Jordi Pigem habla con la Tierra para que de una vez la escuchemos

El filósofo Jordi Pigem. Foto: Inés Castel-Branco.

Muchos amaneceres son descritos en el libro ‘Así habla la Tierra’ (editorial Kairós), de Jordi Pigem, para hacernos conscientes de las maravillas que acontecen en nuestro planeta. También para dar pie a lo que la Tierra nos tiene que decir, para que podamos escucharla, pero también para formularnos una pregunta: ¿Cuándo olvidamos hacerlo? Hablamos con el filósofo Jordi Pigem, que se doctoró con una tesis sobre Raimon Panikkar, cuyo concepto de ecosofía ha intentado desarrollar.

“Amanece en el delta del Nilo. Cientos de miles de aves sienten el cambio en el aire y emprenden el vuelo”.

“Amanece en el hayedo de Irati. Se eleva el sol, se desplazan las sombras. En las hayas, el agua que ha pasado la noche en el interior del tronco regresa a las hojas y vuelve a iniciarse la fotosíntesis. Robles, abetos y el restos de árboles despiertan también”.

“Amanece en Faxaflói, la bahía de Faxa, en el sudoeste de Islandia. Ballenas, rorcuales y delfines de hocico blanco sienten cómo la nueva luz anima las aguas”.

En tu libro pones a hablar a la Tierra. ¿Esta voz pretende interpelar al lector? ¿Querías que se sintiera conmovido por sus palabras?

Eso lo sabrá el lector o lectora. No quise buscar un efecto concreto. Sí supe que quería escribir este tipo de libro y que recogiera todas las tradiciones filosóficas y espirituales que han tenido personas destacadas o todos aquellos que piensan que la Tierra no es solo un almacén de recursos y un lugar donde arrojar la contaminación, sino que tiene entidad propia, que siente, lo que antes se decía tener alma, elemento en el que están de acuerdo todas las tradiciones indígenas y todos los grandes pensadores de Oriente y Occidente. Yo lo que he querido es aproximarme a esa concepción universal y milenaria de la Tierra que en el siglo XX tres autores intentaron rescatar bajo el nombre de ecosofía. He intentado escuchar, dar voz en un lenguaje contemporáneo a lo que intuyo que dice la Tierra. No es todo lo que dice, pero es lo que me ha llegado a mí. Eso es lo que yo transmito y veo que resuena en mucha gente.

¿Qué es la ecosofía?

La ecosofía es un término que acuñan, independientemente, lo cual es curioso, tres filósofos muy reconocidos de la segunda mitad del siglo XX, que son los franceses Félix Guattari y Giles Deleuze y también Raimon Panikkar, un filosofo nacido en Barcelona de padre indio y madre catalana, motivo de mi tesis doctoral. Los tres, pero Panikkar en particular, parten de la idea de que la ecología como ciencia de los ecosistemas de la Tierra está muy bien, pero necesitamos algo más para conocer la biodiversidad y la vida, algo más semejante a la sabiduría. De ahí este concepto de ecosofía: no una ciencia de la Tierra, sino una sabiduría, un paso más allá de lo que nos dicen las disciplinas científicas.

¿Qué nos reprocha la Tierra, de qué quiere que seamos conscientes?

En el ejercicio que yo he hecho, evidentemente la constatación de la desaparición de especies, de la contaminación de mares, tierras y aires, de desequilibrios múltiples que estamos infligiendo a los ecosistemas de la Tierra. También hablo de cambio climático, pero me ha salido más bien escribir de problemáticas cotidianas como la contaminación, los microplásticos que van a parar a los océanos y luego a todas partes. En el ejercicio de ecosofía que es este libro, se describe una Tierra donde los seres humanos hemos construido una manera de vivir contemporánea, que no solo no nos da satisfacción y nos complica la vida, sino que también se la complica a otras formas de vida. Es evidente que debemos encontrar una vida más acorde con los ritmos de la Tierra.

¿Has recorrido todos los bellos parajes que describes?

