León Ferrari en el Reina Sofía: ¿Dónde está Dios con la que está cayendo?

León Ferrari en el Reina Sofía: ¿Dónde está Dios con la que está cayendo?

León Ferrari. Sin título (de la serie ‘Relectura de la Biblia’). Collage. (Anunciación -Fra Angélico- e imagen erótica oriental. Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo.

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Como si la controversia que le acompaña de serie no fuera suficiente, León Ferrari solo podía celebrar su centenario en tiempos realmente convulsos. Confinados, infectados, sitiados por la naturaleza espoleada por el descuido al que la sometemos. ¿Dónde está Dios con la que está cayendo?, preguntamos a los detractores de un genio que convirtió su vida y su obra en una revolución permanente. A Ferrari se le disfruta frente a frente, y se le ataca con más rabia que coraje, desde la barrera. Visitamos la amplia muestra que le dedica el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía hasta abril.

A las puertas del Reina Sofía, personas capaces de creer en Dios y negar la existencia del hielo.

–¿Por qué está usted en contra de esta muestra?

–Porque eso ni es arte ni es nada.

–Pero, ¿la ha visto?

–Ni falta que me hace…

De nuevo, cuestión de fe.

Los ataques a la estancia de Ferrari (Buenos Aires, 1920-2013) en Madrid se prometían más virulentos pero, entre unas cosas y otras, el sofocón de los castos se ha quedado en una denuncia formal por parte de la Asociación de Abogados Cristianos contra Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. Dicen que en esas salas hay “incitación al odio y graves delitos contra los sentimientos religiosos”.

Mientras, las 300 piezas del ingeniero argentino siguen cada una en su lugar, en un orden nada cronológico donde en la primera sala, de título, La Justicia y los Juicios, nos recibe la obra Juicio Final (1994). La honestidad terrenal y la divina en un duelo representado por las escenas de dicho Juicio, bajo una capa de excrementos de ave. Así lo explica una de las comisarias, Andrea Wain: “En el más allá, según Ferrari, no hay Paraíso alguno, tampoco rastro de derechos humanos. Así que nuestra condena será eterna”.

La importancia de los frentes, en contra y a favor, de sus obras más polémicas queda reflejada en el mural colocado junto a La Justicia, instalación originariamente compuesta por una jaula de un metro cuadrado, en cuyo interior una gallina viva aliviaba su molleja llenando de heces la balanza que representa la equidad. Pues bien, en 1991, la Sociedad Argentina Protectora de los Animales denunció maltrato hacia el ave. “¿Esto es arte? ¡Andáte a recagar, hijo de una gran puta!” reza el intolerante comentario escrito por los defensores de la pita, que gracias a Ferrari se zafó de acabar en la cazuela, acumulando, además, muchos minutos de gloria. Con todo, hubo que reconsiderar el papel del animal, que pasó a presentarse en su versión más siniestra: disecada. A su lado, el mural con los mensajes que criticaron la obra y la carta escrita por la Asociación Protectora de Animales. ¡Dejad que los enemigos se acerquen a mí!, debió de pensar Ferrari considerando todos y cada uno de los reproches, habilidosamente llevados hasta su terreno.

León Ferrari. ‘La civilización occidental y cristiana’. 1965. Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo.

León Ferrari. ‘Dad’. (De la serie ‘Electroicartes’), 2002. Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo.

