“El mundo de Flora es una farmacopea enorme por descubrir”

El doctor en Bioquímica David González Jara, autor de ‘Los secretos de Flora’.

Se podría decir que hay plantas y plantas. Los seres humanos lo saben bien y el doctor en Bioquímica David González Jara en su último libro, Los secretos de Flora’ (editorial Ariel), también. Con un estilo ameno realiza un recorrido por los prodigios del mundo vegetal y sus sustancias capaces de ofrecer a las personas una química que genera potentes adicciones, poderosos venenos,  pero también esperanzadores fármacos. Muchos de ‘Los secretos de Flora’ ya son conocidos, otros están por ser desvelados.

Las historias de este libro son las que han protagonizado las plantas y su vínculo con los seres humanos. Como dice el autor en su introducción e inspirado por el historiador francés Emmanuel Le Roy Ladurie, “busqué un estilo narrativo que se aleje de la simple descripción, la anécdota y el dato, que aporte algo del regusto literario del que se asume que carece la escritura científica, pensé: ¿por qué no utilizar una estructura similar, basada en historias humanas para narrar los singulares secretos de las plantas?

Además, una cosa es conocer los efectos que sobre el organismos produce una sustancia y otra muy distinta, y bastante más compleja, cómo actúan. La única forma que tenían los científicos para desentrañar el modo de acción de la morfina y de otras sustancias presentes en la adormidera (que de forma general se denominan opiáceos) era localizar en el organismo humano los receptores sobre los que este tipo de moléculas químicas actuaban”.

En una reunión en casa de Goethe, “el gran escritor regaló una bolsita de café al químico alemán Friedlieb Runge para que la analizara cuando le fue a contar los efectos de la belladona, y así en 1819 descubrió la cafeína”. Un excitante para algunos, pero no tanto como algunas otras sustancias que nos facilitan las plantas y de las que habla el libro.

Por él, esplendidamente documentado y con referencias diversas, pasan las historias del inofensivo café y otros derivados no siempre beneficiosos para los humanos.

El concepto ‘plantas alucinantes’ puede tener una cara y un reverso, una doble polisemia.

Sí, todos los compuestos químicos que tienen las plantas, que son una barbaridad, cobran distintos sentidos cuando entran en nuestro mundo, ya que podemos usarlos como drogas alucinantes, como fármacos o como venenos. Las sustancias químicas de las plantas nos afectan en la vida, pueden curar o llevarnos a la tumba. Son alucinantes, tanto porque provocan alucinaciones, pero también por la cantidad de usos que se les pueden dar.

Los compuestos químicos de las plantas han jugado un papel muy importante en la historia de la humanidad. Hay productos como la quinina que han salvado vidas y otras han inspirado a los creadores que las han usado para alcanzar nuevas percepciones de la realidad. Quizás el más paradigmático sea Thomas de Quince y sus Confesiones de un inglés comedor de opio.

Hay mucha ciencia en el libro, también antropología, literatura  e historia.

La idea del libro es establecer los inevitables vínculos que tenemos entre todos los seres y organismos vivientes de este planeta. El vinculo entre las plantas y los humanos es total. La gente se sorprende cuando se explica de donde provienen el ácido acetilsalicílico y cómo llegó a ser sintetizado. La heroína procede de un alcaloide. La multinacional Bayer, utilizando como base la morfina, sintetizó una sustancia llamada heroína que inicialmente se comercializó como jarabe para la tos. El opio ha sido usado desde el Neolítico para mitigar el dolor e inducir al sueño.

Sueño inducido utilizado por William Shakespeare en su famosa obra ‘Romeo y Julieta’.

En las obras de Shakespeare aparecen muchas plantas, no siempre con sus nombres, pero sí por sus efectos. Consultaba mucho los antiguos vademécum. En Romeo y Julieta no explicita el origen de la sustancia que hace pasar por muerta a Julieta. Los historiadores piensan que se trataría de una pasta elaborada con los frutos de la Atropa Belladonna. En 1831 se descubrió en las raíces de la belladona una sustancia llamada atropina que Romeo confundió fatalmente. Actualmente, la muerte por ingerir los frutos de la belladona, incluso si se trata de una sobredosis de atropina pura, es extremadamente rara.

Si hablamos de venenos, ¿el más famoso es la cicuta?

Mató al mejor de los hombres, Sócrates, pero hay venenos mucho más poderosos. La propia adelfa, que tenemos en nuestras casas o en las autopistas, tiene la oleandrina, que es más poderosa. También el cianuro o la estricnina, que son derivados de plantas.

El tejo puede ser perjudicial al ser muy tóxico; pero en dosis muy controladas son útiles para un oncólogo, al poderse generar con él fármacos eficaces para combatir el cáncer. También la vinca, que es muy bonita para tener en casa, pero tiene unos alcaloides que tratados en dosis adecuadas y muy controladas son útiles para tratar ciertos cánceres.

La medicina a través de las plantas está muchas veces denostada, ¿no te da miedo hablar de cáncer y plantas?

