‘Maldita’, el corto candidato al Goya que no deja a nadie indiferente

‘Maldita’, el corto candidato al Goya que no deja a nadie indiferente

Božo Vrećo, protagonista de ‘Maldita’, corto nominado a los Premios Goya.

‘Maldita’ es un cortometraje documental cuyo visionado emociona desde el primer plano y cuyo fin molesta de algún modo. Una vez que conoces al indescriptible y revolucionario artista Božo Vrećo, todo un divo, los 28 minutos de metraje saben a muy poco. ‘Maldita’, candidata al Goya, es una película, una canción de amor y un grito de paz. Un himno a favor de los seres que han apostado por ser diferentes y libres, y que a nadie deja indiferente.

En 1992, Barcelona se empapa de esplendor, como se supone que le corresponde a una ciudad que acoge la celebración de unos Juegos Olímpicos.  Un año antes había estallado la Guerra de los Balcanes (19991-1995). Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina, esa ciudad tantas veces alabada por su alma diversa y generosa, se desangra ante los ojos del mundo. Es ahí cuando surge Barcelona Distrito 11, un proyecto de cooperación entre ambas capitales, que pretende suavizar las heridas bélicas ayudando a una reconstrucción mucho más que urbanística.

Existen por suerte observadores que no se conforman con la común pasividad del ser humano ante la guerra. Uno de ellos es Ivan Zahínos, director de Programas de Cooperación de Medicus Mundi Mediterrània, cuyo amor por la maltratada ciudad bosnia le lleva a urdir la idea de Maldita. A love song to Sarajevo. Aprovechar la circunstancia de Barcelona Distrito 11 para crear un homenaje a esas dos ciudades bellas y canallas. Enseguida cuenta con los cómplices perfectos, el equipo formado por Amaia Remírez y Raúl de la Fuente (director y productora de la película de animación Un día más con vida (Premio Goya 2019), que se entusiasman con la idea de colaborar en la canción de amor que merece Sarajevo, “una ciudad tan herida y a la vez tan inocente”, cuentan.

El equipo de Maldita es estos días una diáspora. Sus directores andan entre Pamplona y Madrid, su protagonista, Božo Vrećo, se encuentra de gira por Estados Unidos y la autora de la melodía de Maldita, la compositora y pianista Clara Peya, está en Brasil, otro territorio ahora convulso. Justo cuando la  película entra en fase de promoción para ganarse el apoyo de los académicos españoles que decidirán si es suyo el Premio Goya al que aspira.

Según cuenta la leyenda, Božo nació un18 de octubre de 1983 en Foča, una ciudad al este de Bosnia y Herzegovina. Su infancia no fue sencilla, pero siempre contó con el bálsamo del arte, dedicando primero su prodigiosa voz a las Sevdalinkas, canciones del folklore local que sonaban en la radio que su madre siempre tenía encendida en la cocina. A Božo nunca le interesó seguir la senda fácil, “mi vida consiste en buscar siempre la luz”, nos cuenta por videoconferencia. “Aprendí a sobrevivir huyendo de las sombras gracias a mi amor por la música. Hay pocas cosas tan reparadoras como el arte”.

Completando la diáspora, la pianista Clara Peya nos habla de un trabajo cuyo resultado es una mezcla inusual de técnica y emociones. “Es una canción que nace desde el dolor y al mismo tiempo del amor y la reconstrucción. Trabajar con Božo me dio la oportunidad de acercarme a la guerra a través de alguien tan especial como él, que además la había vivido. Un artista completo con las cosas muy claras. Una voz prodigiosa de una exuberancia increíble tanto cuando interpreta como en su forma de ser”.

Repasando las escenas de Maldita, cuesta no prendarse de la que se rodó dentro de la Basílica de Santa María del Mar, en Barcelona, lugar sagrado que  Božo recorre vestido de tul con la espalda descubierta, enseñando las dos enormes alas tatuadas en sus escápulas. Como un ángel dispuesto siempre a volar. Su voz resuena en las paredes del templo mientras, vestido de negro, camina hacia el piano blanco en cuyo teclado está toda la atención de Peya. Toda su energía. “Grabando aquella escena se movieron muchas cosas. Fue un ritual mágico e intenso, como somos nosotros. Božo es un divo en toda regla y en el mejor sentido”, explica la pianista.

La relación entre los artistas arrancó de forma epistolar. “Sí, con cartas de papel y pluma, sobre, sello y buzón”, cuentan los directores. Y se fue completando con llamadas, intercambio de versos, de notas musicales, mucha videoconferencia y finalmente un cara a cara en el estudio de Peya, en Barcelona.

“Trabajar en la distancia no es lo que más me gusta”, cuenta la compositora, “pero por suerte nuestras ideas coincidían. Bozo es mucho más que un cantante. Es un artista completo con las cosas muy claras. Tiene una voz prodigiosa, sabe venderse y es exuberante en todo. Fue una gran oportunidad para conocer la guerra más de cerca y cambiar el modo de entender la historia, porque las versiones que suelen llegarnos nunca son completas”.

Amaia Remírez y Raúl de la Torre están convencidos de que  Božo Vrećo es el representante perfecto de una ciudad como Sarajevo. También son conscientes de que su presencia abrumadora se apropió del proyecto, para bien, desde el arranque. “Maldita es la crónica de cómo nace una canción y así lo hemos vivido en directo con sus creadores. Los grandes artistas son aquellos que te dan lo inesperado. El mejor ejemplo es el apoteósico final de la película”.

¿Es Božo Vrećo un personaje de leyenda? ¿Es tal y como parece? Responde Raúl: “Eso mismo nos preguntábamos antes de conocerle. Pero resulta que es exactamente como se muestra”. Añade Amaia: “Un tipo capaz de crearse a sí mismo a partir del sufrimiento. Crecer en guerra no es fácil, pero Božo sabe transitar las sendas más complicadas, porque jamás escoge las sencillas”.

Alma de tango, de fado, de bolero… Habla Božo Vrećo: “¿Si soy un personaje? Bueno, eso no soy yo quien tiene que decirlo. Lo que más me gusta es mirar al público después de mis conciertos y notar sus cambios. Hasta te diría que se sienten un poco más libres. ¡Yo creo mucho en la gente! Y creo, sobre todo, en mi metamorfosis. Me gusta compararme con una mariposa cuyas alas significan la dualidad alcanzada para sentirme yo y expresar mi arte. Cuando empecé en todo esto, hace 12 años, podía sentir el rechazo. Ahora me aceptan al margen de como vaya vestido por la calle o en el escenario”, confiesa Vrećo, añadiendo que su fascinante vestuario está confeccionado por él mismo.

Como es probable que la ceremonia de los Goya (11 de febrero en Sevilla) coincida con uno de los conciertos de su gira, en Amsterdam, no ha pensado especialmente en la ropa que se podría poner. Ojalá haya sorpresa en todos los sentidos.


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