El ‘maratón’ de eclipses en España, a punto de comenzar

Eclipse de sol registrado por José Sellier en A Coruña en 1912.

La astronomía española se encuentra entre las más importantes del mundo. Sólo hay que conocer algunos de sus grupos de investigación o recorrer sus telescopios de última generación para comprobarlo. Además, nuestro país destacará por acoger los próximos años una serie de fenómenos únicos celestes, reseñables por su periodicidad en un mismo territorio. Nos referimos a los tres eclipses solares que, de manera sucesiva en 2026, 2027 y 2028, serán visibles desde algún punto de España. De hecho, dentro del ámbito astronómico, ya se ha dado el nombre ‘Tríada Ibérica’ a esta coincidencia, que dará pie a multitud de eventos e informaciones.

Este fenómeno ya ha generado mucha literatura científica. Incluso desde el Instituto Geográfico Nacional, dependiente del Ministerio de Transportes y de la Movilidad Sostenible, han publicado el libro Eclipses de Sol. Los eclipses españoles de 2026, 2027 y 2028, coordinado por Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional. “Los astrónomos han sabido sacar partido de estos eventos celestes no sólo para estudiar las capas más externas del Sol o el relieve de la Luna, sino también para probar una teoría que, en principio, parecía sumamente abstracta, la relatividad general de Einstein”, asegura Rafael Guerra Posadas, subsecretario de Transportes y Movilidad Sostenible del Gobierno de España y presidente del Consejo Superior Geográfico. 

Por tanto, los procesos eclípticos son muy relevantes para la ciencia. “Estos fenómenos, que, en tiempos antiguos, recibían explicaciones disparatadas y eran fuente de miedo, a partir del siglo XIX y, muy especialmente, en el XX, se constituyeron como el germen de conocimiento físico y químico de las distintas capas de la atmósfera solar”, complementa Rafael Bachiller. Por tanto, se constituyen como un importante manantial de sapiencia tanto de nuestra estrella como de diversos sucesos físicos que suceden en la Tierra.

Pero, más allá de todo esto, “los eclipses tienen unas dimensiones históricas y culturales que ilustran las formas tan diversas que tiene el ser humano para aproximarse a la naturaleza e intentar describirla”, añade el máximo responsable del Consejo Superior Geográfico “Personajes muy diversos, de Colón a Carlomagno, han hablado de este tipo de sucesos. Nos han comunicado sus impresiones sobre ellos y han dejado una impronta en el devenir histórico desde la Antigüedad hasta nuestros días”. Una circunstancia que también se remite al “atractivo popular” de este tipo de sucesos, que en la actualidad es mayor que nunca, “dadas las posibilidades técnicas que se posee para observarlos”, complementa Rafael Bachiller.

Bajo este prisma, es muy relevante la Tríada ibérica que se desarrollará durante los próximos tres años. El primero de los eclipses tendrá lugar el 12 de octubre de 2026 y será “total”. “Cruzará España de Oeste a Este y pasará por numerosas capitales de provincia, desde A Coruña a Palma de Mallorca, incluyendo León, Bilbao, Zaragoza y Valencia”, explican los especialistas. “Nuestro país se encuentra situado al final de la franja de totalidad, por lo que la misma sucederá cuando el Sol se esté poniendo muy cerca del horizonte, siendo conveniente observar el fenómeno desde un lugar con buena visibilidad hacia poniente”.

Se iniciará a las 17.34 horas –hora peninsular– en el Mar de Bering y concluirá a las 21.58 en el Atlántico. Su duración será de 264 minutos. Es decir, cerca de cuatro horas y media. “Atravesará el océano Ártico, el Noroeste de Groelandia y el extremo Oeste de Islandia, cruzando el mar y adentrándose en la Península Ibérica”, explican los investigadores. “El máximo del eclipse se producirá a las 19.46 –hora peninsular– cerca de Islandia”. Por tanto, en España “se verá en sus últimas fases, pues terminará en Baleares, con la puesta de Sol”.

Y, como curiosidad, el suceso antecederá a la noche del máximo de la Perseidas, por lo que “habrá la oportunidad de permanecer en el lugar de observación para disfrutar, también, de la lluvia de estrellas”. Además, “la baja elevación del proceso ofrecerá una oportunidad excelente para obtener fotografías espectaculares, pues será posible captar al Sol eclipsando cerca de monumentos, accidentes del territorio, árboles singulares…”, explican los astrofotógrafos, quienes ya están esperando con ansia la jornada, para poder dar forma a su arte.