Las plantas tienen compuestos médicos y ahora la ciencia nos puede ayudar a utilizarlas de forma controlada. Hay que aprovechar el conocimiento tradicional que se tiene de las plantas y hacerlo pasar por el filtro de la ciencia, que es la que nos va a dar la seguridad de un posible uso. Hoy sabemos que muchos remedios con plantas son peligrosos, pero otros nos han servido. Además, actualmente los anticancerígenos obtenidos de la corteza del tejo o de la vinca se sintetizan en los laboratorios y permiten obtener importantes cantidades seguras sin acabar con los bosques centenarios en el caso del tejo.

Sientes fascinación por historias como la de la quinina.

Sí, porque esta molécula ha tenido un gran impacto en los humanos. La malaria sigue asolando partes del mundo. La quinina se sigue empleando cuando aparece resistencia a la cloriquina o a otros compuestos químicos.

Es una historia de éxitos y fracasos. Ahora su fama ya no se debe a su principio activo como fármaco, sino por ser el componente del agua tónica. Su amargor tal vez llevó a los colonos en la India a mezclarla con ginebra. Otra planta ha dado una solución parcial a la malaria: la artemisia annua, comúnmente conocida como ajenjo dulce o artemisinina; numerosos enfermos de malaria pudieron ser tratados con ella. Esta sencilla planta conocida por nuestros ancestros ha sido dotada de legitimidad por la ciencia.

Otra de las sustancias de la que hablas y que nos suena a todos es la dedalera y su posible vinculación en la percepción que tuvo Van Gogh de su realidad.

En su época, los médicos empleaban la digitalis purpurea para tratar epilepsias y enfermedades mentales. Se especula que una posible sobredosis fue la responsable de su predisposición a los halos y los tonos amarillos. La digoxina de la digitalis se usaba también para problemas cardiacos; en la actualidad, la medicina dispones de fármacos igual de eficaces y menos peligros.

En las ciudades convivimos con los árboles llamados plátanos de sombra, pero leyendo tu libro veo que sabemos muy poco de los beneficios que nos reportan.

Los árboles del genero platanus son árboles urbanitas. Los plátanos de sombra tienen mala fama por el problema del polen, pero absorben una gran cantidad de partículas volátiles que se relacionan con cáncer de pulmón, así que realizan una gran labor. Eliminan estas partículas y nosotros los talamos. Nos hemos desvinculado de la naturaleza y pensamos que son meramente ornamentales, pero no es así, los arboles de las ciudades no solo liberan oxigeno, aportan sombra, bajan la temperatura de la ciudad y absorben contaminantes que matan a muchísimas personas.

Existen numerosos árboles del género platanus. Recientemente, los científicos han descubierto que los platanósidos que contiene el fruto de los árboles del genero platanus, como el árbol de la luna, podrían postularse como una de las sustancias más prometedoras para elaborar nuevos medicamentos que nos defiendan de las letales bacterias multirresistentes a los antibióticos.

Hay plantas que se ponen de moda, ¿pero se sabe bien qué es, por ejemplo, la ayaguasca?

La ayaguasca es una de esas plantas de la adivinación, de los viajes, pero no deja de ser una droga peligrosa y, si no eres un chamán, mejor no utilizarla. Hasta ahora la ciencia no ha dado mucha información de cómo actúa. Así que la gente debería saber sus derivadas y sus peligros.

Otro árbol venerado parece ser el ginkgo (‘ginkgo biloba’), el árbol emblemático del Japón.

Fue el símbolo de la capacidad de resistir un gran desastre nuclear, ya que poco después de la bomba atómica daba brotes en medio de las cenizas. Es un árbol resistente y uno de los más ancianos de los que tenemos constancia. Un árbol precioso, sobre todo la hembra; es de las pocas plantas que tienen cromosomas sexuales. En los países asiáticos saben que no es recomendable comer muchas de sus semillas, sus toxinas impide que la vitamina B6 haga sus funciones y origina convulsiones, desmayos o parálisis. En Turquía se consumen las semillas de los albaricoques que tienen cianuro. Modas hay muchas, siempre hay que pensar bien el consumo de plantas.

Las plantas suelen comportarse mal, ya que deben defenderse. Si nosotros consumimos ahora patatas, plátanos o almendras es porque se ha dado un proceso de domesticación que ha hecho que desaparezcan estos tóxicos.

La moda de comer plantas del campo no es buena, ya que lo que crees que es perejil puede ser cicuta. Es buenísimo comer verdura, pero preferentemente compradas en una tienda.

¿Hay plantas que siguen teniendo secretos ocultos?

Las del libro, evidentemente no, pero no podemos descartar que otras pueden tener sustancias super útiles como antibióticos. El mundo de Flora es una farmacopea enorme por descubrir. El 25% de los fármacos que utilizamos proceden de una planta o de modificaciones moleculares que se realizan a las plantas.

  COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

No hay comentarios

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.