La victoria del PSOE hace 40 años vista desde el ‘Avión Club’

La victoria del PSOE hace 40 años y la Transición, vistas desde el ‘Avión Club’

Detalle del cartel electoral del PSOE en la campaña de 1982.

Recientemente se han cumplido 40 años de la enorme victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982. Una victoria desaprovechada. Una Transición con tantas sombras como lunes. Uno de los periodistas y escritores que mejor ha narrado la Transición y los años ochenta, Carlos Santos, nos lo contaba en ‘Avión Club’, y hoy queremos recordar esta gran novela, que cuenta la vida en el Avión Club, un bar emblemático de la Movida madrileña.

Son bastantes los lectores (perdonen la publicidad propia) que me preguntan por qué he situado mi última novela, Monfragüe, en 1982 y no en otro momento. De entre los motivos, la mayoría estrictamente literarios y personales, hay uno que tiene que ver con un hecho histórico que cambió el rumbo de este país: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones. Yo tenía entonces 14 años y recuerdo muy bien la esperanza que supuso ese triunfo para las clases trabajadoras y medias de este país, aunque una parte importante de la izquierda del PSOE no lo viera con tanto optimismo, más bien todo lo contrario.

La realidad les dio la razón enseguida. Aunque el momento histórico era complicado, creo que el Gobierno de González fue una oportunidad perdida en muchos aspectos. Por ejemplo, se podría haber abandonado el desarrollismo y apostar por un modelo económico mucho más sostenible y justo. Pero no fue así. Recordemos que fue Carlos Solchaga, ministro de Economía, quien dijo aquello de que quien quisiera hacerse rico rápidamente que viniera a España.  Otro ministro socialista, Enrique Barón, desmontó la red ferroviaria regional para favorecer el transporte por carretera. La España vaciada se vació aún más y hoy pagamos las consecuencias.

Los ochenta fueron también una época la que por fin podía respirarse un cierto aire de libertad, desprejuiciado, en el que nos íbamos destapando poco a poco. Uno de los periodistas y escritores que mejor ha narrado la Transición y los años ochenta, Carlos Santos, nos lo cuenta en Avión Club (La esfera de los libros). Publicada en 2017 (en esta Área de Descanso no escribimos bajo la tiranía de las novedades), la novela está escrita con gran pulso narrativo y retrata con plasticidad la vida en el Avión Club, un bar emblemático de la Movida madrileña. La historia nos la cuenta a través de la mirada de César, el pianista, en cierta forma una especie de alter ego del autor, conocido melómano y caminante.

Carlos Santos, periodista de RNE, mezcla con acierto la realidad y la ficción y nos pinta un fresco de una época que ha marcado la historia reciente de España. Nuevos ricos, heroinómanos, músicos, bohemios, artistas en ciernes… Por el Avión Club, que cerró sus puertas en 1994, pasaron todo tipo de personajes.

‘Vuelo de reconocimiento’

Uno entiende a veces mejor una época a través de una novela que con un ensayo sesudo. Y eso ocurre con Avión Club. O con Vuelo de reconocimiento (Tres Hermanas), el primer libro de relatos de María Castro Hernández. Con una prosa digresiva, muy oportuna para el recuerdo y la remembranza, la escritora madrileña excava en el pasado de los personajes que integran los cinco cuentos del libro: un corresponsal español en Londres en el verano del 68, cuando aquí apenas se empezaba a oler la libertad; una emigrante que tuvo que dejar a su hija en Paraguay, su país de origen; una mujer alemana casada con un judío cuando se impusieron las leyes raciales de los nazis;  la memoria republicana… Hay relatos en este libro en los que a veces se impone el dolor, y la literatura no puede hacer nada al respecto, salvo narrar esa herida. Pero en otros sobrevive una luz y un consuelo a través de las palabras. Un gran debut en el género breve de María Castro.


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Comentarios

  • Juan

    Por Juan, el 11 diciembre 2022

    Los políticos de ahora ignoran el daño que causan con «su nueva ideología».
    Uno de los principio de esta nueva ideología estaría en el concepto de Biopoder. Biopoder es un término originalmente acuñado por el filósofo francés Michel Foucault para referirse a la práctica de los estados modernos de «explotar numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar la población».
    La teoría queer se inspira en este filósofo francés. La imposición de los “conceptos» hombre mujer, en la teoría queer, se creen una imposición del capitalismo. Al ser “ imposición» es totalmente injustificada.
    En esta posmodernidad, influida por esta nueva ideología queer, las relaciones humanas tienen que determinarse, en una “nueva realidad”, con fluidez. Todos podemos elegir a nuestra elección. Con esto se incluye la elección de nuestra naturaleza humana. Con este nuevo “credo» se niega la veracidad de la ciencia como principio de ningún conocimiento de la naturaleza humana para describir ninguna relación humana. Todo viene determinado por la “voluntad» de cada ser humano verificado por su sentimiento mas íntimo.
    Con este convencimiento la posmodernidad se ve en una encrucijada. Se “normaliza» la “fluidez sexual» de los cuerpos humanos.
    Se puede imponer esta nueva concepción del cuerpo humano por estar convencidos de que son derechos humanos. Pero no deja de ser una forma de pensamiento ideológico fruto de querer “liberarse» de un capitalismo opresor.
    Pero contrariamente a lo que se cree van precisamente en sentido contrario de los mismos derechos humanos. El artículo 12 de los derechos humanos dice que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
    Imponer esta nueva formulación del concepto de humanidad, una nueva formulación de las libertades humanas, que hay que “inculturar a toda la sociedad», porque “son derechos humanos», es una nueva forma de práctica de totalitarismo político. Su finalidad última sigue siendo una igualdad utópica, un socialismo utópico, o una humanidad que se cree por encima del orden natural.
    La educación que se imparte en escuelas es consecuencia de este nuevo paradigma. Pero la realidad de la naturaleza humana siempre se impone por encima de cualquier ideología. Cuando las personas educadas en este nuevo paradigma entra en conflicto con la naturaleza real de las relaciones humanas, la confusión les lleva a “irrealidades naturales” y se convencen de cosas inexistentes, como que su cuerpo es algo que va contra su naturaleza
    Los políticos que nos gobiernan tienen una ignorancia absoluta sobre estas cuestiones. Creen que actúan defendiendo derechos humanos. Pero hacen todo lo contrario, los destruyen.

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