Entrevistamos a tres escritoras con mucho orgullo zombi

Entrevistamos a tres escritoras con mucho orgullo zombi

Con un fotograma de ‘The Walking Dead’ celebramos el Día del Orgullo Zombi.

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Los mortales de la Tierra celebramos hoy, 4 de febrero, el Día del Orgullo Zombi. Con motivo tan señalado, tres periodistas de ‘El Asombrario’ entrevistan a tres escritoras que en los últimos meses han publicado libros relacionados con los miedos y lo terrorífico: la ecuatoriana Mónica Ojeda (‘Las voladoras’), la argentina Ana Llurba (‘Constelaciones familiares’) y la española Desirée de Fez (‘Reina del grito’). Disfrutad con tan espeluznante (y nutritivo) menú.

La escritora Mónica Ojeda. Foto: Sergio Cardierno.

Mónica Ojeda: ‘Las Voladoras’, el gótico andino

Por RAQUEL MORALEJA

Tras asombrar a crítica y público con sus novelas ‘Nefando’ y ‘Mandíbula’, la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda se ha estrenado en el género del cuento con ‘Las voladoras’ (Páginas de Espuma), una colección de sus miedos y obsesiones que se enraízan en el salvaje paisaje andino. Como bien dice, todo paisaje tiene sus terrores específicos. Y ella se adentra en este libro en un imaginario totalmente desconocido para el lector español: el gótico andino. Una clase singular de gótico que se nutre de este poderoso paisaje, pero también de sus monstruos, sus creencias míticas, sus tabús sociales, y lo despliega con ese lenguaje poderoso y oscuro al que ya nos tiene acostumbrados. Brujas aladas, profesoras que se encuentran una cabeza decapitada en el jardín, fascinación por la sangre y los dientes, una mujer que se arroja desde una cordillera, un engaño a la muerte… forman parte de la cosmovisión de Mónica Ojeda.

Páramos, volcanes, un cóndor alzando el vuelo… Tus cuentos recuperan una tradición muy desconocida dentro de la literatura española: el gótico andino. ¿En qué consiste este subgénero?

El gótico andino es muy desconocido incluso para la gente de Ecuador. En el campo académico sí que se ha hablado bastante de él, pero a través de la oralidad. Cuando yo investigué antes de escribir el libro, busqué textos literarios escritos y prácticamente no encontré nada. Todo gótico, ya sea el gótico sureño norteamericano o el anglosajón, se basa en un cambio estructural de la sociedad en la que surge: en el londinense, la industrialización y sus horrores específicos; en el sureño, el tema de la esclavitud y la colonización de los campos del sur… Una idiosincrasia en torno al horror y el miedo muy específica. Yo quise buscar qué pasaba en los Andes. Lo primero y más fundamental es la importancia del paisaje, el horror y la violencia ligados al escenario. Volcanes, páramos, valles… Todos embadurnados por un misticismo y una mitología ancestral, que tiene que ver con lo indígena, pero también con lo mestizo, y donde hay toda una serie de seres monstruosos muy específicos. Decidí que iba a trabajar con las particularidades de este imaginario.

Por ejemplo, las brujas, pero un tipo muy específico de bruja, las humas de los Andes; o la conexión chamánica con la naturaleza; también el terror al incesto, que siempre ha estado muy implícito en toda mi literatura y que resulta ser otro rasgo distintivo del gótico andino, aunque esto no lo supe hasta que empecé a investigar. Muchos monstruos andinos son fruto de este castigo al incesto. Es un tabú universal, pero en los Andes hay un contexto muy particular con el tema de la colonización española y el mestizaje.

Algo que a mí me apasiona de la oralidad, la mitología y las leyendas es que, debajo de todas esas historias fantasiosas e imaginarias, hay un fondo de preocupación por las emociones humanas más fundamentales: el miedo a la existencia, a la muerte, la vida, el amor, cómo construir una sociedad… Las mitologías surgen para dar orden al caos. Todas las culturas tienen sus mitologías con sus particularidades, pero si vas al fondo de ellas, todas responden a lo mismo. Es la desnudez propia del ser humano, da igual en qué esquina del mundo estés: seguimos teniendo miedo a las mismas cosas.

