“¿Por qué, de pronto, alguien decide hacer algo bueno siendo malvado?”

“¿Por qué, de pronto, alguien decide hacer algo bueno siendo malvado?”

El escritor Daniel Serrano, autor de ‘Durante la plaga’ y ‘Cal viva’.

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Hablamos con Daniel Serrano a cuenta de su nueva novela, ‘Durante la plaga’, una entrega en el más puro género policiaco que une dos crueldades: la pandemia por la ‘covid19’ y la dictadura militar argentina de Videla. Una entretenida obra en la que los supervivientes no se rinden nunca. El protagonista, Ulises Lombardi, sabe que el olvido es imposible, que el pasado siempre vuelve. “El encargo de buscar a un anciano desaparecido en plena explosión de la pandemia, cuando comienza el confinamiento, será el inicio de una inmersión en un presente devastador y un pasado que vuelve en forma de monstruo”.

Daniel, cuando leí en 2019 ‘Cal viva’ , tu primera novela, no tuve duda, y así te lo dije cuando hablamos para ‘El Asombrario’: que pertenecías a la categoría de los observadores de las nostalgias unánimes. Hoy, una vez leída ‘Durante la plaga’ (Suma de Letras), conservo la misma impresión. Se nota que te gusta habitar el presente en la forma metódica y absorbente en que relatas los acontecimientos acaecidos durante el estado de alarma del último año, pero sin duda es la memoria quien llena tus páginas de una fuerza narrativa incontestable. Imagino que contar esta historia ha supuesto para ti un reto mayor del que fue escribir ‘Cal viva’, una novela feroz, pero más desde lo intelectual, desde lo político. En esta novela hacen falta herramientas más poderosas, la ferocidad llega desde un lugar muy alejado de la cabeza, casi de la vida. ¿Qué te ha llevado a escoger la dictadura argentina como piedra de toque, como laberinto abisal al que arrojar a tus personajes?

La dictadura argentina es la pesadilla dentro de la pesadilla en la cual se desarrolla Durante la plaga. En ese mal sueño que fue la irrupción de un virus desconocido en marzo de 2020 regresa el violento pasado de Ulises Lombardi, detective de mi relato (madrileño y porteño a partes iguales) y coprotagonista de esta aventura policial junto a la joven Sara. El pasado siempre sobrevuela sobre el presente, en cada existencia y también en la literatura.

Los supervivientes a menudo oyen voces de un dios que nada tiene que ver, como dice el maravilloso poema de la malograda poeta americana Jane Kenyon, con el Dios del espacio curvo, sino con el hijo cuya sangre salpica el dobladillo del vestido de su madre. Yo creo que tu protagonista, Ulises Lombardi, tiene mucho que ver con ese tipo de superviviente, con esos supervivientes que viven enclaustrados en el aliento del dolor, con esos supervivientes que se aprenden de memoria el cuerpo de la oscuridad, pero que jamás son vistos como parias o fracasados. ¿Estás de acuerdo?

Ulises Lombardi arrastra la culpa de sobrevivir. No es inocente y lo sabe. Él también ejerció la violencia y, finalmente, la violencia lo atrapó. Ha acabado ejerciendo como detective en su oficina del Rastro madrileño, fumando mucho, tratando de olvidar. Pero él mismo sabe también que el olvido es imposible. Y que el pasado siempre vuelve. Y precisamente el encargo de buscar a un anciano centenario desaparecido en plena explosión de la pandemia, cuando comienza el confinamiento, será el inicio de una inmersión en un presente devastador y un pasado que vuelve en forma de monstruo.

Como en tu anterior novela, queda en evidencia mientras se avanza en la lectura tu dominio de la estética narrativa. Las atmósferas que creas son impecables e implacables, tanto que te permiten incluir datos poco usuales, datos en apariencia livianos pero que determinan con claridad la naturaleza de los personajes secundarios. El Legionario o Cheyene, mientras hablan, ponen de manifiesto esto que digo. Personajes en apariencia mínimos y que, sin embargo, permiten sombrear con su presencia el camino más idóneo para tus protagonistas. Los pensamientos de Cheyene están perlados de ternura, incluso de inocencia pese a pertenecer al mundo al que pertenece. ¿No te dio miedo contraponer así a protagonistas y secundarios? ¿Qué te llevó a incluir a este muchacho de barrio en la trama, a usar esa táctica tan galdosiana de encumbrar a los secundarios?

