Fatima Daas: cómo ser ‘la hija pequeña’, lesbiana y musulmana

Fatima Daas: la búsqueda personal de ‘la hija pequeña’, lesbiana y musulmana

La escritora Fatima Daas. Foto: Jöel Saget.

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‘La hija pequeña’ (Cabaret Voltaire, 2021) es un libro de ficción que toca de lleno la biografía personal de la autora. Se trata de la primera novela de la escritora francesa Fatima Daas (Saint-Germaine-en-Laye, Île de France, Francia, 1995), una lesbiana y musulmana que habla de su infancia, adolescencia y primeros años de universidad. Pero también explora la familia, a través de sus padres, inmigrantes argelinos; la enfermedad crónica, las contradicciones culturales, la búsqueda personal, sexual y la emancipación. Una novela explosiva porque lo que Daas narra agita nuestra sociedad occidental, una sociedad con apariencia modélica, pero con muchos asuntos que cuestionar: nacionalidad, inmigración, feminismo, sexualidad y religión.

No siempre es fácil ser el pequeño en una familia. ¿Qué le parece a usted?

Creo que es central en lo que he escrito. Porque se habla mucho del hijo pequeño o la hija pequeña, de que están mimados, a los que se quiere mucho, a los que se le regalan más cosas y se les da más libertad. Pero he querido retomar ese camino para mostrar también que, cuando llegas el último, también puede ser un error o puede que haya algo más que se esconde detrás, que no seas exactamente alguien a quien miman. He querido hablar del lugar que uno ocupa en la familia para hablar, en consecuencia, del lugar que uno ocupa en la sociedad. Siempre es alguien al lado de los demás, pero no con los demás. Estar siempre un poco al margen; no ser comprendido. La sensación de no ser comprendida y de encontrarte sola. En el libro hay un poco de todo eso.

Cuenta de pasada en su novela la violación que sufrió su hermana mayor, Dunia. Sorprende la reacción de su padre, decir que fue culpa de ella, que se lo buscó por largarse de casa… ¿Por qué no aborda más a fondo ese hecho tan brutal?

Es cierto que no hablo de ello, aunque pienso que explica muchas cosas y muestra también cómo es la sociedad francesa, y la sociedad en general. Lo que de verdad me interesaba en ese pasaje era describirlo con pocas palabras, sólo en unas líneas. Para mostrar el silencio que reina cuando ocurren este tipo de agresiones. Realmente hay un silencio, como si la víctima fuera o se convirtiera en culpable. “Ella se lo ha buscado”. Esa frase aparece en el texto. A menudo sucede así. Silencio. Culpabilidad de la víctima, que se sienta culpable. Salto de línea.

Sucede así cuando hay una agresión; se habla una vez y no se habla más. Tenía ganas de hablar de ello. Cómo el lenguaje puede ser violento cuando has sufrido algo así. Y sobre todo ese pasaje es importante también porque el personaje de Nina comienza a entregarse. Es el único momento en el que empieza a hablar de su familia. Es un momento que hace bascular, que comienza a liberarse, comienza a sentirse en el mundo. Y hay una evolución después. Era muy importante mostrar eso. Es muy importante para mí ese pasaje; así que estoy contenta de que lo señales.

En la novela, el acto del padre, cuando dice eso, es una manera (para él) de quitarse la culpa. Porque finalmente él es el responsable de la vida de Dunia, en tanto que padre de Dunia, que ha sido violada. Así que gravita esa idea que él no puede soportar, la de estar frente a su propia culpabilidad, saber que su hija ha sufrido eso. Por lo que rechaza la culpa para decirse: yo no he hecho nada, estoy limpio, no tengo la culpa. Es algo que ocurre a menudo. Como cuando se comete incesto. Por otra parte, en mi novela hablo de ese primo abusivo. Siempre hay un tabú y un silencio enorme, como diciendo: “No, no pasa nada”. Como queriendo quitarse la culpa diciendo: “Lo he olvidado, lo censuro, lo ignoro”.

Se nota la importancia de su madre, aunque no comprenda su manera de comportarse y tome cierta distancia respecto a usted. Pero usted sí muestra un respeto por ese mundo de la cocina, de los olores, de la cultura culinaria argelina, y de nutrir, en todos los sentidos. El vínculo con el padre es borroso, como un fantasma que pasa entre líneas. ¿Ha cambiado la relación con su padre conforme ha crecido?

No. La relación con mi padre no ha cambiado nunca. Siempre ha sido la misma. Es un poco como en la novela. Hay una presencia durante la infancia, y de golpe hay un padre que renuncia. Lo que hace falta es mirar. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué hay ese abandono?

¿Es algo que sucede con frecuencia con los padres inmigrantes?

Tengo la impresión de que hay algo que juega en la adolescencia con el hecho de que tú seas mujer, así que es con tu madre con la que tienes que vértelas. Por lo que el padre abandona. Mehdi Charef, un autor argelino con sesenta y tantos años que es uno de los primeros en escribir historias de inmigrantes, decía: “De acuerdo, están los padres que abandonan, pero también los hijos que abandonan”. Y es cierto. Cuando no conoces la historia de tus padres, es que no has buscado conocerla. Si nuestros padres son callados, es cosa nuestra espabilarnos para saber de dónde vienen.