Otro tema siempre presente en tu literatura es la dualidad entre horror y belleza. Algo nos da miedo, pero a la vez nos fascina. ¿Cómo es posible ver lo bello en lo terrible?

A priori uno concibe la belleza y el horror como cosas totalmente distintas, y sin embargo tenemos toda una tradición cultural, sobre todo romántica, que las emparenta. El concepto de lo sublime; por ejemplo, Rilke decía que la belleza no viene dada sino a través del horror. También hay muchas religiones que tratan este tema: la imposibilidad de ver la perfección porque es una belleza tan extrema que genera casi ceguera. Así le ocurre a Moisés en el cristianismo. Esta tradición a mí me interpela muy de cerca, porque encuentro que, en estos lugares de hostilidad y violencia en los que vivimos los seres humanos, solo nos queda encontrar algo de belleza y fascinación. Si no, ¿cómo lo sobrevives? Esta vinculación está siempre en mi escritura: ¿por qué siento atracción por lo mismo que me espanta? No hay respuesta sencilla. 

Recientemente, la escritora Mariana Enríquez apuntaba que ella no concebía el terror escrito desde Latinoamérica sin el componente político-social ¿Tú también entiendes así el género?

Estoy de acuerdo con ella. Si pienso en mi escritura, siempre trato sobre la violencia que ejercen unos cuerpos sobre otros, cómo una persona que te ama te puede destruir. Es ineludible de la experiencia contextual: Latinoamérica es un continente muy violento. En todos los cuentos de Las voladoras hay mujeres que sufren episodios muy violentos, y esto muy posiblemente me sale por mi propia experiencia de ser mujer en un país latinoamericano. No quiero negar esta experiencia, es real. Yo he venido a España para vivir en un contexto menos violento. ¿Cómo no va a permear el contexto en tu escritura? 

En el cuento ‘Cabeza voladora’ se ve muy claro este terror al feminicidio.

Ha ayudado muchísimo que en México inventaran este término: “femicidio” (en otros países, “feminicidio”). Ponerle nombre a un tipo concreto de asesinato, el de las mujeres por culpa de una base estructural patriarcal, implicó todo un cambio generacional. Yo pertenezco a esta generación que ya ha traído consigo esa palabra, está en mi lenguaje. Las escritoras latinoamericanas siempre han tratado este tema, aunque no se hubiese acuñado este término, pero ahora hay aún más escritoras hablando de ello precisamente porque se le ha puesto nombre. Cuando sabemos cómo nombrar algo, se convierte en una realidad más próxima.

Personajes como el chamán y la bruja son rastros de una ciencia antigua que ¿acaso puede tener cabida en el mundo actual, basado en la tecnología y la ciencia exactas? ¿Pertenecen al folklore o siguen presentes en nuestra sociedad?

Normalmente se cree que en las ciudades hay un desapego con este tipo de creencias y que en las zonas rurales son más importantes, y sin embargo vivimos en ciudades donde, por ejemplo, la homeopatía está en boga. También la religión vista desde otras perspectivas: gente que cree en las energías, la astrología… Está a la orden del día. El misticismo sigue siendo una necesidad humana. Las personas vuelcan deseos y necesidades en torno a discursos que le den un sentido a lo que en sus vidas no tiene sentido. Esa necesidad de darle orden al caos de la que hablábamos antes.

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La escritora Ana Llurba. Foto: Celina Bordino.

Ana Llurba: ‘Constelaciones familiares’, inquietante juego con lo sobrenatural

Por CARLOS MADRID

En ‘Constelaciones familiares’ (Aristas Martínez), el nuevo libro de cuentos de la escritora argentina Ana Llurba, cabe casi todo. Misticismo, exploración de la sexualidad, adolescencia, madurez, amistad, violencia, horror, religión, cultura pop, actualidad y un largo etcétera de universos, todos ellos impregnados por una atmósfera de paranormalidad que agita al lector y lo somete hasta mostrarle sus peores obsesiones.

