Otro hiriente desahucio: el de los indígenas de la Amazonia
La obra de Yann Gross denuncia la expulsión de los pueblos indígenas de la Amazonia. Foto: La Casa Encendida.
Los indígenas amazónicos de las comunidades Tukaro Sawa y Nuestra Señora del Libramento nos miran a los ojos, como la Mona Lisa; no lo hacen desde el lago Como, sino desde los caminos de “un desierto de palmas” en lo que era su selva en el Estado brasileño de Pará. De fondo, por los altavoces de la sala, dos dirigentes de Brasil, Lula da Silva y Dilma Rousseff, hablan de las ventajas de los biocombustibles, mientras ellos nos siguen con la mirada y, con sus voces, les recuerdan que les ha destrozado la vida. Así nos los muestra el artista suizo Yann Gross en la exposición ‘Drift’, en La Casa Encendida de Madrid (hasta el 26 de julio) .
Son guardianes de la naturaleza, hombres y mujeres, hoy a la espera de un desahucio de las tierras Ita Pew que ancestralmente fueron suyas y ahora son de la multinacional colombiana AgroPalma. A tamaño casi real, parecen cobrar vida desde la obra titulada Elaeis, el nombre oficial de la planta que llegó hasta Brasil para alimentar a los esclavos africanos.
El fotógrafo y artista Gross, conocido en todo el mundo por su capacidad de explorar en sus obras la capacidad humana de transformar el entorno, ha querido dedicar esta instalación a los Turiwara, enfrentados hoy a Da Silva por promover unos monocultivos basados en la palma aceitera que hoy invade sus territorios, ahora para alimentar vehículos. “Les echaron de sus tierras, porque no tenían documentos y desde tiempos coloniales hubo quien se las registró a su nombre; hace un tiempo han vuelto para recuperarlas y han cerrado los caminos de acceso a sus comunidades para protegerse. A veces les matan. También están allí los descendientes de los esclavos africanos, los quilombos. Tanto a indígenas como a quilombos les explotaron talando el bosque, su única opción si querían sobrevivir”, explica el artista mientras nos escrudiñan sus protagonistas desde las paredes.
Los Turiwara fueron los primeros habitantes del río Acará, hoy núcleo brasileño del cultivo de esta palma, cuyos frutos se consumen en infinidad de productos alimenticios o cosméticos, pero sobre todo en biocombustibles. Precisamente, son unas importaciones que a raíz del acuerdo de Mercosur se quieren incrementar a España, según ha declarado recientemente el presidente de la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones, Laudemir Müller. Fue en la década de 1980 cuando, con títulos de propiedad que ninguneaban la presencia indígena en sus territorios, las empresas se los apropiaron. Los Turiwara tuvieron que convertirse en mano de obra barata. A la vez, se les quitó su categoría de pueblo indígena y los pasaron a denominar comunidades ribereñas o campesinas, con menos derechos legales. “Hasta sus cementerios sagrados quedaron dentro de fincas a las que no podían acceder”, recuerda Gross, que ha dividido su vida entre Suiza y esa zona de Sudamérica en los últimos años.

Parte de la exposición ‘Drift’, de Yann Gross.
En febrero de 2022, después de ver que sus demandas judiciales se resolvían con pactos secretos que les excluían, los Turiwara iniciaron acciones de protesta para recuperar el territorio Ita Pew. En noviembre de 2025, decenas de familias decidieron ocupar su antigua aldea Tukano Sawa, donde ha estado Gross. “Los tribunales han dictaminado ya su desalojo y ellos han montado un sistema de vigilancia para controlar quién entra y sale de su comunidad, intentando preservar el poco bosque que queda, que es donde cazan y pescan. Siempre están atentos, intranquilos, y fue esa resistencia la que me inspiró esta obra”, explica.
En enero de este año, un tribunal de Pará dio autorización para que les echaran de la aldea, incluso con violencia si fuera preciso; algo que in extremis impidió un Tribunal Federal: resultó que la aldea de Tukano Sawa no entraba en las hectáreas afectadas por el proceso judicial. Agropalma, que era estatal y pasó a ser colombiana ese mes, apeló y otro tribunal de Pará le acaba de dar la razón. Mientras, la FUNAI (Fundación Nacional del Indio), organismo que demarca zonas indígenas, ha comenzado a documentar la zona por si es posible crear allí otra demarcación protegida, pero no tiene aún los informes. “En cualquier momento pueden llegar y echar a las familias”, reconoce el artista.

Yann Gross ha traído la selva amazónica a La Casa Encendida.
Curiosamente, el interés que expone en Drift por las palmeras le viene de su origen suizo. De hecho, son el eje de toda la muestra. Es visible en Ward, una gran caja de cristal en cuyo interior hay una palmera viva de origen chino; y en Fortune, una serie de fotos multiespectrales que muestran la diacronía de esa flora en los bosques centroeuropeos de su país. Él nos explica el porqué de estas obras: “Aunque es un país alpino, tiene un grave problema con estas palmeras chinas, que fueron traídas a Europa por primera vez en el siglo XIX por el botánico Robert Fortune; entonces les pareció que era una planta exótica y decorativa. En la década de 1960, en Suiza se importó masivamente en un empeño por dar la apariencia de ser un país tropical y ahora se han extendido y son un grave problema ambiental. Un claro ejemplo de planta invasiva”.
La caja Ward, en realidad un invernadero portátil, debe su nombre a Nathalie Ward, quien en 1829 descubrió que una planta podía mantenerse viva dentro de un recipiente de cristal si se genera el ciclo del agua completo en su interior. “En realidad, éste es el caso opuesto al de Elaeis. En la Amazonía, unas palmeras desplazan a los pueblos y con esta caja fueron ellas las desplazadas a otro lugar donde la naturaleza no las puso y donde hemos roto el equilibrio con su presencia”. Tal es problema que en 2025 el gobierno suizo prohibió que se plantaran más palmeras, pero las semillas ahora vuelan con ayuda de la aves por unos bosques donde cada vez hace menos frío.
‘Inéditos 2026’
Esta exposición se completa en La Casa Encendida con otra en la que también tiene importante presencia la naturaleza y la vida: Inéditos 2026, dedicada a los proyectos de dos jóvenes comisarios de arte. Una, Kumusca na kayo (¿Cómo estáis ahora?), de Álvaro Talavera, nos trae a Madrid a artistas del lejano país que es Filipinas. Llama la atención el gran mural de fotos de MM Yu, en el que se entrelazan imágenes de una gran ciudad y cómo el consumo y sus residuos son protagonistas. La otra, comisariada por Raquel Algaba, incluye obras de cuatro artistas femeninas que logran entrelazar la naturaleza con técnicas innovadoras para crear lo que parecen extraños seres y paisajes.



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