No, imposible, es una vuelta al mundo que describe 90 amaneceres en distintas partes y más de un centenar de paisajes, y yo lógicamente he estado en algunos de ellos, pero otros los conozco a través de lecturas. Pero me informo lo mejor que puedo sobre condiciones de todo tipo: especies que viven allí y en qué época del año, cómo funciona ese ecosistema. Hay una parte en el libro que tiene que ver con mis vivencias concretas y en otras no. Me viene a la mente una anécdota del filósofo Enmanuel Kant. Él era profesor de Geografía, pero nunca salió de su ciudad; explicaba todas las cadenas montañosas y los ríos sin salir de donde vivía. Así que en principio es posible. Los que son más cercanos, los que son europeos, he estado en ellos. Quería transmitir que la Tierra está viva a través de sus maravillas.

Te interesa la percepción en conjunto de la Tierra. ¿Por eso hablas de sinfonía de experiencias?

Sí, yo en un libro anterior que se titula Inteligencia vital, exploro la inteligencia de distintas especies de animales, la de las plantas de las cuales tenemos muchos artículos científicos serios sobre la capacidad de memoria y aprendizaje que tienen, pero en este libro me interesa más este prodigio de autorregulación que es la biosfera y cómo resuena con lo que está pasando hoy en día y cómo nos percibe a los seres humanos. Nosotros tendemos a ver a las especies desde fuera y, en cambio, sabemos que todas sienten y perciben su entorno, porque es así como detectan su comida, se alejan de los peligros y construyen su vida. Si nos fijamos cómo están viviendo o, por ejemplo, sintiendo la lluvia cada especie animal, cada árbol nos lleva a entender el ecosistema no sólo como una suma de organismos con funciones fisiológicas, bioquímicas etc…, sino también como un conjunto de seres que están sintiendo a su manera. Por eso me gusta definir un ecosistema como una sinfonía de experiencias. Todo está relacionado y hay un equilibro en ello, que perdura a lo largo del tiempo.

¿Qué nos dicen los bosques?

Los bosques maduros, con árboles de todas las edades, los bosques primigenios, se han ido reduciendo dramáticamente. Ahora tenemos monocultivos que no merecen llamarse bosque. En estos tienen que haber distintos árboles, matorrales y todo tipo de mamíferos y microorganismos. Está muy claro que en las últimas décadas hemos acelerado la pérdida de los bosques primigenios que hay en el mundo y que es una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad. Esta es otra de las grandes tragedias que vive la Tierra. En este sentido, es curioso, hay mucha atención sobre el cambio climático, pero en el tema bosques, pérdida de fertilidad de la tierra, contaminación de los océanos no se les da la atención que deberían tener.

Dices que no todos los seres humanos son iguales, hay algunos que sí entienden a la Tierra. ¿Esto es suficiente para los retos que nos esperan?

De momento no, si seguimos por el camino del capitalismo. La gran dinámica de producir y consumir está claro que nos llevará al colapso más temprano que tarde. Quienes han sabido vivir con su entorno en general han sido los pueblos indígenas. Tenemos constancias de que, cuando los primeros humanos se trasladaron a otro continente como Australia o Norteamérica, provocaron la extinción de algunos animales al desconocer el ecosistema, pero una vez asentados se integran en los ritmos de ese territorio y pueden vivir de una manera sostenible. Tenemos constancia de que los aborígenes australianos han vivido de manera sostenible durante 40.000 años, pero después de la llegada de los europeos Australia tiene verdaderos problemas ecológicos.

En la selva amazónica en la que habido indígenas en los últimos 8.000 años hay más biodiversidad que en la zona de la selva donde no ha habido seres humanos. Hoy sabemos que no solo no deterioran la biodiversidad, sino que la aumentan. Sus cultivos ayudan a que plantas y animales se multipliquen. No hay que volverse indígena para vivir en armonía con el entorno. No hay nada intrínseco al ser humano que le obligue a destruir su entorno. En los últimos siglos hemos estado muy fascinados por las máquinas, por las abstracciones, por el consumo, hemos optado por aislarnos de los medios naturales. Vivimos en cuatro paredes, no sabemos si hace frío o calor, si llueve o no llueve, así que nos hemos ido alejando de los ciclos y los ritmos de la naturaleza. Con todo el conocimiento que tenemos hoy en día, también el científico, podemos aprender a relacionarnos mejor con la Tierra.

¿Cuándo empezamos a desconectarnos y dejamos de cooperar con ella?