Este espectáculo se repetirá un año más tarde, el 2 de agosto de 2027. Una vez más, un “eclipse total” volverá a ser divisado desde nuestro territorio. “La franja de totalidad atravesará el estrecho de Gibraltar de Oeste a Este, y cubrirá el extremo Sur de la Península Ibérica y del Norte de África, incluyendo ciudades como Cádiz, Málaga, Ceuta y Melilla”, explica Rafael Bachiller. El suceso se ha previsto en horario matutino, mientras que “la máxima duración del ocultamiento pleno visible desde España corresponderá a Ceuta, con cuatro minutos y 48 segundos”.

El fenómeno se iniciará a las 9.00 –hora peninsular– en el Atlántico, pasando por el Estrecho de Gibraltar, continuando por el litoral norafricano, para, seguidamente, adentrarse en Egipto, cruzar el mar Rojo, Arabia Saudí, Yemen y Somalia y acabar en el Índico, sobre las 14.43. En consecuencia, en territorio europeo, “la totalidad sólo podrá observarse desde nuestro país”. Tal será el impacto del suceso, que “el porcentaje máximo de oscurecimiento será, como mínimo, del 70% en cualquier punto del territorio español, desde las zonas más septentrionales hasta las islas Canarias”.

El tercero de los escenarios previstos tendrá lugar casi seis meses después, el 26 de enero de 2028, cuando se produzca un “eclipse anular”. “Su franja de anularidad cruzará el territorio peninsular, de Sudoeste a Noreste, justo antes de la puesta de Sol, incluyendo ciudades como Sevilla, Málaga, Murcia y Valencia, donde el fenómeno se verá completo”, señalan desde el Observatorio Astronómico Nacional. “En Palma de Mallorca y Barcelona sólo se verá el principio del acontecimiento, pues nuestra estrella se pondrá antes de que éste termine”. 

De todos modos, “podrá observarse durante el atardecer desde casi toda Andalucía, la parte sur de Extremadura, Castilla–La Mancha, algunas zonas de Madrid, Aragón, Murcia, Comunidad Valenciana, parte de Cataluña y las islas más occidentales de Baleares, pero la baja elevación del Sol dificultará su seguimiento”. Hay que tener en cuenta que el suceso se iniciará a las 13.06 –hora peninsular– en el Pacífico y terminará a las 19.08 en España, un momento que, por el momento del año –a finales de enero–, ya se ha producido el crepúsculo.

A lo largo de todos estos procesos, además del fantástico espectáculo astronómico del que disfrutará la ciudadanía, los científicos también cuentan con la posibilidad de estudiar diferentes procesos físicos, como las erupciones o fulguraciones solares. Las mismas son “grandes explosiones que se producen en algunos puntos de la atmósfera solar cuando se liberan relevantes cantidades de energía por fenómenos magnéticos del Sol”.

Y para un más fácil seguimiento de los referidos procesos, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, a través del Instituto Geográfico Nacional (IGN), ha lanzado una web sobre la “Tríada Ibérica”. Se trata de https://eclipses.ign.es/; en ella, se divulgan los detalles sobre los fenómenos aludidos, acompañados de “visualizadores” que permitan planificar la observación desde cualquier municipio de España. En el portal también se ofrecen medidas de seguridad, previsiones meteorológicas actualizadas, recursos educativos, explicaciones científicas, una perspectiva histórica a estos acontecimientos y otras referencias culturales. 

De esta forma, los interesados contarán con la oportunidad de consultar los horarios de inicio y fin de cada eclipse, duración del hecho, previsiones meteorológicas o animaciones del recorrido de la sombre sobre el territorio. Además, el portal incluye información general sobre dichos procesos, su relevancia cultural y científica, y recomendaciones para una observación segura, especialmente en relación con la protección ocular.

“Esta web forma parte de una campaña de divulgación científica promovida por el IGN y el Centro Nacional de Información Geográfica, que se completará con conferencias, cursos y otras publicaciones”, aseguran desde el Gobierno de España. Un esfuerzo al que se han sumado otras instituciones y entidades, como el Observatorio Astronómico Nacional o la Asociación de la Prensa de Guadalajara, cuyos dirigentes llevan diseñando desde hace meses mesas redondas y seminarios sobre este asunto.

Eclipse de sol en su última fase.

Eclipse de sol en su última fase.

¿Qué se entiende por un eclipse?

