‘Los inquietos’: la inmensa novela de Linn Ullmann sobre su padre, Bergman

La escritora Linn Ullmann

‘Los inquietos’, la última novela de Linn Ullmann (Oslo, 1966), es un prodigio emocional y narrativo de principio a fin. Un vasto diario escrito con una prosa elegante, contundente, sin afectación, sin miedo a la memoria, ni a la vida, ni a la muerte, ni a la verdad, sobre su padre, el genial cineasta Ingmar Bergman, y su madre, la actriz Liv Ullmann. ‘Los inquietos’ es el trabajo de una escritora que hace juegos malabares con los recuerdos, con el dolor, con el abandono, para construir un libro que hable del padre.

La vida de la hija, la vida del padre, la de la madre, la muerte del padre, la supervivencia de la madre, la memoria, los nidos ocultos, los nudos por deshacer. La belleza de la contradicción como inmutable biografía:

“Estamos dolorosamente conectados”. A ella le parece que suena bien. Y que es un poco incómodo. Y confuso y cierto. Y tal vez algo cursi”.

Los inquietos es un espectáculo crudo, pero sin lugar a dudas es también el libro más luminoso y certero que he leído en este año en que la realidad sigue absorbida dentro de un paréntesis que nos negamos a aceptar. Sus páginas están llenas de vida, de honestidad; son páginas que recomponen la propia existencia de quien lee.

Los inquietos es también un libro ambicioso, un diálogo descarnado y lúcido con un hombre dependiente que paradójicamente fue elevado por todos hasta lo más alto como solo puede hacerse con un dios o un diablo:

“En mi bolso hay un bosque. Durante muchos años llevé a mi padre, o lo que quedaba de él, en el bolso. Lo que me quedaba de él eran seis cintas de audio de sus últimos años de vida. Su voz. Y el silencio. Y mi voz”.

Por eso Linn Ullmann duda y se niega durante mucho tiempo a ser consciente del legado y de la magnitud cultural del padre. Linn Ullmann es una huérfana que desconoce la exigente doctrina que lleva implícita la orfandad. Es una escritora que hace juegos malabares con los recuerdos, con el dolor, con el abandono. Ha construido este libro para hablar del padre, pero en ese choque hay un sinfín de hermosos damnificados y de prodigiosos protagonistas de cuyos nombres no quiere acordarse, porque a veces nombrar es tener que sostener la herida que inflige ese nombre.

Los inquietos es un hipnótico juego de azar en el que no hay ni ganadores ni perdedores, sino una exhibición de técnicas infalibles para alcanzar la excelencia estética y humana.

Linn Ullmann es una avezada cronista de la pérdida, pero sobre todo de esa supervivencia que nada tiene que ver con la intemperie:

“Un plan es más tangible que la esperanza, es un tiempo que se reserva”.

“El cuerpo se compone en su mayor parte de agua; el corazón de ira”.

Ullmann llega hasta su padre para dejar un testimonio, para escribir ese epílogo que todos lo hijos sueñan guardar en la caja fuerte más inexpugnable del mundo, y sin embargo solo encuentra el caos que precede a la muerte, ese orden inorgánico que desbarata cualquier futuro.

Ullmann sueña con cartografiar la existencia de su padre, pero la existencia del gran Bergman es una laguna helada en la que ni ella misma se atreverá a mirar. Ullmann quiere vencer al aclamado héroe, pero el aroma de su carne vieja la hipnotiza hasta tal punto que acaba con su compostura de una manera deslumbrante y riquísima. Ullmann escribe con una prosa de rutilante sencillez. El eco de la naturalidad extrema persigue cada una de sus reflexiones, su memoria fluye como si perteneciese a la estirpe de las familias venturosamente felices. No le teme a la verdad ni a sus bifurcaciones, no le teme al testimonio ni a lo que significa ser testigo:

“Era aburrido estar mirando en la cama, pero las enfermeras jamás habrían creído que ella pensara en otra cosa que no fuera el amor que sentía por su bebé; nadie tenía derecho a pensar que ahí estaba una mala madre que no debería haberse quedado embarazada de alguien que no fuera su marido. No sé si alguien le habló del llanto que llega después de la leche. Creo que tal vez se avergonzó de llorar”.

Ullmann es una profesional de la «espeleología kamikaze» y por eso narra esta biografía multicéfala con esa poca ceremonia que exige contar un cuento infantil, de esa forma, sin ambages ni presunciones, resuena este libro profundo y bellísimo, de esa manera en que lo haría ese cuento infantil que nos garantiza la luz cuando tenemos miedo:

“Alguien le había cerrado los ojos también. No se sube al cielo con la boca y los ojos abiertos”.