Soy un chico de barrio. Esa es mi identidad primera. Cheyene es uno de los personajes que más me gustan de Durante la plaga: un perdedor que jamás fue vencido. Líder de las pandillas quinquis de los 80, eludió el exterminio de la heroína y se convierte en un cincuentón marginal que rinde culto a la épica guerrera de las culturas originarias norteamericanas; o sea, los indios de las películas del Oeste que vio en su infancia y juventud. Una novela son sus personajes y creo que todos, grandes y pequeños, merecen que se cuente su historia. Como lector me seducen los relatos en los que los personajes brillan. Y, claro, en cada historia que escribo aparece, inevitablemente, Vallecas, que es la geografía de mi adolescencia, como bien sabes.

Leyendo ‘Durante la plaga’ vuelve a corroborar el lector de tu universo literario que eres un gran conocedor de la parte lúdica de Madrid, que conoces todos esos secretos que hacen que su columna vertebral sea o parezca indestructible. Y que también eres un erudito en lo que a política, actualidad y demás historia extramuros se refiere. Imagino que la elaboración de esta refrescante y a la vez gravosa intrahistoria que alimenta tu valiente novela habrá requerido por tu parte un gran trabajo de investigación. ¿Qué ha pesado más a la hora de crear a tus personajes, la versión literaria de otros al respecto, lo digo por la mención, por ejemplo, a Tomas Eloy Azorín, o los datos puramente históricos?

Durante la plaga es ficción, creación, fantasía, pero no concibo escribir sin representar parte de la realidad. En el tipo de literatura policiaca que me gusta se filtra lo real, la política y lo social. Por ejemplo, mi adorado Vázquez Montalbán. O Carlos Zanón. Leonardo Padura, por supuesto. Dicho esto, me encanta adornar de literatura el retrato de mis personajes. De hecho, no tengo ningún problema en incurrir en algún tópico o molde genérico establecido o, incluso, en dar triples saltos mortales argumentales. Durante la plaga es también entretenimiento aunque, por supuesto, con mi inevitable tendencia a lo literario.

A pesar de que no te olvidas de reivindicar dramas pasados, de contar las verdades silenciadas, de poner un broche de oro a una pesadilla atroz como la que muchos vivieron durante el estado de terror de Videla gracias a esa lista de nombres que saben a gloria para la memoria del lector, narras sin olvidarte nunca de la realidad, de esa inercia escupida por la boca del poder que vapulea el mundo, que lo somete y que pone en el punto de mira a casi todos los seres humanos. La inclusión de un personaje como Yuri, tan en los límites de todo –lesbiana, sudamericana, mestiza y ‘rider’– es un auténtico acierto. No sé si eres consciente de que has hecho un ejercicio de una pureza emocional extrema escribiendo ‘Durante la plaga’, que caminas sobre el filo de un abismo. ¿Cómo has conseguido que la luz encuentre la grieta entre dos historias tan brutales sin que ninguna de ellas quede opacada por la otra? ¿Cómo has conseguido que el Apocalipsis que ha supuesto la pandemia no aplaste la silueta de una vieja historia como la de la dictadura argentina? ¿Ha sido fácil contemporizar el eco de ambas historias?