Cuando uno se enfrenta a un libro de cuentos siempre intenta buscar un nexo entre ellos. En ‘Constelaciones familiares’ me parece que, haciendo referencia al título, la unión de todos ellos es un conjunto de las diferentes capas del ser humano.

Constelaciones familiares era el nombre de uno de los cuentos, que va sobre la depresión postparto. No es mi favorito, pero me parecía que el nombre representaba muchas cosas que podían dar nombre al conjunto. El libro es un proceso muy largo, ya que el primer cuento lo empecé a escribir en 2014. En él hay reencarnaciones, varias Anas conviviendo, hasta que hubo un momento en que en 17 cuentos había temas comunes: adolescencia, misticismo, humor… Fue difícil darle la unidad.

Algo que también los caracteriza es que son cuentos duros.

Eso no te lo puedo afirmar. Por mi experiencia de haberme criado hasta los 18 en una ciudad como Córdoba (Argentina), en un país muy latinoamericano, no me parecen tan duros. Creo que representan la vida y que esta es dura.

Esa vida dura que representas en los cuentos la llevas al papel a través de una atmósfera muy personal de irrealidad. En tus cuentos, la normalidad y la paranormalidad conviven sin problemas.

Eso me encanta. De hecho, en la discusión acerca de los géneros en España, están muy separados en el canon. Está la ciencia ficción, el terror, etc… Sin embargo, en Argentina, y esto es algo que ya han dicho antes algunas escritoras como Mariana Enríquez o Samanta Schweblin, viene de la tradición del primer Cortázar, de Borges… Es una tradición que tiene que ver con lo fantástico, que no tiene nada que ver con los unicornios, sino con un contexto en el que todo puede ser real o no. A mí ese territorio me encanta. No es que no me interese el realismo, es que no me alcanza.

¿Puede ser que esta mezcla entre realidad y fantasía tenga algo que ver con la religión?

Es una exploración que me encanta, un fetiche que llevo a cabo en todas mis obras. Aquí se encuentra en varios cuentos: me encanta la mitología y la religión y mover el eje.

Ese cambiar el eje, el punto de vista, se ve muy bien en el cuento de ‘Nazaret’, que lo narra la Virgen María, algo a lo que no estamos acostumbrados, porque son ellos los que cuentan la ‘historia sagrada’.

No es lo sobrenatural lo que me llama la atención, sino los malentendidos; ese movimiento entre lo literario y lo literal. Marosa de Giorgo, una poeta uruguaya que me encanta, tiene un poema sobre la Virgen María: “Soy la virgen / el ángel me hablaba entre los jazmines / pero yo no entendía nada”. Ahí vi que había algo. Tenía que mostrar todo el absurdo que hay alrededor. Hay un famoso cuento del siglo XIX que se llama Lázaro y para mí es el primer cuento de zombis. Es Lázaro volviendo de la muerte y es maravilloso. Siempre he pensado en esos lugares comunes. Por ejemplo, la Inmaculada Concepción como una intervención alienígena. Es algo que siempre estuvo ahí, ¿qué diría la Virgen de todo ello? ¿De no poder follar con su marido? Ella quería que volviera José… (Risas). En el fondo, hay algo muy lúdico alrededor de todo ello.

Es un libro también muy pegado a la actualidad: hay un cuento sobre la vida entre cajas registradoras en una crisis sanitaria y uno sobre una enfermedad que se contagia con el tacto.

Este último trata de una epidemia zombi. Lo que pasa es que está contado desde el primer amor de un chico. También tiene ese imaginario católico de alguien que vuelve y que por azar se lo encuentra en la puerta de su casa. Ahí sí quería hacer un cuento zombi, pero sin serlo. Respecto al de las cajas registradoras, llevo a cabo el ejercicio de volver a romper el eje: doy importancia a las cajas registradoras en plena pandemia.

