“No podemos ser siempre ‘verticales’ y autosuficientes”

La filósofa Laura S. González Araújo.

La filósofa Laura S. González Araújo ha escrito un libro que puede leerse como ensayo o ficción, donde explica por qué la ‘inclinación’ que tenemos las mujeres no tiene por qué ser interpretada como una marca de debilidad frente a la ‘rectitud’ de los hombres. ‘Ser muchas y una íntima desconocida’ habla de verdades relacionales profundas en la ‘ética postural’, de lo queer y el psicoanálisis, y nos hace partícipes de la fiesta, así como de las confesiones del día después.

Abrir Ser muchas y una íntima desconocida (Dos Bigotes, 2026), de Laura S. González de Araújo, es encontrarse con esa literatura intimista que muchas lectoras extrañamos desde que murió Clarice Lispector, la que se echa de menos especialmente en España (salvo las gloriosas excepciones de lo que publican pequeñas editoriales como ediciones en el mar, por ejemplo), es dar con una potencial amiga inteligente y cercana, que no va a rivalizar ni banalizar nuestras inconsistencias de la vida real o nuestros pequeños delirios neuróticos. 

En este libro, la autora habla de la sexualidad normativa y de la otra, la que imaginamos, pero nos lleva más tiempo practicar, de lesbianismo y de ser hija en gratitud, de violencias sexuales disimuladas en el barullo festivo de la gran ciudad y de ser madre (esa decisión tan de puertas adentro), de ser paciente/cliente en terapia, y esencialmente de cómo nos configuran los vínculos familiares, y cómo se insertan unas amigas y otras, otres, que llegaron o se posan en nosotras en diferentes etapas de la vida. Todo confrontado con el inquebrantable deseo y las lecturas. Enmarcado en lo no confesable, pero posible material de exploración académica. Con el foco siempre puesto en lo relacional y su hondura.

González de Araújo (Vigo, 1984) estudió Ciencias Políticas y se doctoró en Filosofía y Psicoanálisis en París, una de las dos capitales desde donde se sigue irradiando a Jacques Lacan —la otra es Buenos Aires— y se inscribe temática, estilística y generacionalmente en la acera de ensayistas como Tamara Tenenbaum (El fin del amor. Querer y coger). Está, asimismo, en la estela de mujeres escritoras de narrativa como Natalia Ginzburg, quien, a propósito de Léxico familiar, proponía: “Aunque esté basado en hechos reales, me gusta pensar que va a leerse como una novela, y que se le pedirá todo lo que solemos pedirle a la ficción”. 

Este ensayo literario puede, de hecho, leerse como ficción: entretiene y emociona. Lo mejor: cada página te hace indagar en la propia subjetividad. 

A continuación, las preguntas que le hicimos, a partir de ciertos pasajes y conceptos de Ser muchas y una…

Viniendo de una formación psicoanalítica, ¿percibes una resistencia en la sociedad española hacia esa disciplina y, consecuentemente, una marcada distancia con la literatura intimista, especialmente desde las editoriales? 

Creo que, a nivel social, todavía existe cierto desconocimiento general respecto al psicoanálisis. A la vez, en los últimos años, he observado que pensadoras y autoras jóvenes han incorporado a sus trabajos divulgativos herramientas que proceden tanto de la teoría como de la experiencia clínica psicoanalítica, lo cual me parece un síntoma interesante de que las nuevas generaciones son sensibles a discursos críticos que incorporan conceptos vinculados al deseo, lo inconsciente o la estructura relacional y simbólica de la subjetividad. Además, pienso que la popularización de teorías queer, muchas de las cuales se han apoyado en una reformulación de Freud y Lacan, también ha contribuido a volver más cercanos algunos de los conceptos claves del psicoanálisis.

A causa de lo anterior, y del empuje de los feminismos a escala social, es posible que cada vez haya más interés por una lectura sobre lo íntimo, es decir, por relacionarse con la literatura de géneros híbridos o vinculados a las narrativas del yo, sobre todo por parte de las mujeres. Esto tiene todo el sentido, porque han sido precisamente las mujeres las que, hasta hace muy poco tiempo, han estado sometidas a distintos dispositivos de opresión, de invisibilidad y de silenciamiento de sus experiencias interiores.

Cito: “El descanso del lenguaje y el amor tienen marca vip entre mis dependencias, aunque quizás esto le pasa a todo el mundo. También lo tienen el sueño, las amigas de infancia y algunas drogas. Y mi madre. Hay dependencias de primera y de segunda (…) Las dependencias me cansan, pero también me descansan de mí misma”. ¿Puede explicarnos esta noción de dependencia inevitable, que no necesariamente una señal de alerta (como se generaliza en los artículos de autoayuda en revistas femeninas)?

Somos seres de pendientes, es decir, sujetos históricamente inclinados por deseos, traumas y conflictos afectivos, porque nuestra subjetividad es eminentemente relacional. No somos nada sin el otro. Nuestra interioridad está llena de afueras y las dependencias que la conforman, repletas de ecos y de huellas de lo que no soy yo, pero que justamente son las marcas de mi singularidad y también de mi vulnerabilidad.