Comencé a escribir Durante la plaga en lo más crudo del inicio de la pandemia. Pretendía retratar el miedo y la oscuridad que vivimos en esos primeros días del confinamiento. Ese terror que hemos olvidado tan pronto. Ni siquiera creo que España haya hecho convenientemente el duelo que se debe a los muertos. Pero, en fin, aquí a nuestros difuntos, como sociedad, no les guardamos el respeto que sería obligado. Bueno, volviendo a tu pregunta: lo que comenzó como dibujo de la pandemia y el confinamiento (y de una búsqueda en medio de los paisajes apocalípticos de aquel tiempo) derivó también hacia un relato de Argentina y otras dictaduras latinoamericanas de los 70 y 80 del siglo XX. Pero hay luz en medio de tanto horror, no me gustan las historias sin vías de escape. Y gracias por fijarte en Yuri, otro personaje que me gusta mucho. Puro siglo XXI, igual que Sara, mujeres absolutamente libres y sin prejuicio alguno, en ese territorio del mestizaje de todo tipo en el que parte de las nuevas generaciones se mueven. Parte, digo, porque también hay una juventud reaccionaria con nostalgias imperiales y clamores del trumpianoMake Spain Great Again’.

También, como en ‘Cal viva’, no dudas en integrar géneros distintos en la narración, en este caso excluyes la poesía de manera explícita, aunque ahí está esa mancha de ceniza “derramada” sobre la camisa de Ulises en un claro homenaje al maestro Machado, e incluye el género epistolar como un fecundo diario de derrotas y victorias. Las cartas de Julio Moyano, el ausente narrador de los sueños de su protagonista, revisten la narración de la bellísima estética y de la ingobernable ética de quien ha perdido, pero, aun así, mantiene intacta la memoria para equilibrar la furia implícita en la relación entre Lombardi y Bauer. Me parece un hallazgo dentro de ‘Durante la plaga’. ¿Tuviste claro desde el principio que las atrocidades cometidas en los años ochenta por los militares argentinos, y las atrocidades que un virus está haciendo cometer a los que mandan ahora –ya sabes, ese campo de exterminio que ha sido el hospital Isabel Zendal– tenían que ser dulcificadas por la épica del amigo bohemio y soñador que volverá a darle sentido al futuro del detective porteño?

Vuelvo a lo dicho antes: no me gusta el derrotismo en ningún ámbito, tampoco en literatura. Julio Moyano continúa peleando hasta el final y eso le salva de la catástrofe. Eso nos salva siempre. Pelear. Y luego, cuando lees las historias de los guerrilleros argentinos (montoneros o de otros grupos), compruebas cómo tuvieron a lo largo de su trayectoria unas historias fascinantes. En caso de sobrevivir. Igual que Julio Moyano, algunos acabaron combatiendo con los sandinistas durante los 80. Hubo, incluso, quien acabó en el poder. Si persistes lo suficiente, puedes acabar gobernando. A veces el amor también regresa. Julio Moyano recupera a su amor de hace muchas glaciaciones. Ulises Lombardi, el protagonista, decide abandonar la pelea. Aunque no tanto. Su labor investigadora es también un combate. Y sigue detestando a la misma gente que en su juventud: los abusadores, los reaccionarios, los ricos que explotan a los pobres…

Quiero hacer también hincapié, Daniel, en la manera en que has formado las preciosistas imágenes que exhibes en alguno de los párrafos de la novela. Sigue habitando en el núcleo de esta historia ese lirismo sustancioso que tan bien articulas; sin embargo, hay mucha más concreción en la plasticidad, mucho menos devaneo poético que en tu anterior novela. “No hay ser humano que resista la tortura. Nadie por mucho que digan. Y quien la resiste queda roto igual”. “Somos de donde fuimos niños”. “Los pantalones ensuciados por la violencia”… En esta ocasión, las imágenes se sobredimensionan al ser expuestas para encastrar el tuétano de ambas historias. Son imágenes intercambiables, idóneas para el pasado y para el presente. ¿En qué momento supiste lo importante que era para la verosimilitud de la historia evitar la simplicidad de las imágenes, la crónica desvaída que casi siempre cuenta la historia oficial?

No premedito mi prosa sino que escribo como escribo, en un arrebato que me lleva, a veces, quizás, al exceso. Pero el exceso me gusta en literatura. En todo caso, he eliminado florituras e intentado que Durante la plaga tuviera el aire de las novelas clásicas de género policiaco. Pero recuérdese a Raymond Chandler, capaz de hacer metáforas sublimes en medio de una narración criminal. Se puede hacer literatura desde cualquier género. Y entretener, ojo, que es de lo que se trata. Creo que Durante la plaga entretiene (o eso espero) y, además, animo a quien proceda a que convierta esta novela en serie o película. Me encantaría ver a Ulises Lombardi y Sara Marcos como personajes de serie o película, la verdad.

