“La dignidad del periodismo cultural debería ser incuestionable”

“La dignidad del periodismo cultural debería ser incuestionable”

El periodista Guillermo Busutil.

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Maestro de periodistas y escritores, pertinaz en el empeño de acercar la cultura al gran público desde las trincheras de la independencia y con un estilo literario que lo ha convertido en un referente, Guillermo Busutil ha sabido estos días que ha ganado el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Un galardón que se une a otros tantos y que llega en un momento muy especial en la carrera del escritor granadino, en el paro después de casi dos décadas de trabajo en el diario ‘La Opinión de Málaga’. Hablamos por correo electrónico de su libro más reciente, ‘La cultura, querido Robinson’ (Fórcola), de sus influencias o de los males que aquejan al periodismo. Un empeño, dice, del que nunca se retirará. “Del periodismo cultural nunca se jubila uno, y sin duda volvería a enrolarme a pesar de todas sus dificultades. Las cicatrices son también los tatuajes del oficio”.

El Premio Nacional de Periodismo Cultural, muy merecido, te llega casi sin trabajo, después de haber trabajado durante años como columnista en ‘La Opinión de Málaga’. ¿La justicia poética existe? ¿Compensa un poco los sinsabores de los últimos años, entre los que se encuentra el cierre de ‘Mercurio’, revista que dirigiste?

Soy autónomo, como casi la mayoría de los profesionales que nos dedicamos a la cultura, y en ese sentido padezco la enorme precariedad que existe hoy. Sueldos exiguos, proyectos por un presupuesto bajo, colaboraciones diversas para sumar un final de mes ni siquiera mileurista. La dignidad de la cultura debería ser incuestionable. Lo del periódico después de 17 años escribiendo para Prensa Ibérica, y con premios como el Francisco Valdés o el Unicaja, resultó incomprensible. No se puede competir con el criterio de directores y de empresas que no valoran el conocimiento, la calidad ni la profesionalidad, y las sustituyen por la gratuidad. Han sido estos y otros muchos sinsabores en los últimos dos años los que desde luego compensa el premio.

¿Es la precariedad económica la principal amenaza del periodismo cultural o es internet?

Esa precariedad genera otras amenazas como una competitividad del individualismo feroz, por el trocito de pan y un todo vale. Está también la invisibilidad a la que te postergan cuando sales del primer plano, y las puertas que las inseguridades y celos se encargan de cerrarte. Internet ha provocado el síndrome de la inmediatez, que no reposen las ideas, la mirada, el lenguaje cuya cocción es necesaria. El conocimiento y el análisis se evalúan por debajo de esa inmediatez del flash, que puede estar bien cuando quienes lo practican saben hacerlo porque tienen chispa de lenguaje, un bagaje y dominio de la espontaneidad.

¿La soberbia del dinero y el mercado están acabando con la cultura?

Con la cultura está acabando el éxito de la mediocridad. Salvo excepciones, esa mediocridad que todo lo está contaminando abunda en las instituciones y en las empresas privadas que siguen sin entender el valor, el fondo, la importancia de la cultura, como dinamización de una ciudad, como proyecto más allá del escaparate turístico. Fue en los 80 y parte de los 90 cuando el boom del dinero se encaprichó de la cultura como producto de prestigio, y se creó cierto mercado. Incluso se respaldaba el talento y la innovación. Pero la crisis penúltima dinamitó ese frágil destello. Desaparecieron espacios para la cultura, y se abarató el trabajo, pero sobre todo el concepto de cultura que tienen aquellos con posibilidades o responsabilidad de dignificarla, de recuperarla y darle estabilidad. Esa misma mediocridad se ha extendido a la propia industria cultural y provoca la tensión de supervivencias entre lo caduco, lo banal, la carencia de fondo con envoltorios de moda y los profesionales a quienes se les regatea hasta el límite. Y mejor no hablar de los sectarismos políticos.

