MADBLUE 2022, iniciativas que levantan el ánimo del planeta

MADBLUE 2022, iniciativas que levantan el ánimo del planeta

Uno de los drones sembradores de la empresa navarra CO2 Revolution.

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La ‘cumbre’ sobre sostenibilidad MadBlue 2022 reunió la semana pasada –hasta el domigo– en Madrid incipientes novedades tecnológicas con las aportaciones de científicos, divulgadores, artistas y políticos en una radiografía de la preocupante situación de emergencia climática y ataques a la biodiversidad en la que nos encontramos, tanto a nivel global como en España. ‘El Asombrario’ estuvo allí y aquí os contamos algunas de las iniciativas que más azules y verdes nos pusieron, de esas prácticas en positivo que nos hacen albergar esperanzas en un futuro mejor.

Si algo ha puesto de manifiesto el programa de esta cumbre ambiental MadBlue, celebrada en Madrid hace unos días, es que el acercamiento a la crisis ambiental tiene muchas miradas: la de la tierra y la del océano, la de la política y de la ciencia,  la de la innovación tecnológica y la naturaleza, la de la música y el arte o la de las ciudades y la del mundo rural. Todo ello, en un contexto en el que apremia tomar medidas urgentes ante eventos tan catastróficos como los casi 50ºC alcanzados en India y Pakistán el 1 de mayo, el colapso de grandes plataformas de hielo polar o la sequía que amenaza la vida de millones de africanos. “En 30 años hemos almacenado energía equivalente a 600.000 bombas de Hiroshima y siete años después del Acuerdo de París seguimos aumentando las emisiones” , denunciaba el científico Fernando Valladares en el auditorio de MadBlue, que no dudaba en hablar ante el ex comisario europeo de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, de la “hipocresía organizada” que consiste en lanzar mensajes verdes mientras por otro lado se bloquean decisiones fundamentales para la transición ecológica, que no sólo es energética.

Entre los sectores que mencionaba Valladares que precisan un cambio, está la alimentación; precisamente a luchar contra ese 35% de desperdicio de la comida se dirige una App para móviles que se exhibió en la StartUps Expo. Se llama Too Good to Go. “Ayuda a evitar el desperdicio de la comida en restaurantes y comercios. Con la App, estos establecimientos preparan paquetes con la comida sobrante a un precio tres veces menor que el de venta habitual. Solo hay que reservarlo y recogerlo a unas horas concretas. El contenido es una sorpresa, eso sí. La aplicación permite saber qué sitios que tenemos cercanos forman parten de la red”, explica su comercial en España. La idea, que lleva ya cinco años funcionando, es de origen danés y ya está implantada en 17 países. Sólo en España cuenta con cinco millones de usuarios y 14.000 establecimientos adheridos. “Cada paquete es de un kilo, así que sólo aquí hemos salvado de la basura siete millones de kilos de alimentos”, nos comenta su representante.

No lejos de su stand, otro proyecto, en este caso con sede en Cádiz, mostraba cómo transformar el CO2 que nos calienta la atmósfera, y trastoca el clima, en microalgas que sirven como “bioestimulantes” para mejorar la agricultura, la cosmética, la nutrición, a través de productos como la espirulina, o como alimento de peces en acuicultura. “La empresa la fundó el emprendedor Miguel García Guerrero en 2006 y ya estamos en países como Brasil o India, donde tres millones de productores usan nuestras microalgas para mejorar su producción”, explica Augusto Rodríguez, de Alga Energy, mientras nos muestra una maqueta de la gran instalación de cilindros donde las cultivan. Aprovechan para ello una parte del dióxido de carbono que emite una central eléctrica de ciclo combinado que tienen justo al lado.

Otro de los asuntos claves en MadBlue ha sido el estado de los océanos. Fueron varios los participantes que pusieron el foco en su función como gran captador de CO2 y en la contaminación. Entre otros, el director de Oceana, Ricardo Aguilar, que recordaba: «Los microplásticos destruyen los fondos marinos, que capturan el CO2, así que hay una relación aún mayor de la que se supone entre la producción de plásticos y el cambio climático”. Las cifras de basura son escalofriantes: ocho millones de toneladas plásticas acaban cada año en ese océano global. Y buena parte de ellas son envases, pero también redes de pesca.

