Nacho Cano, ¿beneficiario o víctima?: las cámaras ocultas de la pirámide

Nacho Cano, ¿beneficiario o víctima?: las cámaras ocultas de la pirámide

Imagen de la pirámide proyectada por Nacho Cano en el barrio madrileño de Hortaleza.

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Puedes seguir al autor en Twitter: @rubencaravaca

Con el revuelo que ha levantado la pirámide escalonada de Nacho Cano en el barrio madrileño de Hortaleza con las bendiciones de las autoridades del PP, los comentarios exaltados y los exabruptos han dejado escapar un debate mucho más profundo. Un debate sobre qué es el barrio de Hortaleza, cuál es su trayectoria y sus necesidades, qué es cultura y qué es simple entretenimiento, cuáles serán los auténticos beneficiarios de un proyecto que tiene bastante de surrealista y quiénes serán los perjudicados –podría incluso ser, aparte de los vecinos, evidentemente, el propio Nacho Cano–. El autor del artículo, profundo conocedor y activista cultural de este barrio desde los tiempos de la Transición, nos lleva a las cámaras ocultas de la pirámide.

Escribo estas líneas con sensaciones contrapuestas. Entiendo la rapidez en la que estamos inmersos que obliga a contestar, responder y comentar cualquier actividad. Inmediatez obligada que impide profundizar en los motivos que llevan a tomar determinadas decisiones, originando debates y controversias en la mayoría de las ocasiones alejadas de lo trascendente y cardinal.

Viene esto a cuento por la cantidad de comentarios, textos, conversaciones, zascas… surgidos por la propuesta que Nacho Cano pretende realizar en el madrileño distrito de Hortaleza, la mayoría adornados con matices, reales o imaginarios, que en tiempos de guerra cultural aspiran a avalar y/o justificar cualquier cosa, parte del espectáculo donde cualquier chisme se utiliza para argumentar y legitimar.

La mayoría de los comentarios vertidos se han centrado en enfatizar virtudes / defectos artísticos del protagonista y/o sus vinculaciones con Isabel Díaz Ayuso. Que el debate se centre en ello demuestra: escasez de argumentos, desconocimiento de lo que se habla. La trascendencia musical de Cano está ahí, es objetiva, subjetivo es que te guste más o menos. Sus relaciones políticas no las ha ocultado, como hacen artistas de ideologías diversas; que por ello se haya visto beneficiado está por determinar, creo más bien lo contrario. Que la forma de darse a conocer ha sido una chapuza es evidente, digna de un guion de La que se avecina, como las adjudicaciones de las Naves de Matadero, la cesión de espacios para festivales en el espacio público o la Copa Davis en La Caja Mágica; recordemos como acabaron en el mandato anterior las personas que denunciaron supuestas irregularidades. Realidad de décadas, asumida como natural, fragilidad democrática donde controles y transparencia resultan opacos en múltiples intervenciones públicas.

Crear y gestionar no es lo mismo

En esta historia, poco a poco me voy convenciendo de que el mayor perjudicado será Nacho Cano, el protagonista más conocido de la película. Quizá lo sea por meterse en un charco que supuestamente no le corresponde; ser un músico de talento no te avala como gestor cultural, de igual manera que un gestor no tiene por qué ser artista. A veces es necesario conocer, comprender, respetar y valorar el trabajo de los demás como pedimos con el nuestro.

Nacho Cano no parece ser un buen gestor. No ha tenido en cuenta –y si lo ha hecho no hay muestra de ello– una serie de preguntas que cualquier gestor se plantea cuando va a poner en marcha un proyecto: ¿Es interesante o crea conflicto en la comunidad donde se va a desarrollar? ¿A quién beneficia? ¿A quién perjudica? ¿Apoya iniciativas locales en marcha? ¿Se integrará con ellas o será una isla? ¿Incrementa la diversidad / pluralidad cultural? ¿Dará a conocer a nuevos artistas / propuestas del territorio donde se va a desarrollar? ¿Crea empleo local? ¿Consolida el tejido asociativo cultural local? ¿Promueve la participación? ¿Habrá un trabajo fluido con las entidades culturales locales? ¿Qué papel va a tener el público? ¿Solo espectadores? Preguntas obvias si comprobamos la cantidad de espacios públicos creados en los últimos años; por poner solo un ejemplo, más de 400 museos de arte contemporáneo en todo el país, muchos de ellos cerrados, otros sin programas, recursos, ni personal, nula utilidad que solo beneficiaron a las empresas que los construyeron. La cultura en este país desde hace décadas la decide la arquitectura y las empresas de construcción.

Lo anterior se lo plantea cualquier gestor cultural que lo sea, igual que conocer la realidad del territorio donde se pretende desarrollar la actividad, crear un equipamiento o una infraestructura; en ese desconocimiento solemos caer casi todos. Pensamos que todos los territorios son iguales por estar próximos, replicando modelos y proyectos; simplificando, para entenderlo, Puente de Vallecas es totalmente diferente a Moncloa, aunque ambos estén en Madrid capital. Ese desconocimiento, esa falta de investigación, es lo que hace encallar excelentes intenciones.

