Lecturas imprescindibles para verano: ‘A corazón abierto’, de Elvira Lindo

Lecturas imprescindibles para verano: ‘A corazón abierto’, de Elvira Lindo

La escritora Elvira Lindo.

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En julio y agosto, la autora de la sección ‘Con firma de mujer’, Sonia Fides, nos va a recuperar cuatro lecturas que ella considera imprescindibles, cuatro recomendaciones de libros que no son estrictamente novedades, pero que merecen ser incluidos en nuestras maletas de verano. Arrancamos con ‘A corazón abierto’ (Seix Barral, 2020), de Elvira Lindo, sobre la apasionada y tormentosa relación de sus padres. ¡Qué difícil es hacer balance de las actitudes de los padres cuando su vida se acaba y asistimos a la quietud del tramo final de la existencia! Elvira Lindo lo ha conseguido, con la brutalidad lírica de una confesión.

En ocasiones, un libro te busca sin descanso y sin siquiera sospecharlo es capaz de habilitar entre él y su objeto de deseo un cordón umbilical que va mucho más allá de los tendones y la carne.

Hay libros que se escapan con esa rapidez que se le atribuye al último suspiro de un ahorcado y que, sin embargo, tarde o temprano, acaban traspasando nuestra piel con la misma rotundidad con que traspasa una rata la delgada ranura de una puerta que desde fuera se imagina infranqueable.

Y eso es exactamente lo que a mí me ha pasado con A Corazón abierto, el último libro de Elvira Lindo (Cádiz, 1962).

Un libro que, como intuí desde que supe de él, no me ha defraudado.

Un libro en el que no falta ni el orgullo, ni la vergüenza, ni los defectos ni las virtudes, ni las luces ni las sombras. Un libro que posee una descomunal vertiente calidoscópica, pero que tan bien sabe atribuirle el mérito que merecen las imágenes de oscuridad corrosiva y extrema que habitan en los álbumes de fotos de todas las familias.

Elvira Lindo ha construido un diario duro, un mural en el que los actos de algunas de sus figuras atentan una y otra vez contra el bienestar de quien lee:

“Estábamos en casa de la mujer que no había querido prestar el dinero para la operación de mi madre. Un millón de pesetas. Y mi madre estaba obligada a estar allí, a comportarse como una nuera”.

Pero por fortuna no se ha conformado con ese preciado bien que es para un escritor explotar las habilidades de los malvados, de los inmisericordes, no, Lindo introduce referentes que hacen de este libro un testimonio valiosísimo.

Lindo disfruta amasando la concordancia emocional de dos personajes que son todo, que son claves en este libro, Paquito y la tía más querida,  como ella la llama, dos personajes que enriquecen y convierten esta completísima elegía de vigor ambivalente (a ratos turbio, a ratos cristalino) en un peso pesado dentro de la literatura confesional:

“La tía más querida, con esa disposición que podría parecer frialdad a quien no supiera que el amor se manifiesta también amortajando parientes y limpiando moribundos, baja la sábana y abre el camisón de aquella anciana de cuarenta y dos años que lejanamente recuerda a la madre”.

“Era mi tío Paquito un niño eterno ya entrado en la treintena, de piel blanquecina y carnes lechosas. No podía resistir la alegría que le provocaba nuestra presencia. Paquito era la única aparición angelical en aquella casa refractaria a la ternura. Sentado solito y misterioso. Al entrar en el cuarto de baño, allí estaba de pie, como si no supiera  cuál era el paso siguiente a haber meado, con los pantalones del pijama a rayas por las rodillas, paralizado, esperando a que viniera su madre a asistirlo, mostrando sin pudor el único miembro de su cuerpo que le delataba como adulto”.

Me han deslumbrado muchos de los espacios titánicos de esta confesión, pero sobre todo me ha deslumbrado la manera en que su autora construye árboles genealógicos que se comportan como plantas carnívoras. Me ha encantado la brutalidad lírica de algunos pasajes, su lirismo perseverante, pero muy lejos de la estructura poética, maniobrando siempre sobre la piel de la emoción útil. Rasgando siempre el interior de esa carne que la memoria cree que ha sellado herméticamente.

¡Qué difícil es hacer balance de las actitudes de los padres cuando su vida se acaba y asistimos a la quietud, a la indefensión que va construyendo la muerte mientras llega!

Me ha emocionado mucho este testimonio capaz de hacer respirar a muchas generaciones. La intrínseca frescura con que actúa el pulso narrativo de Elvira Lindo mientras avanza la edificación de la semblanza paterna, materna, familiar. La sencillez de las imágenes, la huida frenética de lo académico, de lo literario, tan sincera que recorre la espina dorsal de un país entero con el brío kamikaze con que una montaña rusa amansa la arrogancia de la fuerza de la gravedad.

A corazón abierto posee matices que hacen de esta biografía un territorio de verdad que había sido borrado y que sigue siendo transparente en la mayoría de los mapas de este país, de esta patria cuya mitad tiene el aliento podrido que prometía la fanfarrona y cariada boca de Millán Astray.

No es un libro condescendiente, no, es un fruto áspero y ácido, aunque algunas veces muestre el efecto de esa dulce pulpa que se esconde en algunas de sus páginas, en alguno de sus párrafos. Lindo ha venido a contar la verdad, la imperfección que llevan implícitos todos los tiempos verbales que ha de habitar un ser humano y lo hace con una firmeza  filosa que paradójicamente no destruye, sino que se aferra en inventariar de esa manera ordenada en que un niño le reza a Dios todas la oraciones que sabe el porvenir que subyace siempre en el pasado de una persona.

En resumen, A corazón abierto es un libro magnifico, imprescindible, un libro  que no debéis negarle a vuestro verano ni a vuestra vida lectora. Recordad que en ocasiones las palabras que nos nombran solo pueden fabricarse gracias  a  la generosidad de  otra  boca.

‘A corazón abierto’. Elvira Lindo. Seix Barral. 384 páginas.

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Comentarios

  • Raquel

    Por Raquel, el 17 julio 2021

    Mi madre falleció el año pasado y mi padre se fue hace unos años. Ambos eran niños de la posguerra y al leer tu libro he comprobado con asombro muchos patrones comunes. Todos ellos han vivido estigmatizados por aquella contienda y sus secuelas porque, en muchos casos, fueron víctimas del abandono emocional de los padres. Se repite sin cesar el trauma de unos padres que dejan a hijos con tías y tíos despiadados y a partir dd ahí cada uno tuvo que sobrevivir a su manera.
    Me he emocionado mucho el cuento final.
    Gracias Elvira. Nuestras ideas políticas no coinciden pero sí las mismas vivencias y el poso que dejan.

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