Cuando habla de Argelia se nota cierta ternura; valorar el calor humano es algo que se echa en falta en el norte de Europa. Por un lado están esas raíces que tienen algo bonito, pero por otro lado son un peso, o algo que impide avanzar. ¿Cómo encajar bien las raíces de uno?

Es delicado; es decir, de hecho, pienso que el objetivo es conocer la historia de mis padres. Y conocer bien mi familia en Argelia. Es cierto que en la novela me he ceñido a todo lo que cambia cuando vas allá: lo que encuentras y lo que no, cuando estás con la familia. Esa familia te reconoce con esa pequeña dinámica familiar. Es una experiencia fuerte. Después, pesa la realidad de que Argelia detesta a Francia. Y esa sensación ideal de Francia como un país donde te puedes rehacer, o te puedes reconstruir. Piensas que vas a ser acogido al venir a Francia, pero no es lo que realmente sucede. Al contrario; vives en la esquizofrenia, teniendo que ser la persona que debes ser, debes no aparentar ciertas cosas… Por ejemplo, cuando era pequeña y mis padres hablaban árabe en casa, yo siempre hablaba francés, y no contaba que mis padres hablaban árabe, porque tenía miedo a que pensaran que no hablaban bien francés. Eso es doloroso, no visibilizar lo que ocurre en el interior de una familia, no visibilizar tu idioma y la historia de tus padres. Es algo muy conflictivo en Francia, algo muy difícil de arreglar.

¿Cómo conciliar ser musulmán y lesbiana?

Bueno, de hecho, yo me he salido de los dos grupos. Entendí que no tenía sitio en la comunidad LGTBI ni en la comunidad musulmana. Y de pronto, empecé a ver las cosas de una manera distante. Es decir, un poco sola. Aceptando lo que soy e intentando preservar lo que soy. Porque los discursos son dolorosos de escuchar. Y justamente para no renunciar a algunas cosas, no es necesario quedarse en un medio que nos bloquea, o que nos dice: “No puedes ser esto o aquello”.

El hecho de ser de una manera no quiere decir que tengas que renunciar a muchas otras cosas…

Es un poco la idea de decir que no tenemos que elegir… Lo que más choca en las tres religiones monoteístas es la homosexualidad. Para ellas, la homosexualidad es como el ogro, un pecado fatal. Pero no lo es.

Por otro lado aparece el asma, la enfermedad. ¿Cómo afrontar la enfermedad? ¿Cómo sobrevivir?

Tenía la necesidad de que se mostrase en la escritura, en la manera de escribir, con un ritmo muy corto y con un tiempo en común cuando lees esta historia. Y a la vez el asma, como un personaje más, que está ahí todo el tiempo a lo largo de la novela. Después eso me ha permitido lanzar los hilos: sentirse mal, sentirse en el lugar equivocado. Es decir, que el personaje no comprende bien esa enfermedad y tiene que cuidarse y que le cuiden, ir a la escuela del asma para comprender esa enfermedad. Aparece ahí también como una imagen para comprender cómo son esos personajes en la sociedad francesa. ¿Podemos cuidar? ¿Podemos cambiar? ¿Podemos remodelarnos?

La autoficción ha sido el género que ha elegido, porque dice encontrarse cómoda ahí. ¿Pero también por una razón de autoafirmarse?

Exactamente. Al principio, hablaba de una novela corta, pero siempre salía la cuestión de la autobiografía, ¿es que es o no es mi historia? Y de golpe, cuando mezclo la ficción con lo real, pues es autoficción. Por lo que, al final, hay que poner esa etiqueta, aunque no me sienta muy vinculada a las etiquetas. Hay gente que me ha dicho que es poesía en prosa, me parece bien, y hay quien dice que es autobiográfico. Es algo libre; que cada uno interprete la novela como quiera.

Antes ha mencionado el asma como un elemento importante, un personaje más de la novela. Pero también están los rezos, y el árabe que aparece en ciertos momentos. ¿Son elementos también destacados?

Lo que es importante a la vez es la musicalidad, y cómo golpea. Utilizar el menor número de palabras posible para llegar lo más lejos posible. Y al mismo tiempo, mezclarlo con un ritmo un poco rap, entrecortado, frases muy cortas, y como directas, rompedoras. Eso es todo. Y a la vez, una mezcla de diversas influencias; los rezos y las palabras en árabe son muy importantes para mí. Integrarlas. Hacer que se entienda la lengua de mis padres se convierte también inconscientemente en una venganza por haberlo escondido antes.

A veces parece que todo es estar en contra o estar a favor…

Exactamente. Tengo la sensación de que nos tratan siempre así. Como si no hubiera otros vínculos, ni ninguna complejidad, como si todo fuera elegir entre esto o aquello, como si estuviéramos en una jaula. Esa es la sensación, como si me metieran en una jaula. Y ese no es mi caso. Es una posición difícil de tomar. Tengo un punto de vista muy sincero sobre cómo yo trabajo. Y no me gusta hacer algo distinto a lo que tengo ganas de hacer. Aunque eso cause polémicas, aunque enfade a cierta gente; tanto peor, no le voy a gustar a todo el mundo…


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