Lo duro de ser un ‘niño santo’ y maricón en un pueblo de La Mancha

Lo duro de ser un ‘niño santo’ y maricón en un pueblo de La Mancha

Luis Maura, autor de ‘Niño Santo’ y ‘Nido de pájaros’. Fotografía de Anabel F. Zamora.

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Tras ‘Nido de pájaros’ (2019), el profesor, dramaturgo y actor Luis Maura ha publicado este año ‘Niño Santo’ (ambas novelas en la editorial Dos Bigotes). En las dos habla de las masculinidades tóxicas y el acoso al niño ‘diferente’ en el entorno rural. Reflejan en buena medida sus propias experiencias hasta que logró liberarse trasladándose a Madrid. Hablamos con él con motivo de las fiestas grandes del Orgullo LGTBIQ+ en Madrid.

Quedamos una de estas calurosas tardes de verano en la terraza del Federal Café, en la plaza del Conde de Barajas, muy cerca de la plaza Mayor de Madrid, a la sombra de sus generosos árboles. Pongo encima de la mesa las dos novelas de Luis Maura y el iPad para grabar la conversación. Llega la camarera y, antes de pedirle dos cafés con leche con hielo (3,30 € cada uno), se produce la siguiente conversación:

–Hola, ¿qué tal? ¿Qué les pongo, chicos?… Una cosita: ¿vas a tardar mucho con la tablet?

–Lo que tarde en grabarle una entrevista. ¿O me dice usted cuánto tiene que durar la entrevista?

–Ah, es que, a ver, es que esta parte… no es para trabajar…

–Ya, ya, que lo que no queréis es que nos quedemos aquí tres horas trabajando con el iPad, pero me parece una falta de sentido común y cortesía que, porque veáis una tablet, insinuar que en estas mesas no nos podríamos sentar. ¿Y si saco el móvil para grabar es distinto? ¿Y si saco la tablet para leer prensa es distinto que si vengo con el periódico en papel? ¿Y si saco la tablet para mirar fotos?

–Son normas de la empresa, y yo solo acato normas de la empresa. Son políticas de la empresa. Son las órdenes que a mí me dan.

–Pues dígale a la empresa que son normas muy mal redactadas.

­–Vale, perfecto, no pasa nada.

–Dos… ice vainilla coffee latte, por favor.

Luis, te grabo… Cuéntame algo de ti…

¿Qué te cuento de mí?

En la solapa del libro leo que eres de Ciudad Real…

Sí, de un pueblo, Fuente el Fresno, de 3.000 habitantes. Viví allí hasta que fui a la Universidad, también en Ciudad Real. O sea, que no me fui muy lejos. Estudié Filología inglesa y luego Filología francesa. Y después, ya en Madrid, estudié interpretación en la Cuarta Pared. Y he ido combinando interpretación, dirección, he escrito mis textos… En teatro, recientemente he hecho Feminismo para torpes, con Nerea Pérez de las Heras, un espectáculo que ha funcionado muy bien, primero en el Teatro del Barrio y luego de gira por España. Hemos estado cinco años. Empezó como una cosa pequeñita y fue creciendo, creciendo. De libros, he escrito estas dos novelas.

Y eres profe de Instituto.

Sí, ahora en la pública, doy inglés. Soy interino en institutos de Madrid.

He de decirte que se nota…

¿Que soy interino? (Risas).

(Risas). Eso también. Y que eres de Ciudad Real… Y que eres profe.

¿Ah, sí?

Sí, por algo en tu forma de escribir, limpia, pulcra, muy correcta, que eres profe.

Bueno, sí, puede ser, yo reviso y reviso los textos.

De lo que cuentas en ‘Nido de pájaros’ y ‘Niño Santo’, ¿hay algo, bastante o mucho de autobiográfico?

Sí, claro, en Nido de pájaros, digamos que el 70% es autobiográfico. De hecho, empecé a escribirlo con los nombres reales de mis hermanos. Empecé como un desahogo, un fin de semana en el pueblo, que yo necesitaba sacar lo que llevaba dentro, empecé a escribirlo y  luego vi que podía avanzar más en la historia, y fui metiendo ficción y dándole cuerpo de novela.

