Demonizar la ocupación de viviendas para invisibilizar el drama social

Demonizar la ocupación de viviendas para invisibilizar el drama social

Pancarta en un edificio de la calle de Colón en Valencia, a favor de albergues familiares para familias trabajadoras desahuciadas. Foto: M. Cuéllar.

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Una de las maneras más escandalosas de tratar de invisibilizar los graves problemas sociales que hay en España y, en concreto, el drama de la vivienda, es mediante la demonización de la ocupación de viviendas vacías. Es común ver a políticos prometiendo burdamente “mano dura” contra las personas que ocupan y a programas televisivos (generalmente magazines amarillistas de media mañana o media tarde) mostrando los casos más extravagantes y dando espacio a empresas de prácticas dudosas como Desokupa.

Lo primero que llama la atención es la confusión terminológica. Entiendo que la ‘k’ en la palabra okupa se tiene que referir al movimiento okupa, con raíces en la contracultura, el movimiento autónomo o el movimiento libertario, ese que okupa edificios con motivaciones políticas, reivindicando la autogestión de los espacios y el derecho a la ciudad. Por lo general, son acciones antagonistas y militantes: se toma un inmueble, se informa al vecindario, se cuelgan pancartas en las ventanas, se realizan actividades. Aunque puede que en ellos vivan personas, el objetivo fundamental de los centros sociales okupados y autogestionados es ese: ser centros sociales.

La ocupación que ahora abunda no tiene raigambre contracultural ni radikal, por eso no debe escribirse con k: es una ocupación que se da por pura necesidad. Individuos y familias que se ven obligadas a buscar un lugar donde vivir y a las que no les queda otro remedio más que meterse en una de las tres millones de viviendas vacías que hay en España, muchas de ellas en manos de bancos, fondos de inversión, especuladores de todo tipo o en la Sareb (el llamado “banco malo”). Los ocupas con ‘c’ no ponen pancartas en las ventanas reivindicando la Revolución Social ni montan fiestas solidarias: tratan de pasar lo más desapercibidos posible para tratar de vivir en paz sin ser estigmatizados.

Cuando en frívolos programas de televisión solo se muestra a los ocupas que portan armas de fuego, que utilizan el espacio para inyectarse heroína o que hacen la vida imposible al vecindario, cuando se busca el caso más estrambótico para estigmatizar al resto, cuando se presenta a estas personas en situación de pobreza como caraduras que quieren pegarse la vida padre, sin trabajar, rascándose la barriga, a costa de los demás, se está cayendo en la más pura aporofobia. También cuando ciertos políticos parecen más preocupados en difundir bulos sobre temibles okupas que entran en casa de ancianas cuando estas bajan a comprar el pan o cuando parecen muchísimo más preocupados en aplicar esa “mano dura” contra los ocupas que en desarrollar políticas de vivienda efectivas en un país en el que la vivienda pública es mínima y los alquileres están desorbitados.

Diríase que solo se ofrece a la gente vivir en la calle, siempre y cuando no se pongan en las calles más visibles del centro, donde hacen feo ante los turistas. Como las personas sin hogar que llevaban años pernoctando en la Plaza Mayor de Madrid y que, aprovechando la pandemia, fueron desalojadas por la Policía Municipal, se intuye que porque no encajaban en la Marca Madrid. No se entiende que, en pos del libre mercado y la libre especulación, haya partidos que consideren decente un país donde millones de personas tienen problemas de alojamiento, ahogamiento para pagar el alquiler, mientras que unas 40.000 viven en la calle, según Cáritas.

“La estigmatización de las personas que se ven abocadas a ocupar pisos vacíos hace que esa alternativa sea cada vez más complicada”, me dicen miembros de la Coordinadora de Vivienda de Madrid. Por un lado, las personas que ven la ocupación demonizada en la televisión prefieren no convertirse en esos monstruos delincuenciales a los que diseccionan en las tertulias. Por otro, los vecindarios cada vez están más alerta a cada movimiento y a la mínima anomalía llaman a la policía, muchas veces en balde, porque no hay ocupas. “Hasta hay personas que han conseguido un alquiler social de un piso de la Sareb y los vecinos no se creen que están de alquiler”, dice las mismas fuentes. “Han llegado a llamar tres veces seguidas a la policía para creérselo, incluso después de ver el contrato”.

