Otro Madrid: Entrepatios, vivienda colaborativa y ecológica

Otro Madrid: Entrepatios, la experiencia de vivienda colaborativa y ecológica

Planos del edificio colaborativo construido en el barrio de Las Carolinas, Madrid.

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Distrito de Usera, barrio de Orcasur, Madrid, muy cerca del río. Zona conocida popularmente como Las Carolinas. Por allí resisten viviendas muy precarias. Hay callejuelas, solares, talleres con o sin trajín, y muchos almacenes. Hay autovías y vías de tren. También el magnífico Parque Lineal del Manzanares. “Entrepatios”, explican los vecinos, “es el primer edificio de vivienda colaborativa en derecho de uso de la ciudad de Madrid”. Un proyecto planeado sobre la sostenibilidad ambiental y de la vida. Una arquitectura más humanista que nunca en un barrio fragmentado por la desigualdad. Una experiencia de cooperativa pionera en una ciudad, Madrid, donde lograr una vivienda digna se ha convertido casi en una epopeya.

El patio de esta casa es particular. Sus cimientos, materiales y espirituales, también. Quince años empezando la casa por el tejado, por aquello de que cerca del cielo los sueños maduran más y mejor, hasta dar con la tierra donde plantar los pies. Un solar alargado de 46 por 17 metros cuadrados.

A pesar de todo, sus residentes quieren seguir haciendo barrio. Son los que, desde hace unos meses, interrumpen sus paseos frente al número 19 de la calle González Feito, para hacer fotografías. “Aquí vive gente muy especial”, se les oye comentar con una curiosidad justificada.

Una de esas familias especiales vive en el 2ºA. Se trata de Nati García Padilla, su pareja y un hijo en común, Javier López García, que nació con Síndrome X Frágil hace 38 años. Su madre quiere contarnos cómo Entrepatios ha cambiado para bien la vida de Javier y lo mucho que le ayuda en su discapacidad. “Nuestro hijo no tiene problemas de adaptación; al contrario, necesita socializar y se mueve bien entre la gente. No ha aprendido a leer ni a escribir, pero a los 13 años era capaz de moverse solo en transporte público, porque tiene en la cabeza el mapa del Metro de Madrid. Ocurre que en esta sociedad las personas con discapacidad siempre son preceptoras de servicios: todo les llega a ellos. Cuando pensamos en la posibilidad de que Javier compartiera un piso tutelado valoramos el hecho de que allí seguiría recibiendo esos apoyos mientras que en una convivencia como la de Entrepatios, donde todos damos y todos recibimos, Javi aporta mucho más de lo que le llega”.

Hubiéramos querido conocerle y charlar con él un rato, pero acaba de marcharse a montar en bicicleta por el parque, con algunos vecinos grandes y chicos. Nos cuenta Nati que también se ocupa de pasear a las dos perritas que viven en el edificio, y comparte ratos libres con un precioso bebe. A Filomena se encaró con firmeza pala en mano para evacuar la nieve del amplísimo ático, la estrella de las zonas comunes. Y muchas cosas más.

Viviendas colaborativas en Las Carolinas.

“Cada martes participa en el grupo de consumo, que salvo para él, es de participación rotatoria. Recoge los productos, los pesa, coloca cada cosa en su caja, distribuye, y en muchos casos ayuda a las vecinas y vecinos a subir los paquetes hasta casa. Es un chico sano y fuerte. Sigue acudiendo al centro ocupacional aunque con menos frecuencia a causa de la pandemia, y allí también han notado los cambios porque les cuenta entusiasmado todo lo que hace y su autoestima ha subido considerablemente”.

La convivencia en Entrepatios les da mucha seguridad. Ahora pueden ausentarse unos días sabiendo que Javier no está completamente solo. Las llaves se comparten de forma voluntaria, pero hay más. De todos es la soleada terraza del ático que mira al Parque como un mascarón de proa, y un salón acristalado y dotado de una completa cocina, donde ya colocaron una batería, de percusión musical. El resto de corralas, el jardín, la sala de juegos de los niños, el servicio de lavandería y otros útiles del hogar… “¿Para qué queremos una lavadora en cada casa?”, dice Nati. “O una aspiradora, una plancha, una caja de herramientas…”.

