Lo que faltaba: nuestra galaxia, la Vía Láctea, no es como creíamos

La Vía Láctea. Foto: Allysson Macario

La astronomía ha fascinado a la Humanidad desde sus mismos orígenes. Múltiples culturas y civilizaciones, separadas entre sí por miles de kilómetros –e, incluso, por varios siglos–, han mostrado un gran interés por el firmamento. Sólo hay que acudir a los mayas o a los sumerios para comprobarlo. Por ello, cualquier novedad relacionada con el Cosmos genera una gran atención entre la ciudadanía. Una de las últimas novedades en este ámbito se encuentra vinculada con la Vía Láctea. Astrónomos adscritos a la Academia de Ciencias de China y del Observatorio de la Montaña Púrpura, emplazado en la ciudad de Nanjing, aseguran que posee una forma propia de las “galaxias comunes”, según han confirmado en un estudio publicado en la revista ‘The Astrophysical Journal’. De esta forma, y frente a lo que se pensaba hasta ahora, cuenta con múltiples brazos, y no solamente con cuatro de tipo espiral, que se extendían desde el centro. Con esta nueva teoría, se rompe con lo que se ha defendido durante los últimos decenios.

Para llegar a dicha conclusión, los mencionados investigadores han empleado datos astrométricos de alta precisión. Gracias a ellos, han tenido la oportunidad de rastrear e identificar los diferentes brazos de la Vía Láctea. Así, y según el astrónomo Xu Ye, la misma “ha dejado de parecer especial”.

No en vano, existen tres grandes tipos de galaxias. En primer lugar, las de tipo espiral de gran tamaño, que se caracterizan por “brazos espirales muy bien definidos, largos y simétricos”, explica Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional de España, en declaraciones a El Asombrario. El segundo grupo recibe el nombre de “floculentas” y se encuentran “fragmentadas, distinguiéndose –en ellas– muchos segmentos cortos, irregulares y en parches”. Además, existe “un tipo intermedio entre estos dos extremos, compuesto por las espirales de múltiples brazos, que son las más comunes”.

Hasta ahora se creía que nos constituíamos como una de cuatro ramales bien definidos. Sin embargo, “el estudio liderado por el astrónomo Yi Xu, del Observatorio del Monte Púrpura en Nankin, concluye que los brazos espirales de nuestra galaxia pueden ser mucho más largos de lo que se pensaba hasta ahora, llegando a alcanzar las regiones galácticas más periféricas”, confirma Rafael Bachiller. Por tanto, “ya no pertenecería a aquel tipo tan especial de cuatro extremidades bien simétricas, sino que se encuadraría en el grupo más corriente, con múltiples ramas largas e irregulares”. Es decir, se incluiría en la tercera de las categorías mencionadas…

Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores chinos, “que han combinado los datos del telescopio europeo Gaia con medidas realizadas con radiotelescopios, consideran que a los dos grandes brazos espirales simétricos que cruzan las constelaciones de Perseo y Norma, se suman otros muchos más irregulares que pueden apreciarse en Centauro, Sagitario y la Quilla (Carina)”, relata el director del Observatorio Astronómico Nacional de España.

Estas conclusiones se han obtenido a partir de modelos cinemáticos que tratan de simular tanto las posiciones estelares como sus movimientos. No obstante, y según la opinión de Rafael Bachiller, “los resultados de estas investigaciones no están exentas de ambigüedades. Otras geometrías espirales ligeramente diferentes podrían explicar los datos de manera igual de satisfactoria. Por eso, hay que seguir observando el cielo”. Además, “Gaia todavía no ha concluido su misión y no ha proporcionado todas sus informaciones, mientras que, en ondas de radio, una nueva generación de radiotelescopios ya en construcción –como el gigante SKA o el VLA– aportarán muchos más detalles”.

La relevancia del conocimiento estelar

Pero, ¿qué impacto y transcendencia tienen estas nuevas investigaciones? “Conocer la Vía Láctea, su forma y estructura, es comprender la gran ciudad cósmica en la que habitamos”, relata el director del Observatorio Astronómico Nacional de España. Sin embargo, “de la misma manera que una persona que pasea entre los árboles tiene dificultades para saber cómo es el bosque en su conjunto, a nosotros, ubicados en la periferia de la galaxia, nos resulta extremadamente complicado llegar a saber cuál es su estructura real”.

Una opinión que es compartida por los astrónomos chinos responsables de la teoría que acaba de publicarse. “La determinación de la estructura espiral detallada de la Vía Láctea ha sido, durante mucho tiempo, un asunto difícil en astronomía. Una circunstancia que ha ocurrido debido a que nos encontramos profundamente incrustados en el disco galáctico, donde se suceden múltiples características estructurales superpuestas a lo largo de la línea de observación”, explican en su artículo What Does the Milky Way Look Like?

