Fontaíña y Proyecto LIBERA, apadrinando una marisma de Vigo
Eduardo González, director de la Asociación Fontaíña, de Vigo.
Eduardo González, profesor de Secundaria, es además el director de la Asociación Fontaíña, de Vigo, una de esas organizaciones ecologistas que, desde el territorio, batallan por preservar espacios de la naturaleza contra viento y marea. Es una de las iniciativas posibles gracias a los ‘Apadrinamientos de espacios naturales’, convocatoria del Proyecto LIBERA de SEO/BirdLife y Ecoembes que ha impulsado en una década un total de 614 apadrinamientos en todo el país de 234 entidades diferentes, todas ellas comprometidas con la conservación de la naturaleza y la lucha contra la basuraleza. Ahora acaba de cerrarse una nueva convocatoria y esta organización ha vuelto a presentarse con lo que les ocupa hace años: la restauración de la marisma de Xunqueira do Lagares.
¿Cómo y cuándo surgió esta asociación ecologista?
Venimos de un grupo ecologista llamado Erva, de la década de los 80. Con los años, nos especializamos en actividades de voluntariado medioambiental a través de trabajo directo en el campo y acabamos formando en 2003 esta asociación, dedicada a esta actividad. La idea es colaborar con técnicos y personas voluntarias en trabajos como limpiezas de residuos, plantaciones, estudios de flora y de fauna, denuncias, alegaciones, etcétera, siempre en relación con la conservación de espacios naturales cercanos, poco conocidos pero que precisan protección. La idea es empezar proyectos y animar a las administraciones a que acaben asumiéndolos.
¿Y ha funcionado?
A veces. Empezamos en la pequeña playa Fontaíña, que nos da nombre. Sus dunas estaban llenas de basura, pisoteadas. Las vallamos, las limpiamos, hicimos mucha campaña de divulgación y, al final, el Ayuntamiento de Vigo se hizo cargo y la declaró espacio natural de interés local que gestionan desde allí. Pero nosotros pusimos la semilla. Lo mismo en la playa de Samil, donde iniciamos la restauración y el proyecto sigue creciendo. También colaboramos con comunidades de montes que están apostando por el bosque autóctono, eliminando eucaliptos y acacias; les mandamos voluntarios y monitores.
Ahora os centráis en la marisma de Xunqueira de Lagares. ¿Por qué la elegisteis?
Porque nadie se ocupaba de ella. Tiene cierto grado de protección, es decir, no se puede construir y Costas ha hecho algunas acciones de regeneración, pero no es suficiente. En el siglo XVIII era la salina de un marqués, pero cuando la sal dejó de emplearse para conservar alimentos, perdió valor y la vendió a los vecinos. Al abandonarse, las salinas se convirtieron en marisma. Ya en los años 70, el Ayuntamiento quiso rellenar el terreno para poner instalaciones de todo tipo, pero hubo una fuerte campaña en contra y se logró proteger, aunque no acabaron los problemas. Ahora es una zona muy apreciada por quienes estudian las aves porque está al lado de la ciudad y es muy accesible. Estos días se hacen muchas observaciones porque es el paso otoñal de aves migradoras.
¿Y en qué consisten ahí vuestros trabajos?
Tenemos varias líneas. Una es la divulgación y educación medioambiental: hacemos visitas guiadas, charlas, excursiones con colegios… Otra es la investigación, con censos de aves, de invertebrados, estudios de la vegetación y su evolución. Y la que más gusta a los voluntarios es el trabajo de campo, encaminada a solucionar los problemas. Por ejemplo, eliminamos la cortadeira, una planta invasora que procede de Sudamérica. Ahora la tenemos bastante controlada, aunque aún alrededor es muy visible. Otro problema son los residuos. Las marismas filtran todo lo que los ríos arrastran al mar. Son como los riñones fluviales. Los sedimentos llevan arena, limo, materia orgánica, pero también sustancias contaminantes microscópicas, como metales pesados, medicamentos, etcétera, y residuos sólidos, que se acumulan en zonas que localizamos y retiramos. El río Lagares pasa por todo Vigo y, aunque la calidad del agua es buena, cuando llueve toda la basura que queda tirada por la ciudad acaba en su cauce y en la marisma. Ahora estamos creando una barrera de vegetación natural autóctona con arbolado y arbustos alrededor para protegerla, para que las aves estén tranquilas.
Llevan 10 años ‘apadrinados’ por LIBERA. ¿Qué les ha supuesto este respaldo?
