Hannah Arendt, una lección sobre el mal para tiempos de pandemia

Hannah Arendt, una lección sobre el mal para tiempos de pandemia

El elenco de ‘Hannah Arendt en tiempos de oscuridad’, en el Teatro Galileo de Madrid.

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“Juzgar es condenar”, dice la valiente pensadora alemana Hannah Arendt, autora de ‘La banalidad del mal’, en una obra dirigida por Ernesto Caballero que repasa su visionario pensamiento desde las tablas del teatro Galileo en Madrid.

Si hay cosas en Occidente que tenemos claras es quién es el bueno y quién el malo. Seguramente porque éramos nosotros los privilegiados que juzgábamos y determinábamos cuál era la normalidad, el estándar y dónde estaba la raya del pecado. Por eso chocó el pensamiento de la judía y filósofa alemana Hannah Arendt (1906-1975), cuando tras haber sufrido la Segunda Guerra Mundial en sus propias carnes, pidió –años después–cubrir como reportera el juicio en Israel al nazi y genocida Adolf Eichmann. ¿Cómo era posible que la pensadora, la mujer que había sobrevivido a un campo de concentración, fuese capaz de distanciarse del asesino para ponerse en sus zapatos y hablar de La banalidad del mal?

“Juzgar es condenar”, se escucha estos días en la obra que representa su vida y pensamiento en el teatro Galileo de Madrid. Presentada por Teatro Urgente y dirigida por Ernesto Caballero (ex director del Centro Dramático Nacional), Hannah Arendt en tiempos de oscuridad pregunta al público por el genocidio nazi a la vez que cuestiona cómo entender la indiferencia y el comportamiento de las masas. Pero no sólo las que siguieron a Hitler, también las que invadieron el Capitolio estadounidense a principios de enero de este año o las que se escuchan cada vez más fuerte en Europa. Porque la obra juega a viajar en el tiempo y va desde esos tenebrosos años de guerra a anteayer, es decir, a estos grises meses de pandemias, incertidumbres y miedos. El texto busca hacer pensar, objetivo de las artes, la palabra, el teatro y la poesía. Exactamente igual que el propósito de la filosofía y la filósofa Arendt. Porque para la pensadora, el genocida Eichmann no era un estúpido; era simplemente un ser incapaz de pensar que se limitaba a cumplir órdenes, un hombre que se limitó a callar y acatar.

La obra llega a 2021 mediante un juego de metateatro. La dramaturga Karina Garantivá, que junto a Lucía Juárez, da vida a la filósofa, va parando la obra para preguntarse también por su oficio, el sentido del arte, su implicación personal y, de rebote…, el de quienes escuchan y ven acontecer la historia. ¿Hay alguna diferencia entre un campo de concentración o uno de refugiados?, se interpela al público en un pasaje absolutamente poético levantado sobre un escenario vacío y en el que transcurren los distintos pasajes de la vida de la intelectual simplemente moviendo unas sillas. La respuesta es inmediata: sí, sí la hay: los campos de refugiados son para amigos y los de concentración, para enemigos. Cierto. También hoy esa máxima verdad de esos años de guerra funcionaría, porque ¿no son amigos los refugiados que huyen de Siria y llegan a los campos donde les aloja la buena Europa?

Y mientras, transcurre la guerra, el exilio de Hannah Arendt a Francia, su posterior paso a Estados Unidos, sus matrimonios, su criticado romance con el que fuera su profesor universitario, el también filósofo y prosemita Heidegger, sus interrogantes sobre el amor y, siempre, su coherencia para explicar su pensamiento, sus claves sobre los totalitarismos o esa terrible y normal banalidad del mal.

Y en el otro lado, el público, donde en un momento, una de las actrices que dan vida a la alemana se sienta para observar. Está claro: de alguna forma todos somos ese nazi que calló y obedeció y todos podemos ser Hannah Arendt, seres capaces de entender.

“En ella esa postura es clave. Desde su pensamiento se posiciona como una observadora que busca dar voz a otros. Hannah tiene la capacidad de ponerse en el lugar del otro para escuchar, entender y asumir las diferencias. Eso es lo grande de ella, lo que al final nos hace más humanos”, explica Ernesto Caballero. Para el director, que en un principio ideó la puesta en escena con un personaje interpretado por todo el elenco, la potencia de la pensadora radica en la vigencia de su pensar, en su libertad absoluta respecto a ningún posicionamiento o prejuicio y su revisión permanente fuera de cualquier foto fija. “Hannah Arendt, que escribió y vivió los orígenes del totalitarismo, es todo lo contrario. Ella representa el pluralismo, el coraje de aceptar lo distinto y busca la convivencia para asumir las diferencias”, puntualiza Caballero.