Se nota un poco, sí, que es un desahogo. Creo que en la segunda novela has avanzado, que ya has creado personajes más creíbles, más desarrollados, y no es tanto un ‘qué a gusto me he quedado soltando todo esto que llevaba dentro’.

Sí, de hecho, en la primera ha habido gente que me criticó que uno de los personajes de las hermanas resultaba poco creíble… ¿Pero cómo no va a ser creíble, si es mi hermana, tal cual?

Igual es que tu hermana es muy increíble.

Tienes razón, algunas hermanas no son nada creíbles.

¿Cuándo fue ese fin de semana de desahogo?

En el verano de 2018. Con 35 años.

Ya eras mayorcito. ¿Sucedió algo especial ese verano?

Todo viene de que, cada vez que voy al pueblo, tengo esa sensación de viajar en el tiempo, de ver el pueblo como en una burbuja.

Leo la página 78 de ‘Nido de pájaros’: “¿Qué tendrá la mente humana que permite congelar el tiempo y el espacio? ¿Por qué, a pesar de todos los cambios vividos, coger el autobús que me lleva al pueblo es como montar en el Delorean? ¿Por qué tengo treinta años pero siento que tengo quince?¿Por qué soy fuerte e independiente en Madrid y, cuando vengo al pueblo, me siento pequeño e indefenso, minúsculo, un insecto? ¿Por qué?”… ¿Lo sigues sintiendo así, Luis?

Ahora ya no. A raíz de escribir el libro, ya no. Me ha venido muy bien, he hecho la paz con el pueblo y conmigo mismo.

O sea, va a ser verdad que escribir sirve de terapia…

En mi caso, absolutamente. (Risas).

¿Te tratan distinto?

Aunque yo había salido del armario en muchos ámbitos de mi vida, y con mi familia, sí que hay algo como que en el pueblo, inconscientemente, quiero que no sepan que soy gay. Ahora me da más igual. Es una sensación extraña. Lo hice por mí, siempre había querido escribir una novela, y qué mejor que mi historia, y si eso le puede servir a alguien para reconciliarse y hacer las paces consigo mismo y con su entorno…

¿Pero ese cambio viene porque han cambiado el trato hacia ti o porque tú te has, digamos, empoderado?

A raíz de publicar la novela, yo ya no tengo ese peso.

¿Y notas que te tratan de otra manera?

Es raro, es raro, sí. Es verdad que tampoco voy mucho. La vida en Madrid te absorbe. Voy muy poco. Pero, en realidad, te diré que ahora hay como una admiración. De repente. Oye, es que es escritor… Que ha publicado dos novelas. Ya no soy solo el mariquita. Y que hasta sale en los periódicos…

Maricón, pero escritor, ¿no? Es que los pueblos…, y los pueblos manchegos…

La Mancha da muchos artistas y también muchos quebraderos de cabeza.

Tengo un amigo que siempre dice que la región con más personalidad de España es La Mancha, y personalidad surrealista y más sentido disparatado del humor; que por eso ha dado gente como Sara Montiel, Almodóvar, Joaquín Reyes… y ahora tú.

Es que el humor es una herramienta para sobrevivir, y yo creo que por eso en La Mancha lo desarrollamos tanto. Porque estamos ahí, en medio de la nada, y es una forma de huir.

De niño, ¿te sentiste así? En las dos novelas está como eje de la trama el acoso infantil y en la adolescencia.

Sí, claro, yo de niño sufrí ese sentimiento de culpa y de sentirme señalado; yo recuerdo que algunos recreos incluso me quedaba en clase porque no quería exponerme.

No querías ir al patio a jugar al fútbol…

Claro, es que al final el niño sensible, frágil, distinto, que no juega al fútbol, es al que se comen los otros niños. Recuerdo incluso que llegué a pegarme con otro de los acosados… Nos acosaban a dos y nos enfrentaron, y tuvimos que medir fuerzas pegándonos a puñetazos en la plaza del pueblo, hasta que vino algún adulto a separarnos. Una de mis hermanas las increíbles. Imagínate, yo, que era superpacífico, cómo me sentía de acorralado, que la única forma de demostrar que yo valía y podía pertenecer al grupo era pegándome con el otro más débil… Fíjate cómo es el sentimiento de querer pertenecer, de no sentirte diferente, para llegar a ese punto de violencia.