A estas últimas se dirige el proyecto Gravity Wave, que lleva dos años en marcha en Calpe (Alicante). Su objetivo: reconvertir las redes pescadas en el Mediterráneo en muebles, mobiliario urbano y objetos de decoración que, por sus colores, nos recuerdan al mismo mar que ensuciaban. “Llevamos unos 30.000 kilos recogidos. Conseguimos fondos de las empresas para pagar a los pescadores que nos las traen, es un estímulo para colaborar. De este modo, ponemos otra vez el material en circulación en objetos que perdurarán años, como son una mesa o un banco de la calle”, explicaba Miriam Arístegui, que forma parte de la empresa.

También anti-basura es el proyecto Taiti, un sistema muy novedoso de alquiler de botellas de agua rellenables. El invento consiste en conectar por software una máquina de vending con otra de reverse-vending –las que recogen productos en vez de expenderlos–, de forma que por una se saca una botella de acero inoxidable llena de agua, por la que se paga fianza de 12 euros, más 20 céntimos del agua. La botella se puede usar horas o todo un día, rellenándola cuantas veces se quiera, y luego se puede retornar a la segunda máquina, de donde es recogida como antiguamente para su limpieza y relleno. El joven Luis Valin, su director y cofundador, nos explicaba en MadBlue cómo la idea está triunfando en gimnasios, hoteles, espacios co-working o eventos. “Mucha gente no lleva su propia botella por comodidad o por olvido, y de este modo se puede impedir ese consumo de botellas plásticas”, apuntaba Valín. El recinto de Ifema y el Real Jardín Botánico serán sus próximo objetivos. Ya tienen 7.000 botellas y esperan crecer tras el parón de la pandemia. Taiti es un camino más para evitar esas 1.000 botellitas de plástico que cada segundo, nos dice Oceana, acaban en los mares. Además, si alguien se antoja de su Taiti, siempre puede quedársela.

La naturaleza fue otro de los puntos fuertes en MadBlue con la presencia de personas tan destacadas como Joaquín Araújo o el catedrático Eduardo Martínez de Pisón. Araújo, con frases tan contundentes como que “la belleza es obra de la clorofila”, una belleza que, aseguró, “es agredida por la civilización y masacrada por la prisa”. Y Martínez de Pisón, por su parte, nos recordaba el largo camino que nos ha llevado a tener en España 15 parques nacionales, que ya acumulan 15 millones de visitas al año. Es un número al que algunos abogan poner coto en aras de la conservación. “Es que no se trata sólo de visitarlos, sino de que la gente sepa lo que es un parque nacional, entienda su importancia, pero a eso la mayoría no llega”, reconocía Manuel Durbán, director del Parque Nacional del Teide.

Al hilo de esto, llamaba la atención una de las innovaciones presentes en StartUps Expo, destinada a restaurar ecosistemas: los drones sembradores de la empresa navarra CO2 Revolution. Consiste en un sistema pensado para plantar desde el aire allí donde el terreno complica el acceso. En Pontevedra ya están implicados en las restauración del bosque de Carballedo, que se quemó en 2006. Romain Mondou aseguraba que su equipo de I+D está implicado en la mejora del sistema “con el objetivo de recuperar zonas forestales con especies autóctonas, pero con semillas inteligentes, es decir, que sean capaces de salir adelante con más facilidad”, asegura. CO2 Revolution forma parte de las iniciativas que trabajan con empresas que quieren compensar emisiones.

También estaban los que prefieren evitar las emisiones, que es idea del joven Iñigo Dorio con su empresa Arrecife Energy System. Dorio ha puesto en marcha en Bilbao un sistema móvil de generación de energía que ha bautizado como “undimotriz”, capaz de convertir las olas en electricidad. El nombre, explica Dorio, se debe a que se inspira en los arrecifes de coral que, con su morfología, provocan que las olas rompan, y lo hacen utilizando una plataforma con turbinas flotantes, a modo de catamarán, que se mueve con el oleaje costero. La energía producida la trasladan a tierra por un cable, aunque también se puede acumular en baterías. Ya tienen una plataforma de 13 metros que genera 75 kw y otra de 45 metros en pruebas. “Hemos sido elegidos como una de las siete propuestas europeas innovadoras y, si quedamos entre las tres finalistas, será un gran éxito, pero en España no tenemos un apoyo comparable al de otros países para su desarrollo, así que no es fácil, aunque estamos convencidos de su futuro”.

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