J. A. Marina: “Como especie no tenemos mucho sentido común”

J. A. Marina: “Como especie no tenemos mucho sentido común”

El catedrático José Antonio Marina.

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Filósofo, ensayista, pedagogo, escritor… y horticultor. Todo ello es al mismo tiempo el catedrático José Antonio Marina, uno de los pensadores mas reconocidos en España, muy especialmente en el ámbito de la educación. La inteligencia humana, la creatividad, el talento y el aprendizaje han sido los ejes de sus investigaciones  y reflexiones. Hoy, día Mundial del Medio Ambiente, responde a nuestra ‘entrevista circular’.

En los últimos años, Marina está inmerso en su proyecto de Universidad de Padres on line y sigue volcado en su faceta literaria. Su último libro, Biografía de la Inhumanidad, es la historia de la crueldad de nuestra especie. Sobre la crisis ambiental a la que ahora nos enfrentamos, se define como “un optimista discontinuo”.

¿Alguna vez ha habido una ‘inteligencia ambiental’ humana?

No, no la ha habido nunca. Jared Diamond ya nos decía en su libro Colapso, que mientras actuamos, no tenemos conciencia del impacto que causamos. El ser humano se deja llevar por comportamientos destructivos y lo hace a costa del medioambiente o de su propia existencia. Como especie no tenemos mucho sentido común, producimos colapsos sociales, económicos y humanos complejos. Y la conciencia ambiental forma parte de esa responsabilidad humana sobre nuestros actos. Ni siquiera es real la idea de que las ciudades primitivas reverenciaban la naturaleza. Sí es verdad que tenían un concepto mágico de la caza, pero hay que recordar que la primitiva agricultura se hizo quemando terreno.

La ciencia afirma que los pueblos indígenas preservan la biodiversidad.

Pero son pueblos muy pequeños. Al analizar la evolución de las culturas, se ve que los cazadores y recolectores dejaban poca huella, pero al hacerse sedentarios y crecer la población, aumentó también la presión sobre la naturaleza. Además, hay que recordar que los cazadores eliminaron muchas especies de grandes mamíferos siendo muy pocos. Ahora que somos más de 7.000 millones, la huella humana se agranda de forma colosal.

¿Cuál cree que es el reto ambiental más acuciante para la humanidad?

A escala global, el cambio climático, pero desde un punto de vista más próximo, el agua. Es un problema terrible sobre el que no estamos haciendo una gestión justa, lo que conduce a muchos pueblos a una vida miserable. En España, que somos unos privilegiados, su despilfarro es tremendo, usándola para regar a manta, sin un reparto adecuado de las cuencas hidrográficas, sin una política estatal. Hace miles de años, los Estados aparecieron precisamente por la gestión del agua y las obras hidráulicas para regar, desde Mesopotamia a China o Egipto. Pero aquí, siendo un país seco, no la cuidamos. Un ejemplo es lo que sucede con los pozos ilegales de Doñana. Y ese agua escaseará más con el cambio climático. Por otro lado, la polémica sobre si existe o no el cambio climático me escandaliza, porque refleja cómo las ideologías pueden manipular los hechos. Es un disparate que se hable del cambio climático según el partido al que se vote. Es lo mismo que defender si existe o no la Ley de la Gravedad según la ideología. En este asunto, creo que después de lograr las vacunas para el COVID, debemos buscar la vacuna contra la estupidez humana. Y ahí incluyo la estupidez ambiental.

En todo caso, ¿hemos avanzado en conciencia ambiental?

Sin duda, porque la ecología es relativamente reciente. Hace apenas 50 años, aquí nos sorprendía que en Estados Unidos se hablara de contaminación y calidad del aire. Lo que pasa es que seguimos tirando basura a la naturaleza aunque, por otro lado, defendemos que hay que cuidarla. Delegamos la responsabilidad en el gobierno. En definitiva, hay una ecología global retórica que defendemos y luego está la del día a día, que nos cuesta trabajo. Positivo es que en las escuelas también hemos mejorado y destacaría proyectos que acercan el medioambiente al entorno; por ejemplo, hay colegios que apadrinan los parques cercanos. Esa educación es eficaz porque los niños se siente guardianes de esos espacios.

Cuando escucha hablar de economía circular, ¿qué le sugiere?

La economía no circular supone estar buscando nuevas materias y energía continuamente, mientras que la circular es la posibilidad de despilfarrar menos. En nuestras sociedades, partimos de que el consumo todo lo convierte en basura. Generamos tanta que no sabemos qué hacer con ella. Con la economía circular, desde el primer consumo de un producto hasta que se convierte en esa basura, el ciclo se alarga. Me pregunto si la guerra de Ucrania permitirá dar un salto adelante o no en estas problemáticas, si debido a la alarma por la escasez de hidrocarburos, volveremos al carbón o aprovecharemos para impulsar nuevas energías. En nuestras sociedades aprendemos con dificultad y eso es debido a la estructura del cerebro. Las partes emocionales aprenden con lentitud, aunque las cognitivas lo hacen muy rápido y no se comunican bien. De repente, la parte emocional emerge y tapa la cognitiva. Así aparecen los fanatismos, la obcecación en aceptar algo.

¿Qué o quién despertó su conciencia ambiental?

Yo tuve invernaderos y me gustaba cultivar. Incluso en un tiempo me dediqué a ello, así que mi conciencia surgió más del contacto con la tierra que de una reflexión científica, a través de la agricultura y mi pasión por las plantas.

¿Hay algún lugar natural especial al que le gusta regresar?

Me atraen mucho los paisajes americanos de la zona de los grandes lagos, los parques nacionales de Canadá, que son de dimensiones gigantescas. Europa se nos queda pequeña en los paisajes. Y en España, atravesar Castilla antes de la recolección es una maravilla. Soy de horizontes amplios…

¿Optimista respecto al futuro?

Soy un optimista discontinuo. Cuando miro a la historia veo que el progreso ha sido continuo con grandes fracturas de las que siempre hemos salido. Creo que nos encontraremos con algún colapso ambiental tremendo y muchísima gente lo pasará mal y sufrirá, pero espero que volvamos a salir de él, como en otros momentos de la historia. Lo que no podemos evitar son esos hundimientos episódicos.


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