Por lo que ves ahora desde tu trabajo de profe, ¿crees que eso está cambiando?

Doy clases a chavales de 12, 14 y 16 años. Y sí, yo creo que están las cosas mucho mejor, y que los chavales aceptan mejor cualquier tipo de orientación sexual, lo normalizan más. Cuando yo digo chicos y chicas, alguno incluso me añade: y chiques. A modo un poco de broma, pero, bueno, es una forma de entrever que hay una inclusión en el aula. Pero decirte que lo veo más en los pequeños, veo más aceptación, más apertura. Sin embargo, en 4º de la ESO, con 16 años, todavía hay mucho eso de ser el más machito, de llamarse maricón unos a otros; son aún muy machistas, homófobos, racistas. Porque hay una edad en que parece que atacar todo lo de alrededor te hace más fuerte, más macho, más hombre; sigue habiendo una masculinidad tóxica en los institutos en chavales de 15 y 16 años; es preocupante. Yo cuando oigo algo así, paro la clase y se lo hago ver. Por lo menos, que lo sepan reconocer. Que sean conscientes de que pueden estar ofendiendo a alguien.

En ‘Niño Santo’, hay escenas complicadas sobre el despertar a la sexualidad, ese encuentro entre dos niños en un campanario. Escenas que, cuando comienzas a leer, piensas: qué difícil, a ver cómo lo resuelve. Y decirte que creo que están bien resueltas.

Gracias. Sí, una de las dificultades de Niño Santo era hablar del despertar sexual de un niño de 12 años. Tienes que tener cuidado de cómo lo cuentas, para no caer en algo sucio, hostil, ni demasiado explícito… pero tampoco cursi.

Creo que en esto te puede haber servido estudiar teatro, para componer los personajes, cómo se mueven, cómo actúan, cómo se va desarrollando la acción.

Sí, me ha servido muchísimo para la construcción de personajes, para entenderlos, sus motivaciones, sus objetivos, lo que quieren conseguir, sus conflictos… Creo que todo el mundo debería hacer algo de teatro, incluso para entendernos como seres humanos.

En las dos novelas se socializa mediante el hecho de fumar, es como el rito de paso a hacerse mayor, a ‘hacerse un hombre’.

Sí, yo pasé por ahí. Es muy absurdo lo que demostraba la hombría. El que fuma y bebe es más machote, el que liga con más tías es más machote, el que mejor juega al fútbol. Hay una serie de ítems que tienes que cumplir si no quieres ser el maricón del pueblo. Yo me recuerdo esforzándome por conseguir esos ítems, hasta que llega un punto en que dices: mira, yo no tengo por qué estar con 12 años viendo un partido de fútbol, que ni me gusta ni entiendo nada, para tener luego algo de lo que hablar al día siguiente y estar integrado y pertenecer a ese rebaño, a esa comunidad.

Porque tú tenías muy claro desde siempre lo que eras…

Lo intuía, lo sabía, pero no lo quería aceptar. De hecho, intenté ser heterosexual. Salí con chicas. Intenté no ser gay. Tenía mucha homofobia interiorizada. No quería. Yo hasta los 24 años no estuve con un hombre. Tuve varias novias, pero ya con una de ellas me sinceré.

Autoterapia… Ay, Luis, que padecías el síndrome LGTBI…

(Risas). ¡No quería tener el síndrome, pero estaba dentro de mí! Y lo mejor que puedes hacer es aceptarlo. Yo, desde el momento en que lo acepté , mi vida cambió a mejor un trillón de veces. Y esa homofobia me podría haber llevado a casarme con una mujer, quedarme en el pueblo, tener hijos, y los fines de semana marcharme a follar con hombres en parques, que hay mucha gente que lo hacía y lo sigue haciendo. Porque ha habido y sigue habiendo mucha homofobia. En estas novelas quería también hablar de esos otros hombres muy machos, que se mantienen en el redil, pero que sienten esa pulsión y no la dejan desarrollar. Y son igual de homosexuales… Luego está esa otra incomprensión absoluta, de pensar que quien adopta un papel activo en el encuentro íntimo es menos maricón. Eso es homofobia también. Como yo soy el activo o como yo no la chupo, yo no soy maricón. Pues, perdona, eres igual de maricón, y no pasa nada. No hay que ponerse ninguna etiqueta; lo que hay que hacer es quitarle el estigma del todo.

