¿Eres un cronodelincuente? Visita el Instituto del Tiempo Suspendido

¿Eres un cronodelincuente? Visita el Instituto del Tiempo Suspendido

El recién creado Instituto del Tiempo Suspendido (ITS) nos ayuda a reflexionar sobre cómo es nuestra relación con el tiempo y a reivindicar la ‘cronodiversidad’.

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“Es que no me da la vida”. “Se me pasan los días, las semanas, los meses que ni me entero”. “Ya no sé qué hacer para estirar el tiempo”. “No me da tiempo, no me da tiempo, no llego a tiempo”. Si frases de este tipo salen a menudo en tus pensamientos y conversaciones, este es tu artículo. Eres presa del sentido ultracapitalista / ultraliberal del tiempo. Sí, también. Entre lo filosófico y lo artístico, la política y la poesía, la psicología y la sociología, el recién creado Instituto del Tiempo Suspendido (ITS) nos ayuda a reflexionar sobre cómo es nuestra relación con el tiempo y a reivindicar la ‘cronodiversidad’. Estuvimos en su primera sede física, en el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León). Propone la reapropiación de nuestro tiempo expropiado, robado con fines productivistas.

Los Estatutos del ITS , que constan de 10 puntos número 1, destacan: “El ITS entiende el tiempo suspendido de infinitas maneras, pero apuntando siempre y en cualquier caso a maneras de vivir el tiempo que contestan la crononormatividad. La crononormatividad actual está basada en una concepción lineal, homogénea, neutra, cuantitativa, télica, productivista del tiempo: esos ritmos extenuantes y maquinales que se venden como necesarios y naturales. El ITS se orienta, por tanto, hacia la reapropiación del tiempo expropiado, robado, perdido por todas las prácticas que reducen la cronodiversidad constitutiva de los seres (humanos animales vegetales): somos, cada cual, tiempos”.

“Como instituto, anti-instituto y destituto, fundado fuera y dentro del tiempo y del espacio, el ITS promueve la introducción y propagación, por todas las vías posibles y sobre todo imposibles, de tiempo suspendido en cada una de nuestras vidas y en la sociedad. Poner la vida en el centro, como dicen, es poner tiempo suspendido en el centro de nuestras vidas”.

El ITS está impulsado por Raquel Friera y Xavier Bassas. Ellos mismos se presentan: “Raquel Friera combina una crítica a la economía con la conciencia de género. Sus proyectos dinamitan lo que le enseñaron en Económicas y aprovechan lo que aprendió en Bellas Artes. Concentrándose en temas de trabajo y en el tiempo, sus numerosos proyectos (ha expuesto en CentroCentro de Madrid, CaixaForum, Fundación Tàpies, La Virreina Centre de la Imatge, en Barcelona…) combinan la reflexión conceptual, un largo proceso de colaboración y una crítica de las jerarquías”.

“Xavier Bassas es filósofo, y trabaja como profesor y traductor. Doctor en Lengua francesa y Filosofía por la Universidad de la Sorbona y la Universidad de Barcelona. Especializado en política y estética en el pensamiento de J. Derrida, J-L Marion y J. Rancière, de quienes ha traducido numerosas obras y ha escrito largamente”.

Los Estatutos del Instituto del Tiempo Suspendido apuntan maneras de vivir el tiempo que contestan la ‘crononormatividad’.

Raquel y Xavier son pareja, viven juntos y trabajan juntos desde 2011. Declaran que el ITS, “que combina los medios del arte y el cuestionamiento de la filosofía”, es para ellos “un proyecto de vida”. ¿Y cómo han llegado a instalar su instituto en el MUSAC? A través del 987, de la Convocatoria Laboratorio 987 del MUSAC, un programa permanente de ayudas a la producción y difusión de la creación y la cultura contemporáneas; una convocatoria abierta a cualquier colectividad, grupo o persona física interesada, cuya propuesta esté vinculada al trabajo del arte, la creación, la cultura, el comisariado, la investigación, los movimientos sociales y sus distintas expresiones públicas.

