La trapecista sueña que de su vientre brota un bebé con alas diminutas

La trapecista sueña que de su vientre brota un bebé con alas diminutas

Foto: Pixabay.

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Segundo ‘Relato de Agosto’ en colaboración con el Taller de Escritura Creativa. A los participantes se les dio una única consigna: escribid sobre el futuro. A lo largo de este mes veremos el resultado. Hoy nos vamos al circo: “Tras el último pase de la noche, el director del circo cuenta la recaudación famélica en la taquilla y le dice al payaso enano que la gente ya no se divierte como antes, ahora hay demasiada oferta, mucho donde elegir. Mientras, la trapecista sueña que de su vientre brota un bebé con alas diminutas”.

POR NURIA SIERRA CRUZADO

“Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte” (Miguel de Unamuno).

Desde que la probabilidad se convirtió en certeza, ella ya no se encontró a gusto en las alturas. Aquella noche, al ponerse boca abajo en el trapecio, le entró un mareo. Los ojos del lanzador de cuchillos persiguieron su vaivén en el más difícil todavía. Sobre el escenario no había red. Sudaba, las piernas le temblaron en el doble salto mortal. Pensó que caería. Pero nada de eso ocurrió. Su compañero la sujetó con cuidado por las muñecas y la elevó por la cintura. En la pista, los aplausos y bravos coronaron su proeza elástica. Era la trapecista con más glamour, así lo anunciaban los carteles. Sin embargo, cuando se encontró a salvo en el círculo de luces, no pudo saludar al público. Solo se sujetó la barriga y vomitó.

El circo era su vida desde que tenía 15 años. Se unió a ellos cuando actuaron en su pueblo, poco más que una aldea de costa lamida por el salitre y la desesperanza. Abandonó a su familia, un nido de gritos y llantos. Se embarcó en un viaje infinito por montañas, mesetas, playas, trazando un mapa deshilvanado entre ensayos y puestas en escena. Estaba enganchada a la vida errante, a dormir en la caravana, a usar baños portátiles. Un ambiente propicio para las estrecheces, para las confianzas que acaban con un encuentro inesperado bajo las gradas, un forcejeo que su cuerpo flexible no es capaz de evitar. Huyendo de los cuchillos, ella se encontró con uno apuntando a su yugular. Ahora lo sabe, es imposible escapar al destino igual que el conejo de la chistera del mago. Ya era tarde para deshacer lo hecho, mejor callarse porque todos en el circo dicen que el espectáculo debe continuar.

La mujer del lanzador de cuchillos se ha vuelto desconfiada desde que se quedó coja. En el parte de baja escribieron accidente aunque ella sabe que la puntería no es amiga del alcohol. Sospecha que algo pasa, que su marido se levanta de madrugada y vuelve con olor a talco. Ella se hace la dormida y piensa en cuántas noches más aguantará quieta en la diana.

Tras el último pase de la noche, el director del circo cuenta la recaudación famélica en la taquilla y le dice al payaso enano que la gente ya no se divierte como antes, ahora hay demasiada oferta, mucho donde elegir. Guarda los billetes en el forro de la chistera, coge la linterna y se abre paso como un viejo león hambriento entre los remolques. Mientras, la trapecista sueña que de su vientre brota un bebé con alas diminutas y la boca llena de dientes de acero.

Unos golpes en la puerta la despiertan. En el duermevela cree que son los brazos del bebé batiendo con fuerza, convertido en un buitre que levanta el vuelo. Por la ventana de la caravana intuye la chistera. Al abrir, el director cierra con un portazo y le dice que lo sabe, que no quiere líos, muchacha, que cuando eso empiece a crecer, imagínate los comentarios, que ya no me sirves, que nunca fuiste de los nuestros, márchate mañana mismo, que te busques otro futuro.

Antes del amanecer, la carpa como una piel muerta estará esperando a ser doblada y guardada. Los primeros operarios ya tomarán café en los camiones. Ella saldrá sin hacer ruido, deslizando una maleta pequeña que contendrá su álbum de recortes, fotos de sus piruetas. Colgado en el armario quedará su maillot de lentejuelas. Caminará hasta el pueblo por el arcén, subiéndose la cremallera del chándal. Preguntará por la estación de autobuses y se montará en el primero. No importará el porvenir siempre que sea tierra firme.


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Comentarios

  • nieves

    Por nieves, el 10 agosto 2021

    Me ha gustado mucho, enhorabuena

  • Carmen

    Por Carmen, el 03 septiembre 2021

    Atrapa el cuento. Su prisa es impecable,

  • Carmen

    Por Carmen, el 03 septiembre 2021

    Corrijo, “prosa” (no, prisa)

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