El Thyssen nos propone un abrazo de amor a la Tierra
La esfera de Olafur Eliasson en la exposición ‘Terrafilia’ en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Foto: Maru Serrano.
‘El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza une este verano obras maestras de sus colecciones con los espíritus de la Tierra’. Este era el otro titular (demasiado largo; no nos cabía) que estuvimos manejando para este artículo, porque la exposición ‘Terrafilia’, que propone el Thyssen en colaboración con la Fundación TBA21 (Thyssen–Bornemisza Art Contemporary) como su gran apuesta del verano, es más que una exposición, es un abrazo a los espíritus de la Tierra, un canto de amor a lo más grande que tenemos, nuestra Casa, en un ensamblaje –tan conceptual como entretenido– de rompedores artistas contemporáneos con Dalí, Kandinsky, Brueghel el Viejo, Rodin, Patinir… hasta abarcar casi un centenar de obras
Con Georgia O’Keeffe, Max Ernst, Tanguy, Emil Nolde… Solo por contemplar el Tío Paquete de Goya, Orquídea y colibrí cerca de una cascada, de Martin Johnson Heade, o El sueño de Franz Marc ya merecería la pena una visita a Terrafilia (y su relajante aire acondicionado). Obras maestras que nos reclaman aún más atención y valoración sacadas de la colección permanente, descontextualizadas (o re-contextualizadas) y en diálogo con obras de artistas de ahora: Como Olafur Eliasson (su Nueva esfera de Berlín, 2009, es otro must de esta expo), Asunción Molinos (hipnótica su instalación con vidrio en la primera sala a partir de las relaciones de colaboración de bacterias intestinales), Daniel Steegmann (su vídeo generado por ordenador con un gran felino en un entorno selvático cierra la muestra) o el artista y sacerdote candomblé Ayrson Heráclito (imprescindible detenerse en su doble vídeo con un ritual de sanación, de reparación de la violencia colonialista).
Por lo que he podido comprobar en mis dos visitas a Terrafilia, para una parte del público puede resultar un popurrí demasiado conceptual y difícil de entender; para otros, sobre todo los más jóvenes, un alarde de montaje para introducirnos sin prejuicios ni formatos estrictos en los mil recovecos del arte a lo largo de los siglos. Porque el principal valor de Terrafilia es su capacidad para trascender tiempos y actitudes; es un viaje al pasado-presente-futuro en conexión con algo que va más allá del puro arte: el alma, el alma de la Tierra y de todos los seres que la han habitado, habitan y habitarán… Así hay que entenderla.

‘Red Warlus’, de Hoeller, en ‘Terrafilia’, en el Thyssen de Madrid.
Pensar como una montaña
Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, dio otra pista en la presentación el primer día de este mes: “Es algo distinto a lo que siempre hemos hecho en el espacio principal de exposiciones temporales de nuestro museo. Les sorprenderá, como nos ha sorprendido a nosotros. Lo único que siento es no haber hecho esto antes, porque creo que es el futuro de nuestro museo, y esta vía se la debemos en gran medida a TBA21, con quien colaboramos desde 2018. Esta exposición nos ha llevado a repensar muchas convenciones, hábitos, inercias… Nos ha hecho salir de nuestra zona de confort”. Y añadió: “Yo la veo como una actualización del Gabinete de Maravillas, un tipo de exposiciones muy del gusto de la época entre el Renacimiento y el Barroco, que combinaba los objetos más asombrosamente dispares, que combinaba extraordinariamente arte y naturaleza, y cuyo propósito no era solo provocar el asombro, la maravilla, sino la interconexión insólita de piezas que aparentemente nada tenían que ver. Y aquí hay yuxtaposiciones tremendas que no pueden dejar a nadie indiferente, como la de Tracey Emin con Rodin o la de Daniel Otero con Tanguy. Yuxtaposiciones que plantean muchas preguntas y nos llevan a un pensamiento holístico”. Y Solana citó aquí al ecólogo estadounidense Aldo Leopold (1887/1948) y su famosa máxima de “pensemos como una montaña”.
Ese era precisamente otro titular que manejamos para esta pieza: “El Thyssen nos propone pensar como una montaña o un océano”.
Continuó Solana en una presentación sin ripio alguno: “La gobernanza global está en manos del Joker y su banda. El nivel de caos mundial ha llegado a unos niveles inimaginables. Frente a esto, pensar como una montaña o un océano [por la vinculación estrecha de TBA21 con lo azul del planeta] en busca de equilibrio debería movernos a todos. El Canto a la Tierra y sus criaturas, el mensaje de Terrafilia es ahora más necesario que nunca”.
Necesitamos un espíritu de esperanza y transformación
En esa línea habló también Francesca Thyssen-Bornemisza, alma de TBA21. “¡Es el momento de Terrafilia! Su espíritu de creatividad y colaboración, el ecosistema que ha creado, nos debe unir y dar esperanza en estos tiempos difíciles”. Y subrayó que Terrafilia apunta a “descomponer nuestra estructura mental”, demasiado rígida y formateada, para componer una nueva. “Hemos de explicarnos el mundo de una manera distinta, liberarnos de la catástrofe de la estructura, romper reglas y prejuicios y contemplarlo todo de otra manera. Porque SOMOS parte de la naturaleza, una pequeña parte y la más destructiva. Necesitamos un espíritu de esperanza y transformación, un nuevo ecosistema sin barreras, como es el propio montaje de esta exposición”. Insistía una vez más en su convencimiento del poder transformador del arte, desde los tiempos de su abuelo y su padre al presente más inmediato.