Visitando con Raquel y Xavier el espacio que han creado en el MUSAC –repetimos, la primera sede física del ITS, y por ahora la única–, realmente te hacen pensar sobre el discurrir de tu vida, hasta sentirte cómodamente incómodo. Ahí están, por ejemplo, los paneles que describen a los “cronodelincuentes”. No tienen desperdicio:

“Será considerada cronodelincuente toda aquella persona que planificare la vida propia o ajena siguiendo las normas (…) que establece la crononormatividad (..), a saber: Infancia feliz: nacimiento sin oxitocina, amor familiar, juegos y primeras amistades para siempre, desarrollo según tablas y memorables travesuras. Adolescencia rebelde: vestimenta tribal, actividades vistosamente transgresoras, vocabulario liberado, desafíos constantes sin consecuencias irrevocables. Juventud prometedora: sueños de éxito personalizados. Madurez aspiracional: matrimonio estable, trabajo progresivamente exitoso, prole debidamente encaminada. Vejez digna: morir sin degeneración corporal ni mental, con herencia simbólica o pecuniaria, y siempre rodeado afectuosamente de los suyos”.

“Será considerado reo productivo toda aquella persona que extendiere el régimen laboral 24 horas al día, siete días a la semana, sin ningún periodo de vacancia real. El uso del ocio digital con fines desconectivos, las pausas para “cargar pilas” o los merecidos pequeños placeres (llamados en jerga delictiva “tus momentos”) constituyen pruebas suficientes de estafa temporal (falso ocio con dolo o por imprudencia) e implicarán la imposición de penas de reposo continuado, improductividad de larga duración, inutilidad profunda, disfuncionalidad digital e incluso, en caso de reincidencia, la asunción obligada de la Renta Básica Universal durante un periodo máximo de 20 años”.

“Será castigada con las más duras penas toda aquella persona que ocupare su vida en cuidarla más que en vivirla. La ingesta compulsiva de alimentos superideológicos, así como la incitación al bienestar buenista y a los sanos ejercicios de plenitud espiritual –bajo cualquiera de sus formas coolcidentales- se considerarán agravantes en dos o tres grados de la pena con arreglo a la malversación temporal, individual y planetaria, que se le supone al cronodelincuente”.

Y uno cae en la cuenta de que cae continuamente en la trampa. Esos ejercicios del cool-Occidente, como pasarte 12 horas diarias trabajando como autónomo en un piso compartido de 50 metros para luego ir corriendo a hacer dos días a la semana media hora de meditación.

O esas frase hechas que nos delatan: concebir las vacaciones como un tiempo para “recargar las pilas”, como si fuéramos el móvil o la tablet, y poder luego seguirle siendo bien rentable al sistema productivista capitalista.

O esa tendencia en las redes a que todo dure cada vez menos: como los álbumes de Instagram parecían demasiado poco efímeros, se crearon las stories para que desaparezcan en un día o en cuanto han sido vistas; o esas fotos en las aplicaciones que solo pueden ser vistas durante 20 o 30 segundos. Todo bien deprisita, que hay mucho que hacer, mucho que ver y muchos a los que darles un like o colgarles una llamita de fuego.

Ese reloj de pared que tan solo deja la huella del paso del tiempo en la pared.

O esos inventos del turbocapitalismo que nos acechan a cada vuelta de la esquina: desde el cargante “sal de tu zona de confort, arriesga” al “síndrome del me estoy perdiendo algo”, FOMO, esa ansiedad de que te estás perdiendo algo interesantííísimo que otros están haciendo y tú te vas a quedar excluido, fuera de onda, como estar al día de las últimas 30 series que se estrenaron este mes, a cual más interesante, sobre todo las indonesias, o las 20 azoteas más cool de Madrid para tomarte un aperitivo vegano en tonos rosas y fucsias (¿no te habías enterado?, ¿en qué mundo vives?, ¿a quién sigues en redes?, ¡es lo más de este verano!, bueno, del último tramo de esta tarde de verano, porque lo de ayer por la tarde ya se quedó súper viejuno).

¡Viva el aburrimiento! ¡Viva el no hacer nada! ¡Viva el helado de vainilla en cucurucho!

Otra de las secciones de la sede física del ITS (o de otra pestaña de su web) es la biblioteca del tiempo, con libros en torno a la reflexión del tiempo y la cronodiversidad . Como In a Queer Time Place, de Judith Halberstam (NYU Press): “El momento queer es un término para aquellos modelos específicos de temporalidad que surgen dentro del posmodernismo una vez que se abandonan los marcos temporales del modelo de la reproducción y la familia burguesa, la longevidad, el riesgo/seguridad y la herencia”.

