El éxito del Ecoclub donde leen juntos novelas verdes

El éxito del Ecoclub donde leen juntos novelas verdes

El Ecoclub de Lectura de Madrid se reúne en La Casa Encendida. Foto: PIxabay.

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El Ecoclub de Lectura de Madrid, que cada dos meses se celebra en La Casa Encendida, acaba de cumplir seis años. Hablamos con su creador y coordinador, Ignacio Santos, sobre todas las satisfacciones que les han dado estas reuniones en torno a los libros de temática ambiental, a menudo con los autores como invitados especiales. Comenzaron con ‘Solar’, de Ian McEwan, novela satírica en torno a un científico que trabaja en un instituto de energías renovables. El último encuentro lo han celebrado el pasado 8 de febrero en torno a ‘La bruma verde’, de Gonzalo Giner, una historia de aventuras, amor y lucha por un mundo mejor desde el corazón de África.

Se le ocurrió en la ducha, asegura Ignacio Santos, coordinador del Ecoclub de lectura que se celebra bimestral  en La Casa Encendida. De profesión consultor ambiental, en un determinado momento se dio cuenta del surgimiento de una nueva corriente literaria, la llamada ecocrítica y se decidió a organizar un club de lectura de temática ambiental. En febrero de 2015 fue su primera reunión con la novela Solar de Ian McEwan y el pasado 8 de febrero, tras seis años de encuentros, ha acudido Gonzalo Giner, para abordar su novela La bruma verde. Su próxima cita: el 19 de abril con La chica salvaje, de la norteamericana Delia Owens.

Santos organiza estas reuniones de manera voluntaria y en Madrid, una ciudad que a pesar de tener una oferta inmensa de clubes de lectura, sólo cuenta con una propuesta como la suya. En cada reunión comparten una botella de vino, ecológico a ser posible, y algún aperitivo, “creo que ayuda a crear un clima distendido”, afirma sonriendo.

¿Cómo funciona el Ecoclub de lectura?

Nos reunimos cada dos meses y nos ceñimos a novelas que de manera bastante central tocan temas ambientales. Llevamos unas treinta leídas y conversadas.

Desde los comienzos en 2015 hasta ahora, ¿cómo evolucionan las reuniones y las lecturas?

Hay tres o cuatro personas que se mantienen fieles desde el primer momento, pero ha habido renovación porque las circunstancias de las personas han ido cambiando en estos seis años. Algunas sólo acuden a una o dos sesiones, pero, en total, podrían ser más de 70 personas las que han participado. Son lectores de mediana edad.

Siempre conversamos sobre novelas que tocan de manera bastante central temas ambientales; procuramos que haya diversidad en la procedencia geográfica de los autores, que algunos sean consagrados y otros escritores noveles, también intentamos que las novelas estén disponibles en bibliotecas públicas, aunque ese criterio no siempre es posible si son autores poco conocidos o si las novelas son recientes. Que se hayan recortado los préstamos interbibliotecarios también complica la accesibilidad.

De todo lo que habéis leído, ¿qué título recomendarías o cuál ha gustado más a los lectores del club?

Ha habido muy pocas obras que no hayan gustado bastante, la verdad. Llevamos, como ya señalaba, unas 30 obras leídas. De los últimos dos años ha gustado mucho El clamor de los bosques, que fue Premio Pulitzer de literatura en 2019 (¡y nuestra última sesión presencial!), y hubo buenas conversaciones alrededor de Sobre los huesos de los muertos, de la premio Nobel polaca Olga Tokarczuk, porque el tema del animalismo se presta. Cuando están los autores es siempre un lujo; recuerdo las conversaciones con Javier Moro sobre Senderos de libertad, con Raquel Martínez sobre Cenizas de ombú, con Concha López Llamas sobre Beatriz y la loba, con José Ardillo sobre El salario del gigante… Y destacar también la conversación con Gonzalo Giner sobre La bruma verde este 8 de febrero, que nos ha llevado a África por primera vez. Y aunque abundan las ficciones distópicas, recomendaría el retrato realista y crudo de nuestro país (en el final del XX y comienzos del XXI) que hace Rafael Chirbes en Crematorio.

¿Cuál es el reto principal para un club de estas características?

