'L'Orfeo', el espectáculo total de Sasha Waltz en el Teatro Real

‘L’Orfeo’, el espectáculo total de Sasha Waltz en el Teatro Real

El barítono Georg Nigl, en el papel de Orfeo en ‘L’Orfeo’, de Monteverdi, en versión coreográfica de Sasha Waltz. Foto: Javier del Real.

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La coreógrafa alemana Sasha Waltz presenta en el Teatro Realsu versión de ‘L’Orfeo’ de Claudio Monteverdi, un bellísimo espectáculo en el que danza, canto, música y escena son un todo multidisciplinar. Cantantes que bailan, bailarines que cantan, en una puesta en escena y una coreografía que logran altísimas cotas de emoción.

La versión de Sasha Waltz de la ópera barroca de Henry Purcell Dido y Eneas en 2004 marcó el comienzo de un nuevo capítulo en su trabajo artístico, según reconoce la propia artista. Realizó una propuesta personal en la que apostaba por ampliar los medios del teatro musical para incluir un enfoque teatral de la danza siguiendo la estela abierta por pioneras como Pina Bausch. A mediados de los 70, Bausch coreografió para el Wuppertal Opera Ballet -que más tarde rebautizaría como Tanztheater Wuppertal Pina Bausch- las óperas de Gluck Ifigenia en Táuride y Orfeo y Eurídice abriendo un personal camino en la experimentación de la danza escénica mezclada con la ópera, con resultados francamente asombrosos.

Waltz recogió el testigo, como decimos, con Dido y Eneas dando un paso más allá en algo que ella, desde entonces, ha denominado «ópera coreográfica», en la que se mezclan, de manera orgánica, todos los elementos creativos de manera multidisciplinar hasta llegar a un espectáculo total en el que los bailarines cantan, los cantantes y el coro bailan y hasta los músicos son parte activa de la puesta en escena. En la temporada 2019 pudimos asombrarnos con aquella luminosa, emocionante y hasta juguetona propuesta que recaló en el Teatro Real con un impresionante éxito de crítica y público.

Una década después de aquel feliz comienzo, en 2014, Waltz estrenó en la Dutch National Opera, su versión de L’Orfeo de Cladio Monteverdi que el pasado domingo un público enfervorecido aplaudió a rabiar en su estreno en el Teatro Real. En este caso, Waltz involucra también a los músicos, que abandonan el foso para situarse a ambos lados de la embocadura del escenario, para sumarse al impacto visual de su propuesta, que logra algunas imágenes a las que no se les puede negar potencia y belleza a partes iguales.

Pero en L’Orfeo en ocasiones se sacrifica a parte del público en favor del concepto ideal de la propuesta. En Dido y Eneas, Waltz reducía la escenografía a una caja acuática que se utilizaba al principio de la representación como metáfora del naufragio del héroe troyano en Cartago. Casi la totalidad de la ópera se desarrollaba a escenario vacío, con un telón de fondo sobre el que se proyectaban diferentes elementos como ventanas o escaleras, de forma que se aseguraba la máxima visibilidad de las evoluciones de bailarines y cantantes. En L’Orfeo, sin embargo, la escenografía de Alexander Schwarz –una enorme estructura de madera con grandes paneles giratorios situada a mitad de escenario– separa los radiantes, optimistas y bucólicos campos de Tracia (que quedan en la primera mitad de la caja escénica) de la oscuridad de la Laguna Estigia y el reino de las sombras en el que Orfeo se adentra para rescatar a su amada de la muerte. Durante el tercer acto, gran parte de la coreografía tiene lugar tras esa estructura de madera, tan al fondo del escenario que la visibilidad queda seriamente comprometida para un buen sector del público.

Más tarde, en la segunda parte del espectáculo, durante los actos cuarto y quinto de la ópera, esa mole de madera desaparece permitiendo ver con claridad no solo las evoluciones de todos los elementos sobre el escenario, sino también las proyecciones que conforman un hábitat bellísimo en esta obra, ya sea en el frondoso bosque donde habitan las ninfas, en la oscuridad del reino de las sombras o en la laguna donde Caronte y su barca son el nexo de unión entre los vivos y los muertos. El diseño de vídeo de Tapio Snellman nos ofrece uno de los momentos más bellos del espectáculo: rocas de la laguna que se convierten en sombras que caminan sobre las aguas, para volver a convertirse en piedras como almas atormentadas atrapadas en un evocador purgatorio acuático. Waltz ha decidido unificar el colorido del vestuario original en el que los artistas parecían actuar con su ropa traída de casa, por el blanco y negro de unos trajes que inciden en la dualidad de los universos de esta obra. El resto del escenario lo conforma una minimalista tarima de madera (en ocasiones un poco ruidosa).

Bailarines y cantantes se funden en esta versión de ‘L’Orfeo’, de Claudio Monteverdi. Foto: Javier del Real.

Escena final de ‘L’Orfeo’, de Sasha Waltz, en el Teatro Real. Foto: Javier del Real.

Los elementos musicales con los que cuenta esta producción son de una calidad incontestable: el Vocalconsort Berlín, con el que Waltz ha trabajado en casi todas sus producciones operísticas, y la Freiburger Barockorchester bajo la dirección musical de Leonardo García Alarcón, que ofrece una visión vibrante a la vez que oscura de esta obra que Monteverdi estrenó en Mantua en 1607. El papel protagonista corre a cargo del barítono Georg Nigl, con el que Waltz ya había trabajado en 2010 en Passion, una ópera contemporánea basada en la música de Monteverdi y en la que el cantante también interpretaba a Orfeo. Su trabajo el pasado domingo fue recompensado con una tremenda ovación en el Teatro Real. Es encomiable su entrega en todas las aristas del personaje que le exige Waltz. Actúa, baila y canta bien. Pese a que en ocasiones su tesitura le ponga a prueba para moverse en el registro agudo de un tenor. Domina a la perfección al personaje y no es de extrañar que su contagioso entusiasmo haya enamorado a la coreógrafa alemana. La soprano francesa Julie Roset fue una Euridice de canto brillante y seductor; impresiona la versatilidad de la que hace gala para bailar junto a los componentes de la compañía de danza.

En resumen, el Orfeo onírico en blanco y negro de Sasha Waltz es un espectáculo bellísimo, profundo y atrevido en el que la coreógrafa sabe rodearse de un incontestable talento musical que ella es capaz de moldear para llevar a su terreno y salir triunfadora en la apuesta.

Aquí puedes consultar las funciones de este espectáculo en el Teatro Real.


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Comentarios

  • Ángel Luis Fuente

    Por Ángel Luis Fuente, el 22 noviembre 2022

    Estupenda crítica de un gran espectáculo.Gracias por su detallada información.

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