Los inquietos es un libro visual, lleno de simbolismos y colores capaces de revolucionar el mundo de todos sus participantes. Esa fijación de Bergman por el rojo, o la de la madre de la protagonista por los azules casi transparentes, dinamizan la narración hasta convertirla en una danza capaz de renegar de cualquier coreografía. Los inquietos es un libro mecido por la intuición:

“Todo es distinto cuando los demás duermen. Por la noche es como si las habitaciones tuviesen fiebre”.

Todo es singular en la vida de la narradora. En ella habitan monjas que cuelgan los hábitos por amor, una pléyade de mujeres para cuidar al padre moribundo. Premios Nobel que se sientan en el sillón de su casa porque dicen amar a su madre cuando en realidad ella estará por siempre alejada del amor, el amor la repudia. Parece que su único objetivo es vengarse de ella, y su hija se enfrenta a cada uno de esos instante con un pragmatismo insospechado en una adolescente. Parece que no le importe el fracaso de la madre, ella solo quiere que su madre vuelva a casa, sean cuales sean la condiciones en las que lo haga. Su madre es una especialista en amores imposibles y su padre un especialista en amores carnales, y entre los brazos de esa macabra dualidad se hace adulta nuestra narradora. Una narradora que usa a la gran Anne Carson como oráculo de la verdad, como guía revolucionaria para lograr que la asepsia vivencial que precisa este libro cause los estragos que causa en la memoria del lector:

“Anne Carson ha escrito una palabras que no consigo sacarme de la cabeza: “Por qué nos sonrojamos antes de morir”.

También es singular el deslumbrante equilibrio con que Ullmann recrea la vida, la agonía y la muerte de los habitantes de esta novela:

“Los coches que cruzan la noche suenan distintos de los coches que cruzan el día”.

Página a página, queda en evidencia que Ullmann es la dueña absoluta del aliento de un universo de micrometáforas que confluyen para reventar la posibilidad de una narración anclada en lo previsible. Que trabajan para que la complicidad de Bergman y la madre de la narradora no se apague nunca, para que sea esa luz incómoda que mantenga en vilo el porvenir de nuestra narradora:

“Lo que pasa con el amor es que es una palabra tan peculiar, tan maltratada y triste, que no quiero amarte”.

Micrometáforas que se yuxtaponen para humanizar a su padre, ese dios que se pasó la vida dependiendo de las mujeres:

“El 17 de agosto de 1969 mi padre le escribió una carta a mi madre y la firmó como “tu hermano en la noche”.

Los inquietos es un texto riquísimo desde lo propio, desde lo privado de la autora, pero también desde lo ajeno; son muchos autores y pensadores los que la ayudan a sostener el vendaval estético que supone este testamento tricéfalo.

Mención aparte merece la traducción de Ana Flecha, el ritmo, el color, la vigencia que imprime a la narración la convierten en un vergel en el que el lector es incapaz de no perpetuarse.

Así que no dejéis de leer esta auténtica odisea babilónica que os convertirá en niños satisfechos. Linn Ullmann ha orquestado el más hermoso de los sacrificios humanos que yo haya leído. Imprescindible.

‘Los Inquietos’. Linn Ullmann. Traducción de Ana Flecha Marco. Gato Pardo ediciones. 386 páginas.

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Comentarios

  • Jacinto Cruz

    Por Jacinto Cruz, el 10 noviembre 2021

    Después de leer las opiniones del libro,no queda sino querer leerlo, pues creo qué debe ser muy interesante enterarnos de su relación con el Gran Berman.

  • Lilia

    Por Lilia, el 11 noviembre 2021

    Sonia he leído tu artículo sobre el libro de Ullman y quede encantada con tu relato, con tu prosa, a la que he sentido cruda y poética, descriptiva e intrigante. Te felicito. Me dieron ganas de leer el libro. Un saludo.

  • Eduardo

    Por Eduardo, el 12 noviembre 2021

    Pocos creadores más apasionantes q Ingmar Bergman. Alguien q fue capaz de desgarrarse frente a una cámara, capaz de lograr la identificación del espectador con sus imágenes. Su autobiografía es un tratado de humanidad. Siempre se desnudo en sus textos y filmo ignorando el pudor. Un ser humano ejemplar, no tanto x sus virtudes como por su sinceridad, su autenticidad. Lo extraño. Eduardo

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