En tu último libro, ‘La cultura, querido Robinson. Crónicas y miradas periodísticas’, recoges crónicas y entrevistas. Aunque escritos para un periódico, tus textos siempre tienen un aliento poético y literario. ¿La mejor literatura se escribe en los periódicos?

Igual que en el panorama literario hay también mucha sinsustancia incomprensible en el espacio que ocupan. Pero en la prensa también sobresalen nombres de una brillantez literaria maravillosa en sus crónicas, en sus columnas, haciendo periodismo narrativo, literatura de emergencia, análisis de lo real y de lo social con esplendor de lenguaje. Yo sigo a muchos porque son un deleite, además de una buena fuente de conocimiento de temas. Muchos son veteranos, pero también hay voces emergentes, en nacional y en provincias, a las que merece la pena prestar más atención que a los que les avalan otros mecanismos de promoción.

En el prólogo, Muñoz Molina habla de los libros que se van haciendo poco a poco como entradas o artículos para periódicos, sin que uno se dé cuenta, pero que luego cuando se publican en un libro tienen una cohesión y unidad que parecía inevitable. Es el caso del ‘Spleen’ de Baudelaire o el del mismo Muñoz Molina y su ‘Robinson Urbano’, su primer libro, si no recuerdo mal. También es el caso de este libro tuyo, donde prevalece sobre todo la mirada del autor, esa que citas en el título. ¿Es lo que define a un escritor, su mirada?

Claro, la mirada es la piedra angular. Uno mira, indaga, siente y pregunta desde su mirada frente al mundo, desde la posición de la que ejerce su observación, su cuestionamiento o su ensoñación. A mis alumnos se lo explico siempre con la imagen de un fotógrafo de Reuters que enmarcó a Nicole Kidman en el Festival de Cine de San Sebastián desde el lado contrario al que ocupaban apiñados sus compañeros disparando la misma fotografía. Hace poco en mi visita a la librería Proteo incendiada, junto a su dueño, un diputado y un amigo político, les hice observar la maravillosa huella cortazarina, casi un presagio, de una chapa de publicidad de un libro en la que se leía “¿Otra vez? ¿Otra vez? Otra vez” y bajo las marcas del fuego en su superficie la portada calcinada de un ejemplar de Fahrenheit 451. Ninguno la había visto en los cuatro días anteriores subiendo y bajando por la escalera junto a la que estaba. Esa mirada diferente, personal, única, el encuadre del detalle, de lo que otros no perciben, es la que define al escritor. 

¿Te consideras apocalíptico o integrado?, por citar el famoso libro de Umberto Eco.

Ambas en cierto modo porque mi condición rebelde me lleva a rechazar la uniformidad, el discurso único, el placebo mass media y la domesticación del diferente, que va totalmente en contra de la divergencia, de la independencia, del sentido crítico y fronterizo que define mi mirada y mi lenguaje, pero a la vez es imposible no estar integrado, porque vives en una comunidad de relaciones económicas y de ocio, porque el producto cultural es producto de esa sociedad de masas. La clave es ser de la Resistencia, ejercer desde dentro la conciencia del independiente.

¿Pasa el periodismo cultural por un buen momento? ¿Cuáles son tus referentes? ¿Qué cualidades debería tener un buen periodista cultural?

Ahora mismo es el hidalgo español de la profesión y de la sociedad. Se le reviste de oropel en festivales, en congresos, en los medios de comunicación, pero en la trastienda el periodismo padece precariedad laboral y económica, poco prime time, escaso reconocimiento, sustitución de la experiencia y la formación por la popularidad de blogueros e instagramers. Tengo importantes referentes como Rosa Montero de quien aprendí la seducción de la entrevista como cuento conversado a dos, y la atmósfera de la mirada y del diálogo; César Antonio de Molina con su Culturas de Diario 16; Juan Cruz y sus reportajes y crónicas, como las de Manuel Vicent. Muchos, y de los de mi generación, Muñoz Molina y su mirada reflexiva, caleidoscópica, Sergio Vila-Sanjuán, Antón Castro, Ana Borderas, Angélica Tanarro, Manuel Rivas, David Felipe Arranz, Alejandro Luque, Eva Pérez.