Este cuento me lo encargaron para una antología y el tema era capitalismo alien. Y no quería caer en el tópico de los que vienen de fuera. Estuve pensando y hay un cuento de un amigo que trata sobre la revelación de las máquinas de correr de un gimnasio. Tenía ese cuento en la cabeza y escuché a Hidrogenesse, que tienen una canción que dice “soy una caja registradora”. Esos dos elementos se me juntaron en el peor momento de la pandemia, en abril, cuando yo tenía la cabeza en qué estaba pasando en Latinoamérica. También una amiga que vive en Berlín me dijo que el supermercado de al lado de su casa era la Zona 0. Se me quedó esa imagen del súper, estaba pensando en algo de capitalismo alien y la canción de Hidrogenesse… y ¡zas!, me salió el cuento.

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La escritora y periodista Desirée de Fez.

Desirée de Fez: ‘Reina del grito’, los miedos femeninos

Por SANDRA SÁNCHEZ

Es espectadora voraz de películas de miedo desde que era niña; y desde hace 20 años se dedica a ellas como periodista y crítica de cine. Sin embargo, por paradójico que resulte, la catalana Desirée de Fez se considera una mujer con miedos. Y a ellos se ha enfrentado, ayudada por sus adoradas películas, en su nuevo libro, ‘Reina del grito’, editado por Blackie Books. Una obra escrita en primera persona, que es, sin embargo, el grito, el clamor, de todas.

¿En qué momento surgió la necesidad de escribir este libro?

Llevaba tiempo con dos ideas en la cabeza. Una es que quería hacer algo sobre el miedo, porque los últimos 6-7 años de mi vida me han pasado muchas cosas: buenas, como el nacimiento de mis dos hijos, pero también muy difíciles, como la muerte de mi padre, el desplome de mi profesión… De golpe muchas cosas que habían acentuado todos mis miedos. Más la sensación de que el miedo es algo que me viene de familia. Todas las mujeres de mi familia somos muy fuertes, pero al mismo tiempo tenemos muchos miedos. Yo le daba vueltas a esto, pero no acababa de encontrar la fórmula de sacarlo. Y por otro lado quería hacer un libro hablando de lo que más me ha obsesionado estos últimos años, que es el cine de terror hecho por mujeres.

Un día hablando con mi amigo el escritor Miqui Otero me preguntó qué libro me gustaría hacer. Y dije: ‘mira, yo quiero hacer un libro sobre el miedo’. Me salió así de forma instintiva. Hablando con él pensé que quizá la manera de contar estos miedos no esté tan alejada del cine de terror; especialmente teniendo en cuenta el cambio que se está produciendo en el cine hecho por mujeres. Porque si hago recuento de las cosas que a mí me sirven en el día a día para convivir con el miedo, me ayudan mi familia, mis amigos, la terapia cuando la he hecho, pero en el cine y especialmente en el de terror yo he encontrado muchas herramientas y recursos para analizar mis propios miedos.

Resulta paradójico que alguien que tiene miedos encuentre alivio en el cine de terror. Hay una frase de tu libro que lo explica: “Los miedos prestados siempre son más llevaderos que los propios”. 

Sí, exacto. Yo creo que tiene que ver con la posibilidad de ver tus miedos proyectados. En el momento en que tú ves que no solo los tienes tú te sientes menos sola. Y si tú ves esto en la pantalla tienes más facilidad para analizarlo con mayor distancia. Lo que está pasando en la pantalla no tiene que ser necesariamente lo que te esté pasando a ti. No es que tengas que recurrir a una película en la que la historia de la protagonista sea la misma por la que estás pasando tú. No va de eso. Va de detectar en situaciones y personajes de ficción cosas que a ti te sirvan para analizar tus propios miedos.

Cuando yo digo que El exorcista es una peli sobre mi maternidad, no es que sea una película exactamente en ese sentido. Pero sí es verdad que en la fragilidad de ese personaje de la madre, que está a años luz de lo que me pueda pasar a mí con mis hijos, veo la vulnerabilidad, la sensación de extrañeza de que pase algo relacionado con su hija y no sepa cómo resolverlo, el desamparo cuando crees que como madre vienes con unas instrucciones y de golpe te pasa algo que dices: “pero ¿no se suponía que yo sabría resolver esto por ser madre?” Y ves que no te sirve ni el sentido común, ni los consejos que te dan ni nada. Yo siento que en ese personaje me puedo agarrar a cosas que me pueden ayudar a entender mis miedos y mis problemas relacionados con el día a día.