En su vertiente más poética, Ferrari disfruta dibujando versos. De Jorge Luis Borges, un fragmento de La Espera. “Antes de que suene el presuroso timbre… En mi pecho el reloj de sangre mide el temeroso tiempo de la espera”, escritos en un torso de mujer, igual que trabajó con Rafael Alberti. Trazos rabiosos en tinta china, recortes de prensa llenos de tachaduras, intervención de fotografías o apropiación de las imágenes de los artistas admirados y, entre lo más hilarante de la exposición, disfrutamos con la serie Relectura de la Biblia. “Para Ferrari, la religión limita nuestra existencia a un círculo cerrado que estrenamos pecando y terminamos penando”, comenta Wain frente a los collages donde respetables escenas religiosas se ven jocosamente interrumpidas por imágenes sexuales, bélicas o científicas, que revisitan los textos religiosos del Antiguo y Nuevo Testamento. Ejemplo: Una pareja oriental practica sexo en presencia de San Agustín o de la Virgen María, colándose en el mismísimo instante de la Anunciación. O el Espíritu Santo bendiciendo con su presencia un acto de exaltación a Hitler.

¿Cuántos selfis nos habremos hecho junto a la escultura de Ferrari La Civilización occidental y Cristiana? Un Cristo santero crucificado en un avión de combate de los utilizados en Vietnam, de madera pintada. La pieza, que escandalizó al antes arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, en la misma sala del también célebre Hongo Nuclear, altivo y encarnado. “Fruto de la conmoción que le supuso a Ferrari la Guerra de Vietnam y el avasallamiento americano, el papel de los medios de comunicación y la tortura. Intención válida para los siguientes conflictos bélicos”, explica la comisaria Andrea Wain. Con dicha obra, a la que todos llaman el avión de Ferrari, el artista consiguió el León de Oro en la 52º Bienal de Venecia.

“Castigar al que piensa distinto es la mayor de las intolerancias”, reflexionaba Ferrari con motivo de su antológica en el MoMA de Nueva York en 2009. Inspirado por la realidad y la religión, Ferrari también interviene el concepto del infierno, llenándolo de Santos e instrumentos cotidianos de aire pop, para que cada cual escoja el formato más adecuado para el descanso imposible de su vida pecadora.

Tres fechas clave en la existencia del artista. 1952: Ferrari se desplaza a Italia para que su hija mayor sea tratada de una gravísima meningitis tuberculosa. 1976: el artista se exilia a Brasil. 1977: su hijo Ariel, militante montonero, desaparece en manos de las fuerzas represivas del Estado argentino tras el golpe militar. Arte, política y vida.

La muestra, La Bondadosa Crueldad, cerrará sus puertas el 12 de abril , pero Ferrari no se va del todo. 15 collages, dibujos, escultura, vídeo y uno de los Juicios Finales de su serie Excrementos, más 219 copias únicas de objetos y series entre las que destaca la instalación La Justicia/V Centenario de la Conquista de América, se quedarán en el Museo Reina Sofía, gracias a la donación familiar.

Que la exposición es un poema, en el mejor sentido de la expresión, lo justifica el título. Así se llamó el libro de poesía y collages, La Bondadosa Crueldad, editado en 2000 en Buenos Aires.

Por último, los despistados de moral intachable han sido tenidos muy en cuenta. Un letrero advierte que lo expuesto podría herir ciertas sensibilidades. El que avisa no es traidor.

“Lo único que le pido al arte es que me ayude a decir lo que pienso con la mayor claridad posible, a inventar los signos plásticos y críticos que me permitan con la mayor eficiencia condenar la barbarie de Occidente; es posible que alguien me demuestre que esto no es arte; no tendría ningún problema, no cambiaría de camino, me limitaría a cambiarle de nombre: tacharía arte y lo llamaría política, crítica corrosiva, cualquier cosa” (León Ferrari).

Programa completo y más información sobre el ciclo: aquí. Se podrá asistir a las proyecciones de manera presencial (gratuita hasta completar aforo) y en paralelo funcionará una plataforma online: gratuita a través del canal del Museo Reina Sofía en Vimeo.


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Comentarios

  • ÁNGEL

    Por ÁNGEL, el 23 enero 2021

    Porqué el PAPA se ha puesto la vacuna contra el virus si es el mayor representante en la tierra del supremo (DIOS ) o quizas no tenga tanta confianza en su propia religión

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