La instalación olfativa de la noruega Sissel Tolaas, especialmente producida para ‘Terrafilia’, recorre las salas de la exposición.

Una de las más llamativas conjunciones en ‘Terrafilia’, con obras de Rodin y Franz Marc junto al neón de Tracey Emin y ‘la conejita’ de Sarah Lucas. Foto: Maru Serrano.
Un amor más allá de lo humano
Y Daniela Zyman, la comisaria, añadió: “Me gusta esa idea de que Terrafilia expresa que no hay un solo mundo, sino que hay muchos mundos y todos cobran sentido a través de la coexistencia; reunirlos es ya en sí un acto político. Porque Terrafilia nos habla de afectos, conexiones, emocionalidad. Nos habla de una ética planetaria; como dice Dante en La Divina Comedia, nos habla del ‘amor que hace moverse el sol y las demás estrellas’. Es un amor más allá de lo humano. Es una visión plena de solidaridad, de ética planetaria. Terrafilia es una llamada a otra forma de ser humanos, basada en la ética de comprender mejor nuestro mundo y de que todos somos parte de lo mismo. De ensamblar cosmologías. Más bien, de re-emsamblarlas, de abrir nuestra lente, nuestro foco, y no quedarnos solo en lo material, sino trascender e incluir lo espiritual”.
Terrafilia reúne en sí muchos significados en torno a esa idea de trascender y abarca incluso –como reconocieron Francesca Thyssen-Bornemisza y Guillermo Solana– las propias paredes, la propia estructura, del museo, que abre así una nueva vía de cara al futuro, con límites menos rígidos. En este sentido, ambos destacaron la excepcionalidad de este museo, que, al estar vinculado a una familia, sigue creciendo-cambiando-mutando de acuerdo con las nuevas aportaciones y coleccionismos de sus componentes, desde Carmen a Francesca y Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, cada uno con sus gustos y su manera de entender cómo va evolucionando el mundo y el arte. Así, el link de las colecciones clásicas con las nuevas expresiones artísticas se produce “de una manera natural, nada forzada, orgánica”.
Como nunca antes, los espíritus de la gran Casa Thyssen recorren este verano una exposición.
‘Terrafilia. Más allá de lo humano en las colecciones Thyssen-Bornemisza’. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en colaboración con TBA21-Thyssen Bornemisza Art Contemporary. Comisariado de Daniela Zyman. Diseño espacial de Marina Otero Verzier con Andrea Muniáin.
Hasta el 24 de septiembre.



Comentarios
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[…] “Terrafilia puede considerarse una continuación del impulso crítico de otra exposición anterior, Memoria Colonial, al poner en diálogo el pensamiento ecológico con las colecciones y el mandato público del museo”, nos comenta por correo Daniela Zyman, comisaria de la exposición y directora artística de TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary. La muestra puede verse hasta el 24 de septiembre, en Madrid, una buena manera de refugiarse de los azotes del calor provocados por el cambio climático, uno de los temas que aborda esta exposición que nos propone, en palabras de nuestro compañero Rafa Ruiz, un abrazo de amor a la Tierra. […]
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