Diez maravillosos discos pajareros para volar y salirnos del ruido

Diez maravillosos discos pajareros para volar y salirnos del ruido

El músico Harley Edward Streten, alias Flume, ha introducido 34 especies de aves en el vídeo del tema ‘Go’.

Solo con los 20 discos (172 canciones y 73 poemas recitados) de la caja ‘For the birds’ y las interpretaciones de Elvis Costello, Alice Coltrane, Nick Cave, Laurie Anderson, Animal Collective, Nicola Cruz… ya tendríamos para rellenar este repaso a la música más pajarera de 2022. Incluso me podría extender mucho más de lo que he hecho repasando el disco del año en este ámbito: ‘A guide to the birdsong of Western Africa’. Pero, claro, también hay que hablar de las cigüeñuelas pechirrojas de Stella Donelly, de los gorriones de Big Thief, del cóndor de Daniel Vergara o de las 34 especies que salen en el vídeo del tema ‘Go’, de Flume. A partir de aquí comienza un viaje migratorio musical que nos llevará de EEUU a Colombia y de Islandia a Sierra Leona. Acompáñame.

Como la obra de 20 discos, 172 canciones y 73 poemas de For the birds. The Birdsong Project –los beneficios de la venta van para The National Audubon Society– publicada en 2022 resultan inabarcables para comentarlo por aquí, la dejamos para un mejor momento en El Asombrario. Tampoco están entre la lista elegida de los 10 discos pajareros de 2022 otros títulos e intérpretes que hubieran prolongado en exceso este artículo. Por ejemplo, estarían Andrew Bird, Headbirds, Wallis Bird, Aquilla, Black Swan y Oiseaux Tempête (lógico, con estos nombres), Weyes Blood, Brian Eno, Nils Frahm, Sza (también bióloga marina), Lykke Li, Marina Herlop, Let’s Eat Grandma, Rojuu, Mike Cooper y Bill Callaham.

Recomiendo también seguir la pista de los discos de 2022 con el ruiseñor de Autumn’s Child (canción en Zenith), los flamencos de Jesca Hoop (portada de Order of romance), los gorriones de Santiago Latorre (se les oye en I want to face deception de Architecture of friendship), la calandria vía Federico García Lorca de Los Planetas (en Las canciones del agua), el vencejo de Steve Earle (portada de Jerry Jeff), el quebrantahuesos de True Enemy (portada de Vultures), el kakapo (canción en Animist pools) de Lee Evans –primera vez que detecto a esta amenazadísima ave endémica de Nueva Zelanda en una canción–, los guacamayos, calaos y verderones de Alex G (portada de God save the animals), el cisne de Ludovico Einaudi (portada de Underwater) o los córvidos de las portadas de Bishops Green, Sorry For Laughing y Adrian Lane.

Y antes de pasar a la lista, dos canciones sin elepé, una con un jilguero (Cantemos, de Marisa Valle Roso) y otra con una golondrina (La tumba de la golondrina, de La Ronda de Boltaña y Rozalén),

1- ‘A guide to the birdsong of Western Africa’. Varios artistas (Shika Shika).

Lo dicho, imposible reflejar aquí todo lo que transmite y emociona este disco. Hay que tener en cuenta que se trata de diez canciones dedicadas a otras tantas aves en peligro de extinción, o casi, interpretadas por artistas de Cabo Verde, Mali, Guinea-Bissau o República del Congo y que incluyen los cantos y graznidos de esas aves. Desde las raíces de la música popular al house, pasando por el reggae y el afro beat, el picogordo de Santo Tomé (solo quedan unos cien ejemplares), el papamoscas de Nimba o la grulla coronada cuellinegra tendrán más oportunidades para su salvación gracias a la labor de la ONG Shika Shika y el dinero obtenido con el disco.

2- ‘Palaces’. Flume (Future Classic).

De acuerdo, es posible que no estemos ante la mejor obra de este orfebre australiano –de nombre Harley Edward Streten y de alias Flume– de la música electrónica. Sin embargo, de la portada a los vídeos de algunas canciones la sensibilidad por el mundo de las aves queda patente, sobre todo por las posibilidades creativas que desprenden sus plumas, cantos y vuelos, pero también por los problemas que las acechan. Las 34 especies –nada menos– que aparecen en el vídeo de Go –de colibríes a pavos reales pasando por abubillas, pájaros carpinteros, abejarucos o estorninos– suponen el punto álgido, junto al tema Palaces, interpretado por Damon Albarn.

3- ‘Flood’. Stella Donnelly (Secretly Canadian).

No salimos de Australia gracias a un ave endémica de esta mega-isla: la cigüeñuela pechirroja. También es la primera vez que me encuentro a esta especie en la música, y en buen número, ya que abarrotan la portada del presente disco. Y tenía que ser Stella Donnelly, una apasionada de las aves y de su observación hasta perderse en los bosques de Bellingen (sureste de Australia) en busca de inspiración para las canciones de Flood. Y claro, salen gemas de introspección pop, lo mismo saltarín (How was your day) que inmediatamente te acuna con Restricted account. Ah, y no te pierdas su bolsa de promoción con sus seis aves favoritas.

4- ‘Nosferatu’. The Call Of The Deathbird, Jozef van Wissem (Incunabulum Records).

