Los ‘floreros-mujeres’ de Marina Núñez se convierten en heroínas

Los ‘floreros-mujeres’ de Marina Núñez se convierten en heroínas

Dos trabajos de Marina Núñez: A la izquierda, ‘Cuadro de flores (lirios)’. A la derecha, ‘Cuadro de flores (rosa)’.

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La artista multimedia Marina Núñez expone ‘Vanitas’ en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. Una reinvención de las naturalezas muertas del Renacimiento hasta convertir a las flores en heroínas, identificadas con las mujeres bloqueadas, paralizadas, hechas floreros durante tantos siglos. Un manifiesto plástico sobre el continuum de fragilidad que somos las personas en contacto con el mundo natural, dentro del programa ’Kora’ de muestras de autoras españolas con perspectiva feminista.

Las flores erotizadas de Georgia O’Keeffe tienen ahora una grata compañía de representación arbórea en el Museo Thyssen-Bornemisza, de la mano de Marina Núñez (Palencia, 1966), artista multimedia española que expone su serie Vanitas en el balcón mirador de la primera planta y en otras tres salas dedicadas a la colección permanente del museo, en Madrid. Días atrás, justamente en la presentación de su exposición, Núñez habló de la “envidia del árbol”, para explicar parte de sus desvelos, alejados del antropocentrismo de quien acumula bienes, fronteras y nostalgias desarrollistas.

Puede que sea su tema recurrente, admite Núñez, pero ahora lo tiene más claro que nunca: “Vengo hablando del ser humano con su entorno desde los 90. Apostar por un ser humano que en vez de establecer una frontera tan nítida frente a todo lo que no es él mismo, incluyendo la naturaleza, es apostar por un ser humano que se sienta más conectado con ella y que sea más empático ante la otredad, incluida la naturaleza. Ese ser humano podría no tener ese parapeto y extenderse la naturaleza en él”.

Así, a las mujeres de Marina Núñez “les crece el paisaje desde adentro”, como ella misma lo explica, porque en su vínculo con el entorno deja de haber distancia y “esa obsesión de dominio y control para transformarse en una relación de simbiosis y de continuidad, como lo plantea Donna Haraway en su último libro, Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno”.

La comisaria de la muestra, Rocío de la Villa, que habla del devenir de la pintura de Núñez desde un “surrealismo siniestro” a la ciencia ficción y las utopías del presente, también menciona el concepto del Chthuluceno de Haraway, una bióloga que escribe ciencia ficción y que es, a la vez, una de las filósofas feministas más reputadas de la actualidad. Haraway bautizó con ese aparatoso nombre (opuesto al Antropoceno) a una nueva era, en la que las especies se aliarán para sanear nuestro planeta.

‘Vanitas (2)’, fotograma de videoinstalación. Marina Núñez.

La ‘mujer-clorofila’

El recorrido de Vanitas se inicia con una pieza de videoarte en 3-D rodeada por otras imágenes, concebidas también con técnicas de arte digital, pero impresas y terminadas a mano, a lápiz. El mineral analógico y la torsión digital expresan la figura humana, que se desintegra en flora, mimetizándose con hermanas-calas o ramificándose las arterias en nervaduras nutricias. Una especulativa mujer-clorofila de Marina Núñez eliminaría la distancia física de las personas con la naturaleza, en una utopía plástica que bien podría acompañar las letras de la autora del Manifiesto Cyborg.

Ciber-bodegones

Del mismo modo, los ciber-bodegones de Núñez bien podrían constituir el icono de la declaración chthulucénica de Haraway contra el “excepcionalismo humano”. La propia artista plástica lo explicita: “Las flores permanecen y lo humano se desmorona. La naturaleza sale triunfante. Los jarrones tienen encerradas a las plantas, pero estas se escapan”.

Precisamente acerca de estas piezas cuyo objeto central es un florero rococó, el director artístico del museo, Guillermo Solana, hizo el siguiente análisis durante la inauguración: “Los vídeos de los jarrones barrocos que encierran paisajes hablan de la paradoja de la museificación en Occidente que tiende a preservar la naturaleza, o un objeto, eternizándolo, pero aislándolo, separándolo del resto del mundo. Y hablan de cómo la naturaleza se adueña del contenedor. Son las paradojas del museo; el museo está siempre en este esfuerzo por eternizar lo que es perecedero. Y resulta muy expresiva esta combinación extraña en los museos que habla de la aspiración a la eternidad, a la vez que de la extrema fragilidad, y que está vinculada con la condición humana, en el centro de esta exposición”.

‘Marejada (1)’, de Marina Núñez.

“Tengo una fijación con el Thyssen, por lo que estar aquí es un sueño”, confiesa Marina Núñez. En esta ocasión, tuvo a disposición toda la colección permanente para elegir dónde emplazar sus propias obras. Así, con cinco cuadros de las salas dedicadas al arte del Quattrocento y el Cinquecento inicia Núñez estos mentados diálogos plásticos y lo hace a partir de las flores que aparecen en la composición. En dos casos, se trata de esculturas en cristal, elaboradas a través de una técnica de tallado con láser, por fractura, que configuran imágenes muy sutiles de manos a las que les crecen ramas, o raíces. En los otros tres casos, las flores presentes en los cuadros cobran movimiento, en escenas épicas –con música de Luis de la Torre– que las dotan de voluntad, como es el caso de la pieza de videoarte en la que los lirios que adornan el fondo de un óleo de 1520 de Jan de Beer (La Anunciación) se enfrentan a las rosas del mismo florero.

Marina Núñez, ‘Naturaleza (isla)’, 2019. Vídeo monocanal. 2’
Modelados 3D: Antonio Fuentes. Producido por TEA, Tenerife. Cortesía de la artista y de La Gran.

De naturalezas muertas a heroínas

Las flores pintadas sobre lienzos hace cinco siglos dejan de ser adorno en las composiciones de Núñez para convertirse en protagonistas heroicas de una escena en movimiento. Ella misma explica su tendencia a revalorizar esas naturalezas muertas o los elementos decorativos secundarios de la pintura clásica: “Me centro en bodegones, que constituyen un género menor, pero que fue el que tuvieron que abordar muchas pintoras a lo largo de la historia, porque no tenían acceso a las academias, por lo tanto estaban excluidas de la posibilidad de pintar epopeyas y grandes escenas heroicas”.

El heroísmo biodiverso de Marina Núñez es la cuarta estación de un programa llamado Kora, en honor a la legendaria primera retratista de la historia, según Plinio el Viejo, y que se desarrolla en las salas del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza  con exposiciones de artistas españolas concebidas desde la perspectiva de género. Vanitas está abierta a público hasta el 29 de agosto.

 

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