La gran olvidada en los Goya que consagra a Rodrigo Cortés

La gran olvidada en los Goya que consagra a Rodrigo Cortés

Fotograma de ‘El amor en su lugar’, de Rodrigo Cortés.

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Con solo dos nominaciones, mejor dirección de producción y mejor diseño de vestuario, ‘El amor en su lugar’, la nueva película de Rodrigo Cortés, puede considerarse la gran olvidada de los 36 Premios Goya, que se entregarán el próximo 12 de febrero en el Palau de Les Arts de Valencia. Revisadas las otras películas nominadas, el filme del director gallego afincado en Barcelona sería merecedor, en justicia, al menos de otras siete candidaturas, entre ellas, mejor película, mejor dirección, mejor guion y mejor música.

Pero, bien el conservadurismo de los miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (es una película de producción íntegramente española pero cuenta una historia no española), bien el peso del voto de los actores (el elenco principal de El amor en su lugar no es español) o bien un estreno demasiado cercano a las fechas en las que se deciden las nominaciones, ha tenido como consecuencia que la película de Cortés no esté representada como merece en los premios más importantes del cine español. Veremos cuál es el veredicto del público. El amor en su lugar se estrena el viernes 3 de diciembre en salas de cine de toda España. En los Premios Feroz de los informadores y críticos de cine el filme sí ha sido distinguido con las nominaciones a mejor dirección, guion adaptado y música.

Para muchos, el cine es el arte de contar bien una buena historia. El amor en su lugar es una excelente historia contada de forma virtuosa. Su estreno el 12 de noviembre en sección oficial fuera de concurso en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, en el Teatro Lope de Vega, impactó a la audiencia. Una vez terminada la proyección, se hizo un emocionado silencio que el público ahogó con una salva de aplausos y zapatazos en el suelo. Animo a que se organicen funciones del filme en salas teatrales; no hay mejor lugar para ver El amor en su lugar.

Hay mucho del espíritu de la oscarizada La vida es bella (Roberto Benigni, 1997) en lo nuevo de Cortés. Es más fábula moral que retrato realista de la vida en el gueto judío de Varsovia, donde se desarrolla la acción. Allí convivían en enero de 1942 judíos de toda Polonia, ajenos a la decisión de exterminarlos del régimen nazi. La Endlösung (Solución Final) había sido pergeñada por Hitler seis meses antes.

La película toma como base la obra teatral Love Gets a Room, de Patryk Jurandot, que se estrenó en el Teatro Fémina del gueto el 16 de enero de 1942. Allí se representó durante cuatro semanas. Cinco meses después, comenzarían las deportaciones a los campos de concentración. No hay seguramente un momento más terrible en la historia reciente de la Humanidad. De las 400.000 personas del gueto murieron 350.000. Un marco extremo que es todo un desafío para una comedia musical de amores cruzados y eventual evasión, idea brillante que es mérito del guionista alemán David Safier desarrollada por el propio Safier y Rodrigo Cortés.

Lo apabullante del filme es el trabajo de dirección de Cortés, que va mucho más allá de ese largo plano secuencia inicial que te conduce como por un tobogán acuático desde el terror a la escena. El amor en su lugar no es una película pausada. El desafío de Cortés consiste en lograr que las cosas sucedan a su natural velocidad de vértigo sin que el espectador desista por agotamiento. La potencia del trabajo del orensano, que también se encarga del montaje, eclipsa las valiosas propuestas de otros miembros de la troupe, como son la música de Víctor Reyes, la dirección de arte de Laia Colet, el vestuario de Alberto Valcárcel y todas las interpretaciones, empezando por la protagonista, Stefcia, interpretada a la perfección por la cantante y actriz danesa Clara Rugaard.

Hay otro aspecto que también es destacable en el filme. La experiencia de sumergirte en una historia que dura lo mismo que la película, 91 minutos, y que, en ese escasísimo lapso de tiempo, los personajes deban resolver los conflictos que se le presentan unas veces entre bambalinas y otras cantando y bailando ante un público ajeno a la tensión de los acontecimientos que comparten personajes y espectador. Es ese un homenaje al cine dentro del cine, en este caso, teatro dentro del cine, al que tantos autores cinematográficos no se han podido resistir. Un tributo, en fin, a los cómicos del mundo entero, que, entre penurias, mucha ansiedad y algún que otro topetazo con la alegría, desarrollan su trabajo, ajenos –pero no indiferentes– a la potente carga de ilusión y esperanza que este genera.

Las distintas capas de la representación de Cortés, comedia evasiva y angustiante drama, son además igualmente fidedignas de la manera en la que se desarrolla la vida. En su zona más profunda, la película es una reflexión sobre el significado del amor verdadero, el que no es chispazo sino sostenidas brasas candentes, el que abdica del egoísmo y da el premio más importante a la renuncia, a la renuncia incluso de la propia vida.

Con un arranque de carrera tan espectacular como Buried (Enterrado) en 2010 –la película se desarrolla íntegramente con el personaje encerrado en una caja bajo tierra conectado por el exterior con un teléfono móvil, fue nominada a diez premios Goya, entre ellos mejor película­–, El amor en su lugar constituye la consagración como director de Rodrigo Cortés, cineasta perteneciente a una generación de reconocidos virtuosos como Juan Antonio Bayona, Jaume Collet-Serra o Fernando González Molina. Con cuatro filmes internacionales a su espalda, producidos en España pero con elenco internacional e historias no españolas, al ya proclamado Dios Cortés solo le queda una asignatura pendiente: demostrar que puede ser más cercano al entorno que le es natural, abordando historias propias que, a la vez, al igual que sus apuestas anteriores, tengan enfocada su comercialización en el mercado internacional más amplio. Entonces sí que no habrá academia española del cine que lo pare.


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Comentarios

  • Pedro Dominguez

    Por Pedro Dominguez, el 01 diciembre 2021

    Rodrigo Cortés no necesita de los Goya para seguir haciendo películas de la calidad de las que hace. Pero los Goya pierden un gran oportunidad de crecer internacionalmente ya que está película va a ser un éxito a escala mundial. La niña por ejemplo, española ella, hace un papel digno De Goya a actriz revelación y la protagonista de Oscar. Premios aparte una película digna de ver en el cine en versión original.

    • Luis Roca Arencibia

      Por Luis Roca Arencibia, el 01 diciembre 2021

      De acuerdo, el tirón de orejas no es a Cortés claro, sino a la Academia, porque como dices, son los premios más importantes y debería estar donde merece. Lo de la niña lo desconocía, gran aportación, gracias.

  • Jose Luis

    Por Jose Luis, el 01 diciembre 2021

    La música no es de Fernando Velázquez es de Víctor Reyes

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