¡Granjeras sostenibles de todo el mundo, uníos por el clima!

¡Granjeras sostenibles de todo el mundo, uníos por el clima!

La granjera australiana Anika Molesworth.

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Hablamos con Anika Molesworth, granjera australiana que se ha convertido en un icono global de la divulgación de la agricultura sostenible y el activismo de las granjeras y granjeros frente a la crisis climática. “Hay muchas formas de combatir el cambio climático y no todas son tecnológicas. Insisto en la educaciónag y en la conciencia de la gente. Hoy en día existe una grave falta de liderazgo político y se ha desoído a la ciencia. No hemos logrado conectar a las personas con ella: necesitamos comunicarnos mejor, y podemos hacerlo a través de la belleza de la naturaleza, involucrando la cultura y las artes en la comunicación científica sobre el cambio climático, encontrando nuevas formas de transmitir sentimientos”.

Puedes seguir al autor, Alberto Pereiras, en Twitter, aquí. 

Cada 31 de diciembre, cuando en España aún estamos comiendo, los informativos nos muestran las celebraciones del Año Nuevo en Australia, recordándonos lo grande que es este mundo. Pero también el desfase con el que podemos estar viviendo la crisis climática. Glenn Albrecht es bien conocido desde 2005 por su trabajo en torno a nuevas palabras como “solastalgia” para describir lo que sentían los granjeros de Nueva Gales del Sur durante la llamada sequía del Milenio. Anika Molesworth. (1987) encarna a la perfección ese sentimiento, pues era una niña cuando vivió la desertificación de la tierra, las tormentas de polvo, los incendios, desde su granja de ovejas, cerca de Broken Hill, Nueva Gales del Sur, corazón de Australia y hogar de las tribus aborígenes Wilyakali, como reivindica. Desde entonces se entregó en cuerpo y alma a defender su tierra y se convirtió en una apasionada divulgadora de la agricultura sostenible y el activismo contra la crisis climática. Nos conocimos hace unos años como parte de su proyecto INTO Farms, que pretendía conocer y visibilizar granjas sostenibles alrededor del mundo.

Tras licenciarse en agroindustria hizo un Master en agricultura sostenible y un doctorado en ciencias agrícolas y ambientales. Con el fin de investigar los problemas agrícolas del Sudeste asiático, parte de su Master tuvo lugar en la pequeña población de Savannakhet, en el sur de Laos, mientras parte de su doctorado la llevó a Camboya. En 2015 fue galardonada como Joven Granjera del año y en 2017 como finalista por Nueva Gales del Sur del Premio Joven australiano del año. En 2019 recibió el título de Mujer de influencia, ha sido ponente en TedX e invitada a la COP25 de París, además de ser mentora en la 41 Climate Reality Leadership Corps, dirigida por Al Gore. Dice que vivir en una granja te hace respetar más los alimentos y que se siente afortunada de trabajar con agricultores e investigadores agrícolas de todo el mundo, que pasan sus días trabajando en temas como la seguridad alimentaria, la conservación del medioambiente o las soluciones al cambio climático. «Estas personas, que a menudo viven remota y humildemente, alimentan y visten al mundo, son los cuidadores de nuestros hermosos paisajes naturales y la columna vertebral de sus naciones”.

Visibilizarles es acercarnos al latido de la tierra, durante tanto tiempo desoído, pues tarde o temprano el efecto mariposa nos soplará en la cara.

Naciste y creciste en una gran ciudad, Melbourne, y descubriste la naturaleza cuando tu familia se mudó al campo. ¿Qué significó este cambio para ti?

Crecí en Melbourne, que está a unas 11 horas en coche de Broken Hill, por lo que es una gran distancia. Me mudé con 12 años, cuando mis padres compraron la granja. Es una zona árida, de tierra roja, muy poca gente, muchos canguros… Es naturalmente calurosa y seca, una biorregión semiárida. Pero después de nuestra mudanza, en los primeros 10 años sufrimos la “larga sequía”. Fue una introducción difícil a la agricultura y la ganadería, y creo que por eso me interesé tanto en aprender sobre el clima, las sequías y la agricultura. Nos enamoramos del lugar y quería tener un futuro aquí con mi familia. Pero cuanto más aprendía sobre el cambio climático, más me preocupaba. Aquí en Australia el debate en aquel momento giraba en torno a ¿es real el cambio climático? Entonces empecé a estudiar en la Universidad todos estos temas.

Tu padre, Simon Molesworth, es un destacado conservacionista en Australia. ¿Cómo influyó su trabajo en el tuyo?

Tanto mi padre como mi madre tuvieron una profunda influencia en mí y en mis hermanos durante nuestra infancia, ya que nos hicieron conscientes de la importancia de la naturaleza y querían que fuéramos parte de ella: ir de acampada, estar en contacto con los animales. jugar al aire libre y vivir este tipo de experiencias en la naturaleza. Mi padre fue uno de los fundadores de INTO (International National Trust Organization), y siempre estuvo preocupado por la preservación del patrimonio. Ambos tenían experiencia en geología, biología y antropología, así que crecimos heredando esa mirada.

