Herido por la espalda. Reseña de ‘Gran Jefe Un Lado del Cielo’, de Luis Hernández

El poeta Luis Hernández Camarero

El poeta peruano Luis Hernández Camarero

El poeta Luis Hernández Camarero

El poeta peruano Luis Hernández Camarero.

Mario Díaz-Villaseñor reseña Gran Jefe Un Lado del Cielo, de Luis Hernández (Lima, 1941), publicado por Esto no es Berlín (2017). 170 páginas. 18 euros.

POR MARIO DÍAZ-VILLASEÑOR RODRÍGUEZ

Luis Hernández Camarero fue un universo literario que nació en Lima (Perú) en 1941. Aunó un estilo personal con una concepción universal de la poesía que resultó en una sobresaliente obra original y poliédrica.

Es fácil perderse en la figura formada por la leyenda romántica de Luis Hernández, poeta contracultural que desdeñado por la crítica huye de los canales literarios para difundir su poesía en cuadernos autografiados que regalaba a amigos y conocidos; un abanderado de la vida bohemia sobre el que planea la sombra del suicidio. Sin embargo, a pesar de lo atractivo que resulta su periplo vital, este no logra eclipsar su obra, marcada por la originalidad. Y es que, debido a la inaudita originalidad de sus poemas —basada en un entramado de referencias culturales, metarreferencias y repeticiones, juegos de palabras y plurilingüismo— consigue tejer un universo literario sin fisuras en el que introducirse, para reconocer así su sorprendente concepción poética, en favor de la que combina indivisiblemente imágenes, ritmos e ideas, construyendo un poderoso y personal estilo literario, a la altura de Rimbaud, Kavafis o Machado.

Gran Jefe un Lado del Cielo (Esto no es Berlín, 2017) es una antología de sus poemas que nos abre las puertas de su extraño para valorar las innovaciones que lo convirtieron en una potencia poética, reconocible no porque comparta los recursos y tópicos poéticos contemporáneos más utilizados, sino más bien al contrario, por su estilo bien definido que, hoy lo comprendemos, lo encumbran como un poeta adelantado a su época.

Gran Jefe Un Lado del cielo (Esto no es Berlín, 2017)

Gran Jefe Un Lado del cielo (Esto no es Berlín, 2017).

La antología está estructurada en cuatro partes: 1. Gran Jefe un Lado del Cielo, 2. La comedia del arte, 3. Gran Jefe Un Lado del Cielo (Al día siguiente) y 4. De su obra publicada.

En la primera y en la tercera destaca el protagonista de esta antología como sujeto lírico, el “piel roja” Gran Jefe Un Lado del Cielo, un personaje que recuerda a las películas de indios y vaqueros que se proyectaban en las salas de cine, un flannêur desubicado que pasea por Lima, una ciudad de la que no comprende la realidad en la que vive, a la que se siente ajeno y a la que, sin embargo, no deja de admirar por su belleza, albergando la esperanza del mundo visto por ojos aún inocentes.

La segunda parte aglutina poemas centrados en el extrañamiento que le produce la incomprensión de lo que rodea a Gran Jefe Un lado del Cielo —y sus otros sujetos líricos— como trasunto del autor. Busca expresar la melancolía y la soledad inherente a los seres humanos, lo cual le permite disfrutar los efímeros instantes de felicidad. Una felicidad que consigue al apreciar los recursos con los que la humanidad cuenta para evitar el dolor: la música, el humor, las imágenes tan poderosamente evocadas de las tardes frente al mar de la Herradura de Lima y las cervezas heladas; porque sabe que la felicidad no es un estado, sino una emoción. Y no le aterra que sea pasajera, no solo porque se sienta destinado a la melancolía, sino porque es consciente de la brevedad del tiempo.

Realmente entiende la poesía como una forma de evitar el dolor, no se complace únicamente en el valor estético, va más allá: pretende su erradicación, entiende que el dolor no puede ser tolerable ni en la vida ni en la lírica.

La cuarta parte, no obstante, se dirige a los inicios poéticos del autor. Está formada por una selección de sus poemarios publicados, Orilla (1961), Charlie Melnick (1962) y Las constelaciones (1965), en los que se aprecian destellos de los elementos que definirían el estilo de madurez que se encuentra en las tres partes anteriores: un obsequio para saber de dónde venía, cuál fue su recorrido hasta alcanzar su voz.

Beber unas cervezas heladas frente al mar azul prusia de la Herradura, contemplando los yates policromos y las latas oxidadas en la paz del atardecer bajo el cielo azul de Lima, su ciudad natal. Esos instantes, para el poeta, eran la felicidad; esos instantes son los que reflejan un universo literario que se extiende desde 1941 hasta nuestros días.

Recomendaciones:

Insostenible, Félix Moyano. Valparaíso (2017).

Vivir de oído, Andrés Neuman. La Bella Varsovia (2018).

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Comentarios

  • Mónica Luza

    Por Mónica Luza, el 24 mayo 2019

    Me gustó mucho la nota sobre Luis Hernández. De que editorial es el libro? Como se puede adquirir? Gracias, saludos

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