La Calisto: los caprichos sexuales de las elites lujuriosas

Júpiter (el bajo Wolfgang Luca Tittoto) se traviste en su propia hija, la diosa Diana, para seducir a Calisto, (la soprano Louise Alder). Foto: Javier del Real.

Júpiter (el bajo Wolfgang Luca Tittoto) se traviste en su propia hija, la diosa Diana, para seducir a Calisto, (la soprano Louise Alder). Foto: Javier del Real.

Júpiter (el bajo Wolfgang Luca Tittoto) se traviste en su propia hija, la diosa Diana, para seducir a Calisto, (la soprano Louise Alder). Foto: Javier del Real.

Júpiter (el bajo Wolfgang Luca Tittoto) se traviste en su propia hija, la diosa Diana, para seducir a Calisto, (la soprano Louise Alder). Foto: Javier del Real.

Tras la seriedad de los refugiados de Idomeneo, el Teatro Real estrena por primera vez en su historia una ópera de Francesco Cavalli. Se trata de La Calisto, una divertida historia de lujuria, celos, castigo y libertad entre dioses y hombres, basada en el libro segundo de Las Metamorfosis de Ovidio, que el director de escena David Alden transforma en una tragicomedia psicodélica.

Es la historia de la humanidad: “Ricos y poderosos aprovechándose de los pobres e inferiores cuando estos son bellos’. Abuso y explotación en una divertida comedia erótica de enredo entre dioses y mortales. Estos son los elementos que, según el director de escena David Alden, resumen a la perfección la vigencia de La Calisto, la decimoquinta ópera de Francesco Cavalli, que se estrena mañana en el Teatro Real de Madrid. Se trata, además, según Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, de un acontecimiento “de extraordinaria magnitud musical”, puesto que supone la primera vez que se escuche música de este prolífico compositor de ópera veneciana del siglo XVII en el coliseo madrileño.

La Calisto se estrenó en el Teatro San Apollinare de Venecia, el 28 de noviembre de 1651. Se sucedieron tres representaciones y, desde entonces, durmió un largo sueño de 319 años en el olvido hasta que el 26 de mayo de 1970 el director Raymon Leppard la rescatara para siempre en el festival de Glyndebourne con puesta en escena de Peter Hall –desaparecido director de la Royal Shakespeare Company- y con nada menos que la soprano Ileana Cotrubas en el papel de Calisto y la mezzo Janet Baker en el de la diosa Diana. Según Matabosch, la versión de Alden que mañana llega al Real se ha convertido en “legendaria” desde su estreno en 2014 en la Bayerische Staatsoper de Múnich y tras su paso por la Royal Opera House de Londres.

En España, La Calisto se estrenó en Barcelona, en el Teatro Nacional de Cataluña en 1998 –mientras el Liceu era restaurado tras el incendio de 1994- en una producción procedente del Teatro de la Monnaie de Bruselas, con dirección musical de René Jacobs, el director de escena alemán Herbert Wernicke y la soprano española María Bayo en el papel principal.

Sorprende que esta festiva y magnífica historia repleta de lascivia, equívocos, humor y travestismo, este drama que Matabosch describe como “a la vez poético, truculento, insolente, irónico e histriónico”, como “un gran teatro de dioses frívolos, castidades falsas y sátiros lúbricos”, fuera olvidado durante más de tres siglos. Sin embargo, tras asistir el pasado viernes al ensayo general de esta producción en el Real, se comprende el éxito que arrastra la visión del director de escena neoyorquino de esta ópera basada en el libro segundo de Las Metamorfosis de Ovidio.

La propuesta de Alden se desarrolla en un establecimiento bautizado como L’Empireo, el más alto de los cielos donde residen los dioses, pero en la Tierra. Se trata de un psicodélico hotel-casino-cabaré que perfectamente podría situarse hoy en el desierto de Nevada, en ese agujero negro del exceso, la horterada y el desenfreno que se llama Las Vegas. “Tiene algo de Elvis”, confesó –dando pistas– el dramaturgo durante la presentación de la ópera.

El todopoderoso Júpiter, acompañado de su consejero, Mercurio, desciende allí en busca de ninfas a las que seducir y con las que serle infiel a su mujer, Juno. Se encapricha de la bella Calisto, que ha prometido castidad a la diosa Diana. La joven rechaza al dios, que decide entonces travestirse en Diana, su propia hija para, de esta forma, lograr los favores sexuales de la muchacha. El plan funciona y Calisto cede al amor homoerótico sin saber que, en realidad, quien la posee es el mismo Júpiter. “Es como si Donald Trump se disfrazase de su hija Ivanka para salir a ligar”, explicó divertido el director de escena.

Este es el punto de partida de un espléndido enredo de bajas pasiones que darán lugar a situaciones de lo más lúbricas y sorprendentes. Un universo de cruce de personajes manejado con maestría por Alden que sabe mantener en todo momento el interés del público, dejar su espacio a la preciosa música compuesta por Cavalli e imprimir un acertado ritmo a una representación que transcurre y navega entre el humor, la procacidad y la delicadeza con sorprendente facilidad.

Plano general de parte de la escenografía de David Alden para La Calisto de Cavalli en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

Plano general de parte de la escenografía de David Alden para ‘La Calisto’ de Cavalli en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

L’empireo está habitado por dioses, hombres, animales, seres fantásticos, sátiros y ninfas que construyen una historia que, según Joan Matabosch, debe entenderse “en clave de sátira y denuncia de los abusos de las autoridades morales romanas del siglo XVII que los venecianos rechazaron hasta tal punto de ganarse, la ciudad completa, la excomunión”. Una historia en cierto modo feminista en la que se asume que los hombres son prisioneros de sus bajas pasiones, mientras se suceden personajes femeninos que hacen valer actitudes de rabiosa modernidad. Mujeres que proclaman a los cuatro vientos su libertad, su derecho al amor, al sexo y a que se respete, si se da el caso, su deseo de permanecer castas. Un actualísimo no es no en toda regla. Una contemporánea reivindicación de la libertad sexual con más de tres siglos de antigüedad.

En el foso, la Orquesta Barroca de Sevilla y el Monteverdi Continuo Ensemble a las órdenes de Ivor Bolton le ponen música con maestría a este gran ejemplo de teatro cantado. Bolton ha trabajado con la edición crítica de la partitura que ha realizado el musicólogo español Álvaro Torrente. “Cavalli escribe una base que nos deja una gran capacidad para tomar decisiones”, explica Bolton. “Somos los músicos los que debemos decidir sobre cromatismo y armonías, y esta edición de Torrente es una guía fantástica”.

Se ofrecerán nueve representaciones con dos elencos de cantantes. En el ensayo general al que asistió El Asombrario fue interpretada por un muy equilibrado primer elenco en el que destacaron la soprano Louise Alder como Calisto, el contratenor Tim Mead, como Endimione y un impagable Dominique Visse como Satirino.

Consulta aquí las fechas y elencos de las representaciones de ‘La Calisto’ en el Teatro Real. 

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