De hecho, “nunca podremos salir de la Vía Láctea para verla desde fuera, pero sí que tenemos la oportunidad de cotejar la distribución de estrellas que vemos en nuestra galaxia con otras cercanas”, confirma Rafael Bachiller. Esta última metodología la llevan aplicando los científicos desde hace más de dos siglos, aunque las investigaciones –y, por tanto, el conocimiento– han avanzado de forma muy notable durante la última década.

Más concretamente, desde 2013, cuando Europa lanzó el telescopio Gaia, con “la misión de medir las posiciones de mil millones de estrellas”. Gracias a ello, “está siendo posible ubicar cada astro en el espacio con una precisión altísima. Y, a partir de estas posiciones, es posible reconstruir la estructura espiral de la Vía Láctea con un finísimo detalle”, explica el director del Observatorio Astronómico Nacional de España. “Las galaxias espirales externas también pueden actuar como un espejo para ayudarnos a entender mejor la morfología galáctica”, se indica en What Does the Milky Way Look Like?. Un trabajo que, precisamente, ya se está realizando gracias a los nuevos avances en la observación astronómica.

Un poco de historia

No en vano, el interés por el Cosmos ha estado siempre presente en la Humanidad. “Desde hace miles de años, los hombres han podido observar durante las noches de verano más oscuras una banda de luz que cruza el cielo de extremo a extremo. Los griegos vieron en ella un rastro de leche derramado por Hera y, por ello, la denominaron Vía Láctea”, explica Pablo de Vicente Abad, en su trabajo Viaje al centro de la Vía Láctea. Pero más allá de la mitología, en 1610 Galileo descubrió que nuestra galaxia “estaba formada por estrellas y no por material nebuloso, como se había sugerido hasta entonces”.

De acuerdo a los datos otorgados por la astronomía, la misma contendría más de 100.000 millones de estrellas –incluso, algunos recuentos aumentan esta cifra hasta los 400.000 millones–, entre las que se incluiría el Sol.  El diámetro medio de la Vía Láctea se había estimado, tradicionalmente, en unos 105.700 años luz. Sin embargo, investigaciones recientes han ampliado esta cifra hasta los 200.000.

En cualquier caso, se distinguirían tres partes. En primer lugar, el halo, que se constituye como una estructura esferoidal que envuelve al conjunto. En esta parte, la concentración de estrellas es muy baja y apenas cuenta con nubes de gas. Además, presenta una gran cantidad de materia oscura. Asimismo, se debe mencionar el disco, compuesto de forma mayoritaria por soles jóvenes. De hecho, es el emplazamiento donde se concentra la mayor cantidad de gas y en el que –todavía hoy– se desarrollan procesos de formación estelar. En este lugar se distinguen los brazos espirales. La tercera parte es el bulbo, que se encuentra en el centro galáctico. Es la zona con mayor densidad de soles. Normalmente, presenta una forma esferoidal achatada.

En la actualidad, y gracias a los diferentes progresos astronómicos, se han podido conocer con más exactitud diferentes elementos de nuestra galaxia. Sin embargo, se ha tratado de un esfuerzo colectivo. Han sido varios los especialistas que, a lo largo de la historia, han aportado su granito de arena. Ya se ha mencionado a Galileo Galilei, a inicios del siglo XVII, o el nuevo trabajo del liderado por el Yi Xu, que se ha publicado recientemente. Pero en toda esta trayectoria también han partido nombres como los de Herschel –a finales del XVIII–, Eddington, a inicios del XX, o Shapley, quien también desarrolló su producción durante el pasado siglo.

A pesar de estos esfuerzos, la Vía Láctea no se encuentra sola en el Universo. Todo lo contrario. Según Christine Allen, las “galaxias externas” –aquellas que son independientes y ajenas a la Vía Láctea– más cercanas se encuentran a unos 150.000 años luz de nuestra posición. Se tratarían de las Nubes de Magallanes –considerada como una “galaxia satélite”–, mientras que Andrómeda se ubicaría a dos millones de años luz.

Por tanto, nos encontramos ante una realidad de dimensiones inconmensurables para la perspectiva humana. Quizá por ello siempre ha generado una gran fascinación en el ser humano. La grandiosidad del Universo ha sido seductora desde hace milenios. Incluso formó parte de la mitología clásica. Este interés también ha generado que la ciencia se centrase en dicha disciplina, a través de especialidades como la astrofísica, cuyos investigadores han permitido conocer un poco más a fondo el Cosmos. Sin embargo, todavía queda mucho por explorar, lo que abre un camino apasionante. Al fin y al cabo, y como señaló el investigador y divulgador científico Carl Sagan: “Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo”.

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