Un buen periodista cultural debe tener conocimientos, rigor, independencia, mirada, para orientar, dar claves, y ambición de lenguaje y capacidad de contagiar la pasión por la cultura y el producto del que habla al lector, al oyente, al espectador. 

En ‘La cultura, querido Robinson’, entreveras lecturas de libros, películas, fotografía, pintura, cine. Tienes una visión amplia de la cultura, como un diálogo, no solo entre géneros, también entre autores, clásicos y contemporáneos.

Sí, la cultura es una manera de habitar el mundo, de entenderse con él, y cada una de estas disciplinas son caminos que lo recorren y lo conversan. La cultura es también un árbol de ideas, de emociones, de experiencias, y cada género es una rama que parte de las mismas raíces, que fortalece su cuerpo, que lo extiende. No entiendo la cultura sin ese entramado de lenguajes y sin ese puente de ida y vuelta permanente entre lo clásico y lo contemporáneo. Por eso el adanismo es un error, y más aún en la cultura.

Los libros son los tatuajes de la memoria, aseguras. La pérdida del papel de la cultura, de los libros, ¿supone también una especie de amnesia colectiva?

Está claro. Cuanta menos lectura de calidad, de la que te conmociona las ideas o te zarandea las emociones, cuanto menos teatro que te despierte la conciencia o te desvele los abismos, cuanto menos cine que te enseñe algo más que conducir in extremis, follar de mentira o abordar la hondura de las emociones, cuanta menos música te erice de verdad la libertad, la sensualidad, la intimidad de lo que sientes, menos fuerza de superación, de contestación, de formación tendrá la cultura, y más somatizada estará la sociedad a merced de quienes nos entienden como peones o ceros al otro lado de los dígitos que redondean su codicia.

¿Crees de verdad que la cultura es un antídoto contra el narcisismo? Cuando pensamos en el ego, a todos nos viene enseguida a la mente el mundo literario y artístico.

Debe serlo, a pesar de esos egos que haylos y de la ambición de aquellos que pretenden ser omnipresentes. La cultura te enseña igualdad, a sumar al lector, al oyente, al espectador con la autoría y quienes favorecen ese encuentro. La cultura te enseña que siempre hay alguien que sabe más que tú, que existen unos referentes, que saber no es asunto de ayer para hoy, que una trayectoria conlleva tiempo, dedicación, honestidad. Que la cultura es un estado de construcción permanente.

¿Por qué la cultura nunca figura en los programas electorales o si lo hace es ninguneada?

Porque la cultura no arrastra votos cuantitativos, porque la cultura tiene memoria y no se deja manipular, porque a los políticos en realidad no les interesa la cultura. Es suficiente con comprobar cuántos pertenecen a su ámbito en su representación en ayuntamientos, diputaciones, administraciones del Estado. Y cuando han contado con ellos, como sucedió con Semprún, Carmen Alborch, César Antonio de Molina o Guirao, se los sacuden de encima a la primera de cambio.

Un lector no nace, se hace, dices parafraseando a Sartre y Simone de Beauvoir. ¿Cómo se hace un lector?

Libro a libro. Lectura a lectura en disfrute, en reto, viajando de una isla a otra, con curiosidad, detenimiento, preguntándole a lo que se lee, continuándolo desde la emoción. De la biblioteca pública a la construcción de su propia biblioteca.

Un escritor siempre ha de trabajar desde la frontera, afirmas. Pero eso tiene sus peligros, ¿no? No todo el mundo está dispuesto a caminar por la cuerda floja, en tierra de nadie.

