Día del Reciclaje: ‘Devolver el fuego’, venimos del polvo y allí volveremos

Día del Reciclaje: ‘Devolver el fuego’, venimos del polvo y volveremos al polvo

Lois Patiño. ‘Sol rojo’ (2018).

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Por segundo año consecutivo, Madrid celebra MadBlue 2022, un festival que pone el foco en la innovación, la ciencia, la cultura y el desarrollo sostenible. El Centro de Cultura Contemporánea Condeduque es la sede del festival. Dentro de sus actividades recientemente se ha inaugurado en su sala de Bóvedas la exposición ‘Devolver el fuego’, comisariada por Mónica Maneiro Jurjo, que expone la obra de artistas emergentes que tratan de recoger la huella del ser humano en el paisaje y la relación armónica o distorsionante de la relación actual con la naturaleza. Hoy, 17 de mayo, celebramos el Día Mundial del Reciclaje en la ‘Ventana Verde’ de ‘El Asombrario’ recorriendo esta exposición, que puede verse hasta el 17 de julio.

Lo mismo que Prometeo robó el fuego a Zeus, dotando al mundo de una de las herramientas que permitió el progreso. “Ahora es el momento de devolver el fuego de Prometeo y hacer una apuesta clara por otras fuentes de energía limpias y renovables, como la hidráulica, la eólica, la solar o la mareomotriz y empezar de nuevo, creando una nueva relación con la tierra y los océanos, más respetuosa, menos invasiva y depredadora”, expresa Maneiro.

Actualmente observamos cómo nuestra manera de actuar sobre los elementos hace peligrar el planeta. Desde la creatividad, cada uno de los 12 artistas de la exposición ofrece su visión de las diversas formas de pensar la naturaleza, con un denominador común, un discurso artístico que tiene como base la sostenibilidad.

Se abre la exposición con la instalación Sueños geológicos, de Nuria Fuster. La instalación se basa en la recopilación de polvo de diferentes partes de Madrid, que ha sido introducido en un tubo circular transparente que lleva incorporado un ventilador. Este se enciende y apaga, haciendo circular las partes de la ciudad volatilizada alrededor de una enorme instalación con forma de anillo. Con esto, la artista nos invita a volver a conectar con el origen a partir del polvo y a pensar en aquello que algún día seremos. Fuster cuenta que la idea proviene de la pandemia al observar el polvo en su casa y “ver su ciclo continuo de reorganización y reconfiguración material”. “Alude a los sueños y las galaxias de nuestro inconsciente. Un polvo suspendido en el aire que luego se posa es para mí un nuevo imaginario utópico. Venimos del polvo y volveremos al polvo”.

A partir de aquí cada artista realiza su recorrido simbólico y analítico del paso por el planeta y donde las ideas de un pasado, presente y futuro convergen.

Alberto Carneiro investiga el paisaje y realiza una pieza, mitad mandala, mitad rosa del desierto, con una serie de fragmentos de madera en el suelo.

Julia Llerena despliega, también en el suelo, una serie de arcillas a modo de tapiz, con piezas curvas y lisas para componer un territorio donde las huellas han sido dejadas en su creación.

Los humanos siempre dejamos huellas por donde pasamos, por eso Rosell Meseguer habla de la colonización de los minerales. Su Proyecto Tierras Raras habla de economía y geopolítica. Una instalación en proceso de investigación que utiliza diversas colecciones formadas por libros de artista. La creadora parte de su propia experiencia, la bajada a una mina con siete años en Cartagena, España, como hilo conductor de la historia minera en el sur de la Península Ibérica, una industria del pasado reciente con escasa perspectiva de futuro frente a un presente y su alta proyección en el futuro de la minería de Chile, Bolivia y Perú.

Julia Llerena. ‘Ombligo, cuenco y agua’ (2021).

Hay oscuridad en las minas pero también en el mar, pero Lois Patiño realiza una fotografía donde un sol rojo parece emerger del mar para ofrecer sensorialmente la flotabilidad del cuerpo en suspensión en un tiempo y un espacio acuoso e íntimo. Sol Rojo muestra el equilibrio entre el hombre y la naturaleza.

La propuesta de Enar de Dios Rodríguez, Liquid Ground, es un gran audiovisual al que hay que poner atención y sumergirse en su poesía. Relata la cartografía oceanográfica actual y el futuro inminente previsto por la ciencia, la política y la economía para esta parte del mundo: el fondo del mar. Aunque los océanos constituyen el 70% de la Tierra, menos del 20% del lecho marino ha sido mapeado. En los últimos años, ha habido un creciente interés en crear un mapa completo de todos los fondos oceánicos. “La reciente cartografía del fondo marino coincide con el mapeo de sus recursos, de ahí su peligro. Son invisibles estos fondos pero también codiciados”, expresa la artista.

Tal vez la creadora más conocida de esta exposición sea Eva Lootz, quien también utiliza el agua y la sal como metáfora. Rama 3 alude a la forma en la que los ríos desembocan en el mar, a sus ramificaciones de agua y a los paisajes de los deltas.

La fragilidad y la concepción holística se dan la mano en la obra de Glenda León. Fragilidad que tiene un símbolo: la mariposa y cómo la merma de sus recursos naturales la puede llevar a la extinción. Este hecho permite reflexionar sobre la naturaleza, su fuerza, su belleza, pero también el impacto que causamos en ella.

La misma incongruencia humana se da en la fotografía de Ding Musa con sus buitres sobrevolando montañas de basura en Brasil, con seres humanos viviendo en este ecosistema. Incongruencia de la vida en las grandes ciudades y sus contrastes entre opulencia y pobreza.

Alberto Carneiro. ‘Sobre o meu Jardim’ (1998 – 1999).

Si ha habido un fenómeno natural del que todos hemos estado pendiente, ese ha sido la erupción del volcán de La Palma. Ese fuego primigenio le sirve a Kike Vilabelda para su pintura abstracta donde la lava es la protagonista.

Mireya Masó dialoga con la Antártida. Un conjunto de vídeos y fotografías nos confrontan a un paisaje natural apenas intervenido por el ser humano. Para Masó, “la Antártida es la presencia visible del cambio donde el tiempo cronometrado se materializa en un discurrir sin pausa de sol y niebla, de calma, de nevadas y pedregales despejados por el viento, de mareas, de avances y retrocesos de témpanos y escombros sobre la bahía. Es un paisaje en movimiento en el que nada permanece más allá del instante. En la Antártida cada segundo tiene el valor del presente. Aparece y desaparece antes de poder recordarlo”.

Por último, tanto Dan Graham como Nacho Martín Silva se sirven de la arquitectura para reflexionar sobre el espacio que habitamos.


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