Hay un proceso gradual con la creación de ciudades, de imperios, de jerarquías, de patriarcado. Esto lleva a que los humanos creen sus propios mundos. Pero un momento clave es el siglo XVII. Descartes y Galileo inauguran una visión del mundo que, por un lado, ha dado lugar a las maravillas de la ciencia moderna, pero, por otro, plantean que solo puede ser real lo que se puede medir, cuantificar. Velocidad, longitud son reales, en cambio colores, olores, belleza, justicia son percepciones subjetivas sin verdadera realidad. Esto nos lleva a un mundo de estadísticas, de datos, que son muy útiles, pero en el cual a menudo se ocultan las cualidades y dejamos de sentir el latido de la vida. Incluso en nuestro propio interior.

¿Es esto lo que llama disonancia cognitiva en nuestra cultura?

Bueno, la hay de muchos tipos. Está el hecho de que uno no es coherente con lo que sabe. Sí sería el saber que estamos destruyendo ecosistemas diariamente y no hacemos nada al respecto. Es también que nuestra civilización tiene mucha más información sobre los ecosistemas de la Tierra que las anteriores y que su impacto destructivo es también mayor.

Si el conocimiento que tenemos lo utilizáramos de manera racional y bondadosa, podríamos tener una relación más sana con el resto de la humanidad y los ecosistemas. Pero hay tendencias de codicia, de egoísmo, de corrupción, o como queramos llamarlo, y que, a pesar de saber que estamos destruyendo la base de nuestra existencia, seguimos por ese camino. Un camino suicida.

Filosofía y espiritualidad se dan la mano.

Se la dieron siempre… En la antigua Grecia, la mayoría de los filósofos ya apuntan a un conocimiento global, que encaja bien con lo que hoy llamaríamos espiritualidad. La sabiduría era una palabra que se oía en el siglo XX, pero muy poco en el XXI. Algo que va más allá de lo científico y lo objetivo racional. Hay escuelas materialistas, ya en Grecia había, pero la mayoría de las filosofías intuyen un sentido profundo de la existencia y constatan que la realidad no se reduce a materia. Nuestra ciencia contemporánea parte de la base de que solo podemos analizar lo que es material: átomos, moléculas, genes, sustancias químicas, etc… Mientras que nuestros antepasados y también los grandes filósofos y todas las tradiciones espirituales constatan que hay más de lo que se puede tocar o medir. Las cosas más importantes tanto individualmente como colectivamente son cosas intangibles.

Mencionas en el libro las distintas perspectivas religiosas.

Las menciono como diferentes caminos que se han desarrollado en diferentes culturas y que cada uno a su manera, con sus lenguajes, nos puede ayudar a tener una experiencia más completa de la realidad. Eso no quiere decir que tengamos que tomar esos caminos. Pero sí quiero dejar constancia de que esos caminos están ahí. Por eso, al principio y al final del libro, doy toda una serie de citas de sabios o filósofos de distintas tradiciones. Por eso hay budistas, taoístas, cristianos, que apuntan a una visión más profunda de nuestro lugar en el mundo, del sentido de la vida o de esta percepción de que la Tierra está viva.

Recojo citas desde Plotino, que es un filósofo griego que muchos filósofos cristianos lo admiraron profundamente, hasta Alexander Von Humboldt. Todos tienen una profunda percepción de la naturaleza, señalando que no es un sentimiento religioso, pero sí se podría decir que es espiritual. Lo que hago en Así habla la Tierra es traer a colación diferentes perspectivas: cristianas, budistas e hindúes, porque son diversos lenguajes que reflejan lo mismo.

¿A Raimon Panikkar se le recuerda suficientemente en España?

No se le da el reconocimiento que se merece. Es más conocido en Italia y EE UU que aquí.

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Comentarios

  • JOrge Isaac

    Por JOrge Isaac, el 10 mayo 2022

    Me ha encantado la entrevista. Una visión necesaria y un reflexión ineludible en estos días.
    Gracias

  • Felipe de Jesus Ferrel Boijseauneau

    Por Felipe de Jesus Ferrel Boijseauneau, el 10 mayo 2022

    Alimento para el alma, energía para actuar, reunión de pensamientos con sentido común.
    Me dispone, preparado estoy, edad tengo.
    Tierra, toma mi mano, hagamoslo !!!
    Alguien anda por ahí?
    Saludos hermanos desde el norte de tamaulipas, México.

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