Claro. Uno ha de elegir entre ser un funcionario de lo que sea, un burócrata de la estabilidad, un Bartleby o ser un aventurero cuya única certeza es el territorio que explora y va conquistando. Cada texto, cada libro, igual que cada cuadro, documental o composición, debe ser un puente, una conexión y un descubrimiento. La serie warholiniana me aburre, y termina incluso devaluando la fuerza de su origen.

El lenguaje, fundamental para el periodismo y la escritura, se perdió en la enseñanza, afirmas. ¿Cómo recuperar ese lenguaje, tan necesario?

La enseñanza lleva décadas deseducándonos la pasión por el conocimiento. La importancia de la cultura como brújula. Ni te enseñan a pensar, y mucho menos a discrepar. Y del lenguaje sólo la funcionalidad de poner en fila el sujeto y el predicado. Ni sintaxis, ni gramática, ni musicalidad, ni texturas o plasticidad de las palabras. La mayoría, en lugar de enseñarse como mariposas, se divulgan como si fuesen la seda disecada de aquellos gusanos de la infancia, incluso han perdido hasta la variedad de sus colores. Nos sorprenderíamos mucho si les hiciéramos un examen de redacción a muchos profesores.

¿Qué te han enseñado tantos años de dedicación al oficio? ¿El periodismo es el oficio más bonito del mundo, como aseguraba García Márquez? Si tuvieras que empezar ahora, ¿volverías a hacerlo, a pesar de todas las dificultades?

El periodismo me ha enseñado mundos y el oficio de entenderlos. Me ha enseñado personas, estéticas, maneras de combatir injusticias, de emocionar a los demás, la maravilla de la creatividad y todas sus posibilidades. De vivirlo todo eso para contarlo. Del periodismo cultural nunca se jubila uno, y sin duda volvería a enrolarme a pesar de todas sus dificultades. Las cicatrices son también los tatuajes del oficio.

***

Talleres exprés de verano en ‘Escritura Creativa Clara Obligado’:

Taller de periodismo cultural. Impartido por Javier Morales. Lunes 5, 12, 19 y 26 de julio de 19 a 21 horas. Vía Zoom.

Taller de microrrelato. Impartido por Camila Paz. Empezamos el 15 de junio y trabajaremos durante seis semanas

Taller de poesía. Adiós a la solemnidad (Una introducción a la poesía contemporánea). Impartido por Valeria Correa Fiz. Martes de julio, de 18.30 a 20.30 h.

Taller de escritura de naturaleza (Nature writing). Impartido por Javier Morales. Jueves 8, 15, 22 y 29 de julio de 19 a 21 horas. Vía Zoom.

Toda la información e inscripciones: www.escrituracreativa.com

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Comentarios

  • Sebastián Camps

    Por Sebastián Camps, el 27 junio 2021

    Una entrevista para lanzar en ‘prime time’. Inteligentes preguntas y soberbias respuestas, cargadas de honestidad. El periodismo cultural no puede permitirse la osadía y la insensatez de sacar de la escena a Guillermo Busutil y lo ha hecho. Un tremendo despropósito. ¡Una auténtica vergüenza!

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 27 junio 2021

    ¿Comentar? Necesito su objeto. Lo encuentro en esta frase. Difícil elección: “La clave es ser de la Resistencia, ejercer desde dentro la conciencia del independiente.”
    Y de nuevo lo de siempre. Gracias, Morales, gracias, Busutil. Gracias Busutil – Morales. Porque no sé a quién darle gracias, justo las que debo devolver.
    Y de nuevo la matriuska. El truco maravilloso. El juego de hacer de lo mismo y en lo mismo lo diferente. Ejercer desde dentro la diferencia. Ya veo a la muñequita de madera, crisálida dentro de otra crisálida, ejercer la diferencia desde dentro de la igualdad. Ejercer la igualdad desde dentro de la diferencia. La crítica de la esencia. Todo es Matriuska luego Matriuska no existe. Sólo nos lo recuerda, cada una en su propia soledad, ese grito de la diferencia inexplicable. ¡Gritala, boquita pintada y cerrada, boquita matriuska. ¡Grítala!

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