La última noche de Halloween, o de Todos los Santos, se publicó este disco. Se trata de un encargo de la Cinémathèque Française al laudista y compositor holandés Jozef van Wissem para que le ponga banda sonora a la mítica película Nosferatu, estrenada cien años atrás. ¿Y qué le sirve como hilo conductor? Los cantos de las aves de su natal Róterdam que encuentra en un viejo disco de vinilo. Tan viejo que, desgraciadamente, algunas especies o ya no existen o quedan muy pocas. Los gorriones comunes han descendido un 95% en esa ciudad. Los cantos/gritos de esas aves agonizantes se unen al laúd y la guitarra eléctrica para crear sonoridades siniestras y mucho drone espectral.

5- ‘Broken spectre’. Ben Frost (Vinyl Factory).

Metidas como estamos en el universo drone, nos instalamos en él junto a Ben Frost. De nuevo sonidos oscuros, minimalistas, algunos extraídos directamente de la naturaleza, de grabaciones llevadas a cabo por este compositor australiano-islandés en un viaje por la Amazonia brasileña a través de la carretera transamazónica BR-230 y la BR-163, llamada “autopista de la soja”. En las forestas que aún quedan en pie utilizó un sistema de grabación diseñado para capturar sonidos de “ultra alta frecuencia, indetectable por el oído humano, lo que reveló comunicaciones ocultas de murciélagos, aves e insectos”. Inquietante, como el canto del búho en The burning world, primero interrumpido por las llamas y luego cortado en seco por un disparo.

6- ‘Florist’. Florist (Double Double Whammy).

Dejamos los drones, pero no los cantos de las aves ni un minimalismo más orgánico, más folk y psicodélico, incluso lo-fi por momentos y siempre acariciante en cuanto surge la voz de Emily Sprague. Este combo de Brooklyn (Nueva York, Estados Unidos) tiene un vínculo muy especial con las aves. Se las oye en varios temas del grupo y son protagonistas del título de su primer LP: The birds outside sang. Y esto no iba a ser menos en su nuevo disco (Florist), con títulos como Red bird pt. 2 (morning) y Feathers y variados trinos en 43, entre otras canciones más del álbum. Hay un Red bird pt.2 porque en su segundo disco, If blue could be happiness, ya había un Red bird.

7- ‘Dragon new warm mountain I believe in you’. Big Thief (4AD).

Nos quedamos en el mismo barrio de Nueva York con otra voz igual de evocadora, la de Adrianne Lenker, de Big Thief. De entrada nos encontramos con una portada con varios animales, dos aves incluidas, y con un tema dedicado al gorrión (Sparrow) en el que también aparecen búhos y águilas. A partir de aquí toca disfrutar con uno de los mejores discos de 2022, capaz de pasar del relajo acústico del primer tema (Change) a la chispa percusiva del siguiente (Time escaping). Música de raíces americanas –no faltan hillbilly y bluegrass– con momentos para rememorar a Leonard Cohen (Promise is a pendulum) y Suzanne Vega (Simulation swarm).

8- ‘El hombre caimán’. Thub (Folcore Records).

Saltamos de Brooklyn a Colombia de la mano de Daniel Vergara, que con el alias de Thub propone sonidos electrónicos que beben de ritmos tropicales y sudamericanos y que provoca que un tema como Alborada suene cual Daft Punk pasados por la cumbia. A lo que vamos: ¿que por qué está aquí El hombre caimán si esto va de aves? Porque sus cantos forman parte trascendental de cortes como Darién –música densa que te sumerge en la humedad de esta vasta selva repartida entre Panamá y Colombia–, porque las gaviotas son parte de la ambientación costera de Playaluna y porque a punto de acabar el disco aparece un Cóndor –aquí la música planea–.

9-‘Burung’. Vic Bang (Moon Glyph).

Me declaro enamorado de los sonidos que produce Vic Bang, seudónimo artístico de la argentina Victoria Barca. “Captura los micro-sonidos del mundo”, dicen de su música. Una auténtica ensalada de glitch e indietrónica a la que no le faltan algunos de los miles de cantos, trinos y gorjeos que emiten las aves, presente en composiciones como Minyatiri, NiOro, Lili –suenan como gotas, flautas, aleteos, pizzicatos…–, Yazzú y Gran Izo. Esta última es mi favorita –¿electro-naif, quizá?–. En ella canta un ave con sonidos parecidos a los de R2D2. Conviene recordar que el equipo de George Lucas se inspiró en aves como el pájaro gato gris para sacar el sonido del robot de La guerra de las galaxias.

10- ‘Kamongo’. L’Exotighost (Everlasting).

Tan contento de que tengamos por España a un grupo de exótica y lounge tan bien dotado –excelsas, esas combinaciones de theremín, marimba y vibráfono– como son L’Exotighost, que ya van por su segundo larga duración. Lo titulan Kamongo, palabra swahili que denomina a un pez pulmonado que habita en el río Congo. Hay aves, entre otros animales, en la canción que abre el disco, Exotique mecanique y, muy especialmente, en Noctambulance, donde “se reparten el micrófono” un autillo y un búho. Y como guinda fantástica, el paso nada menos que por la sintonía de El hombre y la tierra, con aves lógicamente entre la fauna que se oye.


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