Nati y su familia llegaron a Entrepatios, “porque siempre tuvimos algo parecido en la cabeza”, nos cuenta mientras charlamos en el soleado salón de una vivienda de tres dormitorios (unos 80 metros cuadrados). Reparo en la calidez del techo de madera, la amplitud de las ventanas y el confort del ambiente, gracias al sistema de ventilación mecánica que actúa como un pequeño pulmón y en invierno caldea las viviendas. El gasto medio de una factura de la luz en Entrepatios es de 20 euros al mes. Ni un gramo de C02 sale por estas rendijas. Todos los materiales son de bajo impacto, aislamiento con reciclado de textiles, 750.000 litros de agua ahorrados en un año y la posibilidad de reciclar las aguas grises cuando las autoridades lo permitan, según previsiones del estudio de arquitectura sAtt y Pascual Pérez, que han estado al frente.

“El proyecto circulaba por grupos y movimientos ecofeministas de los que yo formaba parte”, sigue Nati. “Hace unos seis años fuimos a la primera reunión, nos asociamos y así empezó todo”. De una vivienda en propiedad en el barrio de Canillejas a disfrutar de un piso precioso que no sigue las reglas de la propiedad al uso, ni del alquiler tal y como conocemos, sino todo lo contrario: el derecho a la cesión de uso. Empezando por una inversión de unos 40.000 euros (la mitad de lo que cuesta el metro cuadrado por los alrededores), que recuperas si alguna vez decides mudarte a otro lugar, y alquileres de 500 a 700 euros mensuales, según el tamaño de la vivienda. Propiedad colectiva y nulas posibilidades de especulación. Banca sostenible, hipotecas sensatas, periodos de carencia y esquinazo a las sangrientas promotoras.

Sería interesante saber cómo se repartieron los 17 pisos evitando conflictos. ¿Cómo se consiguió un reparto en paz? ¿Alguien renunció voluntariamente a los cotizados áticos, prefiriendo por ejemplo un bajo? “Bueno, eso se reguló obviamente, anteponiendo necesidades especiales y dejando que cada familia optara por dos posibilidades. Porque no todo el mundo prefería los áticos. Nosotros quisimos un segundo (hay cuatro plantas). Todos los pisos son muy luminosos y hay quien prefiere vivir más cerca del jardín, por ejemplo. Con los bajos se pactó construirles un acceso directo en forma de pequeña terraza, son por tanto casas con dos puertas, y en otros casos se añadió un balcón”, repasa Nati, de 64 años, educadora social, en paro desde diciembre, cuando retiraron la subvención que hacía posible sus clases de español para mujeres marroquíes con la ONG Liga Española de Educación.

Las juntas de vecinos tampoco se parecen a las habituales e interminables reuniones llenas de desencuentros. “Nosotros no hacemos juntas, sino asambleas. Trabajamos por comisiones, llevamos las cosas preparadas y no nos eternizamos con los asuntos porque aunque haya divergencias la base es común. ¿Debates? ¡Claro!”, reconoce Nati. Le pido algún ejemplo. “Estamos con las plantas del ático, viendo si las jardineras han de ser grandes o pequeñas, porque hay niños y ya sabemos que se pueden subir… La instalación de una ducha. Muchas dudas por la cantidad de agua que podría desperdiciarse. Pues al final, nos quedamos con una manguera de quita y pon. Y por supuesto se respeta la privacidad. No, no somos una comuna”, concluye Nati García Padilla.

Entrepatios. ¡Aquí sí hay quien viva!


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Comentarios

  • Daniel Moreno Martín

    Por Daniel Moreno Martín, el 03 mayo 2021

    ¡Brava, Sol! 😘

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