¿Cómo combinas las dos facetas de tu vida, tu trabajo como granjera y tu activismo climático?

Creo que se basa en el amor y el respeto por la tierra. Me da la energía y el impulso para investigar, aprender y educar todo lo que pueda. Lo que descubro quiero compartirlo con otras personas. Porque creo que esto es tan importante… ¡Se trata de nuestro planeta, de la seguridad alimentaria y de la estabilidad de las comunidades! En Australia, alrededor del 99% de la población vive en ciudades, por lo que no conoce la historia real ni escucha a los agricultores en los medios de comunicación. Yo quería compartir mi experiencia y lo que había aprendido en la Universidad. Porque de alguna forma hemos fracasado en la forma en que comunicamos la ciencia. Hemos tenido la evidencia durante décadas de lo malo que sería el cambio climático y no reaccionamos. Así que necesitamos contar la ciencia de otra manera, no solo en los medios académicos, que son tan difíciles de entender. Necesitamos el arte, el cine, escultores, pintores… Gente que pueda traducir la ciencia en algo bello. Al mismo tiempo, nuestra generación tiene mucha suerte de contar con herramientas digitales para comunicarse virtualmente desde nuestras granjas y hacer saber a la gente de dónde provienen sus alimentos y cómo afecta el cambio climático al sistema alimentario.

Esta especie de cosmopolitismo verde parece salvar esa vieja brecha entre la ciudad y el campo, porque puedes seguir cuidando tus raíces mientras viajas o hablas con personas de todo el planeta y te involucras en proyectos y redes virtuales, como INTO Farms. ¿Qué aprendiste de esta experiencia y cómo crees que la agricultura sostenible puede beneficiarse de estas herramientas? 

Creé INTO Farms en 2014 y disfruté siendo parte de ello y reuniendo todas estas experiencias de agricultores sostenibles de todo el mundo, sus diferentes prácticas agrícolas tradicionales y sus razas locales. Era parte de INTO y el proyecto ahora está incorporado a la organización más grande, pero actualmente estoy involucrada en redes similares aquí en Australia, como Climate Wise Agriculture y Farmers for Climate Action, y donde nos unimos para discutir desafíos y soluciones comunes, cómo reducir las emisiones, etc.

La granjera y eco-activista Anika Molesworth con su perro.

Tienes una visión amplia de lo que está sucediendo a agricultores de todo el mundo. Acabas de lanzar un corto documental: ‘Clima duro, dura verdad’, y estás escribiendo tu libro sobre el cambio climático y el sistema alimentario, que explora tanto los desafíos como las soluciones. ¿Cómo los resumirías?

La película se centra en nuestra granja y en cómo enfrentamos el cambio climático en esta región. El libro trata sobre el sistema alimentario y habla de cómo la comida pasa de las granjas al plato y todo lo que sucede en su recorrido. El objetivo era concienciar a la gente de nuestra realidad y compartir nuestra experiencia, porque también he estado haciendo entrevistas a agricultores de Asia o Sudamérica. Uno de los mayores desafíos es la creencia de que alguien más salvará el planeta, pero cada uno de nosotros puede marcar la diferencia mediante el uso de nuestra influencia social y política, o como consumidores. Hay muchas formas de combatir el cambio climático y no todas son tecnológicas. Insisto en la educación y en la conciencia de la gente. Hoy en día existe una grave falta de liderazgo político y se ha desoído a la ciencia. No hemos logrado conectar a las personas con ella: necesitamos comunicarnos mejor, y podemos hacerlo a través de la belleza de la naturaleza, involucrando la cultura y las artes en la comunicación científica sobre el cambio climático, encontrando nuevas formas de transmitir sentimientos.

Fuiste seleccionada como una de las 95 mujeres en STEMM (ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y medicina) de todo el mundo para participar en Homeward Bound 2019, iniciativa de liderazgo global que pretende capacitar a mujeres con herramientas estratégicas y de comunicación para influir en los debates, gestión y políticas sostenibles. Las mujeres están desempeñando un papel clave en la difusión de la conciencia ambiental y agraria desde el ecofeminismo. Veo que también en Australia a través de iniciativas como ‘Invisible Farmer’ https://invisiblefarmer.net.au

La agricultura se ha asociado principalmente con los hombres durante mucho tiempo, lo que les ha dado prominencia en los medios de comunicación, en la política y en las juntas o consejos donde se toman decisiones. Pero no podemos dejar a la mitad de la humanidad fuera y necesitamos que las mujeres sean parte de sus debates y soluciones. La superpoblación es uno de nuestros mayores desafíos que amenaza el sistema alimentario y debemos invertir en educación, anticoncepción, mejores oportunidades laborales y los derechos de las mujeres que viven en áreas rurales, y particularmente en los países en desarrollo.

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Comentarios

  • Rafael Martínez Sidrach-Cardona

    Por Rafael Martínez Sidrach-Cardona, el 06 junio 2021

    En mi opinión,todos deberíamos estar preocupados por el cambio climático, por lo que me parece muy oportuno, además de muy interesante, este artículo de Alberto Pereiras.

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