José Ovejero: “He hecho una novela de naufragios y supervivientes”

El escritor José Ovejero. Foto: Ana Galicia.

El escritor José Ovejero.

José Ovejero define su última obra, ‘Insurrección’ (Galaxia Gutenberg), como una novela de supervivientes. Y sí, claro que lo es. Pero unos supervivientes de conflictos que tienen su semilla en la sociedad actual. Sus problemas son problemas que muchos de nosotros hemos sufrido: laborales, familiares, generacionales… Así, de lo que en principio parece una simple novela de ruptura entre un padre y una hija rebelde que se va a una casa okupa en el barrio madrileño de Lavapiés, Ovejero hace brotar diferentes puntos de vista que nos atañen a (casi) todos. O, como él mismo apunta, “crear emociones e ideas que tienen que ver con nuestro mundo”.

‘Insurrección’ se podría definir como una novela de tensiones.

Sí. Y tensiones muy distintas.

Una de las tensiones más palpables es la que se produce entre el mundo capitalista y el revolucionario. ¿Hasta qué punto se pueden tener principios revolucionarios sin caer en el cinismo?

A mí me interesaba, creo yo [y realiza el apunte de que comienza a escribir desde cero, sin saber muy bien hacia dónde le llevará la novela], me interesaba examinar ese punto de enfrentamiento. Enseguida me di cuenta de que no quería que la protagonista eludiera el conflicto, por ejemplo, yéndose al campo. Que se creara una vida aparte del sistema capitalista. Quería que ella estuviera en el sistema, que tuviera su propio espacio dentro; la casa okupada. Me interesaba ese personaje que intenta vivir de una manera que no es cínica. Porque, por ejemplo, una de las cosas que más recrimina Ana a su padre no es que se rinda, sino que se justifique. Que se cree sus propias historias.

Creo que hasta ella peca de cínica.

¿Por ejemplo?

Que ella tiene facilidad para vivir esa vida, que tiene abierta la puerta de la casa de su padre.

Eso es lo que critican los padres a sus hijos. Pero cuando naces en una clase media, ¿cuáles son las alternativas? Ella se esfuerza por no volver. Cuando le salen mal las cosas, no vuelve. Hay mucha gente del movimiento okupa que viene de la clase media. No tienes que venir de la inanición para estar en contra del sistema. Puedes, viniendo de clase media, no querer este mundo para ti.

Otra tensión que existe es la generacional. Ese padre y esa hija que se aman, pero no se entienden.

Uno de sus dramas es que se quieren. Si no existiese este amor, no habría conflicto. Aitor es comprensivo, es afectuoso, se esfuerza. Ana, sin duda, ha querido mucho a su padre. Pero precisamente por eso el conflicto es tan grave: a pesar de todo el afecto, no son capaces de comunicarse. La única vez que hablan es un desastre. Además, es un conflicto irresoluble.

¿Por qué esta tensión entre capitalismo-revolución se ve representada en la tensión generacional a través de una hija joven y un padre adaptado al sistema?

Intentando huir de los clichés, me parecía que un padre con un trabajo ha tenido que hacer concesiones. No conozco a nadie que con 20 años de carrera no haya tenido que cerrar los ojos ante determinadas cosas. Eso te hace más conservador. Ana tiene 17 años. La mayoría de la gente es más radical cuando es más joven, precisamente porque no se ha tenido que enfrentar a esas concesiones. Me parecía un modelo bueno de conflicto.

Otra tensión que existe es la del mundo revolucionario: usar la fuerza o no.

Esta es otra tensión que se da dentro de cualquier grupo revolucionario que está en contra de un sistema. Si no te vas al campo y desapareces, si te quedas en la ciudad, van a surgir conflictos porque vas a infringir sus leyes. ¿Qué sucederá entonces? Que te van a castigar. ¿Aceptas el castigo o te defiendes? Y si te vas a defender, ¿por qué no actúas de forma proactiva y atacas tú? Esta es una duda que existe en cualquier grupo con una posición radical ante un sistema. Habrá quien acabe en la violencia y quien diga no, eso es devolvernos al punto de partida. Cuando empiezas la violencia, no sabes dónde vas a acabar. ¿Es justificable la violencia cuando te están tratando de manera injusta, cuando las leyes son injustas? Puede que desde un punto de vista teórico sí, pero la responsabilidad de desatar esa violencia es muy grande. Ahí se separan muchos de estos movimientos. 

¿Son las casas okupas uno de los últimos gérmenes de resistencia?

Sí. Radicales. A día de hoy, hay un montón de movimientos, pienso en el feminista y el ecologista, que, aunque supongan cambios en determinados aspectos, no tocan el sistema en su conjunto. Yo creo que es el último movimiento radical contra el sistema.

Creas tensiones también en el nivel literario, entre las voces narrativas.

Hay otra tensión que es sintáctica y en la voz narrativa: el paso del yo al tú y al él. Creo que la voz narrativa y el tiempo verbal son convenciones que nos permiten entendernos, pero también corsés. Mi interés era ver si puedo conseguir una mayor comunicación cambiando los tiempos verbales y la voz narrativa. Si esos cambios aportaban algo a la historia, sin que se viera dificultada la comunicación. Los tiempos verbales cambian porque hay una fluidez en nosotros mismos. Quizá no se entienda de una manera muy consciente, pero al lector le va a llegar. Si yo cambio dentro del mismo capítulo una voz, ¿qué va a hacer el lector? ¿Alejarse o acercarse, verlo con más emoción o menos? A eso jugaba mientras escribía esta novela.

Todas estas tensiones, todo lo que hemos ido hablando, son herramientas que utilizas para hacer una fotografía del momento en que vivimos.

Faltaría la tensión laboral para completar esa fotografía. Aunque yo no creo que la novela intente hacer una fotografía de la sociedad. Con una novela puedes crear emociones e ideas que tienen que ver con nuestro mundo. Y eso en cada lector va a ser un poco distinto. El libro es una máquina de generar sensaciones e ideas y unas caen en suelo fértil y otras no. Eso es lo que hago. No me parece que sea posible una fotografía con un libro.

Al buscar los sentimientos, y antes lo comentabas tú, utilizas una serie de clichés para enganchar al lector. ¿Cómo haces para no caer en lo obvio?

Utilizo clichés, sí, pero intentando que se desarrollen de una manera que no lo sean. Intento dar complejidades a los personajes que impidan al lector ponerse de su lado o en su contra. A veces le caerá bien y otras mal. Cuando me permito un cliché, intento desactivarlo mediante el humor. 

Las dobleces en los personajes, como la propia vida. No hay personas planas.

Hay una frase de un autor que no recuerdo, que dice: “Toda vida vista de cerca es ridícula. Y si te acercas un poco más, es terrible”. Yo juego con eso intuyendo esta frase: en mis libros hay una parte de vidas ridículas y una parte de vidas terribles. Al final, yo creo que los personajes dejan de ser cliché en el momento de que ves sus grietas, sus fracturas. Una vez que ves esto, ya no puedes verlos de una única manera. Y empiezan a interesarte de verdad.

Y también es una novela de naufragios. Y de cómo recomponerse después.

Sí. Yo la había descrito hace poco como una novela de supervivientes. Si lo adelantas un poco en el tiempo, en todos ellos hay un naufragio. Y están nadando para llegar a algún sitio.

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