La doxa y los discursos dominantes han tendido a asociar la idea de dependencia a una muestra de debilidad o de fallo, y quizás eso tenga que ver con que la inclinación se ha asociado históricamente a la condición femenina y a lo afectivo e irracional, frente a la rectitud vinculada a lo masculino (entendido como un lugar de autonomía y autosuficiencia) y a la supremacía de la razón. El psicoanálisis, así como algunas corrientes de filosofía y ciertas prácticas artísticas se han esforzado por desmontar el mito de la autonomía y la verticalidad del yo y han puesto de relieve su condición desequilibrada y de pendiente.

Escribes: “Una siempre quiere seducir a sus terapeutas, da igual el género que tengan. Creo que tiene que ver con el erotismo que genera la vulnerabilidad y con poder decirla”. ¿Eros habita en la vulnerabilidad, de qué modo? ¿Cómo se ‘dice’?

Eros es el reverso de Logos, o quizás, más bien, su planta baja en la construcción de la subjetividad. Eros habita en la vulnerabilidad expuesta; palpita cuando, a través del lenguaje, mi grieta o mi herida es comunicada al otro. Es la comunicación lo que puede volver erotizante la vulnerabilidad, que se dice diciendo “no sé” o “no puedo”, o, más directamente, no sabiendo qué decir.

Mencionar la agresión sexual cuando ha sucedido y cuando creemos que apenas nos ha hecho sentir incómodas…, ¿cómo cree que transcurre ese espacio entre que una mujer la sufre y finalmente puede nombrar esa violencia?

Hace falta tiempo para transformar la experiencia en lenguaje. Y también voluntad de conciencia. No creo que haya un solo modelo de transformación para nombrar las violencias, depende de muchos factores: en mi caso, pude subjetivarla porque estaba en análisis y porque tenía cerca a personas con las que era capaz de llegar muy lejos hablando. Es decir, mi contexto afectivo me ayudó a vencer las resistencias y la vergüenza, pero podría haber sido distinto en otro momento.

¿Qué es una prótesis de identidad, algo así como el Ego, que suele nombrarse?

El Yo es una ficción muy inestable y a la que siempre le falta algo, por eso estamos permanentemente al acecho de artificios que nos den una ilusión de consistencia y de completud. La moda, por ejemplo, es una prótesis identitaria de las más fructíferas, ya que nos permite decir Yo de maneras diversas, inconstantes e incluso contradictorias. Pero también pueden serlo la maternidad, la orientación sexual o el trabajo. El caso es que parece que se nos da mal o nos angustia estar a solas con nuestra insuficiencia y buscamos tapones o apoyos temporales que nos ayudan a significarnos.

¿Por qué dice que el inconsciente es una travesti?

El inconsciente se muestra ocultándose bajo distintos atuendos. Su condición es similar a la del transformista que se expresa a través del vestido, el maquillaje y la actuación y que performa, en muchos casos, hasta la exageración y la burla, roles identitarios. Los sueños, los síntomas o los lapsus son los principales escenarios de un inconsciente capaz de acceder a la representación a través de personajes, gestos y palabras de lo más absurdas e improbables. Además, la experiencia del psicoanálisis revela que el inconsciente, como buena travesti, se luce más cuando se le presta atención, es decir, cuando se le jalea es cuando mejor taconea.

Hay una definición de estar enamorada, como estar disponible, que me parece muy apropiada. ¿Esa disponibilidad es la que hace lugar al amor en femenino, allí no se compite? (ya que no se puede estar totalmente disponible –o sin competir— con los hombres: “cuando estoy con uno hay algo de mi subjetividad erótica que se intranquiliza”).

Estar disponible para el amor quiere decir estar con las persianas levantadas y las ventanas abiertas para dejarse atravesar por el clima que venga. No creo que debamos generalizar y pensar que con el amor en femenino la climatología es siempre plácida y no hay competencia; creo, de hecho, que todo amor trae consigo algunos tormentos.

Lo que la narradora pretende expresar es una de sus contradicciones respecto al erotismo con lo masculino, que tiene que ver con no aceptar una posición de desigualdad y a la vez fomentarla para diferenciarse. En lo sexual hetero quizás sea más difícil lidiar con una subversión de las posiciones, porque hay algo así como una ética postural aparentemente más rígida y sobrecodificada que en los casos del amor en femenino.

Cuéntame el motivo más íntimo que te ha llevado a escribir este libro. ¿En quién pensabas como lector/a?

La posibilidad de ser madre fue un impulso muy importante en el compromiso con la escritura del libro. Pensé que realizar una suerte de ecología de mi subjetividad podría ayudarme a llegar a ese lugar con más conciencia. Creo que siempre he tenido en la cabeza una lectora/lector con talento para la multiplicidad, la indefinición y la extrañeza. Hay algo de lo femenino y de lo queer que está históricamente ligado a todo eso como estrategia de supervivencia y de creatividad, así que es posible que ahí resida mi potencial lectora y lector. Aunque la pluralidad de voces interiores y las íntimas desconocidas forman parte de cualquiera.

Deja tu comentario

¿Qué hacemos con tus datos?

En elasombrario.com le pedimos su nombre y correo electrónico (no publicamos el correo electrónico) para identificarlo entre el resto de las personas que comentan en el blog.

No hay comentarios

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.