“Ella es absolutamente valiente y pensar hoy en su obra es también una llamada a asumir a la responsabilidad individual ante cualquier hecho colectivo, un recuerdo de que la política debería buscar enfrentarse a la contradicción y llegar a lo razonable para todos”, argumenta la actriz Lucía Juárez, que dice identificarse con el personaje en cuanto a la necesidad de asumir compromisos en unos tiempos, como aquellos, llenos de aislamiento, falta de futuro e inseguridades.

‘Hannah Arendt en tiempos de oscuridad’, en el Teatro Galileo de Madrid hasta el 4 de abril. Es parte del ciclo Teatro Urgente, puesto en marcha en otoño para producir obras que estimulen el debate y el pensamiento desde el escenario. Está representada por Karina Garantivá, Lucía Juárez, Rodrigo Martínez Frau, Estíbaliz Racionero y Germán Torres.

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Comentarios

  • Maria Stare

    Por Maria Stare, el 19 marzo 2021

    Excelente articulo. Que privilegio estar en Madrid para asistir al teatro Galileo y aplaudir a rabiar la obra. Me pregunto porq no podemos verla en Chicago, o en Bogota, o en Buenos Aires, o en Santiago , si tenemos la tecnologia para hacerlo. Estaria en primera fila y pagaria por el boleto.

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 19 marzo 2021

    Me han conmovido muchas ideas, muchas frases de las vertidas en el texto. Escojo una. Dice así: “Enfrentarse a la contradicción y llegar a lo razonable para todos”
    No cedo a la tentación de añadir a esa frase memorable lo que, según entiendo, le falta. Enfrentarse a la contradicción y llegar a lo razonable para todos puede significar varias formas de hacerlo. Todos los caminos conducen a Roma, pero existen para ello diferentes caminos. La clave de todo ello, y siguiendo (como no podría ser de otra forma, repito, según entiendo) está en esta otra frase, igualmente conmovedora y en cierto sentido definitiva, una frase que nos recuerda esto: “La responsabilidad individual ante cualquier hecho colectivo”
    En su virtud reconozco nuestra condición contradictoria, la condición contradictoria del ser humano, o mejor dicho, la responsabilidad individual ante cualquier hecho colectivo. Somos humanos a condición de pensar.
    Y sobre todo ello esa pregunta maestra: ¿Hay alguna diferencia entre un campo de concentración o uno de refugiados?.

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 20 marzo 2021

    Vuelvo a escoger esa frase conmovedora que dice acerca de ““Enfrentarse a la contradicción y llegar a lo razonable para todos”
    Porque no creo que la búsqueda de lo común pase necesariamente por enfrentarse a nada sino, al contrario, por dejar de hacerlo. Dejemos entonces de poner frente al campo de refugiados otros campos de maldita memoria., dejemos de poner frente a los campos de acogida otros campos de siniestro nombres. Auschwitz. Dachau. Y más.
    Y una vez así, la responsabilidad individual ante cualquier hecho colectivo podría verse clara, yo la veo cristalina. Vamos a ver. El espacio de lo común. Me gustaría definir el espacio de lo común. Cuando un marinero muere a bordo, se le honra depositando su cuerpo en el mar, pero cuando el mar nos devuelve a la playa el cuerpo sin vida de un niño de patera, tres años, ahogado, entonces sí, entonces toca ponerse frente a una cosa. Un espejo. Y luego enfrentar entre sí otras dos que, ¡¡¡¡milagro!!!, encontramos escondidas al fondo de uno mismo y que allí dentro se unen. Entonces suena y resuena en su eco interior eso que nos habla y nos recuerda otra frase memorable porque ya está dicha: “La responsabilidad individual ante cualquier hecho colectivo”. Díselo a Zenón, que Séneca nos oiga, descabalga, Marco Aurelio.

  • Luz Helena Giraldo Ortiz

    Por Luz Helena Giraldo Ortiz, el 25 marzo 2021

    Es un buen tema, de mucho interés.

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