El poliédrico viaje sentimental de 'Benito Pérez Buñuel'

El poliédrico viaje sentimental de ‘Benito Pérez Buñuel’

Rodaje del documental ‘Benito Pérez Buñuel’ en la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria. Foto: M. C.

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Cuando en 1968 el escritor Max Aub le preguntó a Buñuel por sus influencias, éste le contestó que solamente reconocía una: la de Galdós. A partir de esta idea, la productora Marta de Santa Ana y el director Luis Roca Arencibia comenzaron a desarrollar su proyecto ‘Benito Pérez Buñuel’, una película documental que indaga en el universo creativo del cineasta aragonés y en la influencia que Galdós tuvo en su filmografía. La película ha sido seleccionada para participar en el mercado Docs for Sale del IDFA, el festival de documentales más grande del mundo, que se celebrará en Amsterdam  del 11 al 16 de noviembre.

Rafael, el abuelo de Luis Roca Arencibia, tenía en su biblioteca una biografía de Luis Buñuel que él leyó de adolescente, y por ese libro quiso dedicarse al cine. Lo cuenta en el arranque de su documental Benito Pérez Buñuel, cuando abre la puerta de la casa familiar en Las Palmas de Gran Canaria para enseñarnos las estancias de su mundo: el recibidor con mesita y espejo, la habitación con cortinas de cuadros azules en la que su padre sigue una clase de inglés en el ordenador, el despacho amplio donde está trabajando su madre rodeada de libros y papeles, la jaula en la terraza donde los dos canarios están saludando al sol. Y por todas partes aparece, con su bigote y sus ojos ya cansados de escribir tanto, un busto en piedra de don Benito: bajo el espejo del recibidor, en la cocina, en el baño, entre la ropa de un armario. “Galdós”, nos dice Luis Roca en la película, “ha sido siempre un fantasma que se ha paseado por la casa”.

Quizá sea porque su madre, Yolanda Arencibia, que en la imagen comenta con el director las fotografías familiares, lleva toda una vida dedicada a Galdós, como confesó al recibir en 2020 el Premio Comillas de Historia por su apasionante biografía del escritor canario. Ese mismo año coincidió la conmemoración del centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós con los 120 años del nacimiento de Luis Buñuel. “Aunque había leído Marianela, Tristana y Fortunata y Jacinta, con la que disfruté muchísimo durante mi Erasmus en Alemania”, me cuenta Luis, “cuando Marta de Santa Ana y yo arrancamos el proyecto en 2017 me propuse leer toda su obra en orden cronológico. Han sido cinco años y, por supuesto, no la he terminado, porque Galdós es inmenso”.

A través de localizaciones en Canarias, México, Calanda, Madrid o Santa Bárbara, y de entrevistas con autores y expertos como Arantxa Aguirre, Víctor Fuentes, Elena Poniatowska, Yolanda Arencibia, Carolina Fernández Cordero, Rafael Congrio, Nelson Carro, Mario Barro o Jordi Xifra, el documental Benito Pérez Buñuel narra el viaje emocional del director Luis Roca Arencibia en busca de las afinidades creativas entre el escritor realista y el cineasta surrealista. “Sumando las vidas de Galdós y Buñuel, Benito Pérez Buñuel tendría hoy 299 años”, nos dice introduciendo al personaje mediante imágenes animadas que recrearán, en diversos momentos de la película, episodios históricos como la partida de Galdós de Las Palmas en 1862 para estudiar Leyes en Madrid, su entierro en la Puerta del Sol o la visita en su casa de la calle Hilarión Eslava en 1919, cuando ya estaba casi ciego, en la que un joven Buñuel le dice al escritor que él quiere ser boxeador y entomólogo.

Fotograma animado de ‘Benito Pérez Buñuel’.

“La animación en esta película”, dice Roca, “cumple la función de mostrar hechos del pasado de los cuales no tenemos documentos audiovisuales; es un recurso que te permite hacer cualquier cosa que imagines. La visita de Buñuel al ‘gran Galdós’, como él lo llamaba, está escrita en sus memorias, una línea que me ha servido de inspiración para el resto”.