Como Los sueños de Einstein, de Alan Lightman (Libros del Asteroide): “Hay un lugar donde el tiempo está detenido. Las gotas de lluvia cuelgan inmóviles en el aire. Los péndulos de los relojes flotan a medio vaivén. Los perros alzan sus hocicos en aullidos silenciosos. Los transeúntes están congelados en calles polvorientas, con las piernas alzadas y como sostenidas por hilos. Los aromas de los dátiles, los mangos, el cilantro, el comino permanecen suspendidos en el espacio. (…) ¿Quién querría hacer una peregrinación hasta el centro del tiempo? Los padres con sus hijos, los amantes…”

Como Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante, de Luciano Concheiro (Anagrama). “El instante, más que ser una unidad de medición del tiempo, es una experiencia temporal particular. Como dice la sabiduría popular, el instante dura apenas unos segundos, pero lo definitorio no es eso, sino que gracias a ese fugaz momento se pierde la noción del pasar del tiempo. El instante es una chispa que nos arroja fuera del devenir. Las horas se paralizan, las fechas son abolidas. Sencillamente: el tiempo deja de correr. La sucesión desaparece” (…) “André Bretón repetía: ‘Transformar el mundo’, dijo Marx; ‘cambiar la vida’, dijo Rimbaud: estas dos consignas son una y la misma”. La Filosofía práctica del instante abandona esta ingenuidad surrealista y toma franco partido por Rimbaud”. (…) “Nadie puede indicarnos cuál es el camino exacto para experimentar el instante. Cada quien debe encontrar sus propios mecanismos, sus propias prácticas. Desde la intimidad, desde la especificidad. Con creatividad e imaginación”.

Hay más: desde En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, a El instituto para la sincronización de los relojes, de Ahmet Hamdi Tanpinar, Alienación y aceleración, de Hartmut Rosa, y Esclavos del tiempo: vidas aceleradas en la era del capitalismo digital, de Judy Wajcman.

Sesudos textos (aunque leerlos quizá lleve demasiado tiempo) que nos ayudan a identificar todos esos pequeños gestos de la cotidianidad que nos apuntan como no dueños de nuestro tiempo: ¿Vas buscando las llaves de casa en el bolso bastante antes de llegar al portal?, ¿tiras de la hoja que va saliendo por la impresora como si así pudieras acelerar el proceso?, ¿te levantas del asiento y comienzas a preparar el equipaje y ponerte la chaqueta cinco minutos antes de que el tren haya llegado a destino?…

Bienvenido sea este Instituto del Tiempo Suspendido y ojalá se ramifique en muchas sedes físicas y virtuales, bibliotecas y misivas de los necesarios cómplices enviadas a la web de Raquel y Xavier. Porque, si tanto defendemos la sostenibilidad, el primer paso indudable es el respiro, nada más sostenible que darle tiempo al tiempo, como hace la naturaleza, como hacemos cuando dormimos, una de esas poquísimas acciones en las que no podemos intervenir para acelerarla, porque es imposible dormir más deprisa o más despacio.

Comienzo la visita a la sede del ITS en el MUSAC. Me espera Raquel, butaca frente a butaca, una sonrisa placentera, descansada, y la agradable luz tenue y tranquila de una lámpara de pie. Cuando me pregunta cuál es mi relación con el tiempo, acude a la parte frontal de mi cabeza Momo, la lectura adolescente de aquellos hombre grises que le robaban el tiempo a los humanos en la novela de Michael Ende, y aquel otro personaje, Beppo Barrendero, al que le consideraban loco porque vivía a otro ritmo, un hombre tranquilo que lo hacía todo despacio. Luego recuerdo una entrevista en El Asombrario con el bioquímico Carlos López-Otín a propósito de su libro El sueño del tiempo, que me viene muy bien para poner aquí un link, y que el artículo tenga mejor posicionamiento en la estratosfera virtual…

Raquel me pregunta: ¿cómo gestionas tú tu tiempo, estás satisfecho?

Pero esto ya sería asunto de otro artículo… Además, tengo que ir acabando esta pieza, que tengo muchas cosas que hacer y no me va dar tiempo a todo esta tarde, que tengo que escribir otros dos artículos sobre reciclaje, y llevo ya casi 2.000 caracteres, y luego he quedado, y… no sé…

Glups.

El ‘Instituto del Tiempo Suspendido’ permanecerá en el MUSAC hasta el 26 de septiembre.


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