Hortaleza, distrito con identidad

Centrémonos en Hortaleza. Un distrito que desde hace décadas cuenta con un movimiento asociativo muy pujante, relevante culturalmente para sus vecinos, desconocido para los que no lo son. Antes de la muerte del dictador Franco, había ejes culturales reconocibles en barrios como la UVA de Hortaleza, Manoteras, Portugalete o Villa Rosa. Los ayuntamientos democráticos afianzaron el papel de la cultura, empezaba a hablarse de acceso a la cultura para todos –democratización cultural– de democracia cultural –todos podemos ser creadores–, unido al apoyo a iniciativas locales no necesariamente económicas, más bien en medios, recursos, planteándose por primera vez en la ciudad la especialización de los centros culturales de barrio, poniendo en marcha la primera escuela municipal de música, una sala de exposiciones digna, centro de recursos, espacio de formación para el empleo cultural o la grabación de los primeros discos para artistas que con el tiempo tuvieron una trayectoria discográfica reconocibles, como Porretas o Espontáneos.

Aquellas políticas compartidas, aprobadas y consensuadas por todos los grupos políticos trajeron consigo la creación de revistas de cómic, poesía, el desarrollo del primer periódico del distrito, cine-club, emisora de radio… y unas cuantas asociaciones (fotógrafos, músicos, poetas, estudiosos de Madrid…). A finales de los ochenta el CIS, –Tezanos ni estaba ni se le esperaba– publicaba un estudio mostrando que era el primer distrito de la capital con un programa coherente, ejecutándose de manera sobresaliente.

Con la llegada al Ayuntamiento de Madrid de los primeros gobiernos conservadores, la política cultural hortalina cambió y se pasó a apostar por la difusión y por una formación basada en el entretenimiento; los cuatro años de gobierno de Ahora Madrid no revirtieron la situación. A pesar de los cambios institucionales, la relevancia de las entidades culturales vecinales no menguó, con muestras singulares: La Cabalgata participativa de Reyes ante la negativa de la Junta de Distrito a realizarla y el salvamento del escaso patrimonio histórico existente en el pueblo de Hortaleza, amenazado por intereses de un gimnasio o plantando cara a la misma Iberdrola por construir un aparcamiento –qué casualidad–, al lado de un colegio son solo algunos ejemplos. Distrito que vota mayoritariamente conservador, con un tejido asociativo transversal con vecinos de ideologías diversas.

Cano se equivoca cuando achaca a Más Madrid la campaña contra su proyecto; cualquiera que viva o conozca el distrito sabe que eso no es así. Ha sido el movimiento asociativo, al que se excluye, igual que a Hortaleza periódico vecinal , que lo dio a conocer, ignorados a la hora de hablar del tema, muestra hegemónica que desecha a todos los que no forman parte de ciertas élites culturales, políticas, económicas o mediáticas.

El espacio donde se quiere desarrollar el proyecto es demandado desde hace años por los vecinos para la creación de un instituto. Argumentan los que animan el proyecto del músico que no es posible por ser “una parcela de uso cultural”, tergiversación notoria cuando cines situados en la Gran Vía o en la calle Fuencarral, también catalogados como “de uso cultural”, hoy relucen como superficies comerciales. Los vecinos lo saben, conocen también un proyecto similar adjudicado a José Luis Moreno en el mismo distrito –ya sabemos en qué fase está– y las consecuencias de eventos como Mad Cool y los festivales en IFEMA con sonido que llega a los hogares hasta altas horas de la madrugada, incrementándose el tránsito de vehículos por sus calles, incluidos botellones en los parques.

Otro lugar es posible

En este punto uno se pregunta: Si realmente la idea de Cano es tan brillante y positiva, ¿por qué no se realiza en un espacio municipal cerrado, a 15 o 20 minutos, sin originar ninguna obra nueva? El cercano Teatro Madrid, que en su día albergó espectáculos como Einstein on the Beach, de Philip Glass y Robert Wilson, podría ser ideal sin necesidad de realizar ninguna nueva construcción; la ciudad recuperaría un espacio olvidado, destinado a actividades como la que se propone.

Uno se plantea que quizás lo relevante no es la actividad cultural, sino más bien el aparcamiento; la famosa pirámide –o la carpa alternativa– es una excusa para su realización, a sabiendas de que cuando la función concluya este permanecerá beneficiando a los que la mayoría pensamos. Los vecinos, conociéndolos, plantarán cara. Y el supuestamente más beneficiado pasará a ser el mayor perjudicado; habrá puesto la cara para que otros logren sus objetivos. «Follow the money» que decían en Todos los hombres del Presidente, la magnífica película de Alan J. Pakula protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman. El tiempo lo dirá.

Una última cosa para concluir. Tras la polémica surgida, el artista manifestó: “Hasta que he venido yo, los artistas solo podían ser de izquierdas en este país», afirmación gratuita alejada de la realidad. Muchos artistas han mostrado su apoyo a políticas conservadoras y ultraconservadoras: De Raymond, Bruno Lomas, Rosalía (Garrido) –la mejor cantante yeyé que hemos tenido, recientemente fallecida, concejala durante años del PP–, Julio Iglesias, Alaska, Fernando Márquez El Zurdo, Plácido Domingo, Bertín Osborne, Isabel Pantoja, José Manuel Soto… ¿Desconocimiento?, ¿protagonismo?, ¿victimismo? Que cada cual piense lo que quiera.

Este texto se publica simultáneamente con ‘Hortaleza periódico vecinal’.


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Comentarios

  • LEONOR ANTÚNEZ HEREDERO

    Por LEONOR ANTÚNEZ HEREDERO, el 22 septiembre 2021

    Maravilloso y brillante artículo de Rubén Caravaca. Imprescindible leerlo.

    • Rubén Caravaca Fernández

      Por Rubén Caravaca Fernández, el 23 septiembre 2021

      Muchas gracias Leonor por tus palabras.

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