En España, pese a lo que dice la Constitución en su artículo 27, no se está protegiendo la función social de la vivienda, que cada vez más es utilizada por los especuladores como una mercancía, con resultados funestos para el resto. La ocupación de viviendas no es un capricho: a nadie le parece confortable una vida en la clandestinidad y bajo el riesgo a ser desalojado en cualquier momento. El fenómeno de la ocupación es solo consecuencia de una sociedad que le está fallando injustamente a un sector de la población nada desdeñable: aquellos que, tras varias crisis encadenadas, y debido a la injusticia estructural del sistema, ya no pueden pagarse la energía, la comida, la vivienda.

La ocupación de viviendas vacías en propiedad de grandes tenedores no es la solución, pero es la única alternativa que pueden permitirse muchas familias. Es responsabilidad de los medios no demonizar a los necesitados y responsabilidad de los políticos resolver con rapidez el problema de la vivienda que cada vez está más enquistado y que hace que este país no sea como queremos imaginarlo.


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Comentarios

  • ADOLFO SANCHEZ

    Por ADOLFO SANCHEZ, el 06 junio 2022

    Estimado Sergio.

    Hay casos y casos y cada persona es un mundo.

    Que el Gobierno tiene que aprobar las medidas necesarias para garantizar el derecho a la vivienda está claro. Los precios de la compra y alquiler de vivienda son realmente prohibitivos, sobre todo en ciudades como Madrid.

    Pero hay zonas de ciudades como Madrid donde tienen realmente abandonados a los ciudadanos. Por ejemplo en Vía Carpetana esquina con Gallur.

    Desde hace más de un año unas personas han ocupado un piso en mi edificio. A pesar de que los vecinos alertaron a los agentes de que se estaba ocupando dicho piso, estos permitieron que continuaran en el mismo. Estas personas realizan destrozos continuos en las puertas, ensucian el portal, hacen ruidos a altas horas de la madrugada, dejan continuamente suelto un animal sin control… Cuando se les pide educadamente silencio, suelen contestar de malas maneras, en algunos casos con amenazas. Varias veces he podido escuchar como a una vecina la amenazaban con «quemarle la casa”,… A dicha vecina recientemente la agredieron empujándola y tirándola un brick de leche. Dichos hechos han sido denunciados.

    Puse también la correspondiente queja a la Policía Municipal de Madrid, ya que en ocasiones les hemos llamado por los ruidos y no se han presentado. Entre otras cosas me han dicho que legalmente figuran empadronados en dicho inmueble cuatro niños y la madre. Esto no es cierto, ya que continuamente pasan por allí más personas y residen de forma fija al menos otros dos adultos, entre ellos el padre de los niños (por desgracia uno tiene constancia de dicha situación no porque se dedique a espiar a los vecinos, sino porque se comunican a grito pelado) Esta familia también tiene ocupado desde hace años un inmueble cerca, en la Calle Gallur. Creo que saben de la impunidad que hoy en día tienen al realizar este tipo de acciones y están completamente al tanto de los pisos que se quedan vacíos, actuando de forma organizada.

    Si estas personas tuvieran un mínimo comportamiento cívico yo sería el primero que diría: «que se las arreglen los del banco» (que se quedó con el piso porque se lo embargaron al propietario que no pudo pagarlo) pero te aseguro que no es el caso.

    Se que no se puede generalizar y hay un montón de buenas personas que tienen que ocupar casas porque no hay más remedio (en todo caso los cambiaría por los que tengo en mi edificio); también hay muchos casos de personas que de la noche a la mañana se quedan en la calle porque de pronto en inmueble en el que viven cambia de arrendador y les sube el alquiler a precios abusivos. Por supuesto que hay que tomar medidas para arreglar este problema, pero no se puede hacer a costa del derecho a la tranquilidad, a la seguridad… de otras personas (que puede que un día también nos veamos en la misma situación)

    También creo que en estos casos habría que penalizar a los bancos (que por ejemplo si embargan un inmueble, no tienen obligación de pagar la comunidad)

    Hasta que no hemos sufrido este problema yo era el primero que pensaba que los medios estaban exagerando y querían hacer de una cuestión puntual algo general para desviar la atención. Pero «cuando las barbas de tu vecino veas pelar».

    Un saludo.

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