Lola Lapaz y esa ‘extraña enfermedad’ que se llama juventud

Lola Lapaz y esa ‘extraña enfermedad’ que se llama juventud

La escritora Lola Lapaz.

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La audacia y la transgresión a veces se comportan como sendas armas de doble filo al ser desplegadas por un autor sobre la carne de una primera novela. Hay que tener el pulso muy firme y los referentes muy claros para no caminar hacia el desastre más absoluto al tratar de hacerlo. Lola Lapaz (Barcelona, 1974) lo sabe, por ser la lectora que es, y eso hace que ‘La juventud era una extraña enfermedad’, su debut literario, sea una deliciosa y adictiva suerte de miscelánea emocional y generacional que conmueve y sacude la memoria de quien lee. Una historia sobre una joven perdida en la maraña de sus contradicciones y sentimientos.

Un homenaje impecable al universo de la gran Carmen Martín Gaite, en el que renombra a una de sus protagonistas, Elena, con el apellido de las dos descomunales protagonistas de Nubosidad Variable, Sofía Montalvo y Mariana León. Aunque he de decir que, a pesar de este hecho tan evidente, sin duda su novela saca sus deliciosos mimbres de la rupturista El cuarto de atrás, de ese misterio que supone estar vivo y que los desconocidos rodeen tu presente hasta tratar de hacerlo suyo.

Como ya he dicho, todo en esta cuidadísima novela lleva a La Gaite y, sin embargo, este férreo homenaje se aleja por completo de ese engarce obsesivo e inútil que hubiese llevado a la autora al desastre total.

Los títulos de sus capítulos son puro andamiaje generacional, pura literatura, y la banda sonora que comparte, un testamento de piel bendecida por la inteligencia. Cohen, Rosenvinge, Rodríguez y un largo etcétera que llena de plasticidad cada párrafo.

La juventud era un extraña enfermedad suena a ensoñación, a fracaso, a victoria y a dolor, suena como una de esas canciones inolvidables que hacen cambiar de opinión a esos abismos que tanto y tan bien persiguen a diario a los seres humanos. En ella, la autora nos cuenta una historia de amores cruzados, de amores inventados, de desamores agónicos y de luz, de mucha luz.

Lapaz comparte reflexiones únicas y tan alejadas de la filosofía strictu sensu, que nos ofrecen la posibilidad de pensar que han salido de nuestra propia cabeza:

“El dolor es oler una y otra vez el mismo silencio”.

Lapaz narra con una naturalidad desbordante y nos cuenta la historia de una mujer que cree que la mentira es ese bote salvavidas que nos librará de ser náufragos.

Pero no teman, ésta es una novela llena de verdad, de reconocibles fotos, de audibles retazos de conversaciones que alguna vez nos pertenecieron.

Todo en ella rezuma habilidad narrativa. No todos los escritores se atreverían a completar de la forma en que ella lo hace la personalidad de una de sus protagonistas. No todos los escritores se atreverían a olvidarse de la narrativa para hacer grande a un personaje a través de una valiosa cantidad de versos. Porque Elena Montalvo/Elena León sería otro personaje sin ese sedimentado apéndice que resulta ser el poemario Los monstruos que regresan para quedarse son los más peligrosos, con que Lola Lapaz complementa una novela de una humanidad inagotable, de una precisión emocional admirable.

Con qué sutileza enuncia y resuelve la emoción esta joven novelista… Cómo logra hacernos partícipes de un riesgo audiovisual que conmueve.

La juventud era una enfermedad extraña es un libro que le gustará a todos los lectores que se acerquen a él. Es rítmico, dúctil, de una dulzura útil y con un arraigo fructífero y desbordante al eco y a la sombra, como os decía más arriba, de la gran Carmen Martín Gaite.

No dejéis de leerlo, porque esta es una de esas novelas en las que la casualidad entrega una historia honesta y divinamente escrita.

‘La juventud era una extraña enfermedad’. Lola Lapaz. Uno Editorial. 151 páginas.


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