El hombre que se perdió en un pato hinchable… y se hizo famoso

El hombre que se perdió en un pato hinchable… y se hizo famoso

El escritor Guillermo Alonso.

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Dice Guillermo Alonso que el excéntrico comienzo de su segunda novela, ‘Muestras privadas de afecto’ (Paripé Books ), lo leyó en una noticia local de un periódico de Pontevedra: una pareja se quedaba dormida en un pato hinchable y se despertaban al otro lado de una ría. En su libro, el escritor se adueña de esta historia real y, a partir de ella, ficciona sobre lo que le pasó después a su protagonista, Ramón Mañana. Ese después es una fama que le llega por la viralidad que alcanza por un vídeo que le graban encima del hinchable, un mundo de farándula al que no se adapta, apariciones en televisión, drogas, comedia y drama por igual… O, dicho más brevemente, una fábula asentada en este siglo XXI.

¿Es el libro una hipérbole delirante de nuestro presente?

Tiene algo por lo que he apostado y que parece que no me he equivocado. Es muy contemporánea y están presentes en ella temas muy actuales como las redes sociales, los móviles o cierto tipo de televisión. Temas que eran necesarios para contar la historia, aunque tampoco tienen muchísimo protagonismo. También me interesaba hablar sobre lo viral. Creo que no hay muchas historias que hablen sobre esto.

Esto hace que acabes adoptando los ritmos de la novela a los de las redes sociales y la televisión.

Es posible que lo haya hecho y no me haya dado cuenta. Mi forma de escribir es muy cinematográfica, es decir, puro hueso. Se parece mucho a un guion. Una manera de narrar que imagino que viene influida por las series y las películas que he visto, pero también porque tengo una educación literaria que bebe mucho de los bestsellers. De pequeño no leía a Galdós, sino este tipo de libros. Esto no quiere decir que luego mi obra sea así, sino que yo admiro de estos libros que pasen cosas todo el rato. Como a mí nunca me ha pasado en la vida nada emocionante, me gusta leer y escribir libros en los que pasen muchas cosas. En este sentido, tiene mucho que ver con los ritmos de la televisión y las redes, como dices.

Esto hace que juegues todo el rato con los sentimientos. De un extremo a otro.

El personaje pasa de ser un hombre casi ermitaño a ponerse rápidamente bajo el foco mediático y de las redes. Con esto intenté, no sé si con éxito, explorar cómo la fama te vuelve loco. A mí es algo que me interesa mucho y, siempre que entrevisto a un famoso, le pregunto sobre esto. Con esto me refiero a que, cuando uno se hace famoso, debe vivir una especie de desdoblamiento de su persona. De repente tu fama pasa a ser un ente independiente de ti mismo. Abordo todo esto desde la comedia, porque no quería hacerlo muy serio. También este personaje venía un poco loco de fábrica.

La novela nace de un personaje al que graban en un pato hinchable en medio una ría gallega y cuyo vídeo se hace viral. ¿De dónde nace esta historia tan excéntrica?

El pato es un hecho real que sucedió hace dos años. Una pareja se quedó dormida en un hinchable y se despertaron a la deriva en medio de una ría de Pontevedra. Esta historia me pareció muy intrigante, que tenía muchas posibilidades. Y empecé a escribir algo sobre un hombre que se queda perdido en un pato. Obviamente el resto es ficción.

Esta situación, que el protagonista pase de ser anónimo a famoso, te permite representar diferentes clases sociales.

Me interesaba la mezcla y cómo, a veces, la tele coge a personajes perdidos y los convierte en monos de feria que entretienen a los demás. Así, el protagonista, cuando conoce a la familia de ricos, se siente muchas veces como un mero entretenimiento para ellos. Me interesaba representar esta visión, la de la explotación que una persona un poco especial hacia los señoritos. Pero sin ningún tipo de crítica, simplemente buscaba contarlo. Creo que lo escribo desde un punto amoral.

Esto de coger a un anónimo y ponerlo a jugar ante el público es lo que hacen a día de hoy en ciertos programas de televisión.

Creo que a día de hoy el anónimo inocente ha muerto. En la televisión llevan 20 años jugando a esto. Quien va a programas así sabe a lo que va. Y si se ha perdido esa frescura es porque ya nadie se comporta realmente como un anónimo. En este sentido sí que quise que el protagonista fuera un poco inocente. Quería volver a ese momento de los realities como la primera edición de Gran Hermano, donde nos impactaba ver a personas de verdad. Recuerdo ese momento como muy chocante. Ramón Mañana sí que creo que es el único personaje inocente que aparece en el libro.

Antes hablábamos de las relaciones que aparecen en el libro. Pero no hemos citado las familiares, que quizá sean las que más peso tienen en la vida del protagonista.

Sí. Aunque hemos puesto el foco en la fama, en la tele, en las redes, si hay que definir la novela es sobre cómo la familia te marca para siempre y te arruina un poco la vida. Y que es un yugo del que es muy difícil salir.

Dicho todo esto, ¿no es irónico que titules al libro ‘Muestras privadas de afecto’?

Me gustan los títulos abstractos, que no tienen mucho que ver con la historia que se cuenta. Ir a ver una película sobre un exorcista y que se llame El exorcista me parece poco creativo. Aquí hay ciertas muestras de afecto, pero en realidad surgió cuando estando de vacaciones, vi el cuadro de normas de la piscina, en el que ponía: “Prohibidas las muestras públicas de afecto”. Decidí cambiarlo por privadas y creo que pega mucho porque aquí juego todo el rato con la parte pública y privada del protagonista

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