Como muestra el documental, el universo de Buñuel hundía sus raíces más profundas en la tierra aragonesa y su gente, en el ruido seco y ensordecedor de los tambores que llenan las imágenes. En Calanda, los niños de un colegio conocen su fobia a las arañas, o su manía de llevar en los estrenos los bolsillos llenos de piedras por si al público no le gustaba la película. “Cuando cortan un ojo”, explica uno de los niños, “representa cuando Buñuel sueña que una nube corta la Luna”. Pero el crítico cinematográfico Rafael Congrio, recientemente fallecido, dice en la película que esos planos ya los escribió Galdós en El caballero encantado: “Veo salir la luna redonda y clara, encendida de color y partida en dos por un celaje, que parece alfanje”.

No es extraño que el genial director aragonés sintiera esa fascinación por Galdós; las minuciosas escenas de sus novelas, donde bulle la vida cotidiana tan cerca de la picaresca, son muy cinematográficas. También lo son sus personajes: los mendigos, las beatas, los señoritos, las criadas, los niños, y todo ese mundo burgués que encierra o destruye a los que no encuentran su sitio. La realidad galdosiana se multiplica en un caleidoscopio y a veces parece otra, menos real. Como explica en el documental la filóloga Arantxa Aguirre, directora de documentales y autora de Buñuel, lector de Galdós, el cineasta encontraba en sus novelas numerosos elementos surrealistas para sus películas. Además, según Víctor Fuentes, autor de varios libros sobre Buñuel y Galdós, ambos creadores estarían conectados con la gran cultura española del Barroco, con Velázquez o Goya, con Quevedo. “Cervantes”, dice Fuentes en el documental, “tiene la gran novela de todos los tiempos, pero Galdós tiene 20 o 30 novelas extraordinarias.”

Rodaje en la estatua de Galdós, en el parque del Retiro de Madrid. Foto: J. M. Cuéllar.

Seguramente el escritor canario, que observó la evolución de la España de su época y la reflejó en sus novelas y en sus Episodios Nacionales, encontraría inspiración en nuestra extraña realidad de hoy para saciar su inagotable pulsión narrativa. Como dice en la película Carolina Fernández Cordero, profesora en la Autónoma de Madrid y autora de Galdós en su siglo XX: una novela para el consenso social, el vínculo sentimental de Buñuel con Galdós no proviene, como les ocurre a sus lectores, de su forma de narrar ni de sus historias, sino de la manera de entender la literatura como testigo de la transformación social de España. “Es el pueblo el que con su miseria, sus disputas, sus dichos picantes, hace la historia que no se escribe”, decía el novelista. La ironía y la amargura frente a una realidad que termina por aplastar a las personas es otra característica que comparte con Buñuel. Ambos la plasmarían en sus obras mediante esas escenas pintorescas que a veces juegan con nuestra credulidad, pero que están apelando a nuestra mirada más crítica.

Jugando a mezclar formatos y géneros, y a través de la brillante –en todos los sentidos– fotografía de Santiago Torres, el documental Benito Pérez Buñuel (con una duración de 74 minutos) ha dado forma a la idea en la que la productora Marta de Santa Ana y el director Luis Roca llevaban trabajando desde 2009 en ciclos de cine y mesas redondas, apoyados por el Instituto Cervantes: recorrer las confluencias entre los universos creativos de Buñuel y Galdós. Como dice Luis Roca, “es la película de un viaje físico, intelectual y emocional”, donde salda su deuda con Buñuel mientras se pregunta y nos pregunta por qué en este país Galdós no está entre los más grandes.


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Comentarios

  • Yolanda Arencibia

    Por Yolanda Arencibia, el 20 octubre 2022

    Gracias Ana, por tu texto sabio que me ha aclarado mucho sobre un proyecto en que tanto de mí misma hay, sin intención ni gloria alguna por mi parte. Lo considero un regalo de Dios. Estoy deseando verlo en la pantalla.

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