Llegar a la gente cuando no estás vinculado a una organización, ecologista, por ejemplo; a una biblioteca, a una librería, aunque nosotros lo estamos desde el principio a un centro cultural como La Casa Encendida, a los que agradezco mucho su apoyo. Ahora, creo que nuestros perfiles en Facebook y Twitter, aunque con un número muy modesto de seguidores (camino de los 1.200 en Facebook y de los 700 en Twitter), ayudan también a dar a conocer nuestras convocatorias y propuestas. Me consta que hay personas, algunas amigas, que van leyendo casi todas las propuestas, pero que no asisten a las sesiones.

En segundo lugar, me parece que las personas tienen que disponer de tiempo para hacerse con el libro, para leerlo, dedicar una tarde a desplazarse hasta La Casa Encendida y Madrid es una ciudad grande y donde se termina de trabajar tarde, aunque ahora, el que sean vía Zoom facilita esa parte, e incluso permite que personas de fuera de Madrid participen. Creo también que las personas a las que interesa una iniciativa así son personas inquietas y participan en muchas actividades en lo social y en lo cultural, de manera que no siempre les vienen bien las sesiones.

Hay que decir finalmente que todo el trabajo relacionado con el Ecoclub de lectura –selección de obras, difusión de las convocatorias, dinamización de las sesiones, etc…– es por amor a la lectura y al medioambiente, y totalmente voluntario, así que hace falta que haya alguien dispuesto a asumir ese trabajo.

¿Tienes algún referente de otros ecoclubes de lectura?

No encontré ninguna referencia de club de lectura como el nuestro, aunque me cuesta pensar que no exista ninguno, particularmente en el mundo anglosajón, donde la ficción ambiental y climática es un ámbito cada vez más popular. Es probable que lo haya en el contexto universitario. En mi caso, unos lectores de Almería contactaron conmigo y lanzaron una iniciativa que llamaron Ecoclub de lectura Berta Cáceres, pero están centrados en el ensayo. Hay algunos clubes de lectura de ensayística ambiental con los que hemos colaborado puntualmente celebrando alguna sesión sobre novelas como el llamado Petra Kelly, que ha renacido como Naomi Klein. En 2020, el seminario anual de la Red de centros de información y documentación ambiental, RECIDA, nos invitó a contar nuestra experiencia y organizamos una sesión de Ecoclub de lectura alrededor de una novela corta, Hajira, cuyo autor, Francisco Serrano, participó también.

¿Cómo serán las lecturas en 2021?

El planteamiento es modesto, al igual que el proyecto. Tenemos previstas cinco sesiones que esperamos poder celebrar cara a cara y también acertar con la selección de novelas que he hecho, porque antes realizo todo un trabajo de investigación que consiste en ir leyendo y descubriendo novelas candidatas a las sesiones. Espero también que la virtualidad permita más participantes de fuera de Madrid y quizás, por eso de fomentar una cierta diversidad en los contenidos, lo que ayuda, creo, a que no se fatiguen nuestros seguidores, nos animemos con algo de lo que suele llamarse literatura de naturaleza, nature writing en inglés.

También quiero sacar adelante un proyecto de cierta ambición, que está bien perfilado, pero sobre eso no puedo contar nada todavía.

¿Qué tienen que hacer los interesados en participar?

Nos reunimos cinco veces al año para no cansar a la gente. Siempre son sesiones abiertas, pero ahora hay que inscribirse para participar en los Zoom y hemos establecido un aforo máximo, para que no sobrepasemos un número que impida conversar, de 25 personas.

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Comentarios

  • marisa

    Por marisa, el 23 febrero 2021

    Afirmo que este ecoclub es una iniciativa estupenda e interesante gracias al gran esfuerzo de Nacho por elegir libros que aborden esta temática desde diferentes ámbitos y añadiendo valor narrativo. Admiro su generosidad y entusiasmo que a pesar del tiempo y a veces de las dificultades sigue manteniendo. Gracias Nacho

    • Nacho Santos

      Por Nacho Santos, el 23 febrero 2021

      ¡Muchas gracias, Marisa, por ese comentario tan generoso! Hay que trabajárselo, es verdad, pero no me cuesta mucho porque, además de la dimensión «militante» debo reconocer que me lo paso muy bien… y eso incluye todo el proceso, desde el descubrir nuevas novelas hasta el compartir esos ratos con personas estupendas (y bien regados con vino eco)

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