Por tanto, España vivirá una sucesión de eventos astronómicos únicos, por lo que suponen de avance del conocimiento y por la rareza de su periodicidad en un mismo territorio. Pero, ¿de qué estamos hablando? “Denominados eclipse de Sol al fenómeno por el cual la luz solar es total o parcialmente ocultada, al interponerse un astro entre nuestra estrella y el observador”, se define en el libro coordinado por Rafael Bachiller. En el caso de la Tierra, la Luna es el cuerpo que se intercala entre el emisor y el receptor de la imagen. “Esto ocurre dos veces a lo largo de la órbita terrestre, con una separación temporal de unos seis meses”, narran los expertos. “Los eclipses, además, suelen suceder de dos en dos. Cuando tenemos uno de Sol, es muy común que unas dos semanas antes o después ocurra uno de Luna”. 

De esta forma, ambos “se acompañan”. Es decir, “uno se produce a media lunación del otro”. “Esto genera, en principio, que durante un año se produzcan entre cuatro y siete eclipses, teniendo en cuenta los de Sol y los de Luna, con –al menos– dos fenómenos de cada tipo”. Si atendemos a estos cálculos, a lo largo del siglo XXI se deberían producir 233 eclipses, 68 de los cuales serían totales. A pesar de estos números, nunca suelen afectar a las mismas zonas de la superficie planetaria. Por ello, es tan excepcional lo que viviremos en España.

Además, este tipo de hechos astronómicos se clasifican en tres tipos: total, parcial y anular. El primero de ellos –el total– se produce cuando el satélite “cubre enteramente el disco solar”, bloqueando la luminosidad de nuestra estrella y provocando incluso un descenso térmico. “Las zonas de proyección de la umbra sobre la superficie terrestre, en las que se produce la totalidad, es muy pequeña”, recalcan los astrónomos. Sin embargo, “la rotación de la Tierra ayuda a que la misma sea visible en mayor número de lugares, al provocar que la sombra trace una franja en forma de arco sobre la superficie del planeta”. 

Llegados a este punto, se debe aclarar que el satélite terrícola es unas 400 veces más pequeño que el astro solar, pero –al mismo tiempo– también se encuentra 400 veces más cerca de la Tierra. “Esta coincidencia de números hace que los veamos como dos círculos de tamaño semejante en el cielo”. Un azar que hace posible que, “con una configuración adecuada de posiciones”, Selene consiga ocultar a Lorenzo.

El segundo tipo de eclipse –el parcial– tiene lugar cuando el satélite terrestre se interpone, únicamente, en una parte del rastro estelar. Esto se puede producir en diferentes contextos, como las zonas situadas en la penumbra eclíptica. Es decir, aquellas afectadas por el fenómeno, pero que no se encuentran insertas en la franja de totalidad. Otra de las posibles opciones se genera cuando “la Luna no pasa exactamente por el nodo, pero sí de forma próxima por arriba o por abajo”, añaden los investigadores.

La última tipología –la anular– se produce cuando “el satélite no llega a tapar enteramente al Sol, aunque sus centros se encuentren bien alineados”, explica Rafael Bachiller. “Se produce con una configuración de posiciones semejante al total, en la que la Luna pasa por el nodo de las órbitas y se produce una alineación casi perfecta de los cuerpos”. Pero, ¿por qué se diferencia del eclipse total? “Esto es debido a que Selene se encuentra ese día más lejos de nuestro planeta, de modo que el disco satelital se ve más pequeño que el de nuestra estrella”. Como consecuencia, lo único que se divisa es un anillo brillante rodeando el contorno del astro. 

Un poco de historia

Desde siempre ha habido fascinación por este tipo de fenómenos. Una de las primeras referencias escritas procede de hace miles de años, durante la época egipcia, aunque, en aquel momento, las supersticiones plagaban a este tipo de procesos. “Los consideraban como fuente de mala fortuna, hasta el punto de que el mero hecho de hablar sobre ellos podía traer mala suerte”, aseguran los historiadores de la ciencia. Una circunstancia que, sin embargo, no se mantuvo a lo largo de todo el devenir de Egipto. Amenofis IV, décimo faraón de la dinastía XVIII –y que, en su cuarto año de reinado, cambió su nombre a Akenatón–, instauró “la adoración monoteísta de Atón”, una deidad asociada el Sol. Dicha decisión la adoptó tras producirse una serie de eclipses durante el siglo XIV antes de nuestra Era. “Estos fenómenos astronómicos excepcionales habrían sido interpretados como un signo inequívoco de la divinidad, reclamando un cambio en la organización estatal”, teorizan los investigadores.

