El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir

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Foto: Pixabay.

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“Escuché el latido de mi corazón, de otros corazones y me alegré de que el deseo, pedido en una mala noche, no se hubiera cumplido”. Es nuestro relato 20 de la serie de Agosto en colaboración con el Taller de Escritura de Clara Obligado. “Nunca me ha gustado el ruido, no soporto los gritos, las conversaciones absurdas, las peleas banales”. “El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir” (Marcel Proust).

POR CARMEN DORADO VEDIA  

Al día siguiente el gallo no cantó, los perros no ladraron y el reloj de la plaza no dio las campanadas.

En la calle, el camión de la basura, privado de su habitual concierto vespertino, retiraba los excesos de la noche anterior. El hecho, por ser inusual, me hizo repasar las horas previas: música alta, riña de pandilleros, ruido de coches y mi deseo de vivir en un mundo mudo.

Bajé a desayunar. Los niños jugaban en silencio. En la cocina mi mujer se movía, como si flotara, entre ollas y cacerolas.

Esa mañana no hubo reproches, ni órdenes. Salí al jardín. Dos viejas camino de la Iglesia obviaron mi saludo. ¿Y si fuera cierto que la ciudad había enmudecido? Nunca me ha gustado el ruido, no soporto los gritos, las conversaciones absurdas, las peleas banales.

Me dejé caer bajo los tilos y miré al cielo. En otras ocasiones mis hijos hubieran salido a mi encuentro con sus risas, sus voces y jugaríamos, les haría cosquillas, reiríamos hasta quedar exhaustos.

Las nubes, agrupadas en formas imposibles, chocaban en un concierto sordo. Añoré el ruido de la tormenta y el canto de los pájaros. Pensé en ella, en su voz de almíbar. ¿Y si no la escuchaba nunca más? Comencé a llorar y, en el silencio ondulado, oí el sonido mordaz de una hoja al caer, la marcha intrépida de las hormigas, la sangre discurriendo por mis venas. Escuché el latido de mi corazón, de otros corazones y me alegré de que el deseo, pedido en una mala noche, no se hubiera cumplido.


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