En ‘Nido de pájaros’, se siente sobre todo el peso de la familia.

Sí, hay muchos casos en que no sales del armario hasta que no ha fallecido tu madre, o que se lo cuentas a todos menos a tus abuelos, o quien se va muy lejos y regresa cuando ya ha muerto el padre. En mi caso, es que mis padres murieron cuando yo era muy pequeño; por desgracia, no he tenido la posibilidad de contárselo, mi madre murió de cáncer de mama cuando yo tenía 6 años, y mi padre, de cáncer de pulmón cuando yo tenía 12. Pero, bueno, he tenido que salir del armario con mis hermanos. Y sí, el peso de la familia es importante. Es que la homofobia te crea miedos absurdos, que sí, que en el caso de algunas personas igual te desheredan por ser maricón, puede ser, pero en la mayoría de los casos siempre resulta mejor de lo que piensas; te meten un miedo y un sentimiento de culpa que te impiden ser tú mismo.

Por cierto, en ese personaje de la hermana mayor yo no dejo de ver ahí a la Rossy de Palma de la película ‘La flor de mi secreto’.

La gente me dice: tus libros recuerdan a Almodóvar. Pues, a ver, es que, aparte de la influencia que pueda tener sobre mí, hemos vivido cosas parecidas de niños en esos pueblos de La Mancha… Hemos vivido lo mismo, compartimos background.

Y en ‘Niño Santo’, el peso de la religión…

Sí, claro, yo era supercatólico de niño. Todo esto viene porque cada verano mandaban a chavales de los pueblos de convivencia a un seminario de Ciudad Real; y claro, tú, un niño pobre de pueblo, pues te vas feliz de convivencia, aunque sea a Ciudad Real, al menos sales del pueblo. Las convivencias eran en realidad un reclutamiento de niños para el seminario, para ver quién tenía madera de sacerdote, ver a quién le podían llevar por ese camino, y a mí los curas me querían muchísimo y me querían becar completamente para estudiar en el seminario. Pero mi padre no me dejó, no quiso; no quería que yo fuera a vivir interno a ningún sitio. Me metían en la cabeza lo de ser sacerdote, y yo… como si me dicen: tienes que ser modisto y te lo van metiendo en la cabeza…

O sea, que ahora podías ser un señor casado con hijos en un pueblo manchego o párroco en Ciudad Real, y, sin embargo, has acabado escribiendo novelas para Dos Bigotes y representando obras de teatro sobre el feminismo en Lavapiés.

Fíjate. (Risas).

Quizá destripo algo la novela, pero, bueno, como nos ha quedado una entrevista larga y no habrá muchos lectores que hayan llegado hasta aquí, la última pregunta… Quería decirte, Luis, que cuando comencé a leer ‘Niño santo’ y veía la buena relación del sacerdote con el monaguillo, pensaba que iba a salir algún episodio de pederastia, de abusos dentro de la Iglesia, algo de lo que ahora afortunadamente se habla tanto tras tantas décadas de ocultamiento.

Pues no, es un tema tan delicado… Y yo, además, no viví ese tipo de acoso. No quería ir por ahí. Es algo que da mucho vértigo, la verdad.

Hoy, jueves, 7 de julio, y mañana, 8 de julio, se celebra la VIII Feria del Libro LGTBIQ+ en Madrid (calle Augusto Figueroa, entre Fuencarral y Hortaleza). Luis Maura estará firmando ejemplares de sus novelas hoy a las 17.00 h. También Gloria Fortún, Elvira Sastre, Juan Arcones y Popy Blasco, entre otros.

En la carpa se presentarán diversos libros, como ‘Ni enfermos ni pecadores’ (sobre las terapias de conversión en España), ‘Travestí’ y la nueva novela de Paco Tomás, ‘Coto privado de infancia’ (mañana, a las 20.00 h).


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