La España violenta contada a las niñas por María Bastarós 

La escritora María Bastarós.

La escritora María Bastarós.

La escritora María Bastarós.

La escritora María Bastarós.

La polifacética María Bastarós (historiadora del arte, gestora cultural, conferenciante, escritora…) presenta su primera novela, ‘Historia de España contada a las niñas’ (Fulgencio Pimentel). Una obra que ha sido reconocida con el premio Puchi Awards y que ofrece una cosmovisión de la violencia de género en España. Un libro con carácter muy crítico que ojalá nunca tuviera que ser contado. Hablamos con ella.

Con el título muestras una clara declaración de intenciones.

El título está cargado de ironía y está condicionado un poco porque yo soy historiadora. Estoy acostumbrada a trabajar con la realidad y el libro está vertebrado por sucesos ocurridos, aunque luego yo haya ficcionado sobre ellos. Aunque no es un libro de historia ni para niñas, en realidad sí que pienso que todos los ingredientes de lo que ha significado la historia de España para las mujeres sí que están ahí. Una historia de violencia, de abusos…, pero a la vez una historia plagada de personajes brillantes, con momentos muy lúcidos. Mujeres que están sometidas a situaciones de abuso, pero que no están limitadas por su condición de víctima. Pienso que el título sí que tiene sentido.

En la respuesta has tocado todos los temas clave de la obra, pero vamos por partes. Dices que metes episodios reales y los ficcionas.

Me resultó extraño que el premio ganara el Puchi Adward 2018 y que esté teniendo tan buena acogida, ya que en realidad esa mezcla de realidad y ficción suele resultar bastante conflictiva. El hecho de ver puntos referenciados como si fueran notas de prensa suele causar en algunos lectores mucho desconcierto. Trabajo sobre hechos reales que luego ficciono. Por ejemplo, los pantallazos de conversaciones de Whatsapp están inspirados en La Manada. O también el hombre con claras referencias a El Monstruo de Amstetten.

Me llama la atención tu manera de tratar estos personajes, ya que estás diciendo que son malos, pero tu manera de describirlos no va por esa línea.

Totalmente. A mí los personajes maniqueos no me interesan. Todos mis personajes tienen puntos buenos y malos. Las personas que detentan la violencia en el libro son tratadas como personas humanas. Cuando salieron a la luz los mensajes de La Manada, me interesaban muchísimo, ya que sirvieron como una ventanita a la cotidianidad del monstruo. Si ellos tenían amigos, una vida normal, hacían chistes… significaba que no son monstruos, sino personas. De ahí que yo trate a mis personajes así.

Antes has dicho que la mezcla entre ficción y realidad suele resultar conflictiva. ¿Puedes explicarnos esto?

En este país, al lector le inquieta un poco no saber diferenciar realidad y ficción. Es más, una pregunta muy recurrida en las presentaciones de libros es: ¿Cuánto hay de ti en el libro? En este caso, como yo estoy jugando con formas de narración que tenemos asociadas a hechos reales, resulta conflictivo. La línea entre realidad y ficción está muy difusa y no hay ningún respeto hacia ella.

Aparte de romper la barrera de realidad y ficción, también rompes la de los géneros literarios. Encontramos novela, prensa, historia, fanzines…

La mayoría de cosas del libro no son una decisión constante; yo iba trabajando en el libro y luego lo iba hilando. Yo no sólo escribo, también organizo eventos, escribo artículos de análisis… Por ello iba escribiendo la novela según me lo pedía el cuerpo y de temas que me apetecían. El proceso del libro ha sido muy poco premeditado.

Con todos estos ingredientes, creas una cosmovisión de lo que ha sido la historia de España de género.

Sí. De hecho hay muchos tipos de violencia que quería tratar. Cuando uno empieza a escribir, lo hace de los temas que le interesan o conmueven. Además, si estás cogiendo noticias del mundo real, para mí las que más me agitan son las que tratan sobre violencia y, en concreto, las de violencia contra las mujeres. Esto ha sido el ingrediente básico del libro. Creo que además siempre he tratado de no reflejar a las mujeres como víctimas, ya que cada enfoque que se superponga acaba limitando a los personajes y los aleja de lo real.

Esta violencia contra las mujeres la abordas desde varios focos, pero de todas ellas muestras el después, los problemas psicológicos que acarrean.

Para mí era muy interesante desarrollar las consecuencias que tenían esta violencia en los personajes. Y me interesaba mucho, ya que yo sufrí una agresión y escribo mucho sobre lo que me supuso a posteriori. Me interesaba mucho en los personajes, ya que también intento explicar cómo se enfrentan a esta violencia de diferente forma. Quería hablar del estrés post-traumático.

Todo esto lo enmarcas en poblaciones pequeñas. ¿Por qué en esa España vacía?

Me interesa mucho lo rural porque ofrece mucha riqueza narrativa. Todos los lugares que aparecen en la novela son lugares que conozco, aunque luego haya ficcionado sobre ellos. Pero al margen de esto, me interesaba el contraste con la ciudad. La ciudad, que en la novela no es un sitio concreto y que la llamo La Ciudad, es como el caos, como lo poco acogedor. Un lugar donde es fácil perderte de los demás. De hecho, la trama de La Ciudad está atravesada por la búsqueda de una hermana. Me interesaba contrastar esos lugares pequeños donde la gente se conoce y la violencia puede ser algo más latente, con la ciudad, donde todo es mucho más desatado.

Hay una descripción de España en el libro que creo muy acertada: un toro de Osborne sin cabeza, un castillo en ruinas y un casino expoliado.

Ese trozo está inspirado en un tramo de carretera en el que nos encontramos estos tres monumentos. Para mí tiene mucho que ver con esa España que produce muchísimo y que luego se queda arruinada. Todo ello metido dentro de una carretera en medio de un desierto. Dice mucho de lo que es España.

Todo esto hace que el libro sea muy crítico, muy político.

No podía ser de otra forma. Yo soy una persona muy politizada y al final hablo de las cosas que me interesan o que no me gustan. El personaje de la conferenciante me servía para hablar de un tema que me interesaba mucho, que es cómo muchas veces construimos nuestra ideología política sobre situaciones personales o emocionales que son totalmente particulares. Me apetecía explorar por ahí, porque noto que todo se politiza de una manera muy extrema y muchas veces no nos damos cuenta de que a veces las estructuras que soportan esa politización no son para nada políticas.

¿Podrías explicar esto más detalladamente?

Que muchas veces transformamos nuestros deseos en política. Te voy a poner un ejemplo que ayuda a entenderlo: hay un movimiento ahora que se llama No Madres. Yo conozco a personas de ese movimiento que nunca han querido tener hijos. Pero han transformado ese deseo, lo han convertido en una ideología. Entonces les dan un cariz especial diciendo que no quieren tener hijos porque el mundo está superpoblado o porque nos limita a las mujeres… Pero, en realidad, responde a un deseo personal. También creo que esto hace perder fuerza a nuestros deseos. Como si un deseo no legitimara una decisión y tuviéramos que arroparlo con política.

Aparte de todo esto, se trata de un libro con muchos destellos de belleza, con un lenguaje muy trabajado y muy visual.

Muy visual desde luego. Me interesa mucho la fotografía, y el libro está plagado de esto. Además, yo pienso de manera muy visual y hay una necesidad de explicar al lector cómo imaginar visualmente una escena

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