También es muy evidente que tus novelas son muy cinematográficas, que los cimientos de tu narrativa están muy asentados sobre la plasticidad de determinados filmes, sobre la locuacidad de determinados guionistas y sobre la presencia de determinados y determinantes personajes cinematográficos. Esta vez te has alejado de Hollywood, pero has caído de lleno en determinados climas y clímax de cineastas sudamericanos. Hay resonancias del cine de Subiela en las cartas de Moyano y en la presencia eterna de Lorena, “ese fantasma, ese espectro” que brinda consuelo y mantiene viva a toda una generación. Hay susurros del cine de Piñeiro en la lenta silueta de Lombardi y la noqueadora melodía del cine de Luis Puenzo en el retorno extraviado de la mujer que mece con su ausencia el porvenir de tus tres protagonistas. ¿Tuviste claro desde el principio que los ángeles y los demonios que deambulan por este libro debían rechazar el arquetipo americano del detective, del matón y del soñador?

Me adelanté a tu pregunta en la contestación anterior: soy culpable de cinematografismo. Creo que Durante la plaga es deudora de las películas de Robert Mitchum ya maduro y devastado encarnando a Philip Marlowe en cintas de los años 70 de dudosa calidad. Pero me gusta esa imagen del viejo detective todavía en pie. Y Ulises Lombardi es un poco ese viejo detective típico del cine negro, pero con nuevas características. Para empezar, Sara le marca muchas veces el camino a seguir. Sara, compañera de fatigas de Ulises en labores de investigación, quizá es la verdadera protagonista de Durante la plaga.

Otra cosa que me gusta mucho de la novela es cómo consigues que los captores contemporáneos no juzguen jamás a su prisionero. Me ha encantado la sutileza con la que los conviertes en hombres sin prejuicios. Cómo haces de Laguardia un hombre libre a través de los pecados que ha cometido otro. A veces presentir la errática existencia de un hombre se convierte para nosotros en una inesperada absolución. La contradicción está muy presente en la páginas de ‘Durante la plaga’, tanto que se convierte en un ejercicio de estilo y que me obliga a preguntarte si fue una rutina premeditada o solo fruto de la causalidad argumental.

Intento que mis personajes sean complejos, no sólo de una pieza. Hay detalles que pueden enternecernos de cada uno de ellos. Salvo del gran villano Bauer y algún otro villano muy español que aparece por ahí. Durante la plaga está llena de perdedores que acaban ayudándose. Y arriesgando su vida por otro. Sin razón alguna. Gratuitamente. En la vida no siempre hacemos el mal de modo gratuito, también hacemos el bien de la misma manera. Incluso jugándonos mucho. ¿Por qué? Muchas veces no sabemos comprender el motivo. De hecho, en la novela hay un arrepentimiento que es clave (la denuncia de un antiguo criminal) cuyo origen es difícil de descifrar. Me interesaba ese tema: ¿por qué, de pronto, alguien decide hacer algo bueno siendo malvado? Porque eso también sucede.

Por último, me gustaría preguntarte si ‘Durante la plaga’ tendrá una segunda parte o si es ya una historia completamente cerrada y sin salidas de emergencia. ¿Será capaz Ulises de no volver a la madre patria después de la revelación que le hace Julio Moyano en sus fantasmagóricas misivas, y sobre todo será capaz Bauer de sobrevivir dos veces a la misma derrota y conformarse con su destino de fugitivo sin buscar venganza?

Querría continuar con las aventuras de Ulises Lombardi y la joven Sara. De hecho, hasta tengo título e idea para una segunda entrega. Pero todo dependerá de si logro que la gente lea Durante la plaga. No me gusta escribir para mí mismo y mi familia y amigos, me gustaría tener un millón de lectores (al menos). Lo digo un poco en broma y un poco en serio. Sí, querría seguir escribiendo sobre estos personajes, por supuesto.


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