Llegamos a LIBERA porque hubo un cambio de política municipal respecto al voluntariado. Teníamos convenios con el Ayuntamiento de Vigo, pero la colaboración se torció a raíz de nuestra oposición a convertir en playa canina la que está junto a la marisma, un lugar muy visitado por las aves migratorias. Propusimos otros sitios, pero se hizo igualmente. Salió entonces la convocatoria de LIBERA y es perfecta, porque no solo financian, sino que asesoran con apoyo técnico y nos permite trabajar con seguridad y motivación. Si no llega a aparecer, estaríamos en casa. Los programas que financian la conservación apuntan a organizaciones grandes con altos presupuestos, pero LIBERA se enfoca en las pequeñas como la nuestra, apadrina espacios de los que nadie se ocuparía.
LIBERA pone el foco en la recogida de basura, ¿cómo habéis visto evolucionar estos vertidos en estos años?
Es un tema al que prestamos mucha atención, no solo recogiendo sino explicando el asunto en las charlas a escolares, que sepan que lo que tiran en el patio del instituto o en la calle puede acabar en el estómago de un animal marino. En 10 años hemos detectado una reducción paulatina de la cantidad de residuos y un cambio en su composición. Antes eran objetos grandes, como muebles o tablones, y ahora casi todo son fragmentos de plásticos, trozos de poliespán que son difíciles de recoger y proceden de otros objetos que se van rompiendo. El trabajo natural de la marisma es atraparlos y nosotros quitamos todo lo que podemos.
¿Qué perfil de voluntarios tenéis?
Ahí también ha habido un cambio. Era gente de mediana edad, de 40 o 50 años, y en los últimos cinco o seis años se está incorporando gente joven, chicos y chicas de 17 o 18 años, y menores de edad con sus padres. Hay un aumento del interés de los jóvenes por hacer algo que les permita sentirse útiles y les damos confianza porque ven que llevamos años trabajando.
¿Cuál crees que es el principal reto al que nos enfrentamos de cara al futuro?
A nivel general, el problema grave es el calentamiento global, los gases de efecto invernadero que estamos transmitiendo a la atmósfera. Siempre destaco que es un cambio generado por el ser humano, no un proceso natural. Otro es que cada vez hay menos lugares naturales intactos; nuestra especie se expande por más y más territorios y ya es difícil encontrar lugares con una naturaleza en buen estado de conservación. Vivimos la sobreexplotación del planeta. A nivel más local, en nuestra zona destacaría los vertidos y, en general, la gestión del agua. Y también me preocupa el cambio en todo el país de una agricultura respetuosa con el entorno a otra intensiva que consume muchos recursos y afecta a la biodiversidad.
Con este panorama, ¿la conciencia ambiental está en aumento o en retroceso?
En ese asunto hay una doble moral. Por un lado, todo el mundo ve lo que pasa en el mundo, las olas de calor, los incendios… En mi zona, este verano hemos tenido muchos turistas que en realidad son refugiados climáticos, porque antes iban a zonas donde dicen que ahora no pueden estar. ¿Y qué hacemos? Por un lado, habría que ser menos consumistas. Los ecologistas tenemos que ser la vanguardia.
¿Qué dirías a los que siguen defendiendo el negacionismo climático o incluso niegan la importancia de reciclar?
Ante esos mensajes no hay que callarse. Hay que poner sobre la mesa los datos, utilizar con toda educación las herramientas y argumentos que tenemos. Lo he vivido incluso con colegas docentes que niegan ante sus alumnos el origen humano del cambio climático. Y hay que luchar contra eso aportando información.
A nivel personal, ¿qué acciones tienes integradas en tu día a día para cuidar el medio ambiente?
Hay una técnica de marketing inventada por las grandes empresas para no asumir sus responsabilidades. Son los que tienen mucho dinero quienes deben empezar a cambiar, son los verdaderos responsables. Todos debemos ser comedidos y hacer un consumo crítico, pero sin caer en la ecoansiedad. Por ejemplo, ir a lugares no masificados para generar menos impacto y dejar recursos a nivel local.
Por último, ¿qué lugar de la naturaleza eliges para recargarte de energía?
Cualquier sitio donde haya agua, que puede ser en la orilla del mar, una marisma, un lago o una ribera de un río. Soy un enamorado de los ecosistemas donde el agua forma parte del paisaje.




No hay comentarios