¿Crees que la maternidad es la prueba de fuego de los miedos femeninos?

No necesariamente. Hay circunstancias tan variadas, mujeres tan distintas, podemos pasar por cosas tan diferentes… En mi caso, la maternidad ha potenciado alguno de los miedos que arrastraba, como el miedo a la pérdida, a enfermar, a la muerte. Pero también es verdad que alguno de los miedos con los que convivo a diario y que son muy duros ni siquiera tienen que ver con la maternidad, como eso que planteo al inicio del libro y que me pasa desde niña, que es este miedo a no encajar. El miedo a no encontrar tu espacio en ningún sitio, ni en tu ámbito personal ni en el profesional, incluso de amigos. La gente evoluciona y cambia y no te sientes igual en el mismo círculo que tenías hace diez años.

Cuando empecé a escribir el libro pensé que casi todo giraría en torno a la maternidad, porque tenía muy reciente el parto, los primeros años de mis hijos. Luego el parto, si te fijas, ni está. Me di cuenta de que somos muy complejas y hay miedos de todo tipo al acecho. Los cambios físicos, todo lo que tiene que ver con la infancia y la adolescencia, la relación con tu propio cuerpo cuando te haces mayor, las relaciones sentimentales, el deseo…, son cosas que funcionan en paralelo o por separado de la maternidad.

En ‘Reina del grito’ haces un repaso cronológico de tus miedos a lo largo de tu vida. ¿Crees que son más poderosos los de la infancia o los de la madurez?

Creo que se vuelven más complicados. Tampoco te sé decir, porque cuando eres un niño o un adolescente lo que te pasa es lo peor que le puede pasar a alguien, lo vives con esa intensidad. La diferencia es que ganas en herramientas para manejarlos, que es algo de lo que yo no era consciente. Cuando empiezo a hacer el libro veo que tengo mucho miedo, tengo la sospecha de que es algo heredado, luego confirmo que no es exactamente así, que hay cosas que se heredan y cosas que no. Los miedos ahora son versiones más sofisticadas de los que arrastramos de la infancia y de la adolescencia, como el miedo a no encajar o todos los problemas que he tenido yo en relación con mi cuerpo, que siguen estando ahí, pero los pienso de una manera diferente, porque soy más mayor y los complejos que tenía ya no son las movidas que tengo ahora con mi físico a los 40 años. Es bastante distinto. Pero te das cuenta, cuando te haces mayor, de que eres mucho más consciente de esos miedos, los piensas más, sabes cómo manejarlos.

Aquí encuentras una ayuda en las nuevas directoras de cine de terror.

Sí, esta nueva generación de directoras está tocando temas que me suenan muy familiares y que son un patrón común en las películas que hacen: la pérdida, las relaciones entre madres e hijos… Y de golpe entrevisto a una directora, Karyn Kusama, y me dice que no es tanto un patrón temático como que en el fondo todas estas películas van de lo fuertes que somos en cuanto a lo increíblemente conscientes que somos todo el rato de nuestra vulnerabilidad, nuestras preocupaciones, de los procesos por los que estamos pasando. Y yo creo que el clic está un poco ahí.

Cuando yo veo que estas mujeres están siendo capaces de contar sus historias y de reflexionar sobre esa capacidad que tenemos de abordar y analizar nuestros miedos, de intentar aprender a convivir con ellos, sacamos una fuerza increíble y para mí son inspiradoras a la hora de escribir mi libro. Hay como mucho miedo a hablar de las cosas que nos dan miedo, porque si lo haces parece que te muestras frágil. Existe ese pudor y es todo lo contrario, al final lo que demuestras es que tienes un control enorme sobre tus propias emociones y eso para mí es síntoma de fortaleza.

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