese universo repleto de potentísimas imágenes en las que el subconsciente, los sueños, el erotismo y la sexualidad, las obsesiones, lo abyecto y lo sublime, lo irracional alcanzan seguramente las mayores cotas expresivas y significativas del surrealismo, cuyo objetivo último era subvertir la realidad visible y (re)conocida e intentar demoler, no solamente únicamente los cimientos sino también la propia estructura visible de la realidad objetiva.

Salvador Dalí. La tentación de San Antonio, 1946. Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas.

Salvador Dalí. ‘La tentación de San Antonio’, 1946. Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas.

Salvador Dalí. `La miel es más dulce que la sangre (también «La sangre es más dulce que la miel»)', 1941. Santa Barbara Museum of Art, donación de Mr. y Mrs. Warren Tremaine.

Salvador Dalí. ‘La miel es más dulce que la sangre (también La sangre es más dulce que la miel)’, 1941. Santa Barbara Museum of Art, donación de Mr. y Mrs. Warren Tremaine.

Pero cabe preguntarse si esa conducta exagerada e impetuosa reconocible en la figura en Dalí se trataba de una manifestación genuina y consustancial de su ego o más bien un calculado mecanismo de reclamo para convertirse en eterno foco de atención, una herramienta de mercadotecnia personal destinada a convertir al creador en una mas de sus creaciones. 

Sin duda alguna, la excepcional exposición El universo freudiano de Dalí que, comisariada por Jaime Brihuega, nos ofrece el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, podrá ayudarnos –a mí el primero– a comprender, descifrar y con ello acercarnos con mayor facilidad y deleite a la mente de este genio universal y, por extensión, a su manera de ser y actuar y, en definitiva, y lo más importante para un creador, a su obra.

La muestra está organizada cronológicamente en seis secciones vinculadas a capítulos decisivos de la biografía de Dalí y que tienen como hilo conductor, y de ahí la excepcionalidad de esta exposición, la influencia que el pensamiento freudiano y la trascendencia del subconsciente tuvieron en la obra del artista catalán. Así, la exposición abarca el arco temporal que va desde sus años de niñez y adolescencia, rodeado de un entorno familiar que, utilizando un término tal vez exagerado pero muy ligado a su mundo posterior, podríamos calificar de putrefacto, y que no dejaría de ser sino el periodo en el que germinase con sus miedos, fobias y traumas la peculiar personalidad de Dalí, hasta sus últimos años, cuando la sombra de Freud es apenas ya perceptible en sus obras. Entre medias, encontramos el paso de Dalí por la madrileña Residencia de Estudiantes, su afianzamiento como joven promesa del surrealismo, la época marcada por el desarrollo de su Método paranoico-crítico, donde Dalí fijó las bases de su vinculación con el psicoanálisis freudiano, el encuentro con Freud en Viena y su enfrentamiento con Bretón y consiguiente expulsión del grupo por él liderado.

Además de obras significativas de Dalí cedidas, encontramos también creaciones de artistas vinculados al surrealismo como Ingres, Arp, Tanguy y García Lorca, así como dibujos y documentos de Ramón y Cajal y del propio Freud.

Salvador Dalí. 'Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada', 1947. Museo Nacional Thyssen- Bornemisza, Madrid.

Salvador Dalí. ‘Un segundo antes del despertar de un sueño provocado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada’, 1947. Museo Nacional Thyssen- Bornemisza, Madrid.

Salvador Dalí. 'Soledad paranoico-crítica', 1935. Colección privada

Salvador Dalí. ‘Soledad paranoico-crítica’, 1935. Colección privada

El acercamiento e interés de Dalí por los textos freudianos se inicia a principios de 1920 durante su permanencia en la Residencia de Estudiantes y continúa a partir de 1926 con un acercamiento a la poética surrealista, vinculada en parte por las teorías del médico vienés, aunque este siempre desestimó dicha relación. El resultado de dicha consonancia intelectual fue la gestación por parte de Dalí de lo que denominó “método paranoico-crítico” que él mismo definía como “un método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”. La influencia del pensamiento freudiano continuó a lo largo de toda la vida creativa de Dalí llegando a encontrarse incluso, aunque ya muy difuminado, en el periodo místico-nuclear desarrollado por Dalí a raíz del lanzamiento de sendas bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y su acercamiento a la teoría atómica de la materia.

Existió un encuentro real –e incluso, hasta cierto punto, un tanto surreal–, precedido de toda una serie de intentos frustrados, entre el pintor ampurdanés y el psicoanalista vienés. En 1938, un anciano Freud recibió en su exilio del barrio londinense de Hamptead –en un encuentro auspiciado por Stefan Zweig y Edward James– a un joven Dalí que se presentó a la cita pertrechado por la pintura La metamorfosis de Narciso, creada el año anterior, y un poema sobre la paranoia.

Pues bien, el entusiasmo y efusividad mostrado por Dalí ante la impasibilidad y hasta cierto punto frialdad de Freud, hizo que, mientras el artista afirmase: “¡El cráneo de Freud es un caracol!, ¿su cerebro tiene forma de espiral…, hay que extraerlo con una aguja!”, el aludido declarase: “Nunca he visto un ejemplo más completo de español, ¡qué fanático!”.

Esta cita –que muy bien podríamos calificar como desencuentro amistoso– seguramente fuese contemplada por Dalí, más que como un encuentro entre discípulo y maestro, como una reunión entre colegas, que utilizaban, eso sí, cada uno de ellos, diferentes métodos y herramientas para llegar a desentrañar lo más recóndito de la mente humana; aunque, como ya he dicho, Freud siempre había desconfiado del surrealismo como mecanismo para realizar dicha investigación.

Resulta paradójico, e incluso hasta contradictorio –o no, si lo contemplamos como a un pensador– cómo Dalí fundamenta y aplica los principios del psicoanálisis y las manifestaciones del subconsciente de una manera rigurosa, metódica y casi científica, utilizando una técnica hiperrealista, propia de los miniaturistas, y procurando que cada uno de los elementos que componen sus oníricas composiciones contengan un significado y mensaje legible –al menos para entendidos– y que exija del espectador una mirada minuciosa y atenta, la misma que exigiría la lectura de un texto de su colega Freud.

Salvador Dalí. 'Composición con tres figuras. Academia neocubista', 1926. Museo de Montserrat, donación Josefina Cusí, 2005.

Salvador Dalí. ‘Composición con tres figuras. Academia neocubista’, 1926. Museo de Montserrat, donación Josefina Cusí, 2005.

Y para finalizar, me voy a permitir una pequeña licencia, más cercana al divertimento personal que a la rigurosidad del planteamiento académico y de la historiografía artística: Imaginemos por un momento qué hubiese sucedido si –como le ocurrió a Billy Wilder en su época de gacetillero en Viena– Dalí, tras haberle hecho esperar en la entrada de su consultorio, no hubiese sido recibido por Freud e incluso hubiese sido expulsado por este con cajas destempladas; ¿qué derroteros artísticos hubiesen tomado la obras del artista catalán?, ¿hubiese apostatado del psicoanálisis y del subconsciente como fundamentos de su creación, incluso haciendo mofa de los mismos como hizo el cineasta astro-húngaro en sus películas al presentar a psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas y especímenes de similar ralea bajo una lente deformante e irrisoria?, ¿cómo hubiese afectado al superego daliniano tal afrenta?, ¿tal vez hubiese adoptado como vestimenta habitual terno cruzado, camisa blanca, corbata oscura y sombrero hongo? 

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