¿Qué interés tiene hoy día un libro que habla de amabilidad?

¿Qué interés tiene hoy día un libro que habla de amabilidad?

La escritora Rebeca Yanke. Foto: Javier Barbancho.

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¿Qué interés tiene un libro que habla de amabilidad, de buena educación, de humildad, de paciencia, de manejarse en las incertidumbres vitales, del pudor, del cuidado (personal aparte del cuidar a los demás), del sentido común, del respeto, de la importancia de la experiencia (y de nuestros mayores)…? Ahí lo deja la periodista Rebeca Yanke en ‘La ciencia de la amabilidad’.

Y sí, tiene todo el interés del mundo. Porque nos replantea como seres morales, como urbanitas, como personas que vivimos en sociedad. También porque apela a la vida colectiva en armonía, por el bien común, a valores que afloran el pensamiento constructivo.

Periodista del diario El Mundo desde hace más de 17 años, Rebeca Yanke posee una mirada única que indaga en cuestiones capitales que va desentrañando desde la sección de Sociedad, antes en Cultura. La Esfera de los Libros publicó en primavera su primer libro, La ciencia de la amabilidad, con el subtítulo Y otras virtudes olvidadas para épocas de incertidumbre, que es un ensayo divulgativo para todos los públicos de cuestiones que a veces parecen olvidadas, y que nos hacen mejores, más felices y más cohesionados. Son virtudes que nos engrandecen, que nos ayudan a superar los pesares del día a día, a mirar los escollos de otra manera. Y a abordar los cambios de otra manera.

“La sección de Sociedad del periódico ha ido cambiando. Anticipándose, en algunos casos, al hablar de depresión, de eutanasia, de ecología, del uso de las redes y las tecnologías. La evolución de la sociedad española en algunos aspectos es brutal. De hecho, una de las cosas que se cuentan en el libro es el respeto a la minoría. Pero hemos evolucionado tanto que a veces nos hemos pasado de vueltas. Ahora estamos con el lenguaje inclusivo”, comenta Rebeca Yanke.

“En nuestra sociedad a los niños les dicen, ‘tú eres el mejor, y que nadie te diga lo contrario’. ¡Todos no son buenos en todo! ¡Si eres bueno, incluso puedes ayudar a tus compañeros de clase, a los que se les dé peor! Hay cosas que se dicen que generan desconexión y distorsión de la vida real. Creo que la amabilidad conecta, sonreír conecta. E intentarlo merece la pena. A mí me sirve”, remarca Yanke.

De dónde surge ‘La Ciencia de la Amabilidad’. ¿Fue una propuesta o un proyecto personal?

Propuse otra cosa. Hice un reportaje sobre la buena educación. Eso fue en 2019. Y propuse hacer un libro sobre modales aplicados al siglo XXI. Abordar la idea de cómo ser educado en redes sociales, la etiqueta digital, cómo manejarte en redes sociales… Más una guía sobre modales modernos, como una revolución de la buena educación. Pensé que podía ser entretenido de leer y no se estaba haciendo nada sobre eso. Principalmente la idea de etiqueta digital, frente a la exacerbación de las redes, cómo comportarse de manera normal y no generar complicaciones, sobre todo.

Las editoras revisaron algún otro reportaje que había estado haciendo sobre temas como la humildad, la gratitud y la compasión. En 2018, 2019 y 2020 había estado haciendo reportajes con mucho trasfondo científico, con investigación reciente, la tendencia que se estaba generando a aprender a entrenarse en compasión: aprender a ser más empático, entrenarse a ser más agradecido y cómo eso redundaba en la salud de las personas. Entonces dijeron que habría que empezar sobre la amabilidad. A partir de ahí, a finales de 2019, empezamos a trabajar. A partir de la pandemia hubo que hacer todo teniendo presente la covid.

¿No te importa que al ser un libro familiar pierda cierta entidad?

Me gustó la idea de que fuera un libro que los padres pudieran leer o contar a los hijos. Que se pudiera quedar en mitad del salón y lo pueda coger la abuela, el tío, la señora que trabaja en esa casa y se lee un capítulo, o el niño. Que fuera accesible y que mezclase la investigación científica reciente respecto a las virtudes. Luego está esa referencia que se hace al filósofo André Comte-Sponville. Pero he hecho un libro divulgativo que te haga sonreír o te haga cambiar algún gesto, el tono en alguna cosa.

Que tu abuela fuera profesora de urbanidad es casi un punto a favor, un punto de partida.

Eso fue algo que decidí, y la editorial no dijo nada al respecto. Me pregunté: ¿Quién soy yo? ¿Cómo lo he hecho yo? ¿De qué manera he incorporado las cosas que me han enseñado y las que yo he aprendido, o el viraje en mi historia y en mi vida? Y pensé que me tenía que presentar.

¿No tuviste miedo a exponerte demasiado?