Pero más allá de este hecho, en Mesopotamia también se han hallado apuntes sobre sucesos astronómicos parecidos. Y como ocurría con los faraones, “eran interpretados en un sentido astrológico como señales que los dioses enviaban al rey, y que podían considerarse como signos de buen augurio si se predecían con antelación”, explica Rafael Bachiller. “Ayudados por el sistema de numeración posicional que desarrollaron, con base sexagesimal, fueron capaces de identificar las épocas propicias para que ocurrieran eclipses”. Un trabajo que fue continuado por los investigadores babilónicos o en la época Clásica, en Grecia y Roma.

La fascinación por estos acontecimientos continuó a través de los siglos. En la Edad Media existen, asimismo, referencias a los mismos. Por ejemplo, la muerte de Carlomagno se produjo 14 años después de su coronación en el siglo IX, “tras una serie de eclipses solares y lunares que fueron visibles desde su reino, y que fueron interpretados supersticiosamente”, explican los historiadores. De hecho, el vástago del gobernante del Sacro Imperio Romano Germánico, conocido como Ludovico Pío, “asoció la muerte de su padre a los mencionados sucesos”.

Más tarde, en las postrimerías de la Edad Moderna, algunos de estos hechos también fueron claves en el devenir de la Humanidad. Y para muestra, el caso de Cristóbal Colón, quien utilizó en su favor el eclipse de Luna acaecido el 29 de febrero de 1504. “Ese día, invitó a los caciques indígenas del norte de Jamaica a que subieran a su buque insignia y les explicó que su poderoso Dios cristiano estaba muy enfadado por su negativa a seguir ayudando a los castellanos”. Por ello, la deidad europea “los castigaría con hambre y enfermedades”. 

A pesar de ello, iba a darles una última oportunidad, al enviar “una señal celeste oscureciendo nuestro satélite”. Y si cambiaban su posicionamiento tras este signo, “podrían salvarse”. En un principio, los allí reunidos no se creyeron esta historia. Incluso se burlaron del genovés, pero al ver que Selene se iba cubriendo, entraron en pánico. Raudos, acudieron a Colón para que pudiera interceder ante su Dios. “El navegante se retiró y, cuando el eclipse estaba a punto de finalizar, anunció que Cristo los perdonaba, siempre que se comprometieran a ayudar a los conquistadores”, subrayan los investigadores. De esta forma, los invasores alcanzaron sus objetivos, sirviéndose, para ello, de un fenómeno astronómico perfectamente conocido…

Desde entonces, han sido centenares los eclipses que han tenido lugar en diferentes partes del mundo. Algunos de los más relevantes se desarrollaron en nuestro país, durante los últimos 200 años. Sin ir más lejos, en 1860 y 1870 se produjeron sendos ocultamientos solares, que atrajeron la atención de multitud de investigadores del planeta, al igual que ocurrió con los fenómenos acaecidos en 1900 y 1952. Una circunstancia que también ocurrirá en 2026, 2027 y 2028.

Por tanto, la importancia de la Tríada Ibérica es evidente. Los tres eclipses solares servirán para conocer un poco más a fondo tanto a nuestra estrella como los fenómenos cósmicos existentes en nuestro Universo. Pero, además, se ha suscitado un importante revuelo popular en torno a estos fenómenos, lo que permitirá aprovechar dicho interés para apostar por la divulgación astronómica, a través de charlas, seminarios, mesas redondas, aplicaciones cibernéticas y observaciones colectivas. Una circunstancia que facilitará el incremento del conocimiento social en torno a la astrofísica, pero también el placer de saber más sobre el espacio que nos rodea, mientras se departe con expertos y vecinos. Al fin y al cabo, y como dijo el divulgador Carl Sagan, “el estudio del Universo es un viaje para autodescubrirnos”.

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Comentarios

  • Los mayas sabían calcular eclipses para prevenir el fin del mundo

    Por Los mayas sabían calcular eclipses para prevenir el fin del mundo, el 23 marzo 2026

    […] tendrá lugar un evento astronómico sinigual en España. Se desarrollará el primero de los tres eclipses solares que afectarán a nuestro país hasta 2028. Comenzará, así, la ‘Tríada Ibérica’ y centrará la atención de todo el mundo. “Cruzará […]

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