Te puede venir mucho viento en contra y puede haber muchas dificultades. Cuesta mucho mantenerse. No ya en ser positivo y estar contento, sino en ser amable con los demás, seguir sonriendo y seguir intentándolo… Es probable que si lo pones en práctica, te lleguen muchas bondades. El hecho de exponerme lo vi un poco inevitable. No soy profesora de nada. Lo puedo hacer desde mi experiencia, desde mi práctica. Hay un montón de referencias a los libros que he leído, a los filósofos que me han aportado algo, a los poetas. La idea era hacerlo más accesible, ser una especie de puente o de tamiz, y llegar a transmitir esas ideas.

Por lo que abogas, en el fondo, es por educar en el sentido común…

Sí. Estar por encima de lo protocolario. Y sobre todo contra la idea actual de generar tu mejor marca, dar tu mejor versión. Salirnos un poco de esa idea. En lugar de hablar tanto de la felicidad, podemos hablar de la alegría, de la hermana pequeña. O sea rebajarnos. Hablar de los hermanos pequeños, de las virtudes pequeñas. En lugar de eso, de mirar objetivos enormes como la felicidad se trata de ser una persona alegre que sale a la calle y sonríe. Viene de estar contento. De intentarlo. Y sobre todo de no juzgarlo. Hay personas que nos contestarán mal, pero tampoco quedarse ahí. Ser más empático y comprensivo. Respetar al prójimo.

Estamos en un momento en el que la sociedad está muy enfocada en el individualismo. ¿’La Ciencia de la Amabilidad’ es una llamada a reconectar como sociedad?

Justo estaba pensando en eso, en la desconexión. También hay otra cosa relacionada con la desconexión, que no aparece en el libro, pero que habría que trabajarlo, y es el tema de las distorsiones. Creo que la gente tiene la realidad muy distorsionada, y las pirámides de valores, totalmente invertidas. Por ejemplo, una chorrada, vi algunos programas cuando empezó el reality Gandia Shore en MTV España. Ya sabes, a base de chicos, chicas, comparten un piso, fiesta, playa, salir, alcohol. Se liaban entre ellos, discutían, etcétera. Recuerdo una frase de dos que se habían liado. El chico se lía con otra y la chica, despechada, dice: “Pues ahora va a ver; si él se folla a una, yo me voy a follar a tres”. ¿Tu valor como persona es el grado de follabilidad? ¿Te tienes que follar a alguien para demostrarle a alguien algo? Al final es un uso instrumental y utilitarista de la gente. Yo quiero relaciones que sean significativas. Quiero que mis encuentros sean positivos emocionalmente. Que pueda aportar algo a otra persona. O que esa persona me enseñe cosas o me ofrezca otra mirada sobre la vida.

La ciencia de la amabilidad’ es una llamada a ciertos valores y una reflexión. Imagino que también es tu conclusión de toda esta pandemia.

Curiosamente hablaba de la amabilidad desde mis tiempos de la universidad. Con una amiga de la facultad elaborábamos “el ejército de las personas amables”. Han pasado 20 años y sigo pensando de la misma manera. Estoy contenta de que la vida no me haya llevado a ser más escéptica o nihilista. Me gusta la frase: “Si no haces nada por cambiar las cosas, no van a cambiar solas”. Creo que no hay que estar siempre en el pensamiento lineal. Yo también he tenido pensamientos recurrentes, he pensado mal, me he agobiado… Cuesta mucho frenar el pensamiento. Intento desprenderme de todo eso: de pensar mal de los demás, de las ofensas. De no quedarte en el resentimiento. No vivir ahí. Tomo nota de las cosas. Paso página. Y trato de relativizar.

¿Existen hoy en día vidas ejemplares que nos sirvan de modelo?

Llevamos unas décadas de declive moral muy grande. Y este declive es lo que provoca el libro. Lo de engañar, la picaresca, aprovecharse del sistema, de los recovecos o resquicios, es muy español, ¡pero no es por sobrevivir sino porque sí! Y, claro, la impunidad al final refuerza esos actos. Fue contra esa idea de vivir por la que escribí este libro. Hay que recuperar la pirámide de valores invertida. No es una cuestión de bien y de mal. Simplemente seguir intentándolo, no desfallecer, y despertar la conciencia ante el teatro del mundo. Porque veo mucha parafernalia.

¿El mal del siglo XXI son las redes sociales?

No puedo renegar de ellas, pero me agotan un poco. Últimamente me he aficionado a TikTok. En TikTok la gente teatraliza su vida cotidiana. Me parece bien que la gente sea creativa. Pero no me parece bien esa exposición constante de la intimidad.

¿Más redes sociales, menos cuidado?

Pues sí. Porque por estar pendiente del escaparate, nos olvidamos de cuidar lo más cercano. Y es que creo que te hacen perder mucho tiempo.

Un decálogo final pretende ser práctico, pero también resulta difícil de resumir.

Hay que coger lo que nos haga falta según el momento ¿Máximas? Sentido común y la sonrisa. No necesitas mucho más


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